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Full text of "Semblanza del general Juan Vte. Gómez"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2325 
.G6365 



This book is due at the LOUIS R. WILSON LIBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 


DATE R£T 


DATE 
DUE 



















































































































































Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/semblanzadelgeneOOmrqu 



SEMBLANZA 

DEL 



G^JUANW* GÓMEZ 




Comandante en Jefe del Ejercito Nacional 
Caracas , 24 de Julio de 1919 



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por el 



Doctor V. Márquez Bustillos 



Caracas: 24 de julio de 1919, 



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Caracas 

Litografía del Comercio 

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Ofrenda 



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Caracas: 24 de Julio de 1919. 
Señor General Juan Vicente Gómez, &. &. &. 

Sus manos. 

Respetado General y amigo: 

Desde los últimos días del año próximo pasa- 
do concebí el proyecto de dar a la publicidad una 
Semblanza de Usted; obra de mayores alientos que 
"Dos Campañas" y "Reforma Militar Venezola- 
na." Me prometí narrar en este libro, a más de 
los hechos del Pacificador de la República, Jefe de 
la Causa Rehabilitadora y Comandante Supremo 
de nuestro Ejército, la actuación del Magistrado 
Civil que empezó a delinearse brillantemente en 
esta faz de su vida pública el 8 de Diciembre de 
1899, como Gobernador del Distrito Federal, y 
vino a ostentarse con perfiles definitivos en el de- 
cenio y meses transcurridos hasta hoy. Y como 
este bosquejo biográfico ganaría en interés al con- 
tener siquiera unos datos acerca de la edad infan- 



VI SEMBLANZA DEI. 



til de Usted y de su precoz juventud, quise 
también hacer una incursión a la renombrada tie- 
rra que le vio nacer, porque en medio de aquellas 
montañas altivas recibió el valiente Oficial del 
Topón y de Táriba su bautismo de fuego y dio a 
su alma el temple necesario, ya que habría de so- 
meterla a tremendas pruebas antes de llegar a ser 
el primer Ciudadano de su Patria y de su época. 

Lo que fué proyecto es al presente realidad. 
La Semblanza ha quedado escrita en la forma y 
términos contenidos en el texto que va Usted a 
leer. Ninguno podrá impugnarla en el terreno 
de la verdad porque ella no contiene falsedades, y 
quien recorra estas páginas con criterio desapa- 
sionado, no hallará en ellas linaje alguno de lison- 
jas. Sólo Usted podría — por un escrúpulo de su 
proverbial modestia — objetar este libro. Pero él 
no constituye un galardón o recompensa suscep- 
tible de ser rehuída. La Medalla de la Gratitud 
Nacional y el título de Fundador de la Paz que 
trataron de conferirle nuestros Congresos en dos 
ocasiones, pugnaban con los sentimientos de aus- 
teridad republicana que privan en su conciencia 
y yo he aplaudido la negativa de Usted a aceptar- 
los; mas el recuento de los actos de su vida como 
particular, como guerrero y como magistrado, es 
patrimonio de la Historia, y si no hoy, mañana, 
una obra semejante a ésta tenía que escribirse. 

El hombre cuando se destaca del nivel común 
no puede sustraerse al juicio de sus contemporá- 
neos ni al fallo de la posteridad. Algunas veces 
indiscreto, pero siempre en cumplimiento de la 



\ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ VII 

augusta misión de enseñar y dar ejemplo a los 
demás, el historiador desempeña un magisterio 
si inquiere en la vida de aquel hombre, estudia su 
índole, carácter y costumbres, analiza su obra, la 
comenta y entrega el fruto de esta labor a la in- 
saciable pero natural y justa ansia de investigar 
que anima a la humanidad. 

Tal he hecho yo y lo hará después el biógrafo 
del General Juan Vicente Gómez. Esto era ine- 
vitable, porque a la realización de ese fin ha ve- 
nido contribuyendo Usted mismo sin advertirlo. 
Al batirse con denuedo allá en su T achira bravio 
hasta producir la admiración de compañeros de 
armas que eran todos valientes; al venir con se- 
senta de aquéllos a derribar un Gobierno y a fun- 
dar una Causa pasados los siete años de destierro 
en que probó la fortaleza de su espíritu; al demos- 
trar que conocía la ciencia del gobernante tanto 
como el arte de regir soldados en los combates; 
al librar batallas como la de Ciudad Bolívar y 
pacificar la Nación; al derribar la pasada tiranía 
en el transcurso de unas horas para rehabilitar a 
Venezuela: en todos esos sucesos daba Usted asun- 
tos abundantes a la Historia. A ésta pertenecen, 
y yo me he creído con alguna autoridad para coor- 
dinarlos en esta Semblanza y facilitar al futuro 
biógrafo de Usted siquiera una parte de su traba- 
jo: tal vez un poco más de aquella que consiste en 
compulsar fechas y ocurrir a los archivos y bi- 
bliotecas en demanda de los documentos aquí ci- 
tados. 



VIII SEMBLANZA DEL 



No rehuse aceptar esta ofrenda de afecto — 
que es al propio tiempo labor de verdad y de jus- 
ticia — concluida en el memorable día de hoy por 
la gratitud de 

Su leal amigo y admirador sincero 



V. MÁRQUEZ BUSTILLOS. 



Introducción 



Introducción 

Esta no es una biografía del General Juan Vicente Gó- 
mez, porque dada la vida pública y privada del actual Co- 
mandante en Jefe de nuestro Ejército y Presidente Electo 
de la República, múltiple en hechos y abundante en suce- 
sos, sería labor muy ardua describirla en las páginas de 
un libro. Nos falta tiempo y alientos de escritor para reali- 
zar esa empresa y la satisfacción de acometerla la dejamos 
para aquel de nuestros historiadores que en posesión de 
esos recursos que a nosotros nos faltan pueda verificarla. 

Pero sin duda que existe un vacío en los anaqueles 
donde todo patriota venezolano amante de las letras colo- 
ca las obras que hablan de sus conciudadanos beneméri- 
tos. Ese vacío intentamos llenarlo con este pequeño volu- 
men, hasta tanto el libro definitivo que se escriba acerca 
del mismo asunto venga a sustituirlo. Aún cuando esto 
acontezca, nuestro humilde trabajo continuará siendo útil, 
porque como está ceñido a la más rigurosa verdad en su 
parte narrativa y al más imparcial espíritu de justicia en 
la exposición y comentario de los hechos, él servirá cd es- 
tudioso lector para comprobar la exactitud de cuanto se 
diga y escriba acerca del General Gómez, y a la penumbra 



XII SEMBLANZA DEL 



de las bibliotecas en que sea colocado irán los admiradores 
de las glorias de este auténtico pacificador de Venezuela 
a solicitarlo con ávida veneración y hasta sus adversarios 
políticos irán a buscarlo para reconocer en nuestro biogra- 
fiado los méritos que la pasión del momento osó negarle. 

Reseñar los actos que integran la vida de un hombre 
ilustre, teniendo en mente no dejar al crítico motivos para 
redargüir juicios y deducciones tachándolos de parciales o 
exagerados, es tarea bien difícil, y esa dificultad aumenta 
si el hombre a quien nos referimos ha sido guerrero, esta- 
dista, reformador, arbitro de la Administración Pública y 
Ductor de sus compatriotas en una democracia inex- 
perta por sus pocos años, y por tanto impetuosa, con arres- 
tos que no pocas veces la han hecho deponer el simbólico 
gorro de la Libertad para ostentarse como la deidad tre- 
menda que invocara nuestro Coto Paúl: suelta la rebelde 
cabellera al viento y la antorcha de las furias en la mano. 

No obstante lo arduo del esfuerzo que hemos de em- 
plear para vencer tales obstáculos, emprendemos nuestra 
labor con fe absoluta en que los superaremos hasta alcan- 
zar la completa realización del propósito que nos guía, y 
confiamos en que estas páginas resultarán lo que nosotros 
queremos que sean: una fiel y compendiada relación de la 
vida del General Juan Vicente Gómez, quien durante más 
de un decenio ha actuado en la vigorosa existencia de la 
democracia venezolana con todos los atributos menciona- 
dos en el párrafo que antecede. 

Para escribir esta semblanza hemos consultado testi- 
gos fehacientes, irrecusables por su honorabilidad y por el 
conocimiento cabal que tienen de cuanto aquí se narra; 
nos hemos documentado con publicaciones y manuscri- 
tos que poseemos y que en toda época constituirán prueba 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XIII 

plena de cómo no hemos mentido ni llegado a incurrir en 
la falta de forjar leyendas contrarias a la equidad y seve- 
ro lenguaje de la historia. 

En este esbozo biográfico presentamos al lector una 
veraz relación de cuantos acontecimientos — prósperos o 
adversos — han influido en la suerte del General Juan Vi- 
cente Gómez y determinado su elevación al puesto culmi- 
nante que ocupa entre sus conciudadanos. Desde su naci- 
miento en las cimas del Ande hasta que vino a ocupar la 
silla capitolina, pasando por las incontables peripecias que 
concurrieron a fortalecer su voluntad y su vocación de lu- 
chador, está expuesta en el presente volumen la vida de 
este patriota cuya talla bien podría caber en el molde de 
los hombres representativos de Carlyle. 

¿Acaso porque digamos que el General Juan Vicente 
Gómez puede escalar el olimpo de los héroes carlylianos 
hemos caído en la sirte que nos prometíamos evitar y que 
consiste en mostrar como fabulosos los hechos humanos? 

Nó: entre los individuos que eleva a la categoría de 
héroes el gran pensador inglés, hay quienes se abrieron 
camino hacia la gloria sin otras armas que su perseveran- 
cia invencible, su noble deseo de ser útiles a sus semejantes 
y las altas cualidades que poseyeron para ejercer el aposto- 
lado del bien. Estas son las ejecutorias con que en buena 
lid el General Juan Vicente Gómez se ha colocado al fren- 
te de los destinos de su pueblo, del mismo pueblo que por 
medio del pensamiento y de la acción impulsó la libertad 
de un Continente. 

A poco de reflexionar en las actividades del íntegro 
ciudadano que nos ocupa, puestas al servicio de la Patria, 
el orden lógico de las ideas nos conduce a conceptuarlo do- 
tado de cuantas virtudes integran a una personalidad ca- 



XIV SEMBLANZA DEL 



bal. Sus hechos de guerrero y de Magistrado no se ciñen 
a esas fórmulas de literatura vacua y declamatoria pro- 
pias para crear el protagonista de algún romance caballe- 
resco, pero nulas para delinear el ente humano noble y 
fuerte que se agita en los dramas reales del mundo y que, 
consciente de la parte que le toca desempeñar en éstos, no 
siempre es el clásico desfacedor de agravios ni el paladín 
sentimental que se enternece a la vista de todas las mise- 
rias terrenales. 

Vencedor de cuantos ardides e intrigas pusieron en 
juego sus adversarios en el intento de perderlo, el Gene- 
ral Juan Vicente Gómez tuvo suficiente grandeza de alma 
para perdonarlos y aun para pagar con favores y negocios 
pingües el mal que algunos de éstos pretendieron hacerle, 
y al proceder de esa manera, no guió su mente más que el 
deseo de consolidar la obra de unir a la familia venezolana 
dándola altos ejemplos de tolerancia y de generosidad. 
Pacificador del País en el más tremendo conflicto armado 
de pasiones y de intereses que de media centuria para acá 
lo ha conmovido, aboga por los vencidos ante el tribunal 
de venganzas implacables que erigió para éstos la incon- 
tinencia de un gobernante ensoberbecido. Desterrado en 
largo exilio de siete años, abre las alforjas que supo col- 
mar de riquezas merced a heroica constancia y trabajos 
inauditos en tierra extranjera, para que encuentre en ellas 
el compañero menesteroso sustento y alegría que le per- 
mitan sobrellevar su infortunio. Pero traicionado de nue- 
vo por aquellos que cobijó con la misericordia del perdón 
y a quienes devolvió en beneficios los agravios recibidos, 
no vacila en infligirles condigno castigo. Mal entendida 
por la mayoría de los caudillos que venció definitivamen- 
te en 1903 la magnanimidad con que les llamó del extranje- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XV 

ro para que vinieran a colaborar con él en puestos de honor 
y de confianza a la rehabilitación nacional, su clemencia 
se torna en rigor para hacerles sentir de nuevo la mano 
férrea que los dominara en una larga lucha que duró diez 
y nueve meses y tuvo por estrado toda la extensión del te- 
rritorio venezolano. Recompensada con la más inicua in- 
gratitud y con monstruosa felonía la inmensa suma de ser- 
vicios que prestó a un amigo hasta solidificarlo en el Po- 
der — que ya antes le había hecho adquirir merced a sacri- 
ficios y esfuerzos inauditos, — no vacila, llegado el momento 
preciso, en someterlo al justo anatema de su víctima — que 
era la nación entera — para que ésta lo condene con fallo 
inapelable. 

Esos son los rasgos principales del carácter del Gene- 
ral Juan Vicente Gómez y vamos a trazarlos con pluma 
viril y honrada, dándoles claros lincamientos, pero sin 
ocurrir a matices ni a tintes extravagantes, buenos sólo 
para siluetear un personaje de leyendas. 

Los métodos modernos de escribir historia imponen 
al autor no sólo que sea probo, sincero y tenga conocimien- 
to exacto de los hechos que narra, expone y comenta. Este 
debe también analizar esos hechos, considerar las circuns- 
tancias en que se verificaron, inquirir en los móviles a que 
debieron su origen, examinar las costumbres, índole e ins- 
tituciones del pueblo en que se generaron y la naturaleza 
de la región en que éste vive. Estas y muchas condicio- 
nes más deben concurrir en el historiador verdadero. Sin 
pretender poseerlas todas en un grado perfecto — que por 
otra parte no lo requiere este limitado trabajo histórico 
que es únicamente una semblanza — sí tenemos la concien- 
cia de estar debidamente preparados y documentados para 



XVI SEMBLANZA DEL 



producir una obra apreciable y que, como lo hemos di- 
cho ya, es necesaria. 

El General Juan Vicente Gómez se inició en la vida 
pública cuando Venezuela, después de largo período de 
paz, debido al triunfo de la revolución acaudillada por el 
general Guzmán Blanco y al talento y a la energía de éste, 
volvía fatalmente a sufrir los desastres de nuevas guerras 
intestinas. Pa v a la época se llegó a creer, con la fácil 
credulidad a que son tan susceptibles los pueblos como 
los individuos rodeados de un ambiente de prosperidad y 
bienestar común, que no se derramaría más sangre en 
contiendas fratricidas y que el régimen civil, establecido 
ya con los gobiernos de los doctores Rojas Paúl y Andue- 
za Palacio, era una de las mayores garantías para evitar 
aquellos males. Prejuzgaba la candorosa confianza de los 
dirigentes de entonces que el militarismo é índole belicosa 
de los venezolanos habían amenguado merced a los hábitos 
de paz y de orden que metódica y gradualmente venían 
practicándose, y que tanta riqueza acumulada y el equili- 
brio de tantos intereses en acción eran parte muy princi- 
pal a contribuir para que aquella situación fuera estable. 
El propio Presidente Doctor Andueza Palacio dio por res- 
puesta a uno de sus amigos que le advirtió los peligros que 
podía acarrearle el plan de vigencia inmediata a las refor- 
mas constitucionales ya sancionadas, estas frases de cam- 
pechano humorismo que son el mejor testimonio de aque- 
lla optimista credulidad: "Convénzase, aquí no pelean 
ahora ni los gallos; hay que traerlos de fuera." 

Al estallar la Revolución de 1892 el General Gómez 
se encontraba dedicado al trabajo por medio del cual ha- 
bía adquirido valioso capital y una envidiable reputación 
que le granjeaban el respeto y el acatamiento de sus conté- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XVII 

rráneos no obstante su juventud. En la diaria labor se 
había acostumbrado a pensar y a proceder con el acierto 
y la experiencia que es raro encontrar en un hombre de 
pocos años, y de ahí que resolviera tomar participación 
en la lucha armada que se iniciaba, porque su buen senti- 
do le hizo reflexionar que no era el de la indiferencia el 
camino que debía seguir en momentos en que la Patria 
reclamaba el concurso de sus hijos para el restablecimien- 
to del sosiego público y en que sus propios intereses le 
hacían el mismo reclamo. Bien comprendió él que en la 
guerra no es alegando derechos únicamente como se de- 
fiende lo que se posee, sino que es necesario también re- 
peler con la fuerza las agresiones de la fuerza. 

Sentó plaza de combatiente en las filas del Ejército 
del Gobierno que operaba en el Táchira el valiente a quien 
al discurrir del tiempo correspondería la gloria de alcan- 
zar lo que no vieron realizado las candorosas esperan- 
zas de los dirigentes de 1892. El sí llegaría a hacer efecti- 
va la paz de la República, dominando de manera radical 
las ambiciones de todo linaje que siempre animaron a los 
militares venezolanos a intentar empresas bélicas. Hasta 
aquel año el General Juan Vicente Gómez fué sólo un ci- 
vil con aptitudes excepcionales para lograr éxito en el 
trabajo y en los negocios; un elemento eficaz con que con- 
taban los pueblos de la Cordillera en el sentido de mante- 
nerse en el rango que habían conquistado por medio de 
la industria y del comercio. Las cualidades que él poseía 
en esta esfera de las actividades humanas eran una reve- 
lación de las virtudes del guerrero y del administrador de 
la cosa pública: dualidad que había menester el hombre 
que necesitaban aquellos pueblos como brazo y mente en 



XVIII SEMBLANZA DEL 



la cruzada que emprenderían para obtener un superior 
rango político. 

El sociólogo venezolano encontrará siempre fuente 
abundante de estudios en cuanto se escriba relativo a la 
vida del General Juan Vicente Gómez. A la luz de la cien- 
cia tendrá en toda época que deducirse la siguiente verdad 
histórica: después que los generales Guzmán Blanco y Joa- 
quín Crespo, con su temperamento de dominadores y por 
las circunstancias en que ejercieron el poder, tuvieron que 
retrasar imperativamente la evolución democrática de Ve- 
nezuela hasta hacer de los Gobiernos fuertes una necesi- 
dad, no fueron sino un ensayo platónico — de resultados 
negativos — las prácticas civilistas de las Administraciones 
del doctor Vargas y el general Soublette revividas por el 
doctor Rojas Paúl, como también, a la inversa, un brutal 
remedo del régimen férreo de los Generales Páez y Mona- 
gas, las pretensiones del general Cipriano Castro de lle- 
gar a los extremos del despotismo. Tenía que venir, como 
en efecto ha venido, un orden de cosas moderador, que al 
garantizar el ejercicio lícito de todo derecho y de toda li- 
bertad no permitiera nunca los excesos de la anarquía, y 
el hombre requerido para presidir ese orden de cosas sería 
quien viniera a demostrar más prudencia y serenidad al 
frente de los conflictos y problemas nacionales que habían 
de suscitarse y más energía y rapidez para la acción cuan- 
do los acontecimientos así lo demandaran. Sería quien en 
momentos de desaliento general y de pronósticos pesimis- 
tas, herido de gravedad primero bajo el fuego de los tena- 
ces defensores de Carúpano y viendo después sus tropas 
diezmadas ante los atrincheramientos de El Guapo, pudo 
decir a sus subalternos en ambas ocasiones: "Esta sangre 
que derramo será para felicidad de mi Patria". "Yo valgo 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XIX 

por mil hombres para ganar esta batalla." Sería, en suma, 
el General Juan Vicente Gómez. 

Expuestas las ideas anteriores advertiremos al lector 
que no vamos a ocurrir al socorrido expediente a que han 
ocurrido la mayoría de los biógrafos venezolanos de des- 
arrollar una tesis en vez de escribir historia. Facilitaría 
nuestra labor, por ejemplo, proponernos implícitamente 
el siguiente tema para luego discurrir acerca de él: "El Ge- 
neral Juan Vicente Gómez; su influencia en los destinos de 
Venezuela". Es evidente que podríamos llenar páginas y 
páginas hablando del asunto, pero es también cierto que 
no lograríamos el objeto que nos proponemos: traer a la 
publicidad palpitante de interés, animada de soplo vital, 
sin rigideces retóricas ni pedantismos dialécticos, jugosa y 
humana en fin, la narración de los sucesos que van a soli- 
citar al hacendado del Táchira en la placidez que le dan 
sus cosechas y la paz de sus rebaños para llevarlo, por 
mandato de la Patria, a los azares de la lucha; — que será 
menos terrible en los campamentos que entre las intrigas 
de los palaciegos, — sucesos que en medio de trabajos y vi- 
cisitudes sin cuento lo conducirán hasta rehabilitar a Ve- 
nezuela con la potencia de su brazo y el tino de sus pensa- 
mientos. 

Cuando el general Cipriano Castro desapareció de la 
escena pública, confirmándose una vez más en nuestra his- 
toria política aquella célebre máxima de un pensador: 
es ley de toda tiranía engendrar la reacción que la ha de 
hundir en el abismo, el General Juan Vicente Gómez, por 
un sagrado cuanto ineludible deber para con la Nación y 
por propio dictado de su conciencia, tuvo que ser el Jefe 
de esta reacción. Desde ese momento adquirió más altos 
relieves su personalidad benemérita. A partir de entonces 



XX SEMBLANZA DEL 



720 es ya sólo del General cien veces victorioso de quien 
habremos de ocuparnos ni del repúblico que mantenía 
fijas en él todas las esperanzas y pendientes todas las vo- 
luntades de sus compatriotas desde la extinción del caudi- 
llismo venezolano con la última bala que se disparó en 
Ciudad Bolívar. Nuestra responsabilidad moral de auto- 
res acrece al comenzar a escribir tomando como punto de 
partida el magno acontecimiento del 19 de Diciembre de 
1908, y con esa responsabilidad las dificultades que trata- 
remos de superar para no incurrir en faltas de probidad 
histórica que puedan sugerirnos los sentimientos de arrai- 
gado y entusiasta partidarismo que nos vinculan a nues- 
tro biografiado. 

A efecto de que los juicios que emitamos acerca de los 
actos del General Gómez como Magistrado y como Jefe 
de Causa, no se tachen de parciales ni se califiquen de 
adventicios por la malignidad de algún lector, o de exa- 
gerados por cualquiera otro a quien puedan dolerle los 
méritos ajenos, hacemos constar reiteradamente que va- 
mos a hablar el lenguaje augusto de la verdad, pero que 
en historia— como acontece en toda obra humana — desde 
los relatos mosaicos hasta los postulados de Taine, quienes 
se ocuparon en asunto de tanta entidad tuvieron pasiones, 
peculiaridades en la manera de pensar, facultades para 
analizar y sintetizar susceptibles al error, criterio propio, 
y que, en resumen, fueron hombres. Si a esto se agrega que 
nos referiremos a sucesos contemporáneos — en muchos de 
ios cuales hemos sido espectadores cuando no actores,— se- 
rá manifiesta temeridad toda crítica de aquel linaje que 
recaiga acerca de nuestro modesto trabajo. 

Debe tomarse muy en cuenta que al asumir el General 
Juan Vicente Gómez el carácter de Jefe de la evolución de 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XXI 

Diciembre, se le encararon serios problemas por resol- 
ver; entre éstos el que suscitaba un pueblo largo tiempo 
despotizado que en cuestión de breves horas surgía de la 
atmósfera de opresión que le asfixiaba a un ambiente de 
plena libertad. Afrontar serenamente aquellos proble- 
mas cuando las multitudes impacientes demandaban me- 
didas radicales y hasta extremas; aguardar que las pasio- 
nes soliviantadas se calmaran para lograr restablecer con 
fuerzas y elementos perturbadores tendientes a la anarquía 
el equilibrio del organismo nacional — sometido a la inac- 
tividad por el autoritarismo del General Cipriano Castro 
y a la caída de éste inexistente por razones inversas — era 
empresa en que hubiera fallado la sabiduría y cálculos de 
cualquier político profesional, pero en la cual salió airoso 
el General Gómez. 

Diversos factores concurrieron a resultado tan hala- 
gador, pero no todos hay que indagarlos en ese proceso 
latente — a veces inadvertido y a veces ostensible — con que 
se desenvuelven las sociedades y que es en rigor a lo que 
debe darse el nombre de evolución; tampoco en la común 
aspiración de los venezolanos a eliminar de la escena pú- 
blica el grotesco dominio que no obstante ser una autocra- 
cia de farándula, gravitaba sobre ellos como han pesado 
las satrapías sobre la multisecular indolencia del asiático. 
La mayor parte de esos factores los creó el mismo General 
Juan Vicente Gómez al hacer revivir en sus compatriotas, 
con su estupenda campaña de 1901 a 1903 y el ejemplo de 
su singular energía, aquella olvidada fe que en los tiem- 
pos genésicos de la República y en el lustro de la guerra 
federal, les dio la medida de sus fuerzas. 

Abiertas las cárceles que estaban repletas de presos 
políticos, franqueadas todas las fronteras del país para que 



XXIJ SEMHLANZA DEL 



retornaran al seno de la Patria todos los venezolanos des- 
terrados, sin mordaza los órganos del pensamiento nacio- 
nal para que ejercieran su apostolado, libertadas las indus- 
trias con la abolición de cuantos privilegios las entraba- 
ban, devueltas su majestad y prerrogativas a los intér- 
pretes de la Ley y administradores de la Justicia, reanu- 
dadas las relaciones de cordial amistad con Naciones tra- 
dicionalmente vinculadas a Venezuela merced a los es- 
fuerzos y labor de nuestra Cancillería que hizo nugatorios 
el fanfarrón y aventurero internacionalismo de Castro; 
con esas y muchas conquistas más es como inaugura su 
Gobierno el General Juan Vicente Gómez y como funda la 
Causa Rehabilitadora. 

Doloroso pero ineludiblemente tendremos que consig- 
nar en las páginas de este libro, cómo algunos compatrio- 
tas con el uso inmoderado que hicieron de los derechos y 
libertades readquiridos, dan motivo, — no a justificar parte 
de los atentados del régimen proscrito, porque la iniqui- 
dad no se justifica jamás, — pero sí a hacer confusas las re- 
flexiones del filósofo de la historia, en un grado tal, que 
le obliguen a remontarse a los lejanos orígenes de la raza 
para establecer comparaciones entre los procedimientos 
inflexibles de encomenderos y conquistadores, y los actos 
de violencia de un Cipriano Castro. 

Ya narraremos cómo el General Juan Vicente Gómez 
puso a prueba los extremos de la paciencia y de la toleran- 
cia, para no apartarse de su propósito de conciliar los ele- 
mentos perturbadores y anárquicos de que hemos hablado 
y hacerlos factores de la Rehabilitación Nacional. Los he- 
chos, con su lógica irrebatible, nos dan material copioso 
para comprobar la realización de ese propósito. Expon- 
dremos, primero que nada, la actitud del Magistrado cons- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ XXIII 

dente de sus responsabilidades, oyendo la voz vindicado- 
ra de las multitudes y el grito de una Némesis convulsa que 
se mezcla a aquella voz emitido por los feriantes de la po- 
lítica. El tendrá escuchas para los acentos clamorosos que 
surgen del alma colectiva de los oprimidos y prudencia 
para calmar la algazara de los agitadores. El no optará 
por el expediente del Golpe de Estado que como fácil y 
aparente le indica la hipócrita patriotería de éstos. Su 
camino es uno y lo tiene trazado de antemano. Es el mis- 
mo en que se situó en los días sombríos de la Conjura y en 
los no menos sombríos en que el propio general Castro le 
inducía con aquella frase rencorosa: "Haga lo que le di- 
gan sus amigos" a despojarse de una potestad legal tan 
bien adquirida. Es el amplio y firme camino que le de- 
marca la Constitución. 

En el Capítulo correspondiente encontrará el lector 
de este trabajo biográfico, cuidadosamente descritos y co- 
mentados con criterio imparcial los actos del General Gó- 
mez, desde que expidió su célebre Alocución a los Vene- 
zolanos el 20 de diciembre de 1908, hasta el 13 de agosto 
de 1909 en que entró a ejercer la Presidencia Provisional 
de la República en virtud de lo estatuido por las enmiendas 
y adiciones de la Constitución promulgadas el 5 del mismo 
mes y año. Todos esos actos revelan una escrupulosa su- 
misión a la Ley y un invariable y nunca desmentido pro- 
pósito de hacerle el bien a sus conciudadanos, propósito tan 
firme y generoso como lo revela el Decreto de 19 de abril de 
1909, proclamando solemnemente la amnistía para los su- 
cesos de carácter político que se verificaron en el País el 
13, lk y 19 de diciembre del año anterior. Esta medida 
de clemencia comprendía también a los hombres que se 



XXIV SEMBLANZA DEL 



prestaron para instrumentos del plan diabólico abortado 
en la gran fecha!!! 

En los subsiguientes Capítulos de esta obra hacemos el 
recuento del Gobierno Provisional que duró hasta el 19 
de abril de 1909 y del Constitucional que ejerció el Gene- 
ral Gómez del 3 de junio de 1910 al U de agosto de 1913, en 
que se separó de la Presidencia para declararse en cam- 
paña contra los perturbadores del orden público en la se- 
gunda mitad de este año. Entre los muchos aciertos y éxi- 
tos, así administrativos como políticos, de ambas épocas 
que narramos y analizamos, están el Decreto sobre cele- 
bración del Centenario de la Independencia — que conte- 
nía la disposición de convocar el Congreso Boliviano — el 
cumplimiento de éste en todas sus partes, con fiestas y so- 
lemnidades magníficas, la cancelación de la Deuda prove- 
niente de los protocolos de Washington, el levantamiento 
de nuestro Crédito interno y externo a un grado de pros- 
peridad que nunca había logrado, el desarrollo de las vías 
de comunicación en proporciones tales que han colmado 
las esperanzas y las necesidades que siempre tuvieron 
nuestras industrias y nuestro comercio en el particular, la 
venida de brazos y de cuantioso capital extranjero al país 
por medio de empresas útiles halagadas por la seguridad 
de la paz y la seriedad del Gobierno, las relaciones cor- 
diales con todos los pueblos amigos del Orbe, el estímulo 
y facilidades a los venezolanos para que trabajaran, la te- 
naz y enérgica campaña contra la vagancia — que es el an- 
tro en donde los aventureros políticos y los conspiradores 
de oficio recluían sus servidores. — En resumen, al leer esos 
capítulos, hallará el lector expuestos todos los bienes que 
hizo el General Juan Vicente Gómez a la Patria, durante 



GENERAL JUAN ATE. GÓMEZ XXV 

los períodos provisional y constitucional a que nos hemos 
referido. — 

Como al reseñar los actos de la Presidencia Provisio- 
nal que se inauguró el 19 de abril de 1914 somos parcos, 
porque en nuestro carácter de autores de este libro no de- 
bemos referirnos a nosotros mismos, esta circunstancia 
requiere que declaremos en la presente introducción de la 
semblanza del General Gómez — sin que nos guíen senti- 
mientos de hipócrita humildad por una parte ni por la 
otra de vana arrogancia — que si exponemos aquellos actos 
como sugeridos por el Jefe de la Causa, en lo que éstos 
tengan de buenos y dignos de aplauso, es por un deber de 
justicia y no por añadir méritos a nuestro biografiado, y 
que declaremos también de manera categórica, que no de- 
je lugar a la más mínima duda, cómo en lo tocante a res- 
ponsabilidades por esos actos—sean éstas las que fueren — 
no quiere decir aquel juicio que las rehuyamos : Son ín- 
tegras nuestras, porque los consejos que haya podido dar- 
nos la gran experiencia del Jefe de la Causa en asuntos 
públicos, siempre fueron solicitados por nosotros y, en con- 
secuencia, no han podido ser nunca imposiciones, como 
podría imaginarse la suspicacia o la malignidad de lecto- 
res prevenidos. 

Finaliza nuestro trabajo biográfico con todo lo perti- 
nente a la obra insigne del General Gómez al frente del 
Ejército Nacional en su carácter de Comandante en Jefe 
del mismo, nombrado por el Congreso de Plenipotencia- 
rios en la fecha antes citada del 19 de abril de 1914. Allí 
reseñamos cómo, desde ese día en que tomó posesión del 
alto cargo hasta hoy, ha sido él la firme garantía de esta 
paz saludable que venimos disfrutando, de esa paz que ya 
sabemos fué restablecida por su espada gloriosa en la 



XXVI SEMBLANZA DEL 



jornada sangrienta pero heroica de Ciudad Bolívar, de 
esa paz que a mediados del 1913 salió él a defenderla dan- 
do cabal cumplimiento a esta breve Alocución que expi- 
dió entonces: "A los venezolanos! — Alterada la paz de la 
República por el General Cipriano Castro, salgo a cam- 
paña y voy a restablecer el orden público", de esa paz que 
es, junto con la majestad de la Ley y la imposición del 
Deber, objeto de veneración para el General Gómez, al 
que dedica en todo instante los esfuerzos de su gran 
voluntad. 



CAPITULO I 



CAPITULO I 



SUMARIO 

Datos acerca de la región donde nació el General Juan 
Vicente Gómez. — Primera juventud de éste y su con- 
sagración al trabajo. — Riqueza del suelo en el Estado 
Táchira. — índole y costumbres de sus habitantes. — 
Ojeada histórica sobre este Estado. — Los progenitores 
del General Gómez. — Breve relación de la vida de 
ellos y de la educación que dieron a su hijo. — Co- 
mentario. 

El General Juan Vicente Gómez nació en San Anto- 
nio del Táchira, ciudad capital del Distrito de aquel Es- 
tado que lleva el nombre del Libertador, porque de allá 
salió parte considerable de la hueste portentosa que el 
año de 1813 trasmontó los Andes obedeciendo a la volun- 
tad del Creador de cinco Naciones y que, émula de los 
cartagineses de Aníbal y de los veteranos del Gran Napo- 
león, pero no movida como aquéllos por propósitos de 
conquista sino por un santo amor a la libertad, vino has- 
ta Caracas, entre los acordes no interrumpidos de una 
diana triunfal, cuyos ecos no se apagarán nunca en los 
ámbitos de esta América. Fué en virtud de ese contin- 
gente aportado a la Guerra Magna, en momentos de eclipse 
para el sentimiento de independencia por los reveses del 



SEMBLANZA DEL 



año anterior, por lo que el verbo de las maravillas calificó 
aquella ciudad como noble y muy heroica. 

Allí vino al mundo el General Gómez, precisamente 
el 24 de julio; la misma fecha en que naciera el Liberta- 
dor, quien se expresó de San Antonio del Táchira con 
aquellas frases irrecusables para el patriotismo venezola- 
no. En esa tierra que tan fecundas primicias diera a la 
Causa del Continente, discurrió también la primera ju- 
ventud del General Juan Vicente Gómez, contraída al 
trabajo y a la obediencia de los consejos paternales. Desde 
la niñez reveló él por sus actividades precoces y la docili- 
dad con que se sometía a las reglas y enseñanzas que le 
daban en su hogar, que sería después el hombre infati- 
gable y de excepcionales dotes para disciplinarse y hacer 
que fueran disciplinados los demás, tanto en la vida de 
los campamentos como en los afanes y las luchas del or- 
den civil. 

El Estado Táchira, en la actualidad uno de los vein- 
te que forman la unión venezolana, es de los más ricos 
en agricultura y comercio. Su suelo abunda en productos 
minerales y aunque por su naturaleza es montañoso, tie- 
ne apreciables extensiones para la cría y pastos de todas 
las especies de ganados existentes en el país. Vastas ha- 
ciendas en que se cultivan los frutos mayores como los 
menores, cercanas a sus ciudades, pueblos y caseríos, son, 
junto a otras pequeñas propiedades rurales, los vene- 
ros de bienestar que hacen en sus habitantes desconocida 
la mendicidad. Allí no está ocioso ningún brazo, y co- 
mo todos trabajan, el pauperismo, con sus mil reatos que 
relajan cuando no envilecen el carácter, está muy limi- 
tado. Holgazanes, viciosos y miserables son parásitos so- 
ciales raros en aquella fértil y laboriosa porción de la 
República. Hay allí, a semejanza de la prodigiosa cuenca 
del Nilo, dos cosechas al año. 

La altivez de los hijos de esas montañas y su orgullo 
individual y colectivo es característica. Un tachirense es 
capaz de cogerse a tiros — según el expresivo lenguaje po- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 



pular de ellos — con su contrincante, tan pronto como una 
palabra deje siquiera entrever que quiere injuriársele; y 
como el pedazo de tierra que laborea, la casa en que vive 
o el animal que posee le ha costado el sudor de su frente 
adquirirlos, por la defensa de cualquiera de esas cosas 
arriesgará sin miedo la vida, lo mismo que por el honor 
personal o por el de los suyos. La delincuencia no se 
genera entre aquellas gentes viriles, por la ociosidad ni 
por el vicio. La razón de esa altivez y de ese orgullo, 
así como de la bondad y amor al trabajo que también 
individualizan al tachirense, hay que irla a buscar, a más 
del medio ambiente en que existe, en su remota ascenden- 
cia de las tribus precolombinas, a una de las cuales debe 
su nombre, pues, la etnología venezolana nos enseña có- 
mo los Táchiras, Mombunes, Oracás, Jirajaras y demás 
grupos de aborígenes que poblaban aquellas comarcas, 
eran aguerridos y bravos al par que laboriosos y buenos. Si 
a esto se agrega el componente hispano que vino a preva- 
lecer después de la conquista sobre los elementos que in- 
tegran aquel agregado humano, tendremos ya una noción 
bastante clara acerca del origen de la índole y costum- 
bres del pueblo en referencia. 

Las eminentes cualidades que concurren en el General 
Juan Vicente Gómez, sin duda que se deben un tanto al 
hecho de haber nacido y haberse formado en una tierra 
en que el valor y la laboriosidad son ingénitos. 

Inquiramos también en breve ojeada la faz que nos 
presenta aquel pueblo estudiado en su historia política, 
porque esto importa, tanto como las consideraciones que 
acabamos de hacer, mayor exactitud a esta semblanza y 
vigor a la indispensable parte de doctrina en ella conte- 
nida. 

Puede asegurarse, sin riesgo de incurrir en error, que 
el espíritu de protesta a las exacciones y exclusivismos de 
los dirigentes peninsulares de la Colonia — indicio de la 
superior y definitiva forma que tomaría en la América 
meridional el sentimiento revolucionario que varió el 



SEMBLANZA DEL 



mundo político en el último tercio del siglo XVIII y en los 
comienzos del XIX — tuvo expresión significativa en la 
actitud de los Comuneros del Socorro. Ese movimiento 
fué secundado por los habitantes de la región que al dis- 
currir del tiempo vendría a ser la Provincia del Táchira, y 
para someterlos fué menester que el Ayudante Mayor don 
Francisco de Alburquerque echara mano a los recursos 
de la fuerza. Dominada entre éstos la justa rebelión, por 
el expediente de las armas, quedó latente el deseo que los 
animara a sumarse a un acto de tendencias revoluciona- 
rias y pasados veinte y nueve años dieron buena prueba 
de esto al disgregarse de Maracaibo en 1810 y constituir- 
se con Mérida en Provincia autónoma para apoyar defi- 
nitivamente la idea separatista iniciada en Caracas por 
los patriotas del 19 de Abril. Al año siguiente, el Táchira 
tuvo representación en el Congreso Constituyente que de- 
claró la Independencia absoluta de Venezuela por medio 
del acta del 5 de Julio; documento inmortal que fué sus- 
crito por su Diputado, el Doctor Manuel Vicente de Maya. 

Durante largos años se vio sometido el Táchira, que 
tantos recursos y suficientes ejecutorias tenía para adqui- 
rir rango político, a una secundaria condición, pero en 
1856 llegó a ser provincia separada y sancionado el Pac- 
to Fundamental de 1864 asumió el carácter de Estado in- 
dependiente que mantuvo hasta 1881, pues la efímera re- 
forma de 1867 que lo anexaba al Zulia, no pasó de ser un 
ensayo. Desde el citado año de 1881 formó parte del Es- 
tado Los Andes con el nombre de sección, pero en 1899 
readquirió la categoría de Entidad Federal. 

En el Táchira, como en los otros dos Estados de la 
Cordillera, pero señaladamente en el primero, fué pre- 
concebida, cuando no negativa y a veces hostil la acción 
política de casi todos los gobiernos nacionales. En los pla- 
nes sistemáticos de dominación de los generales Antonio 
Guzmán Blanco y Joaquín Crespo, cuyos móviles princi- 
pales fueron el implantamiento de una paz duradera por 
cuantos medios estuvieran a su alcance, entró el cálculo 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 



de evitar que aquellos pueblos vigorosos ejercieran ple- 
namente sus derechos, pues el juicio perspicaz de aquellos 
gobernantes les advertía que a una intensa actividad de 
las potentes fuerzas vivas que alientan en las comarcas 
andinas, seguirían las consecuencias que vinieron a pal- 
parse en 1899. De allí que fuera frecuente la delegación 
de poderes en personas que iban a la Cordillera a desem- 
peñar funciones similares a las de los procónsules roma- 
nos y que se consintiera y aun se fomentase en los Andes, 
bajo el pretexto de acatamiento a la autonomía seccional, 
la existencia de partidos locales y el predominio de unos 
mismos y determinados hombres como dirigentes de la 
cosa pública y arbitros de los destinos de un pueblo. 

Enunciadas las sucintas consideraciones que antece- 
den y que luego ampliaremos al referirnos al génesis de 
la revolución de 1899, prosigamos nuestra narración. 

Entre los hogares formados al calor de la patria ta- 
chirense, ha sido ejemplar el que constituyeron, al ampa- 
ro del cariño y de las más señaladas virtudes domésticas, 
los esposos señor Pedro Cornelio Gómez y señora Her- 
menegilda Chacón de Gómez. 

Física y moralmente fuerte era el progenitor de nues- 
tro biografiado, como hijo de esa tierra en que la natura- 
leza no satisfecha de su exuberancia forestal y agrícola, 
rasga el cielo con las cúspides del Agrias y brota de los 
peñascos con las fuentes sanativas de Ureña. Todavía se 
le recuerda con gratitud en su país nativo, pues fué hom- 
bre de bien en la acepción de la palabra y sus prácticas 
y concepto del fin que ha de perseguir todo ser humano 
en la existencia, no se ceñían sólo a esa sabia máxima que 
nos manda a vivir y dejar vivir. Como algo más enten- 
día don José Cornelio Gómez, el afán que nos guía a ir 
tras de una felicidad siempre remota. Profesó por puros 
impulsos de su índole aquel precepto de Job que es la más 
verdadera síntesis del pensamiento filosófico antiguo : "La 
vida del hombre sobre la tierra no es de delicias ni de re- 
poso, sino de trabajos y sufrimientos constantes y sus 



8 SEMBLANZA DEL 



días son como los de un jornalero que se asalaria para 
trabajar". Pero en medio de la cotidiana lucha y el es- 
tricto cumplimiento del deber, había también para él esas 
satisfacciones que dan una excelente compañera y una 
prole buena y amante. Como agricultor llegó a tener 
seguro el pan de los suyos y a gozar del desahogo que brin- 
dan la constante labor, los hábitos de economía y el mé- 
todo. A su muerte dejó modesto patrimonio a su familia, 
pero bienes morales invalorables y la confió al cuidado tu- 
telar del hijo que tanto habría de honrar su memoria y que 
tan solícita y eficazmente lo sustituiría. 

Sencilla y diligente, eminentemente virtuosa y buena 
fué doña Hermenegilda Chacón de Gómez. Practicó la 
caridad sin alardes porque era católica fervorosa, pero 
exenta de fanatismos y de ese linaje de orgullo farisaico 
tan común en las personas piadosas y que las mueve a 
olvidar aquella enseñanza del Divino Maestro: "que tu 
mano derecha ignore el bien que hace tu izquierda". El 
dinero que venía a sus manos la sirvió siempre para ali- 
viar las desgracias del menesteroso y en todo momento 
rehuyó el pecado y procedió con el sanio temor a Dios 
de que hablan los textos sagrados. Llena de fortaleza y 
de resignación en los días de prueba, cuando la solicitó la 
fortuna no cambió la sencillez de su vida ni la mansedum- 
bre de su índole. Y conste que sufrió los más terribles do- 
lores: la muerte del esposo amantísimo y la de uno de los 
valientes hijos que después de recia campaña en la que ac- 
tuó como paladín esforzado, cayó para no levantarse más, 
víctima de cruel padecimiento adquirido en la guerra; los 
innumerables peligros afrontados por otro de sus hijos—el 
Adalid venezolano que llena las páginas de este libro, — 
peligros que se traducían en angustias y ansiedades tre- 
mendas para aquella madre excelente. Pero la Providen- 
cia premió tales dolores y tan altos méritos. Los últi- 
mos años de ella transcurrieron serenos a las faldas de 
este Avila que la recordaba las cumbres nativas o en las 
playas de ese mar nuestro, cuya serenidad y grandeza 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 



la atraían por esa simpatía que une a los seres y a las 
cosas cuando son afines. En las plácidas auroras de Ca- 
racas o en los tranquilos crepúsculos de Macuto, cuidada 
con solícito amor por sus hijos y sus nietos, que no pensa- 
ban sino en prolongar aquella cara y venerable existencia 
y entre los agasajos y acatamiento de una sociedad que 
aquilataba sus virtudes y que en parte la rendía estos ho- 
menajes como tributo debido a la madre de su rehabilita- 
dor, ella vio discurrir sus días de encumbramiento ajena a 
todo fausto y ostentación, oculta siempre con sincera mo- 
destia en la penumbra de su hogar, desde donde irradiaba 
a los hogares en pobreza efluvios consoladores de caridad 
que la satisfacían tanto como la eran indiferentes la magni- 
ficencias del poder. 

Tales fueron los progenitores del General Juan Vi- 
cente Gómez, sus maestros y quiénes cultivaron el ca- 
rácter sin debilidades ni dobleces que posee y merced al 
cual ha podido acometer y realizar empresas muy altas. 

En este primer Capítulo de la presente semblanza 
no hemos hecho otra cosa que esbozar el cuadro de la in- 
fancia y edad adolescente del General Gómez, yendo a 
solicitar en las condiciones del lugar que fué su cuna — 
así étnicas como históricas — y en el medio ambiente en 
que se formara, los factores que después influyeron en la 
vida del estadista y del guerrero para abrirle el camino 
de sus triunfos. Aparentes digresiones, pero en el fondo 
disquisición de los hechos y de sus orígenes y consecuen- 
cias son algunos de los párrafos aquí escritos. Estos re- 
aparecerán ampliados en los capítulos siguientes y enton- 
ces le será fácil al lector ver cómo están rigurosamente 
concatenados a la acción central de esta obra. 



CñPITULO II 



CAPITULO II 



SUMARIO 

Educación del General Gómez. — Su vocación militar. — 
Prosperidad que logró por medio del trabajo. — Sus 
primeros servicios militares. — Gobierno del Doctor R. 
Andueza Palacio. — Revolución de 1892. — Parte que 
tomó la entonces Sección Táchira en la lucha. — Origen 
y consecuencias de aquella Revolución. — Se inicia el 
Gobierno del General Joaquín Crespo. — Exilio del Ge- 
neral Gómez y de sus compañeros de armas. — El se 
rehace de las pérdidas materiales que sufrió en la 
guerra. — Relaciones importantes que adquirió en Co- 
lombia y fundación allí de la hacienda Buenos Aires. 
— Comentario. 

El General Gómez se educó en las santas prácticas del 
trabajo y el fiel cumplimiento del deber. Al ocuparse 
de administrar los bienes que dejara su padre lo hizo con 
una experiencia superior a su edad; la experiencia lograda 
en la compañía de aquel hombre ejemplar que nunca estu- 
vo inactivo y que cumplió siempre ese precepto más anti- 
guo que el Decálogo, el cual nos manda a ganar el sustento 
con el sudor de nuestras frentes. Al lado del autor de sus 
días se educó de niño en esos usos y principios que son los 
de la sana moral, y cuando aquél pagó su tributo final a 



14 SEMBLANZA DEL 



la naturaleza, el joven Juan Vicente Gómez continuó en 
una esfera más extensa su aprendizaje positivo de la mi- 
sión que corresponde al ser humano llenar en la vida. 
Al ocurrirle la tremenda desgracia de perder a quién a 
más de su progenitor había sido su maestro infalible, se 
colocó al frente del modesto patrimonio legado, con la 
misma serena confianza y valor con que un subalterno 
que ama a su superior y que tiene la seguridad de imi- 
tarle, ocupa su puesto al verlo caer en el campo de bata- 
lla. Su madre y hermanos no conocieron esa faz amar- 
ga de la viudez y la orfandad formada de angustias y ne- 
cesidades por el problema económico de la existencia y 
por la perplejidad en que queda una familia al faltarle 
el rector de sus actos. Las previsiones de aquel esposo y 
padre excelente no resultaron fallidas, pues, si dejó he- 
rencia de bienes materiales y morales, junto con ésta dejó 
la persona cabal que habría de substituirlo como adminis- 
trador, guía y celoso guardián de aquellos bienes. 

En la vida civil manifestó el General Gómez estar en 
posesión de todas las condiciones requeridas para la vida 
militar. Su temperamento de hombre de acción se reveló 
desde los primeros años y cuando sus demás compañeros 
de infancia se dedicaban a juegos y pasatiempos, él se 
adiestraba en la equitación y tomaba parte en las faenas 
y labores que se practicaban en la propiedad agrícola de 
que era dueño su padre. Era el auxiliar y el compañero 
de éste para vigilar entre los servidores de aquella propie- 
dad, que cada uno cumpliera con sus obligaciones y que 
existiera orden y método en el trabajo y en la conducta 
de quienes lo practicaban. Las más recias fatigas no lo 
abatían y hacía lo que pudiera hacer cualquiera de aque- 
llos hombres vigorosos, curtidos por las inclemencias del 
tiempo y de músculos de acero como lo son la mayoría 
de los labriegos andinos. No obstante ser un niño sabía 
mandar y hacerse obedecer, y en la casa, en el campo o 
en la escuela su recreación favorita eran los relatos de 
nuestras hazañas guerreras. Su inclinación era muy de- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 15 

finida: optaría por la profesión de las armas tan pronto 
como se le presentara oportunidad para poner en eviden- 
cia la vocación y grande energía de que estaba dotado por 
la naturaleza. Esa oportunidad advino al estallar la Re- 
volución de 1892, de la cual vamos a ocuparnos en breve. 
Los modestos bienes patrimoniales a cuyo frente vi- 
mos ponerse al General Gómez y los adquiridos por él 
merced a incesantes trabajos, llegaron a una envidiable 
prosperidad para la época a que nos referimos. Puede 
decirse que él era contado entre los ricos propietarios del 
Estado en aquel tiempo en que los altos precios que llegó 
a adquirir el principal de nuestros frutos mayores eran, 
como ahora, excepcionales y en que el Táchira rivalizaba 
con Carabobo y Miranda como productor de café. La agri- 
cultura y también el comercio dieron capital positivo al 
General Gómez, así como su honradez a toda prueba le dio 
un crédito inmenso que le abrieron los más acaudalados 
negociantes de la Cordillera, del Zulia y aun los de los Es- 
tados de Colombia fronterizos a Venezuela. Desde en- 
tonces era proverbial entre sus paisanos la generosidad 
del General Gómez para hacer favores, quien sin embargo 
de ser económico y metódico en sus gastos, hasta el punto 
de no hacer ninguno suprefluo en su persona ni permitir- 
lo en los suyos, sabía invertir el dinero para auxiliar a los 
que lo necesitaban, como siempre lo ha hecho. Fueron 
muchob los pequeños terratenientes salvados por él de 
las garras de la usura con oportunos recursos y muchos 
los braceros sin labor a quienes facilitó trabajo y los me- 
dios para que llegaran a tener tierra propia. Ningún 
amigo que llegara a él en angustias económicas se retiró 
con las manos vacías. Gómez, rico hacendado del Táchi- 
ra, tenía las mismas cualidades que el actual Jefe de la 
Causa Rehabilitadora. Aquella prosperidad tan legítima- 
mente y con tantos esfuerzos obtenida fué una de las ba- 
ses sobre las cuales se desenvolverían los destinos futuros 
del Guerrero y del Estadista. Su figura comienza a des- 
tacarse prestigiosa en los días que narramos, con esa sim- 



16 SEMBLANZA DEL 



patía avasalladora que se ganan por sus buenas acciones 
aquellos que teniendo manera de practicarlas no las re- 
gatean. 

El conflicto armado, generalmente conocido con el 
nombre de guerra del legalismo, encontró al General Gó- 
mez al frente de sus intereses que habían llegado a ser de 
cuantía según lo mencionamos en el párrafo arriba escri- 
to. El no pudo permanecer indiferente ante aquella ca- 
lamidad inevitable que sobrevenía a la Patria, pues bien 
comprendió, con su característico buen sentido, que cru- 
zarse de brazos en tales momentos hubiera sido una debi- 
lidad—cuando menos — y su temperamento de hombre 
de acción, la guarda de su valiosa hacienda y sobre to- 
do, su noble deseo de que la paz se restableciera cuan- 
to antes, lo llevaron a los campamentos. Con un nu- 
meroso cuerpo de voluntarios, formado con los trabaja- 
dores de sus fincas se incorporó al Ejército Nacional que 
mandaba el General José María González; y a poco de en- 
trar en campaña era, — en marzo de 1892 — Comisario del 
Ejército, puesto que obtuvo como recompensa a su valor 
heroico y a su actividad insuperable. Grandes y eficaces 
servicios prestó el entonces Coronel Juan Vicente Gómez 
a la Causa en que se había afiliado. En la cruenta bata- 
lla del Topón se batió denodada y bizarramente hasta ser 
uno de los más bravos oficiales que decidieron del triunfo 
obtenido allí por el ejército en que militaba. A los pocos 
días de esta victoria, fué con los suyos a pelear reciamente 
en la defensa de Táriba, atacada por un numeroso contin- 
gente de tropas enemigas bajo el mando del general Es- 
píritu Santos Morales. La batalla duró dos días y como 
era tan reñida, que ambos adversarios llegaron a los cho- 
ques cuerpo a cuerpo, ocurrió que el Coronel Gómez con 
su habitual impetuosidad se metió en donde más recio se 
peleaba y se vio circundado de adversarios, mas lo salvó 
su sangre fría, pues logró confundir a los contrarios, con 
hábil e imperturbable serenidad, hasta hacerles creer 
que pertenecía a las filas de ellos. Pero su interven- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 17 

ción esforzada al éxito de la campaña alcanzado por la 
hueste a que pertenecía, no se concretó sólo a jugarse 
la vida temerariamente en los combates y a aportar los 
conocimientos que le eran familiares de organización, dis- 
ciplina y práctica del terreno en que se operaba. Entre 
los más señalados servicios que prestó a aquel ejército 
fué el de no dejarlo carecer de dinero ni de otros recur- 
sos para su aprovisionamiento. Acerca de este particular 
mencionaremos un dato que va a probar de manera elo- 
cuente dos verdades: la cooperación eficaz que aportó 
nuestro biografiado a la defensa del Gobierno en el Tá- 
chira durante la guerra de 1892, y la fe que siempre ha 
inspirado la palabra de él, en todos los momentos de su 
vida. Para los días a que hemos llegado en nuestra na- 
rración, a las tropas en que militaba el entonces Coronel 
Gómez, no les faltó nada, porque si es cierto que el Go- 
bierno al cual servían estaba en la imposibilidad de man- 
darles fondos, el comercio del Táchira se los suplía única- 
mente con el requisito de que saliera responsable por su 
reintegro el que es hoy día creador del inmenso crédito 
que goza Venezuela, y era en aquella época, un hombre a 
quien no obstante sus pocos años y su condición de gue- 
rrero, sus ricos paisanos le entregaban gustosos todo el 
dinero que bajo su palabra se comprometía a devolverles. 
La guerra en que con tanto suceso comenzó a desta- 
carse el General Gómez en la carrera de las armas se hizo, 
como es sabido, para derrocar el Gobierno del Doctor R. 
Andueza Palacio. Veamos lo que fué aquel Gobierno. 
El ciudadano que lo presidía era un político de escuela y 
de méritos : orador parlamentario de primera fuerza, abo- 
gado, amplio de miras en lo que atañe a la realización del 
Derecho Constitucional hasta el punto de no tener fe eq 
la eficacia de los principios de esta ciencia, aplicados q 
el medio ambiente de la vida pública nacional, pues 
biendo sido en ocasiones anteriores Ministro, Miei} 
del Congreso y otra vez candidato a la Suprema 
tratura, por experiencia propia adquirida en su 




18 SEMBLANZA DEL 



en sus luchas y también en las decepciones sufridas co- 
mo frecuente actor en la política de aquellos tiempos, 
llegó a profesar opiniones acerca de la materia que nada 
tenían de rigoristas. Sucesor del Presidente Rojas Paúl, 
como candidato de última hora, después de un debate 
eleccionario en que se postularon los nombres de los ge- 
nerales Raimundo Fonseca y Juan Bautista Araujo — re- 
presentantes del tradicionalismo militar — y los del Doctor 
Jesús Muñoz Tébar y otros, se reafirmó en tales opinio- 
nes y no obstante las tendencias de civilismo a las cuales 
debió su exaltación al Poder, reaccionó primero contra 
toda influencia que pudiera tener su antecesor en los su- 
cesos públicos y ya para finalizar el período de su go- 
bierno, no vaciló en ir contra sus propias ideas y convic- 
ciones, rodeándose de elementos muy definidos del cau- 
dillaje venezolano y poniéndose en evidente antagonismo 
con sus antecedentes y actos de Magistrado civil. Sus 
procedimientos administrativos y políticos fueron la na- 
tural consecuencia de aquel criterio que prevalecía en él. 
Pero sería injusto negar que gobernó a contentamiento 
de las mayorías nacionales. Amigo del fausto prodigó el 
dinero y permitió que lo prodigaran sus colaboradores. Si 
no llegó a la bancarrota fiscal, ello fué debido a que el Te- 
soro abundó siempre en entradas, porque el país disfruta- 
ba entonces de la circulación de los millones traídos del 
Exterior para invertirlos en la costosa obra del ferrocarril 
de Caracas a Valencia y de cuantiosos ingresos que nos im- 
portaban los altos precios que llegó a alcanzar el café. Si a 
estos factores se agregan las excelentes condiciones econó- 
micas en que estaba Venezuela, debidas a una larga época 
de paz, tendremos la razón clara de por qué el Gobierno 
Doctor Andueza Palacio, a pesar de sus liberalida- 
s, dispuso de hacienda pública capaz de soportarlas, 
floreciente estado del País y el respeto a los de- 
y a las garantías de los ciudadanos que hubo 
casi todo el período constitucional de aquel Go- 
e ameritan el fallo favorable de la Historia. Res- 




GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 19 

pecio de lo hecho por el Doctor Andueza Palacio con el 
obstruccionismo que ejerció sobre el Congreso que debía 
elegirle sucesor y de las consecuencias de ese hecho, va- 
mos a ocuparnos en los párrafos siguientes. 

La Revolución que estalló en Venezuela, encabezada 
por el general Joaquín Crespo, en febrero de 1892, tuvo 
por bandera la protesta contra aquel acto del Doctor An- 
dueza Palacio y la oposición a sus planes tendientes a que 
entrara en vigencia inmediata la Constitución reformada 
un año antes. En Chile había sobrevenido, hacía poco, un 
conflicto armado similar en causas a este de Venezuela y 
sus resultados fueron el rápido derrocamiento del Presi- 
dente Don José Manuel Balmaceda. Este ejemplo con- 
tribuyó en parte, como estímulo alentador, para que los 
elementos disidentes se enfrentaran al Doctor Andueza 
Palacio e hicieran frustránea la realización de sus propó- 
sitos. La Nación se dividió en dos grandes bandos con- 
tendores, tomando participación en éstos todos los vene- 
zolanos, con excepciones contadas. Ya hemos mencionado 
cómo el General Gómez, por los motivos poderosos que es- 
bozamos antes y que luego expondremos ampliamente, 
tomó servicio militar para defender el Gobierno existente, 
y mencionaremos ahora cómo la Sección Táchira, en su 
mayoría, también lo defendió. 

La paz disfrutada hasta entonces, aunque reafirma- 
da durante más de un decenio, era la clásica paz octavia- 
ría legada a un pueblo por las concepciones geniales de 
aquel afamado político y dominador que se llamó Guz- 
man Blanco. Pudo mantenerse merced a las habilidades 
y cálculos de estadista puestos en juego por el Doctor 
Rojas Paúl, pero cuando fuera menester probar la solidez 
de sus bases y la seguridad de sus defensas, los gritos de 
desesperación del romano, al saber aniquiladas las legio- 
nes de Varo, se repetirían a través de los siglos y entre 
las gentes de un mundo nuevo. No fué aquella, a la verdad, 
la paz de que gozamos al presente, alcanzada primero 
por la espada del General Gómez junto con el grandioso 



20 SEMBLANZA DEL 



e inmarchito laurel que conquistó en Ciudad Bolívar, y 
en los diez años que ya han trascurrido, radicada en el al- 
ma y en la estructura nacional, y no con elementos pere- 
cederos como aquéllos empleados por los hombres del 
Septenio y de la Concordia, pero sí por medio de condi- 
ciones de salud y de vida, cuya destrucción es imposible, 
porque la Historia, con sus actuales enseñanzas, nos está 
demostrando que ya los pueblos ni pueden ser destruidos 
ni son suicidas. 

Aquella guerra, que se desató haciendo fallar la teó- 
rica y candorosa creencia de los dirigentes de entonces y 
los pronósticos de la generalidad, venía preparándose, la- 
tente y pertinaz como el morbo que ni el ojo del clínico 
ni el organismo aparentemente sano y robusto del pa- 
ciente perciben sino al hacer irrupción en acceso tanto 
más fuerte cuanto más inesperado. Los hombres aptos 
para prever el drama de sangre que se avecinaba eran 
juzgados por el criterio oficial que prevalecía, como au- 
gures sombríos, cuando no como pesimistas malhallados 
con aquel orden de cosas próspero. Uno de ellos fué a 
quien presentamos en la introducción de esta obra, ha- 
ciendo advertencias acerca del particular a su amigo, el 
entonces Presidente de la República; advertencias contes- 
tadas con aquella frase: "Convénzase, ya aquí no pelean 
ni los gallos. Hay que traerlos de fuera". 

Proteico ha sido el espíritu de revueltas en estos pue- 
blos ibero-americanos. Fruto de gérmenes tan típicos co- 
mo lo fueron el ímpetu e indomable constancia de los con- 
quistadores y la fiereza heroica con que contendían las 
tribus precolombinas unas contra otras y con que se opu- 
sieron al invasor hispano, para él no ha habido liga- 
mentos suficientes, y a las conveniencias del orden, a las 
previsiones de la política, al dédalo de disposiciones le- 
gislativas dictadas con el fin de contenerlo, ha opuesto la 
resistencia de raigambres profundas que no pueden arran- 
carse sin lesionar el alma de la raza, porque hasta ella pe- 
netran sus adherencias. Transformar esa energía in- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 21 

coercible en fuente perenne de vida, tal como ha sabido 
hacerlo en algunas de nuestras repúblicas hermanas la 
obra paciente y metódica de sus pensadores y de sus hom- 
bres de acción y como lo está verificando entre nosotros 
el patriota que dá asunto a este esbozo biográfico, fué lo 
que no acertaron a realizar la fuerza de los dominado- 
res, ni el arte y la ciencia de los políticos que rigieron los 
destinos de Venezuela desde la desintegración de Colom- 
bia hasta las postrimerías de 1908. 

Halló fácil el Doctor Andueza Palacio aventurarse en 
el camino que con tanto insuceso tomó el General José Ta- 
deo Monagas en 1857, halagado como aquél por una po- 
pularidad más ficticia que real y creyendo contar — como 
lo dijo en el Manifiesto con que consumó el golpe de Esta- 
do,— con todas las fuerzas vivas de la Nación. Pero parte de 
sus cálculos quedaron fallidos pronto y tuvo que hacerle 
frente a una serie de dificultades que inmediatamente se le 
presentaron y que a medida que se prolongó la lucha irían 
complicándose y adquiriendo magnitud hasta obligarlo a 
salir del País el 17 de junio de 1892, por la presión que 
ejercieron sobre él, no tanto los adversarios como los je- 
fes militares en quienes tenía mayor confianza y esperan- 
zas y que estaban más cercanos a su persona. El General 
Joaquín Crespo se puso en armas, proclamado Caudillo 
de la Revolución y tremolando en sus manos la bandera 
que le dio el Congreso. Bajo esa bandera se agruparon 
antiguos y prestigiosos elementos del militarismo venezo- 
lano con sus respectivos contingentes y la opinión se divi- 
dió en los dos grandes bandos a que nos referimos antes, 
los cuales defendieron tenaz y valientemente sus causas 
respectivas, creyendo cada uno de buena fe, como era 
natural, tener la justicia de su parte. 

Ya narramos cómo el General Gómez intervino en 
aquella guerra, y después de reseñarla sucintamente des- 
de su origen hasta su fin, en incursión histórica indispen- 
sable al método adoptado para escribir esta semblanza, 
volvemos al lugar donde actuaban el bizarro Coronel go- 



22 SEMBLANZA DEL 



biernista y sus valerosos conmilitones. Dijimos que la en- 
tonces Sección Táchira, en su mayoría, fué contraria a la 
Revolución del 92. La razón de la actitud de ese pueblo 
hay que investigarla en sus antecedentes políticos, en la 
plenitud del desarrollo de sus industrias y de su comercio, 
en la fertilidad exuberante de su suelo, y la bondad de su 
clima, que tanto contribuyen allí a la intensa vitalidad 
del espíritu público y de las iniciativas individuales; en 
sus aspiraciones a llevar fuera de sus límites geográficos 
el excedente de esa vitalidad estancado allí por los rece- 
los y los prejuicios de una mal entendida política nacio- 
nal, y en todo ese conjunto de circunstancias y condicio- 
nes que solicitan a las colectividades como a los hombres, 
en un momento dado de su existencia, para que se desen- 
vuelvan mejor y determinen un nuevo rumbo a sus desti- 
nos. La estabilidad de la paz bajo un régimen civil, libre 
de aquellos recelos, prometía al Táchira — mejor que las 
aventuras revolucionarias — la realización de sus deseos, 
y garantizar la efectividad de esa promesa entró en los 
planes del Doctor Andueza Palacio. De ahí que hijos de 
esa región tan responsables de sus actos y acatados por 
sus conterráneos como lo era el General Gómez, empuña- 
ran la espada para defender con ésta, por irresistible im- 
pulso patriótico, los ideales cuya conquista se aplazaría 
si la avalancha revolucionaria arrollaba aquel orden de 
cosas. 

Es muy significativo que la carrera pública del Gene- 
ral Gómez comience en el preciso momento en que el Tá- 
chira se apresta a hacer holocaustos de sangre y de rique- 
za en demanda del rango que le corresponde y que ya han 
obtenido otros pueblos de Occidente, del Centro y del 
Oriente de la República. La guarda de sus intereses par- 
ticulares; la defensa de aquellos caros ideales a que nos 
venimos contrayendo y el amor a la Patria colocan en el 
cruento escenario de la lucha a aquél que hasta entonces 
había sido un fervoroso idólatra de la paz. Pero es que 
no obstante este culto rendido con obras y no con pala- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 23 

bras a esa deidad bienhechora, dentro de su pecho latía 
en aquella ocasión, como late hoy, un corazón impetuoso 
de guerrero. Bien pudo la facultad reflexiva — que tanto 
predomina en este gran carácter — hacerlo adorador since- 
ro del orden y del sosiego mientras no vibrara el primer 
eco de un clarín bélico, porque esa sería la señal que 
aguardaba su vehemente vocación para conducirlo al terre- 
no de los combates a mandar soldados, a arriesgar la vida 
haciendo que los demás la arriesgaran por ese poder mara- 
villoso que tiene el valor de trasmitirse como un contagio 
y para infundir, finalmente, en sus subalternos, el entu- 
siasmo que es el impulsor de todos los éxitos y la disci- 
plina que es el secreto para consolidarlos. 

Las tropas tachirenses se batieron incesantemente en 
el transcurso de tiempo que duró la guerra y su denuedo 
las redimió de la vergüenza y el dolor de la derrota, pero 
no pasó de la misma manera con los demás ejércitos que 
se opusieron a la Revolución y ésta, después de sus últi- 
mos y ruidosos triunfos de Villa de Cura y Los Colorados, 
entró victoriosa a Caracas a principios de octubre del pro- 
pio año en que estalló. 

El General Crespo inauguró su gobierno animado de 
ideas generosas para con los vencidos, porque tenía una 
bien sentada reputación de liberal y confianza en los re- 
cursos_de la clemencia, como medio moderador de las pa- 
siones que exacerba la guerra. Sin embargo, esas pasiones, 
apoderadas de algunos de los hombres que lo habían 
acompañado en los campamentos y que eran de su inti- 
midad y de su consejo, tuvieron influencia suficiente para 
hacer que ordenara el embargo de las propiedades de los 
vencidos. Efímera fué la draconiana disposición, porque 
el espíritu de magnanimidad del Caudillo, solicitado por 
el criterio de la mayoría reflexiva de los Constituyentes 
de 1893, rectificó aquel error inicial y prohijó gustoso el 
Decreto de amnistía expedido por éstos. En los debates 
a que dio lugar esta amnistía, se señaló como jefe de la 
minoría intransigente de la Cámara, el general José Ma- 



24 SEMBLANZA DEL 



nuel Hernández, corifeo que había sido de la Revolución 
en Guayana. 

El general Crespo, durante la época de su gobierno, 
se vería en la necesidad de fluctuar entre esas dos tenden- 
cias que se manifestaran tan temprano en el seno de la 
causa vencedora; y como por su educación política y tam- 
bién por su índole, tenía muchos rasgos de afinidad con el 
general Guzmán Blanco, a cuyas prácticas de dominador 
había servido antes con entusiasmo y fidelidad, no siem- 
pre obedecieron sus actos a la tendencia moderadora. De 
ahí tenemos que se dejara halagar por la Circe de los par- 
tidos, y que la noble aspiración de los ideólogos que le 
dieron bandera esplendorosa para el triunfo, se viera en 
parte defraudada. Unas veces, tolerante y austero, de- 
jaba de ser el llanero impetuoso para obrar como el pa- 
ladín que había sido de la República, y otras, la fatalidad 
de los atavismos y la escuela de autocracia en que se for- 
mara, lo exhibían intransigente y desdeñoso ante los re- 
clamos populares. 

Victoriosa ya en Caracas la revolución contra la cual 
luchara tan esforzadamente el General Gómez, como la 
casi totalidad de los tachirenses, él pasó con los que ha- 
bían sido sus compañeros de armas, la frontera de la Pa- 
tria, para ir a aguardar, en siete largos años de destierro, 
nueva oportunidad para contender por sus ideales que no 
quedaban destruidos, pues más bien se posesionaron de 
aquellas almas varoniles con mayor entusiasmo y fe; la 
fe y el entusiasmo que, si son positivas virtudes, es pues- 
tas a prueba en circunstancias adversas, porque es enton- 
ces cuando se exaltan y magnifican hasta producir en la 
trama de las contingencias humanas resultados verdade- 
ramente prodigiosos. La realización del ideal de un Tá- 
chira autónomo, por cuyo suceso inmediato pelearon aque- 
llos valientes, y todavía más, la realización del sueño de 
un Táchira preeminente como no lo fué el surgido de la 
Constitución del 64, que diera a sus hijos la gloria hasta 
aquel tiempo no alcanzada, de alternar con los demás ve- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 25 

nezolanos en el ejercicio de las altas dignidades y hono- 
res de la República, advendría, porque entre aquellos sol- 
dados que se iban a suelo extraño con banderas desple- 
gadas, estaba el brillante oficial de la defensa de Táriba, 
que llegada la hora, organizaría campañas sorprendentes 
y se revelaría en esa dualidad estupenda que lo ha cons- 
tituido en Caudillo de la Paz y de la Guerra. 

La contienda armada de 1892 que dio merecida repu- 
tación militar al General Gómez, fué en cambio funesta 
para sus cuantiosos intereses. Algo menos de un millón 
de bolívares experimentó en pérdidas, pues, las tropas re- 
volucionarias saquearon sus propiedades que habían lle- 
gado a un estado floreciente de prosperidad, merced a la 
asidua e inteligente consagración al trabajo con que las 
venía administrando personalmente nuestro biografiado. 
Sus ricas cosechas de aquel año se perdieron íntegras, la 
gran cantidad de reses que pastaba en aquellas propieda- 
des desaparecieron, lo mismo que mercancías y dinero 
efectivo que él tenía depositados para emplearlos en el 
comercio. 

Pero ante aquel desastre que hubiera significado la 
ruina definitiva para cualquiera, el General Juan Vicente 
Gómez se reveló con la misma firmeza de corazón y gran- 
deza de espíritu con que años después había de abrirse 
camino, por entre todos los obstáculos y en medio de las 
más terribles luchas, hasta cumplir su misión de rehabi- 
litar a Venezuela. Algo le quedó de todos aquellos bienes 
materiales, y superiores a éstos, poseía una fortuna que no 
le pudieron arrebatar sus adversarios políticos ni el furor 
de las pasiones: su honradez sin tacha unida a su férrea 
voluntad, y a sus excepcionales aptitudes para producir ri- 
queza. Ya vimos cuanto era la solidez de su crédito, al re- 
señar cómo los comerciantes del Táchira suplieron fondos 
al ejército en que formaba parte, con la sola condición de 
que saliera él de fiador por la restitución de tales suple- 
mentos. 



26 SEMBLANZA DEL 



En su destierro se estableció en el Departamento de 
Cúcuta, donde es activo el comercio y pingüe la agricul- 
tura. Los Vados, lugar de ese Departamento de la Repú- 
blica hermana, que está vecino a nuestra frontera, fué el 
elegido por el General Gómez para comenzar de nuevo a 
trabajar. Siete años duró ese destierro y en este espacio 
de tiempo relativamente corto, no sólo readquirió el equi- 
valente de cuanto le habían arrebatado los revolucionarios 
de su patria en 1892, sino que llegó a poseer más de lo 
que tenía antes de aquella fecha, no obstante haber sido 
durante esos siete años la providencia de todos los asila- 
a quienes, en su mayor parte, sostuvo de su peculio y los 
mantuvo a su lado esperando la oportunidad que debía 
advenir de volver al suelo nativo. En aquella tierra que 
recompensó con noble hospitalidad al venezolano que no 
se domicilió en ella como parásito sino como elemento de 
orden y de progreso, está todavía una magnífica hacienda 
formada por el General Juan Vicente Gómez y a la que 
dio el significativo nombre de "Buenos Aires", en testimo- 
nio de gratitud hacia el país que tan propicio había sido 
a sus éxitos de luchador. Naturalmente, en una región 
donde había sido beneficiosa su estada y donde vivió ho- 
norablemente con los suyos, fueron muchos los amigos 
que logró, entre éstos eminentes hijos de Colombia. 

Aquel desterrado altivo que en vez de acogerse a la 
misericordia del vencedor, o entrar, pasado el tiempo, 
en componendas políticas, optó por el camino decoroso 
aunque lleno de dificultades de abandonar esos afectos 
que tanto vinculan a los hombres y que son los que se pro- 
fesan a los intereses bien adquiridos y que con esos inte- 
reses dejaba la patria: una patria que en el dolor tenía 
que serle más cara que en la dicha; aquel desterrado se 
impuso en el ánimo de sus conterráneos por la elevación 
del carácter, por sus antecedentes de honorabilidad tan 
cabalmente refrendados en aquella época de pruebas, 
por sus aptitudes excepcionales que le habían permitido 
superar todo linaje de obstáculos para exhibirlo, no como 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 27 

el proscrito que debe a la compasión de gentes hospitala- 
rias la merced de poder subsistir, sino como el hombre 
potente a quien nada ni nadie abate porque posee las dos 
fuerzas capaces de allanar montañas : la perseverancia en 
grado heroico y la confianza en sí mismo para la cual no 
tienen vallas ni el fracaso ni la fatalidad. 

En este Capítulo II de la semblanza del General Juan 
Vicente Gómez, hemos narrado su iniciación en la vida 
pública. Tal vez vanidad de autor, quizá ufanía de quien 
rinde la primera jornada en una labor difícil, pero sin 
duda, convencimiento de haber sido sinceros, es el senti- 
miento que nos mueve a consignar la siguiente afirmación : 
en las páginas de este capítulo no hay relatos fantasiosos 
ni juicios apasionados. Las personas no son aquí — ni lo 
serán en las próximas partes de este libro — héroes de le- 
yenda o actores truculentos de tragedia; son hombres, son 
venezolanos, y unas veces con error y otras con acierto, 
pero siempre como humanos, sirvieron a su Patria. El 
General Gómez — cuya semblanza escribimos — es, en las 
páginas que acaban de leerse, la figura especiante de las 
aspiraciones de un pueblo, si supusiéramos verdadera la 
ficción de los predestinados, él sería uno de éstos. Los Ge- 
nerales Guzmán Blanco y Crespo, así como el Doctor An- 
dueza Palacio son Magistrados que tienen en el encadena- 
miento fortuito de los sucesos, la responsabilidad que 
como tales les corresponde en la Historia. No ha sido nues- 
tro intento condenar o justificar sus hechos. Ambiciosos, 
violentos y transgresores, pero también animados de ge- 
nerosidad, moderados y obedientes a la ley — que todo eso 
fueron — así los hacemos aparecer en estos párrafos. 



CñPITULO III 



CAPITULO III 



SUMARIO 

Término de la Administración del general Joaquín Cres- 
po. — Oposición latente que existía en el Táchira a la 
política nacional. — Elección del general Ignacio An- 
drade para Presidente Constitucional de la República. 
Estalla en Queipa la Revolución acaudillada por el 
general José Manuel Hernández. — Muere el general 
Crespo combatiéndola. — Evolución política para de- 
volver su autonomía a los 20 antiguos Estados de la 
Federación Venezolana. — Alzamiento del general Ra- 
món Guerra. — Revolución de 1899. — El General Juan 
Vicente Gómez es el alma y el nervio de aquella Re- 
volución. — Génesis de ésta y su triunfo. — Muere en 
Caracas el bizarro Coronel Aníbal Gómez. — Defección 
del general José Manuel Hernández. — Nombramiento 
del General Gómez para Gobernador del Distrito Fe- 
deral. — Pasa a desempeñar la Jefatura Civil y Militar 
del Estado Táchira. — Concilia allí los círculos locales 
y recompensa a las familias de los valientes que ofren- 
daron sus vidas por el triunfo de la Revolución. — Es 
nombrado Vicepresidente de la República por el Con- 
greso Nacional. — Comentario. 

El Gobierno del General Joaquín Crespo legó a su 
sucesor, junto con otros arduos problemas por resolver, 



32 SEMBLANZA DEL 



la difícil empresa de evitar que se realizara en el Táchira 
la idea revolucionaria nacida allí desde que las mayorías 
de aquel pueblo vieron fracasada, con el triunfo del movi- 
miento armado de 1892, su justa aspiración de elevar a su 
pequeña patria al rango de verdadera Entidad Federal, 
para que influyera en los destinos de la República por me- 
dio de los representativos de su vigoroso espíritu público. 
No obstante el empleo sistemático de los antiguos méto- 
dos de la política nacional, de fomentar las divisiones 
entre los hombres y los círculos locales de la Cordillera, 
el Táchira estaba preparado para intentar un gran es- 
fuerzo en el sentido de alcanzar el logro de sus deseos. 
El socorrido expediente de enviar a los Andes Delegados 
del Ejecutivo se empleó entonces como nunca y lejos de 
dar resultados, lo que produjo fué unificar allí el senti- 
miento oposicionista al predominio absorbente de los po- 
deres centrales. 

Si la descentralización administrativa y política, cau- 
sa por la cual vertieron tanta sangre los pueblos venezola- 
nos en aquel tremendo período de lucha que se llamó la 
Guerra Larga, había venido siendo superficialmente prac- 
ticada por todos los gobiernos desde el triunfo de la Revo- 
lución Federalista, ni aun de estos precarios beneficios 
había disfrutado el Táchira. Regido las más veces por 
hombres que no se interesaban por sus necesidades y que 
iban de Caracas a laborar por conveniencia propia y a 
sujetarse a los planes del poderoso que los enviaba, ese 
pueblo nada tenía que agradecer a tales gobernantes, y sí 
mucho que reclamarles en materia de libertades y dere- 
chos. Gracias a su vitalidad inexhausta se conservaba 
fuerte y floreciente en medio del abandono y prevención 
con que se le trataba y pudo soportar, entre otros males, 
la calamidad de las discordias internas que en ocasiones 
llegaban a dirimirse con las armas en la mano y que, no 
jueces sino instigadores, hallaron en los jefes de las Ad- 
ministraciones nacionales, con muy pocas excepciones. En 
las postrimerías de la que dirigió el General Crespo, en- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 33 

contramos ya a ese pueblo en plena conciencia de su valer, 
pues en las peripecias de la guerra del 92, ejercitado en 
una empresa que no era la de malgastar energías en mez- 
quinos pugilatos, advirtió que sus brazos eran recios y fir- 
me el temple de su alma, lo mismo que ochenta años antes, 
cuando sus hijos contribuyeron a la Campaña Admirable 
y regidos por el Libertador vinieron hasta la cuna de la 
Independencia como paladines de esta idea redentora. 

Para los días en que el general Joaquín Crespo re- 
signó el mando, el Táchira estaba irrevocablemente re- 
suelto a ocurrir al expediente supremo de la guerra, y en 
este sentido, el patriotismo regionalista había acallado 
las rencillas de bandería que lo mantenían desunido y, 
salvo elementos discrepantes que nada importaban a la 
eficiencia del propósito, estaba compacto. El General Juan 
Vicente Gómez, con su actividad, su eficacia, su entusias- 
mo y con todo el poder moral y material que radicaba en 
su persona estaba al servicio de aquel propósito como 
prenda segura de que no era ya una utopía sino realidad 
palpable y de que sólo bastaría el breve transcurso de unos 
meses para que se verificase en todos sus detalles. 

El 30 de febrero de 1898 presentó el general Crespo 
su último Mensaje al Congreso Nacional y al hacer el re- 
cuento de sus actos decía: "Durante cinco años he ejerci- 
do el Poder. Si en esta larga administración he cometido 
errores que son inherentes a toda labor humana, ojalá 
puedan subsanarlos en la Historia y en la conciencia de 
mis conciudadanos los actos de verdadera trascendencia 
que se han realizado en el curso de este lustro". Como 
era un hombre honrado y franco, valiente en grado heroi- 
co e incapaz, por tanto, de rehuir responsabilidades, él 
declara en aquel momento solemne y de la manera más 
categórica que ha cometido errores, los mismos errores a 
los cuales hemos tenido imperativamente que referirnos y 
que no hubiéramos mencionado nunca si la probidad del 
historiador permitiera que la disquisición de los hechos 
dejara de ser examen riguroso de lo pasado. Pero esa 

• 3 



34 SEMBLANZA DEL 



probidad nos impone citar este otro párrafo de aquel do- 
cumento: "Con ese espíritu desapasionado procuré siem- 
pre hacer justicia al mérito, cambié con frecuencia mi 
Gabinete para abrir paso a distintas aspiraciones y darle 
así mayor amplitud a la acción gubernativa; y hasta lla- 
mé, para ilustrarme con sus consejos, a mis propios ad- 
versarios; les di puestos prominentes en la Administra- 
ción, efectiva autoridad para plantear reformas, acepté 
su colaboración sin reticencias, y oí sus indicaciones con 
modestia republicana". Todo esto era verdad, porque el 
general Crespo en su deseo de sostener a todo trance la' 
paz de Venezuela, constituyó Ministerios con sus más po- 
derosos enemigos, fué accesible a todas las advertencias y 
tuvo rasgos eminentes de demócrata, hasta tal punto, que 
aquel título honorífico de Héroe del Deber que le dieron 
sus admiradores lo merecía, si se tiene en cuenta que por 
el supremo deber de defender la paz ejecutó acciones muy 
altas de abnegación y sacrificio. 

Sucesor del general Crespo fué el general Ignacio 
Andrade, quien elegido por votación directa Presidente 
Constitucional de la República para el período de 1898 a 
1902, fué proclamado Primer Magistrado de la Nación 
por el Congreso reunido aquel año y entró a ejerecer 
sus funciones a poco. Había tenido por competidores en 
la lid electoral, al Doctor Juan Francisco Castillo, candi- 
dato que sostuvieron por medio de activa propaganda 
gran parte de las mayorías oposicionistas del Táchira, y 
al general José Manuel Hernández, que era el jefe de un 
Partido de reciente formación llamado "Nacionalista". 
El general Andrade era ventajosamente conocido en el 
País, y tenía en haber, como hombre público, sus servicios 
esforzados a la Revolución Legalista, causa en la cual ha- 
bía militado con valor, inteligencia y lealtad: los altos 
cargos de Ministro de Instrucción Pública y Gobernador 
del Distrito Federal, en cuyo desempeño se distinguió 
ejemplarmente y la Presidencia del Gran Estado Miranda, 
que ejerció por medio de una administración irreprochable. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 35 

El se sentó bajo el Solio presidencial anheloso de hacer el 
bien de sus conciudadanos y sin odios para ninguno, pero 
el ambiente nacional, densificado con los gérmenes de 
discordias que habian venido acumulándose, estaba para 
estallar con una de esas conmociones que son en el mundo 
moral lo mismo que en el físico inevitables. Nada pudo 
el ojo perspicuo de este veterano de nuestra política, al 
penetrar las tinieblas circundantes, nada sino darle la cer- 
tidumbre de cómo era aquélla una época tremenda de 
inauditas dificultades que había que afrontar con calma 
en el espíritu y firmeza en el corazón según sus propias 
palabras al año de dar frente a tales dificultades, palabras 
que se complementan con esta interrogación y respuesta 
también suyas: ¿Qué hemos hecho? Consumir en pólvo- 
ra y plomo lo que hubiera servido para promover la co- 
lonización y trazar vías de comunicación en todo el terri- 
torio de la Patria; cerrar el horizonte a las esperanzas 
del crédito; abrumar la contabilidad con un Debe formi- 
dable sin compensación en el Haber; consumir la energía 
pensadora del Gobierno en establecer el equilibrio políti- 
co, en apaciguar el hondo sectarismo apasionado y ren- 
coroso; prolongar, en fin, un año más los dolores de la 
Patria . . . .! Entonces se refería a las dos primeras revo- 
luciones que se hicieron contra su Administración : el irre- 
sistible huracán que nacía en la Cordillera estaba próxi- 
mo a desatarse. 

Casi simultáneo al acto de asumir el Poder el general 
Andrade, ocurre el levantamiento del general José Ma- 
nuel Hernández. El jefe del partido Nacionalista da el 
grito de insurrección en Queipa y corifeos de este partido 
coresponden a él en Carabobo, Lara y Zamora primero 
y después en otros Estados de la Nación. En previsión de 
estos acontecimientos, el territorio de la República había 
sido dividido en Circunscripciones Militares, la primera 
de las cuales estaba confiada a la pericia del general Joa- 
quín Crespo. Este se declaró en campaña y salió a batir 
al adversario, cosa que indudablemente habría logrado 



36 SEMBLANZA DEL 



a no ser que la fatalidad le aguardaba en la boca de los 
fusiles enemigos emboscados en la Mata Carmelera. 

Con la muerte del general Crespo, cuya influencia en 
la cosa pública no se habia aminorado por el hecho de 
haber descendido de la Suprema Magistratura, tuvo que 
sobrevenir una situación excepcional para el Gobierno 
del general Andrade, creada por gran parte de los ele- 
mentos que actuaban en la política militante, los cuales 
estaban adscritos a ésta, principalmente, por el vínculo 
que los unía al Caudillo extinto. Si a esto se agrega que 
para la Revolución era un triunfo de incalculables resul- 
tados la desaparición de aquél enemigo poderoso, que 
el país estaba azotado por otra calamidad que era la virue- 
la, que el desequilibrio económico había llegado en aquel 
año a su más terrible faz, pues a las causas que lo engen- 
draran se sumaron las rígidas cuarentenas que hacían 
exiguas las entradas aduaneras — las únicas fuentes de in- 
gresos apreciables que tenía el Erario con el régimen fis- 
cal de entonces, — tendremos que el Gobierno del general 
Andrade, fatalmente, consumiría su energía pensadora, 
porque las fuerzas humanas tienen un límite que ninguna 
aptitud, por estupenda que sea, puede rebasar. De ahí 
que cuando advino el avasallador movimiento armado 
del Táchira, la resistencia de aquel Gobierno no pudo ser 
más de lo que fué. 

Cinco meses duró la guerra promovida por el cau- 
dillo del nacionalismo. Para suceder al general Crespo, 
que cayó combatiendo, el general Andrade nombró Jefe 
de la 1? Circunscripción Militar a uno de los más esforza- 
dos tenientes de aquél: el general Ramón Guerra, quien 
estaba indicado como heredero del prestigio bélico de su 
predecesor. Este aguerrido y experto general derrotó en 
breve a su adversario, que en su fuga al Estado Lara, fué 
destruido por el general Antonio Fernández, Ministro de 
Guerra y Marina en campaña, y vino a caer prisionero en 
la línea de Aroa que estaba ocupada por tropas del ejérci- 
to circunscripcional. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 37 

A la lucha armada sucedió una agitada lid electoral. 
La muerte del general Crespo dejó en vacante absoluta 
la Presidencia del grande Estado Miranda, — la mayor en 
territorio, riqueza y población de las poderosas agrupa- 
ciones existentes desde 1881 — y se postularon tres candi- 
daturas para aquel cargo: las de los generales Ramón 
Guerra y Antonio Fernández y la del Doctor Arnaldo Mo- 
rales. A este torneo cívico puso término el pensamiento 
de que volvieran a ser autónomos los Estados absorbidos 
en aquellas poderosas agrupaciones hacía diez y ocho 
años — no por su libre voluntad, sino por los cálculos po- 
líticos que privaron en el año citado de 1881. Fué ésta una 
evolución pacífica que prohijó el general Andrade, bien 
penetrado de la necesidad en que estaba de arbitrar los 
medios posibles para no dejar bandera a la nueva revo- 
lución que sabía próxima e inevitable. Y así tenemos que 
en su Mensaje al Congreso de 1899, que debía perfeccio- 
nar lo que hasta entonces había hecho el pensamiento 
autonomista de la época, decía : "El lirismo revoluciona- 
rio acoge para elaborar sus programas todas las teorías 
que flotan y brillan y pueden mover el entusiasmo de los 
pueblos". 

Ya para instalarse este Congreso ocurrió el alzamien- 
to del general Ramón Guerra, Presidente Provisional del 
Estado Guárico, que había recobrado su categoría de En- 
tidad Federal. Vencido este movimiento armado en la 
acción de Los Morichales del Lambedero por las tropas 
del Gobierno Nacional al mando del general Lorenzo Gue- 
vara, no tardaría en estallar la Revolución del 23 de mayo 
que debía venir victoriosa hasta la Capital de la República. 

Apenas cinco meses fué el tiempo invertido desde la 
invasión por la frontera de la heroica hueste de sesenta 
hombres que inició aquella Revolución y su entrada triun- 
fal a Caracas el 22 de octubre. El general Andrade dio 
frente a este nuevo conflicto. Los reveses que vinieron su- 
friendo sus ejércitos desde la derrota del general Leopol- 
do Sarria hasta la de los generales Diego Bautista Ferrer 



38 SEMBLANZA DEL 



y Antonio Fernández en Tocuyito, lo encontraron siempre 
lleno de serenidad, y sólo al convencerse de cómo era inú- 
til toda tentativa de resistencia porque no había ya fe en 
los hombres a quienes confiara el mando de sus tropas, es 
cuando decidió dejar el Poder, encargándose de sustituir- 
lo, el general Víctor Rodríguez. Luego se embarcó en 
un vapor de la armada nacional con rumbo a Colombia. 

Fué en su hacienda "Buenos Aires" donde el General 
Gómez alistó los 60 hombres con que se inició la revolu- 
ción con armas y parque comprados por él, con dinero 
aportado por él, con oficiales que eran adscritos a su per- 
sona y con todos los elementos necesarios para emprender 
la guerra. Al mando de esos valientes vino hasta "Juan 
Frío" lugar fronterizo donde se incorporó el hombre que 
únicamente las veleidades de la suerte señalaron como 
Jefe de aquella empresa guerrera. El concurso del Gene- 
ral Gómez era esencial al pueblo tachirense para iniciar 
la lucha, porque no había hijo de aquella tierra de los 
que entraron en la Revolución — inclusive su Jefe, el gene- 
ral Cipriano Castro — que no estuviera firmemente conven- 
cido de cómo al faltarles el poderoso contingente moral y 
material de nuestro biografiado, su empresa no tendría 
éxito. 

Entre los "nuevos hombres" de que hablaba el pro- 
grama revolucionario, quien se destacaba era el rico ha- 
cendado del Táchira. El apareció en la escena pública 
en los días genésicos de la Causa que había venido prepa- 
rándose desde siete años atrás. Cuando se presentó en 
San Antonio al Jefe de la Frontera venezolana, general 
J. M. González, al mando de una columna de doscientos 
hombres, formada exclusivamente con los trabajadores 
de su hacienda, para ofrecer sus servicios al Gobierno 
Nacional, que garantizaba al Táchira la efectividad de 
sus derechos y la realización de sus aspiraciones, el Gene- 
ral Gómez no había ejercido ningún cargo ni había tenido 
nunca ingerencia en asuntos políticos. Era, en el rigor de 
la frase, un hombre nuevo de reputación intachable y de 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 39 

méritos verdaderos como elemento de progreso en la exis- 
tencia agrícola e industrial de su país, pues había perma- 
necido hasta entonces retirado a la vida privada, libre de 
todo compromiso con los que se disputaban el mando en 
Venezuela. 

El sentimiento patriótico que generó la Revolución 
del 23 de mayo, tenía, por tanto, en el General Juan Vi- 
cente Gómez un elemento genuinamente suyo, incontami- 
nado de cualquiera de las tachas que podían imputarse al 
general Castro que había figurado ya en la política na- 
cional y en la local, como miembro de Congresos, y adep- 
to de círculos políticos en la Cordillera y que había es- 
tado anteriormente en tratos con el Gobierno del general 
Andrade y luego venía, por razón de las circunstancias y 
también por caprichos de la fortuna — según dejamos di- 
cho, — a ser el Jefe del movimiento armado que derroca- 
ría aquel Gobierno. 

A través de estas páginas hemos expuesto los oríge- 
nes de la Revolución iniciada en el Táchira y realizada 
en toda Venezuela como consecuencia del impulso que re- 
cibió el 23 de mayo de 1899. Su triunfo trajo por resul- 
tados inmediatos el eclipse de la antigua fama que goza- 
ban los caudillos venezolanos de ser necesarios a toda cau- 
sa como factores de éxito; y la participación directa y ac- 
tiva de elementos vigorosos en la dirección de los desti- 
nos nacionales. Ciertamente no fué aquella la victoria de 
un partido regionalista ansioso de desagravios y animado 
de miras estrechas. Fué la victoria de un ideal generoso 
de renovación que solicitó primero la mente del pueblo 
tachirense, le dio la conciencia de sus fuerzas y de lo que 
podía obtener en su provecho y en provecho de la patria 
si las subordinaba a fines más altos que los de la política 
local, y lo guió, sin dejarlo vacilar, por el camino de los 
hechos que parecía erizado de dificultades. Pero esas di- 
ficultades eran en su mayor parte aparentes. La oposi- 
ción a prácticas gubernativas profundamente desacredi- 
tadas en la conciencia colectiva de los venezolanos había 



40 SEMBLANZA DEL 



venido minando lentamente los viejos sistemas de la po- 
lítica nacional y preparando la bancarrota de los perso- 
nalismos. Los ejércitos numerosos que defendían a los 
hombres del Poder, lejos de ser un conjunto homogéneo 
obediente a una sola voluntad, eran grupos sin cohesión, 
tan subordinados a las ambiciones de cada uno de sus je- 
fes como incapaces de garantizar la estabilidad de nin- 
gún orden de cosas. Su postrimer esfuerzo sería oponer- 
se y aun vencer en el terreno de la guerra, a un partido 
que en medio de sus alardes de constituir las nueve déci- 
mas partes del país, fué nulo en la acción porque las ener- 
gías efectivas del pueblo estaban en la parte no contada: 
en el pequeño y compacto núcleo de patriotas que, con 
arresto incontrastable, extraería esas energías en el fondo 
del alma nacional. Esto nos da la clave del rápido triun- 
fo de la Revolución del 23 de mayo de 1899. 

Entre los valientes que se inmolaron por aquel ideal 
generoso, estuvo el Coronel Aníbal Gómez, hermano de 
nuestro biografiado. Se había venido batiendo bizarra- 
mente desde el paso de la frontera; culminó en la reñida 
acción de Cordero por su coraje extraordinario, y cuando 
la bandera de su causa flotaba ya en la cima capitolina, 
las columnas de guerreros pasaron bajo la insignia ven- 
cedora con las armas a la funerala en homenaje final al 
compañero de penalidades y de glorias. 

Uno o dos días después de asumir la Revolución de 
Mayo el Gobierno de la República, ocurrió la defección 
del general José Manuel Hernández, que había sido nom- 
brado Ministro de Fomento, lo cual no fué obstáculo pa- 
ra que se saliera de Caracas a la cabeza de parciales suyos 
que prestaban servicio militar y se declarara rebelde al 
Gobierno en que formaba parte. Derrotado en cuantos 
combates libró, quedó al fin destruido en la batalla de Ma- 
nacal, por las tropas del general Nicolás Rolando, y se vino 
del Estado Bolívar, casi solo y fugitivo, a los llanos de Co- 
jedes donde cayó prisionero. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 41 

La nueva Administración había elegido al General 
Juan Vicente Gómez, Gobernador del Distrito Federal el 
8 de diciembre. Este era el primer cargo civil que él en- 
traba a desempeñar y ahí empezó a dar pruebas inequí- 
vocas de su competencia como Magistrado. Con ser la 
época difícil para poner en evidencia sus aptitudes, pues 
el estado de guerra persistía por la rebelión del general 
Hernández, el General Gómez se ganó en breve el afecto 
de sus gobernados. Se ocupó de organizar las exiguas 
rentas con que podía contar el fisco municipal en aquellas 
circunstancias anormales; veló incesantemente por el or- 
den público en una ciudad que estaba naturalmente agi- 
tada por las recientes conmociones políticas y en la cual 
vivían todos los conspiradores principales del partido na- 
cionalista; dio garantías a los ciudadanos, no obstante 
que las condiciones del momento ponían en sus manos 
los recursos represivos que tiene la autoridad cuando el 
sosiego público está alterado; recompensó en todo lo que 
pudo a los oficiales que habían venido acompañándolo 
como fieles servidores en la reciente campaña. Al que 
no le fué posible colocar en los empleos de su jurisdic- 
ción, le dio dinero de su peculio y repartió su sueldo entre 
ellos. Caracas tuvo en él un guardián celoso de la tran- 
quilidad de sus habitantes y la sociedad un Magistrado 
culto y caballeroso, que no desoía ningún reclamo justo 
y que comenzó la obra que después continuaría como Pre- 
sidente de la República, de perseguir el vicio y la vagan- 
cia. En resumen, su actuación al frente del Gobierno del 
Distrito Federal fué de lustre y honor para la Causa que 
servía, y en el ejercicio de ese cargo dio a comprender 
que no en balde se le respetaba, se le quería y se le tribu- 
taba admiración en el Táchira. Su reputación de hombre 
de bien y de patriota había venido a quedar justamente 
consagrada por los hechos en la capital de Venezuela. El 
tiempo y los sucesos que estaban cercanos a acaecer se 
encargarían en breve de exhibirlo como guerrero y esta- 
dista consumado y de darle el más firme prestigio en to- 



42 SEMBLANZA DEL 



dos los ámbitos del territorio nacional. Al dejar este car- 
go fué condecorado con el Busto del Libertador en la 2? 
Clase de la Orden, honor que bien merecía. 

Los arduos trabajos de reorganizar la República en una 
época llena de dificultades, en que lo primordial era afian- 
zar el Gobierno surgido de una revolución que estaba ya en 
abierta lucha con uno de los partidos que mantenían divi- 
didas las corrientes de la opinión, y que percibía en el ho- 
rizonte político otro tremendo conflicto armado en que el 
partido contra el cual combatía iba a amalgamarse con 
otro partido — su émulo — para conspirar juntos contra el 
orden de cosas existente, requerían esfuerzos extraordi- 
narios por parte de aquel Gobierno. El Táchira, que ha- 
bía asumido de nuevo su carácter de Estado indepen- 
diente, sin embargo de ser la cuna de la Revolución de 
mayo, volvía a ser el teatro de discordias por uno de esos 
fenómenos tan frecuentes en la dinámica de los pueblos, 
que al producir un magno esfuerzo impelente tiende a la 
acción contraria. Los círculos locales se agitaban en aquel 
Estado, y las pasiones e intereses estaban otra vez en 
pugna. En tales circunstancias, ninguno con más autori- 
dad que el General Gómez para ir a conciliar esos inte- 
reses y a calmar esas pasiones. El fué nombrado Jefe Ci- 
vil y Militar del Táchira el 22 de febrero de 1900, y sin 
dilación se trasladó allá para cumplir su encargo. A 
poco de estar en San Cristóbal, se hizo sentir su influen- 
cia beneficiosa, y sin violencias, de manera tan atinada 
como eficaz, fué atrayendo alrededor de su autoridad a 
amigos y a adversarios. Una de sus primeras medidas, 
que desde luego lo evidenció con toda la nobleza de su 
carácter, consistió en recompensar a las familias que ha- 
bían perdido en la guerra a los hombres que velaban por 
su sustento. Destinó sumas de la Tesorería del Estado 
para pensionarlas. A las viudas de los Coroneles Miguel 
Contreras y Aparicio Peñuela, muertos en los combates 
librados para hacer triunfar la revolución, les fijó asig- 
naciones adecuadas y no hubo persona que hubiera pres- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 43 

tado servicios a la Causa a quien no recompensara. Su 
acción reparadora se extendió hasta los más humildes de 
esos servidores. Magnánimo con los vencidos, les dio 
garantías para que pudieran trabajar sin temor a perse- 
cuciones ni a venganzas. Su espíritu de justicia apaci- 
guó los ánimos; y la índole levantisca de aquellos de sus 
paisanos, que tornaba a hacerlos rencorosos, se sintió des- 
armada por la prudencia y los ejemplos de moderación 
que venía a darles el hombre a quien algunos veían como 
adversario, pero a quien todos respetaban. Una prueba 
evidente del éxito que obtuvo el General Gómez en su 
misión conciliadora la constituye el hecho de que al ce- 
lebrarse el primer aniversario del día inicial de la Revo- 
lución, fueron a la capital del Estado todos los jefes de 
círculos con la mayoría de sus parciales — donde había 
vencedores y vencidos en la reciente contienda — y, sin 
embargo de esto y de que todas las circunstancias eran 
favorables a la realización de riñas y disturbios, imperó 
un orden inalterable en las fiestas que se verificaron y no 
hubo necesidad de reprimir la más ligera falta. Aquello 
fué inusitado, pues en el Táchira toda aglomeración de 
gente con fines políticos había dado siempre origen a cho- 
ques sangrientos. La obra bienhechora del ciudadano emi- 
nente destinado para rehabilitar a Venezuela, había dado 
ya sus primicias en Caracas, durante el tiempo de su actua- 
ción como Gobernador del Distrito Federal, y ahora era 
en la tierra que le viera nacer, donde depositaba la si- 
miente de su futura cosecha de triunfos como Caudillo 
de la Paz. 

La Asamblea Constituyente que se reunió en Caracas 
el 20 de febrero de 1901 para expedir la nueva Carta Fun- 
tamental, sancionó un Decreto organizando provisional- 
mente la República y en virtud de esta ley nombró el 29 
de marzo Presidente y Vicepresidentes: el General Juan 
Vicente Gómez fué elegido Primer Vicepresidente de Ve- 
nezuela por aquel Alto Cuerpo y a poco prestó la pro- 
mesa legal. 



44 SEMBLANZA DEL 



Aquella elección no pudo ser más justa y era cum- 
plir los postulados de la Revolución de mayo galardo- 
nar con empleo de esa entidad al ciudadano que se ha- 
bía consagrado por entero al servicio de su Patria, con 
detrimento de sus cuantiosos intereses particulares cuyo 
cuidado pospuso en aras de su Causa. Pero con todo, 
es de lamentarse que a los Constituyentes de 1901 no les 
hubiera sido posible designar a aquel benemérito servidor 
para Presidente Provisional de la República, anticipán- 
dose a los sucesos. La opinión pública recibió alboro- 
zada a este Vicepresidente que exhibía las más limpias 
credenciales; los compañeros de armas del elegido se sin- 
tieron satisfechos al verlo ocupando en las dignidades del 
Estado el rango que le correspondía por sus indiscutibles 
y grandes merecimientos y hasta los venezolanos disiden- 
tes con la situación imperante, abrigaron la esperanza 
de que un adversario tan noble y generoso llegara a ocu- 
par algún día la Suprema Magistratura. Ya sabemos có- 
mo al discurrir del tiempo se confirmaron tantas espe- 
ranzas y quedó colmado el regocijo con que los com- 
patriotas del General Gómez acogieron su exaltación a la 
Primera Vicepresidencia de la República. 

En este capítulo de la Semblanza que venimos escri- 
biendo hemos narrado sucintamente el agitado período 
histórico de nuestra Patria, en que el General Gómez co- 
mienza a destacarse como hombre público. Ya es más 
que el brillante oficial de 1892 y el desterrado que en siete 
años ha probado estar en posesión de cuantas virtudes 
aquilatan al conductor de hombres: es el factor indispen- 
sable de una Revolución que debía asombrar por la cele- 
ridad de sus golpes y por la precocidad de su triunfo. Hu- 
biera sido imposible exponer los actos de la vida de nues- 
tro biografiado en aquella época sin hacer siquiera el bos- 
quejo del cuadro en que le tocó actuar. La Revolución 
de Mayo estalló cuando regía a la Nación el Gobierno del 
general Ignacio Andrade, y nosotros hemos tenido que 
inquirir en los sucesos de entonces, tomando como punto 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 45 

de partida las postrimerías de la Administración del ge- 
neral Joaquín Crespo, para deducir de los hechos la ra- 
zón de aquel movimiento armado en que fué paladín des- 
collante el General Gómez y de cuyos resultados definiti- 
vos ha venido a ser él el autor preeminente. 

El 22 de octubre de 1899 no representa el vencimien- 
to de un Gobierno por sus adversarios. Eso es lo que pue- 
den pensar aquellos que sólo se detienen en la apariencia 
de las cosas y que juzgan de éstas por la faz en que pue- 
den verlas. Para el sentido común, ese día triunfaron los 
hombres de Occidente de los del Centro y de los orienta- 
les, cuando no el general Cipriano Castro del general Ig- 
nacio Andrade. Juicio de crasa simplicidad éste, explo- 
tado con ventajas por los sectarios de los partidos y por 
los ambiciosos de todo linaje para promover las dos gue- 
rras que últimamente han ensangrentado copiosamente el 
País. Pero aquella fecha lo que en realidad representa 
es la victoria de un ideal generoso de renovación, como 
queda dicho en estas páginas, y si fueron los hijos del Tá- 
chira a quienes tocó iniciarlo en su práctica, ello no sig- 
nifica el advenimiento de un regionalismo a arrogarse la 
dirección de los destinos nacionales. La misión de aquel 
pueblo industrioso, enérgico y valiente, fué ponerse a la 
vanguardia de los demás pueblos de Venezuela para abrir 
brechas al centralismo, que bajo el disfraz de gobiernos 
federales venía rigiendo el país, y correspondió al Tá- 
chira ese honor por las razones expuestas claramente en 
éste y los otros dos capítulos que quedan escritos. Si su- 
perficial es la creencia de que el triunfo de la Revolución 
de Mayo fué la imposición de un sentimiento regiona- 
lista, absurdo es pensar que significara aquella Revolu- 
ción el encumbramiento de un nuevo personalismo. Nada 
más ilógico. Al general Cipriano Castro únicamente el 
concurso de circunstancias fortuitas lo llevaron a la je- 
fatura de los gloriosos invasores del 99, a la Presidencia 
de la República, a la Dictadura y hasta a ser Restaura- 
dor — como le placía a él mismo llamarse cuando la im- 



46 SEMBLANZA DEL 



penitente adulación lo hizo adolecer de manía cesárea. 
La prueba irrebatible de esta verdad nos la da la caída 
del general Cipriano Castro en el breve espacio de unas 
horas y por medio de una evolución tan rápida como in- 
cruenta, que no se hubiera efectuado si la Causa que mo- 
vió los brazos de los venezolanos y se arraigó en sus con- 
ciencias desde hace 19 años, no contara con fuerzas la- 
tentes para desarrollarlas en el momento preciso y dar el 
más eficaz y evidente testimonio de que es elemento de 
vida y de renovación en el organismo político de Vene- 
zuela. 



CAPITULO IV 



CAPITULO IV 



SUMARIO 

Elementos disidentes del Gobierno. — El General Gómez al 
frente de los intereses y de las fuerzas efectivas que 
originaron la Revolución de Mayo es el antagonista 
de aquellos elementos. — El caudillaje otra vez en ac- 
ción. — Precario estado de la Hacienda pública. — In- 
tereses políticos en juego. — Una nueva amalgama de 
los Partidos.— Elecciones. — Veleidades del general 
Castro. — Se prepara la Revolución más poderosa que 
ha habido en Venezuela de medio siglo a aquellos 
días. — El General Gómez es el llamado a vencerla. 

Vimos ya cómo casi simultáneamente a la ocupación 
de Caracas por los revolucionarios, el general José Manuel 
Hernández y sus parciales volvieron contra aquéllos las ar- 
mas que les habían dado. Tal jugarreta política, que el más 
despreocupado criterio de historiador percibiría como 
indicio de amoralidad en los hombres que aspiraban en- 
tonces al predominio en la cosa pública, fué, cuando me- 
nos, una inconsecuencia. Y es que los hábitos que venía 
a desarraigar la Revolución de Mayo resistirían con toda 
la fuerza que les daba la tradición y la costumbre forta- 
lecidas con la circunstancia de haberse trocado en desen- 
canto, por parte de los verdaderos patriotas, el entusiasmo 



50 SEMBLANZA DEL 



y la veneración que habían existido por los principios 
hasta poco después del triunfo de la guerra federalista. El 
Gobierno que se inauguraba sin ejercer venganzas ni prac- 
ticar exclusivismos, fiel al credo que había postulado antes 
de llegar al Capitolio, se vio rodeado de elementos adver- 
sos. Tuvo cabida para los hombres de todos los partidos y 
de todas las opiniones, pues sólo exigía aptitudes y honra- 
dez de propósitos a sus colaboradores, y así vemos cómo al 
lado del General Juan Vívente Gómez que representaba la 
pureza de aquel credo y era garantía de la efectividad del 
programa revolucionario, estaban defensores prominen- 
tes del Gobierno derrocado. Pero la época no era pro- 
picia a la reflexión serena del patriotismo ni a los cálcu- 
los acertados de los estadistas. Su característica era la 
impaciencia; la impaciencia que todo lo fía al expediente 
de los hechos violentos y que tiende únicamente a acelerar 
los sucesos cueste lo que costare. Todavía sin saber qué 
rumbos definitivos tomaría el orden de cosas que se ini- 
ciaba y cuando más bien era de presumirse que serían 
bonancibles para la salud pública, el Jefe del Partido 
llamado nacionalista, se pone en contradicción con las 
doctrinas de éste y hasta con el mismo nombre de la agru- 
pación que le obedecía y se declara faccioso. Mientras 
esto acontecía, en el seno de la Causa y fuera de su seno, 
los políticos de escuela se acordaban con la mayoría de 
los caudillos malhallados con la situación y aguardaban 
el fracaso o quién sabe si el triunfo de la aventura gue- 
rrrera del hernandismo, para resolver la ejecución de los 
planes que preparaban y que eran ya de embozada opo- 
sición al Gobierno establecido. 

Los antecedentes del General Juan Vicente Gómez, 
el concurso eficaz que había aportado al triunfo de la 
Revolución de Mayo, la absoluta confianza que inspiraba 
a sus compañeros de lucha y la fe que tenían en él los 
hombres que no podían ser desleales a una Causa en la 
cual estaban unidos por vínculos de paisanaje; todas es- 
tas circunstancias lo destacaban al frente de los intereses 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 51 

y de las fuerzas efectivas que habían de oponerse a la 
avalancha enemiga que día por día adquiría potencia y 
que en breve se desataría sobre el edificio inseguro del 
Gobierno. Este veía en el General Gómez su más esfor- 
zado defensor. El no tenía compromisos con ningún partido 
y tampoco pertenecía a nuestro elemento militar clásico. 
Estaba, pues, muy lejos de poder convertirse en instru- 
mento de los planes del caudillaje turbulento. Guerrero 
como era, por vocación irresistible, la espada que ceñía 
reflejaba en la limpidez de su hoja, cual espejo fidelísimo, 
el fulgor de un alma varonil y honrada. Ella no podía 
servir a ambiciones desatentadas. Desenfundada el día 
de la invasión, continuaba enhiesta en la mano de su due- 
ño como enseña luminosa de una causa y presta a cru- 
zarse con los aceros de sus adversarios para probarles la 
firmeza de su temple. El programa de la Revolución de 
Mayo, sin la garantía de aquella espada que aseguraba 
su cumplimiento, habría corrido la suerte de las demás 
promesas recibidas por la Nación a través de largos años 
de revueltas. Cuando se condensaban para el Gobierno 
las tempestades que habían de conducirlo al borde del 
fracaso, los hombres de buena fe que lo servían tenían 
puestas sus esperanzas en el General Gómez, de breve pero 
fecunda historia guerrera, que todo lo había dado a true- 
que del triunfo de aquella Revolución. ¿Quién que haya 
inquirido en los sucesos que se desarrollaron entonces en 
el agitado palenque de nuestras luchas internas, podrá 
hacer objeciones a lo que dejamos dicho? Ninguno, a no 
ser que adolezca de ceguera mental producida por la 
aberración de los odios políticos. 

Vencido el general José Manuel Hernández, Jefe del 
Nacionalismo, los demás caudillos entraron en acción. En 
Guayana, el general Nicolás Rolando, aparece encabezan- 
do un movimiento autonomista como primera Autoridad 
Civil y Militar que era del Estado Rolívar, pero fué domi- 
nado pronto aquel conato de rebelión, nuncio del 
formidable alzamiento de casi todas las regiones del 



52 SEMBLANZA DEL 



Oriente de la República que sobrevendría a los pocos me- 
ses. Señal también de aquella poderosa conflagración 
contra el gobierno, fué la actitud del general Pedro Ju- 
lián Acosta en el litoral de Carúpano al frente de una fac- 
ción. El sentimiento oposicionista armado tuvo a la vez 
expresión francamente hostil en el Centro y en Occidente 
con los levantamientos de los generales Celestino Peraza 
y Rafael Montilla y con la invasión que verificó por el 
Táchira el Doctor Carlos Rangel Garbiras a la cabeza de 
un numeroso ejército que vendría a ser vencido en San 
Cristóbal. Todas estas eran manifestaciones sobrado evi- 
dentes de cómo el espíritu belicoso de los venezolanos ha- 
bía llegado a exaltarse, en un grado tal, que serían menes- 
ter esfuerzos sobrehumanos para dominarlo. No bastaba 
a este intento ninguna fórmula de conciliación que armo- 
nizara a los factores de las revueltas con el régimen esta- 
blecido : el perdonado de un día se trocaba al siguiente en 
enemigo más tenaz, el que recibía honores, dignidades y 
empleos de significación no se satisfacía con éstos, pues 
a lo que aspiraba era al mando absoluto; los Partidos se 
habían puesto de nuevo en febril actividad, pero no para 
contender en la arena del civismo sino sobre el suelo en- 
sangrentado de la Patria. Aquello era el toque de llama- 
da de la anarquía para que por encima de los despojos 
de la gran víctima, en medio de tantos sacrificios esté- 
riles: el principio republicano, se erigiera al fin por la 
fuerza el imperio de la fuerza — que no otra cosa vino a 
ser el depotismo del general Cipriano Castro. 

Sin aquel tremendo sublevamiento de pasiones, sin 
aquel deseo intemperante de llegar al Poder que se apode- 
ró de cada caudillo, a nadie se le habría ocurrido ver en el 
Jefe de la Revolución de Mayo — siempre combatido y siem- 
pre afortunado hasta el extremo de atribuirse como propios 
los éxitos de sus tenientes — un nuevo y descomunal pro- 
ducto del linaje de los providenciales. Pero así son de 
irreflexivos los hombres de la política cuando los empuja 
la ambición y los domina la Némesis de los Partidos: 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 53 

ven oportunidades donde no existen más que probables 
insucesos y preparan con sus empresas desatinadas el 
futuro advenimiento de los cesares. Mas, los pueblos de 
fibra patriota como el nuestro, soportan todas estas cri- 
sis y resultan a la postre indemnes. Ya los flagele la anar- 
quía con violencias de epidemia, ora caigan en las garras 
del depotismo; tras de todos los desaciertos que les aca- 
rrean tales calamidades surge la manera de acabarlas y 
si la aurora de un 23 de mayo se disipa eclipsada por una 
tiranía, aparece el sol de un 19 de Diciembre, sanativo 
y espléndido, que ahuyenta esta sombra y calcina el ger- 
men de aquellos males. 

Factor principal de ese estado de cosas anómalo era 
la situación económica porque pasaba el país. Para los 
días de 1902 en que compareció el Presidente Castro ante 
el Congreso a darle cuenta de los actos de su Gobierno, 
calificaba de opresora y tirante esa situación. Y no mentía 
en esa época. Estaba suspendido el cumplimiento de to- 
das las obligaciones del Crédito nacional, y en consecuen- 
cia, no se pagaba la deuda interna ni la externa. Para 
obtenerse un empréstito en los primeros días de aquel 
Gobierno fué menester emplear la coacción, porque los ca- 
pitalistas y comerciantes a quienes se ocurrió y que eran 
los que estaban en capacidad de hacer el suministro, se 
opusieron a dar suma alguna. Esta circunstancia contribu- 
yó mucho a posteriores angustias del Tesoro y colocó al 
poderoso gremio en que formaban parte aquellos capita- 
listas y comerciantes entre los elementos disidentes del 
Gobierno. 

Esos intereses, que una imperativa necesidad dejó 
lesionados, se sumaron a los intereses políticos y puestos 
en juego entraron en lucha enconada contra la Adminis- 
tración del Presidente Castro. Se quería a todo trance 
derribarlo del Poder y no hubo medio de que no se va- 
lieran las fuerzas oposicionistas para la consecución de 
este fin. Y lo hubieran logrado si la fidelidad heroica del 
General Juan Vicente Gómez a los compromisos que tenía 



54 SEMBLANZA DEL 



contraídos con aquel Magistrado y la fe que profesaba 
por la causa que había abrazado, no se interpusieran co- 
mo valla infranqueable. 

Los hombres del dinero, los de los prestigios políticos 
y militares, los dirigentes de los Partidos, fuerzas vitales, 
en suma, abrumadoras por su calidad y por su peso, se 
aliaron para conspirar en aquel sentido y fué tan febril 
y tan entusiasta la actividad con que procedieron, que ri- 
vales irreconciliables como eran para entonces los nacio- 
nalistas o mejor dicho los hernandistas y los liberales de 
todas las sectas en que se había fraccionado el antiguo 
Partido Liberal, se amalgamaron para hacer una guerra 
empecinada al general Cipriano Castro, más que a la si- 
tuación política que éste presidía. 

Se fraguaban contra este gobernante toda clase de 
planes y la popularidad de la oposición crecía, lejos de 
amenguar, a medida que alguno de esos planes fracasaba 
en su realización. A cada descalabro sucedía un esfuer- 
zo de más alientos, pero también una mayor resistencia 
del núcleo de hombres adscritos a los principios de la Re- 
volución de Mayo y a su Jefe, entre los cuales sobresalía 
el General Juan Vicente Gómez rodeado del reducido nú- 
mero de valientes que efectuó la invasión del 99. Ya para 
fines de julio, cuando el Doctor Carlos Rangel Garbiras 
perdió el ejército con que había pasado la frontera, se te- 
nía como seguro que sobrevendría un movimiento arma- 
do con todas las probabilidades de triunfar. Se contaba 
con que entrarían en él las más brillantes espadas del 
caudillaje y los más expertos políticos de todos los círcu- 
los. Los nombres de los generales Luciano Mendoza, Do- 
mingo Monagas, Nicolás Rolando, Gregorio Segundo Rie- 
ra, Amabile Solagnie, Rafael Montilla, Luis Loreto Lima, 
Antonio Fernández y los de muchos otros jefes más de 
valor probado y de experiencia en la guerra, andaban de 
boca en boca, y se contaba también con que ocurrirían 
pronunciamientos militares en las propias tropas del Go- 
bierno que guarnecían las ciudades y fortalezas de la Re- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 55 

pública. En los momentos en que se hacían tales pro- 
nósticos se practicaron las elecciones para nombrar los 
Poderes constitucionales de la Nación y de los Estados. 
Aunque el General Juan Vicente Gómez no fué sino hasta 
última hora candidato del Presidente Castro, resultó elec- 
to Vicepresidente de la República. El general Luciano 
Mendoza, a quien se sospechaba comprometido en la futu- 
ra Revolución, fué nombrado Presidente Constitucional 
del Estado Carabobo. 

Es de advertir que el general Cipriano Castro para 
aquellos días no era ya el mismo de los cinco meses de la 
campaña y del tiempo de la Dictadura. El conocimiento 
de la animadversión de que era objeto y los fáciles triun- 
fos que habían obtenido sus tenientes al dominar las re- 
beliones y levantamientos ocurridos desde el 27 de octu- 
bre de 1899 hasta entonces, habían caldeado su imagina- 
ción — de suyo inclinada a fantasear — y se creía virtual- 
mente seguro en el Poder. Estos eran los primeros sínto- 
mas de la megalomanía que había de padecer luego. 

La Revolución que se preparaba sería de tal magni- 
tud, que la misma llamada de los cinco años vendría a 
resultar inferior, si no con relación al tiempo que había 
de durar, sí en intensidad y prestigio, pues si en aquélla 
hubo sólo que merecieran el nombre de batallas las ac- 
ciones de Santa Inés, Copié y Chaguaramas, y entre los 
ejércitos de que dispuso nunca llegó a tener uno que pa- 
sara de cuatro mil hombres, en ésta se libraron las bata- 
llas de Guanaguana, La Victoria, El Guapo, Barquisimeto 
y Ciudad Bolívar en sólo 19 meses y se contó con un ejér- 
cito de catorce mil hombres: el que vino a estrellarse en 
los muros de la primera de las ciudades nombradas. Así, 
pues, no es exageración que digamos cómo de medio siglo 
a entonces no había habido en Venezueda Revolución más 
poderosa. 

No existía entre los jefes militares venidos de la Cor- 
dillera — inclusive el mismo general Cipriano Castro — 
uno que reuniera las condiciones del General Juan Vicen- 



56 SEMBLANZA DEL 



te Gómez para ponerse al frente de los exiguos ejércitos 
del Gobierno e inspirarles la fe y el entusiasmo guerre- 
ro — que suplen a veces con ventajas las deficiencias del 
número, — de manera que pudieran servir de dique a la 
avalancha revolucionaria. Tampoco entre los generales 
de antigua fama que se hablan sustraído a la influencia 
oposicionista, existía quien pudiera disputar al General 
Gómez el cumplimiento de misión tan grave y difícil, pero 
también tan alta. Los veteranos de la fulmínea campa- 
ña de mayo a octubre del 99 no irían a pelear gustosos 
sino bajo las órdenes del compañero de armas que siem- 
pre había sido generoso con ellos, la Causa no tenía un 
servidor más fiel, enérgico y activo que éste cuyas ejecu- 
torias databan desde los días que organizó de un todo 
el movimiento armado que fué la base de su victoria y el 
Presidente Castro no contaba con amigo más leal y esfor- 
zado a quien habría de decir en breve: "Triste es que de 
los jefes con fuerzas hoy en actividad en el centro de la 
República, tan sólo haya de tener fe absoluta y confian- 
za ciega en un solo hombre, que es usted". 

Tal era el estado de las cosas en Venezuela para los úl- 
timos meses del año de 1901. Todo indicaba que la gue- 
rra ya inevitable sería sangrienta y larga por más que al- 
gunos optimistas de los que rodeaban al general Castro 
fueran de opinión contraria y que éste a su vez creyera 
que, dado su prestigio y el miedo que sabía infundir, bas- 
taría la influencia de su nombre para acabar en breve con 
aquella Revolución. De lo erróneo de tal criterio los su- 
cesos iban a encargarse de comprobarlo. Tremendas de- 
rrotas sufridas por los ejércitos del Gobierno en las accio- 
nes en que no se encontró el General Gómez mandándo- 
los, regiones enteras levantadas en armas en el Oriente de 
la República y millares de hombres alzados en Occiden- 
te y en el centro de Venezuela, parques abundantes desem- 
barcados por los revolucionarios para armarse, dinero so- 
brante para hacer la guerra y sobre todo, una abrumadora 
popularidad hicieron prolongar la lucha durante 19 me- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 57 

ses. Pero sin embargo de tanto elemento y tanta fuerza 
vital acumulada por parte de la Revolución y de estar en 
cambio el Gobierno del general Castro escaso de todos 
aquellos recursos, el General Gómez pacificó el País en 
campañas que lo destacan como el primer guerrero vene- 
zolano de estos tiempos. Merced a esta hazaña militar, 
la Causa nacida el 23 de mayo de 1899 pudo salvarse, y 
transformada después en las postrimerías de 1908, para 
producir la Rehabilitación de Venezuela, perdura hoy, 
a través de 19 años, con la misma pureza de ideales y 
grandiosidad de propósitos que la animaron en su génesis. 



CAPITULO V 



CAPITULO V 



SUMARIO 

El general Manuel Antonio Matos aparece en aguas vene- 
zolanas, en actitud revolucionaria, a bordo de un navio 
de guerra. — Alzamiento del general Luciano Mendo- 
za en La Victoria. — El General Gómez es nombrado 
Jefe del Ejército que sale a combatirlo. — Primeros en- 
cuentros con el adversario. — Combate de La Puerta. 
— Tiroteos en San José de Tiznados y el Paso de Es- 
teves. — Derrota del general Antonio Fernández. — Ac- 
to de clemencia del General Gómez. — Recorrida por 
la Sierra de Carabobo. — Marcha a los llanos de Co- 
jedes y captura del general Luis Loreto Lima. — Re- 
greso a Carabobo. — Las guerrillas que merodeaban en 
este Estado son derrotadas. — El General Gómez vuel- 
ve a Caracas vencedor. — Comentario. 

Para fines de 1901 apareció el general Manuel Anto- 
nio Matos en aguas venezolanas a bordo de un vapor ar- 
mado en guerra y expidió una proclama declarándose Jefe 
de la Revolución que se iniciaba entonces. Esta nave, 
cuyo nombre primitivo era Banright, fué apellidada Liber- 
tador al pasar a manos del general Matos y de sus subal- 
ternos. La Proclama en referencia llamaba a los venezo- 
lanos a las armas para derrocar el Gobierno del general 



62 SEMBLANZA DEL 



Castro. A este llamamiento correspondieron inmediata- 
mente dos de los caudillos comprometidos ya con el jefe 
aludido y sus alzamientos tuvieron lugar en los Estados 
Aragua y Lara. Del primero de estos alzamientos vamos 
a ocuparnos en breve; el segundo fué encabezado por el 
general Amabile Solagnie, uno de los hombres más pres- 
tigiosos del Occidente de la República y hábil militar, no 
sólo por su valor reconocido, si no por otras condiciones 
de guerrero y porque conocía palmo a palmo el terreno 
en que iba a actuar. 

El 30 de diciembre expidió el Ejecutivo Federal un 
Decreto, declarando pirata al Libertador y poniendo im- 
plícitamente fuera de la ley a cuantas personas lo tripu- 
laban. En consecuencia, los navios de la Armada Nacio- 
nal salieron a perseguir el vapor revolucionario. 

Pero efectivamente es con el alzamiento del general 
Luciano Mendoza en La Victoria el 20 de diciembre cuando 
comienza la guerra. Este había venido ejerciendo la Presi- 
dencia Provisional del Estado Aragua y por tanto estaba 
suficientemente preparado con elementos de guerra y con 
tropas. Contaba con jefes subalternos y con oficiales ex- 
perimentados y era un veterano de la Federación afamado 
como invencible. Su fama, algo legendaria, databa de la 
época en que venció al General José Antonio Páez. Du- 
rante el tiempo de la Revolución Legalista había manda- 
do uno de los últimos ejércitos que opuso el Gobierno al 
general Joaquín Crespo y fué el Jefe Supremo del Ejér- 
cito que sostuvo el Gobierno del general Andrade después 
de la derrota de Tocuyito. En la misma ciudad donde se 
alzaba había unido sus tropas a las del general Cipria- 
no Castro, subordinándose a éste. La noticia del alzamien- 
to de Caudillo tan renombrado fué de efecto, no diremos 
moral, pero sí favorable a la naciente Revolución. Se tu- 
vieron en cuenta sus hazañas pasadas y respecto al pre- 
sente, se calculó que si él daba la espalda a la Causa 
que había reconocido como justa hacía poco más de un 
año, y en la que había obtenido empleos altos como el 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 63 

que había aceptado dos o tres días antes de Presidente del 
Estado Carabobo, era porque debía estar muy seguro del 
triunfo de la Revolución. Esta fué la lógica de los opo- 
sicionistas, pero la realidad vino a ser otra. 

Al ocurrir este alzamiento, el Presidente Castro se dio 
cuenta de la gravedad de la situación y sin pérdida de mo- 
mentos congregó en su residencia a los jefes militares que 
tenía por no desafectos a su Gobierno. Allí estuvo pre- 
sente el General Juan Vicente Gómez, que estaba ya des- 
tinado como la persona que podía enfrentarse a la Re- 
volución al mando del Ejército disponible. El Presidente 
expuso los sucesos ocurridos y solicitó la. opinión de aque- 
llos veteranos. Ellos pensaron unánimemente que era nece- 
sario levantar un ejército poderoso en número y calidad 
para oponerlo al general Luciano Mendoza, a quien con- 
ceptuaban, como la generalidad, un táctico consumado 
que seria imposiJble vencer sí no se le abrumaba con milla- 
res de hombres y contra el cual no serían nunca excesivas 
cuantas precauciones se tomaran. No obstante este pa- 
recer, el General Juan Vicente Gómez fué nombrado Co- 
mandante General del Ejército del Centro. Este lo for- 
maban dos batallones escasos y un pequeño cuerpo de ar- 
tillería. 

El 21 de diciembre en la mañana salió el General Gó- 
mez a iniciar la empresa casi insuperable de pacificar el 
país, y llevaba por todo contingente un puñado de hom- 
bres resueltos. También dos años y medio antes había 
salido de su hacienda "Buenos Aires" con unos pocos 
valientes a realizar otra empresa no menor en dificultades. 

Veamos cuáles fueron los resultados de esta primera 
campaña contra la Revolución que tantos y tan justifica- 
dos temores infundía a los individuos del consejo del Pre- 
sidente Castro. 

Al día siguiente el Ejército expedicionario daba al- 
cance al enemigo en el trayecto de Cagua a Villa de 
Cura, lo tiroteaba en los lugares denominados La Casa 
Blanca y Los Colorados, lo perseguía de cerca y lo obli- 



64 SEMBLANZA DEL 



gaba a detenerse en La Puerta donde en una hora de 
combate lo desalojó de todas las colinas que hacen de 
aquel un sitio inexpugnable. Allí dispone el General 
Gómez la acción como jefe y pelea como soldado con 
un maüser en la mano y su valor extraordinario exal- 
ta a un grado inconcebible el entusiasmo de sus tropas y 
lleva el pánico a las filas del adversario. Derrotado y mal- 
trecho abandona éste las posiciones formidables que había 
ocupado y en San José de Tiznados y el Paso de Esteves, 
sufre nuevos reveses acosado por las vanguardias dei 
ejército del General Gómez. Después se interna en el lla- 
no. El general Antonio Fernández, que venía a reforzar 
al general Mendoza, cae en la red que se le tenía prepara- 
da y el 30 de diciembre queda destruido en el mismo si- 
tio de La Puerta, donde ya habían sido bien escarmenta- 
dos sus compañeros. El General Gómez contramarcha a 
Villa de Cura en previsión de que los derrotados abando- 
naran la vía de los llanos para venirse a la Sierra de Ca- 
rabobo a unirse a las guerrillas revolucionarias que me- 
rodeaban allí. En aquella ciudad da una prueba ine- 
quívoca de clemencia: reúne a todos los prisioneros que 
ha capturado al enemigo y a la vista de la población los 
pone en libertad, aconsejándoles que vuelvan a dedicarse 
a sus trabajos habituales. De allí sale para internarse en 
la referida Sierra de Carabobo. En el Barro es derrotado 
otra vez el día 5 de enero de 1902 el general Mendoza y de- 
ja muchos prisioneros, entre éstos los jefes de guerrillas 
Simeón Colmenares y Candelario Matos. Todos aquellos 
lugares los recorre el General Gómez hasta regresar a Villa 
de Cura el 25 de enero. De allí marcha a los llanos de Co- 
jedes para caerle encima al general Luis Loreto Lima, de- 
rrotarlo y capturarlo al fin, herido en las cercanías del Ti- 
naco. Después se viene a los Distritos occidentales del 
Estado Carabobo y acaba allí con unas guerrillas man- 
dadas por el general Guillermo Barraez. Begresa a Cara- 
cas el 28 de febrero de aquel año. Ese mismo día lo pro- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 65 

clamaba electo Vicepresidente de la República el Con- 
greso Nacional. 

El Ministro de Guerra y Marina, dice en aquellos días 
a aquel Cuerpo Soberano lo siguiente, al referirse a esta 
campaña fulmínea del General Gómez: "Digna es de re- 
comendación separada la conducta del Ejército del Cen- 
tro. La pericia demostrada por su Jefe (el General Gó- 
mez) y la actividad singular con que se movilizó, son cau- 
sa de legítima admiración para toda la República, que no 
tiene ejemplos muy frecuentes de tan aventajada manera 
de proceder en las persecuciones. No fué suficiente a los 
facciosos, ni la premeditación con que prepararon sus pla- 
nes, ni la vaquia de muchos de ellos, ni las convenientes 
posiciones de los parajes que escogieron para su organiza- 
ción y defensa : las fuerzas del Gobierno, poseídas de va- 
lor y entusiasmo indecible, se precipitaron en impetuosas 
cargas sobre el enemigo en todos los puntos en que se en- 
contraba, de un modo tan rápido y decidido, que no han 
tenido los jefes del movimiento subversivo ni siquiera la 
satisfacción de haber presentado un hecho de armas que 
dejara bien puesto el concepto de notabilidades militares 
en que se han tenido". 

En efecto, aquella campaña fué estupenda. En sesenta 
y cinco días pacificó el General Gómez el Centro de la 
República, derrotó a tres de los más famosos caudillos 
del país: a los generales Luciano Mendoza, Antonio Fer- 
nández y Luis Loreto Lima, a quien hizo prisionero ; reco- 
rrió centenares de kilómetros en marchas sorprendentes, 
muchas de éstas practicadas por caminos intransitables; 
demostró que los secretos del arte militar le eran familia- 
res y dejó perplejos a todos los que creían en la virtuali- 
dad de los generales invencibles. 

El 30 de diciembre de 1901, tiene la revelación de que 
derrotará al general Antonio Fernández en el mismo sitio 
en que acaba de derrotar al general Luciano Mendoza y 
con la seguridad de quien sabe no estar equivocado 
dirige desde Parapara el siguiente telegrama al Presidente 



G6 SEMBLANZA DEL 



Castro : "Por informe de los espionajes sé que Fernández 
se halla por Lambedero, frente a Chacao, a salir a La 
Puerta, en donde derroté a Mendoza. — Para que no se me 
pueda escapar le tengo escalonada fuerza desde aquí has- 
ta La Puerta con buenos espionajes. — Así, pues, me pro- 
meto terminar de aquí a mañana con esa facción como 
un obsequio de año nuevo. — Su amigo. — J. V. GÓMEZ". Y 
a la media hora de haber expedido aquel telegrama, en- 
viaba este otro : "General Castro. — En este momento aca- 
ban de romperse los fuegos de mi fuerza al mando del 
general Torres con las fuerzas de Fernández en La Puerta. 
Desde luego le prometo el triunfo. — Su amigo, — J. V. GÓ- 
MEZ". — La contestación a estos despachos fué inmediata 
y decía así: "General J. V. Gómez.— Recibido su impor- 
tante telegrama. El triunfo sobre Fernández es el sello de 
la Revolución, con cuyo motivo me felicito y lo felicito a 
usted calurosamente en unión de todos sus valientes com- 
pañeros. — Estaba escrito y dispuesto por la Providencia 
que a usted, el más leal de mis compañeros y amigo más 
decidido, había de tocar en suerte la destrucción de los 
traidores. — Envidiable gloria la que por otra parte ha to- 
cado a usted y sus compañeros, como es la de que los reve- 
ses sufridos en el histórico campo de La Puerta por nues- 
tros eminentes patriotas en la célebre campaña que nos 
diera independencia y libertad, quedan hoy borradas con 
las dos célebres jornadas en que usted le devuelve la paz 
y tranquilidad a la República. — Lo abraza su amigo. — Ci- 
priano Castro". 

Los resultados de aquella campaña del General Gó- 
mez, fueron sumamente beneficiosos al Gobierno. La re- 
volución vio fallidos sus cálculos que eran producir des- 
concierto en las esferas oficiales y fijar orientación bien 
definida a la espectativa pública con el hecho de mante- 
ner en el centro un núcleo tan fuerte como ese que repre- 
sentaba el Presidente ya juramentado del Estado Cara- 
bobo en actitud rebelde y al frente de tropas, que si no 
constituían un peligro inmediato para Valencia y menos 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 67 

para Caracas, sí serían el punto de atracción de todas las 
guerrillas que se fueran levantando en el Distrito Federal, 
en Aragua, en Carabobo, en el Guárico y en Cojedes. De 
allí el alborozo del Presidente Castro al saber derrotados a 
Mendoza, Fernández y Loreto Lima. Esta derrota cambia- 
ba la faz de los sucesos. La Revolución sufría un revés que 
no esperó nunca y el Gobierno obtuvo una ventaja que no 
llegó a imaginarse habría de ser tan apreciable. De no ha- 
ber sido aquélla tan popular y de contar con elementos me- 
nos poderosos como los que poseía,no hay duda alguna que 
habría quedado radicalmente vencida en los dos combates 
de La Puerta y en el choque que originó la herida y cap- 
tura del terrible Luis Loreto Lima. Tenemos, pues, que 
los triunfos del General Juan Vicente Gómez fueron gol- 
pes muy recios que recibió la Revolución naciente. Una 
vez más quedaba confirmado que él era la persona llama- 
da a salvar su Causa del conflicto que la había sobreve- 
nido. Bajo sus órdenes comenzaban a pelear los soldados 
constitucionales sin las debilidades que acarrea el con- 
vencimiento de estar en minoría. Sabían que los guiaba 
un jefe consciente de sus responsabilidades, resuelto siem- 
pre a darle la cara a los peligros y hasta a ir a solicitarlos 
cada vez que fuera necesario; un jefe prudente para tra- 
zar sus planes, pero audaz en grado eminente para reali- 
zarlos, de manera que sus contrarios no saldrían del es- 
tupor y la sorpresa, como les pasó a los alzados de Aragua 
y al general Antonio Fernández y a los suyos. 

El Presidente Castro llegó a la convicción absoluta de 
cómo sería el General Juan Vicente Gómez quien sosten- 
dría el edificio vacilante de su Gobierno. Basta leer esos 
telegramas que acabamos de insertar para deducir este 
aserto, que se confirma todavía más con este párrafo de 
una carta del mismo Presidente Castro para el General 
Gómez cuando éste regresó a La Guaira después de su 
primera campaña victoriosa en el Estado Falcón. El pá- 
rrafo copiado a la letra dice : "Estaba escrito en uno de los 
misteriosos e inescrutables destinos de la Providencia, que 



68 SEMBLANZA DEL 



a usted, el hombre más abnegado y patriota y el mejor ser- 
vidor de la Causa Liberal Restauradora, y a sus bravos y 
valientes tenientes, había de tocar en suerte la pacificación 
de toda la República en la más grande y poderosa de nues- 
tras guerras civiles". Y eso que aún no había ocurrido la 
batalla de La Victoria ni las del Guapo, Barquisimeto, 
Mata Palo y Ciudad Bolívar. 

Cuando el General Juan Vicente Gómez regresó a Ca- 
racas, apenas le fué dado permanecer unos veinte días en 
la capital de Venezuela, porque si el Centro quedaba tem- 
poralmente pacificado, casi todo Occidente, especialmente 
las regiones de Falcón y de Lara, estaba revolucionado 
por los generales Riera, Peñalosa, Solagnie, Montilla, Na- 
vas Patino y multitud de Caudillos y Cabecillas más. 




CAPITULO VI 



CAPITULO VI 



SUMARIO 

Primeras campañas del General Gómez en Occidente y en 
Oriente. — Importancia que había adquirido la Revo- 
lución al verificarse esas campañas. — N ombramiento 
del General Gómez para Delegado Nacional y Repre- 
sentante del Ejecutivo en varios Estados. — Combate de 
Urucure. — Regreso del General Gómez de Occidente 
y su viaje a las costas de Oriente. — Combate de Carú- 
pano. — Herida grave que recibe el General Gómez. — 
Su regreso a Caracas. — Comentario. 

Después de combatir en el Centro, el General Gó- 
mez realizaría sucesivamente sus dos primeras campañas 
en el Occidente y Oriente del País. Dificultades inmensas 
tendría que superar en ambas, porque los elementos de 
que dispuso fueron muy limitados y porque la extensión 
de los territorios en que combatió fué considerable. 

La Revolución había cundido por toda Venezuela. 
Casi la mayoría de los descontentos con el Gobierno del 
Presidente Castro habían tomado las armas y de éstas 
tenía abundancia la causa enemiga. Parques cuantiosos 
vinieron recibiendo los alzados desde que el navio revo- 
lucionario "Libertador" apareció en las aguas venezola- 
nas y a más de éste, otros barcos se encargaron de introdu- 



72 SEMBLANZA DEL 



cir contrabando de guerra por las dilatadas costas del país. 
Por el litoral del Estado Falcón fué activo este comercio 
ilícito y para la época en que el General Gómez salió para 
La Vela al mando del Ejército Expedicionario que iba a 
operar en aquella región, las partidas revolucionarias que 
comandaban los generales Riera, Peñalosa, Montilla y 
otros caudillos eran ya tropas organizadas y con mayores 
recursos que las que se dirigían a combatirlas. Idéntica 
cosa hay que reseñar acerca de los alzados de Oriente cu- 
yos jefes principales eran los generales Domingo Mona- 
gas, Nicolás Rolando, los Dúchame y muchos militares 
más de merecido renombre como guerreros. En esas re- 
giones había sufrido ya reveses considerables el Gobierno. 
Uno de éstos la tremenda derrota de Guanaguana en que 
cayó prisionero casi todo el ejército que había ido a pe- 
lear en Oriente al mando de los generales Calixto Esca- 
lante y Ramón Castillo García. La Revolución era ya 
un peligro de magnitud para el Gobierno y a cada día que 
transcurría ganaba en proselitismo y adquiría prestigio 
avasallador aún entre los indiferentes. La generalidad 
creía inminente el desastre definitivo de una Causa que no 
contaba más que con un pequeño grupo de leales, valientes 
y abnegados servidores y que fuera de éstos, sí tenía otros 
elementos utilizables, la confianza que podía inspirarles 
dependía de los éxitos que continuara logrando en el 
campo de la lucha armada el sentimiento oposicio- 
nista. El primero en ese grupo de leales era el General 
Juan Vicente Gómez y por tanto sería menester moverlo 
para un lado y otro según la gráfica expresión del propio 
Presidente Castro, en su telegrama del 12 de febrero de 
1902, a raíz de los gloriosos triunfos logrados por aquel 
Jefe denodado sobre los generales Luciano Mendoza, An- 
lonio Fernández y Luis Loreto Lima. 

Por Decreto Ejecutivo fué nombrado el General Juan 
Vicente Gómez Delegado Nacional ante los Estados Fal- 
cón, Lara, Yaracuy, Zulia, Trujillo, Mérida y Táchira. Este 
Decreto se expidió a mediados de marzo y el 17 de ese mis- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 73 

mo mes salió el General Gómez a cumplir su encargo. Iba 
investido de plena autoridad como Representante del Eje- 
cutivo y bajo sus órdenes quedarían todos los funciona- 
rios, así civiles como militares, de los Estados dichos. Casi 
media República quedaba subordinada al Delegado Na- 
cional. El 18 se embarcó en Puerto Cabello con la expe- 
dición en el vapor de guerra Restaurador y en dos goletas. 
El 19 llegó a Coro y sin pérdida de tiempo se ocupó de or- 
ganizar las tropas que debían operar sobre el poderoso 
núcleo de revolucionarios mandado por los generales Gre- 
gorio Segundo Riera y Juan Pablo Peñalosa, al cual se 
habían sumado la mayor parte de las guerrillas que mero- 
deaban por el territorio falconiano. Dividió esas tropas 
en dos cuerpos que puso bajo las órdenes de los generales 
Luis Várela y Régulo Olivares. Este quedó al frente de 
tres batallones muy bien armados y municionados y fué 
enviado por el General Gómez a perseguir a Riera y a 
Peñalosa y a combatirlos dondequiera que los encontra- 
ra. El general Várela recibió la comisión de perseguir al 
general Rafael Montilla que mandaba otro numeroso gru- 
po de revolucionarios occidentales. El general Várela 
cumplió cabalmente su deber, pues dio alcance a Montilla 
y la acción de Píritu de Jacura lo desbarató, pero a su 
vez sufrió una tremenda derrota que le infligió el general 
Riera. Valera tuvo que retirarse herido y maltrecho a 
Churuguara, adonde el General Gómez envió al general 
Tobías Uribe con unos oficiales a llevarle todo género de 
recursos. 

Veamos qué causas originaron la derrota del general 
Várela: El General Gómez había dispuesto que tanto 
aquél como Olivares obraran en combinación para aca- 
bar con el enemigo. Debían éstos marchar por caminos 
convergentes hasta San Luis, punto donde era seguro que 
tropezarían a Riera y a Peñalosa. Pero las cosas ocurrie- 
ron de la manera que hemos visto. El general Luis Vare- 
la cumplió al pié de la letra las instrucciones que tenía 
de su Jefe y con sus fuerzas divididas en dos columnas 



74 SEMBLANZA DEL 



avanzó hacia San Luis. No asi Olivares, quien malgastó 
un tiempo precioso para llegar a este sitio ya tarde, cuan- 
do su valiente compañero había tenido que pelear solo con 
fuerzas muy superiores del general Riera. La hábil com- 
binación estratégica del General Gómez se frustró por la 
ineptitud de aquel teniente. 

El Delegado Nacional, con su sagacidad peculiar y sus 
incuestionables dotes de Jefe se dio cuenta exacta de la 
situación y resolvió hacer en persona y con un puñado de 
hombres lo que aquel subalterno no había podido lograr 
con tres batallones. Al frente de ese puñado de hombres 
se movilizó él 13 de abril sobre el enemigo y con rapidez 
sorprendente y la más heroica audacia cayó encima de sus 
contrarios en menos de dos días. Al general Olivares con los 
tres batallones íntegros que mandaba lo envió para Coro 
a hacer servicio de guarnición y dejó apostados en La Ne- 
grita 200 hombres, porque por este punto podía pasar el 
ejército revolucionario para eludir la persecución. El 15 
en la mañana estaba ya el General Gómez peleando contra 
los generales Riera y Peñalosa y los centenares de soldados 
que comandaban. Esta fué la acción de Urucure, hecho 
de armas que revela un talento guerrero y una valentía 
que por estupenda tenía que dar resultados. En ese comba- 
te la gente del General Gómez no llegaba a noventa hom- 
bres y la del adversario era superiorísima en número, ven- 
taja que unida a la del reciente triunfo que había obtenido 
sobre el general Luis Várela, ponía todas las probabilida- 
des del éxito de parte de los revolucionarios. Pero fué tan 
impetuoso el ataque del General Gómez que las fuerzas 
enemigas tuvieron que ceder y declararse al fin en com- 
pleta derrota, no obstante su superioridad numérica y es- 
tar compuestas de soldados corianos que no conocen el 
miedo. Los generales Riera y Peñalosa abandonaron el 
campo dejando muchos muertos, heridos y prisioneros en 
poder del vencedor. Hasta Sabaneta, donde se dispersa- 
ron por distintos puntos, los persiguió el General Gómez. 
Como un ejemplo de lo extraordinario de esta victoria, 



\ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 75 

consignaremos aquí que el entonces Presidente del Esta- 
do Falcón, se negó a creerla cuando le fué anunciada y 
sólo ante la evidencia fué que vino a darse cuenta de cómo 
era cierta. Con ese golpe quedó temporalmente pacifica- 
do aquel Estado, como pasó en el Centro. 

El 22 de abril estaba el General Gómez de regreso en 
Coro, y allí se ocupó en excitar a los buenos elementos del 
Estado a deponer su actitud hostil y a entregarse de nuevo 
al trabajo. Una lacónica despedida a aquel pueblo fué 
dictada por él en tal sentido y el 23 se embarcó para La 
Guaira. No pasaría mucho tiempo sin que el sentimiento 
revolucionario reaccionase allí. El general Ramón Ayala, 
Primer Vicepresidente de la República para aquella épo- 
ca, fué a Coro después que se vino el General Gómez, y se 
puso al frente del Ejército. Tan pronto como Riera y los 
demás jefes de la Revolución supieron que no era el 
vencedor de Urucure con quien tenían que habérselas, 
reunieron de nuevo sus guerrillas dispersas y cayeron so- 
bre Coro, la que tomaron haciendo prisionero al propio 
general Ayala y al Presidente del Estado general Arístides 
Tellería. Al faltar el General Gómez en Occidente volvió 
a ser poderosa en esa región la causa revolucionaria. Y 
es que donde no estaba este Jefe consumado y verdadera- 
mente invencible, el Gobierno podía tener como cosa se- 
gura los reveses. 

En Oriente se desmoronaba, carcomido por el despres- 
tigio y el fracaso, el edificio de aquel Gobierno, y prospe- 
raba, con fuerzas cada día más potentes, la Revolución. 
Cumaná y Carúpano habían caído, y Barcelona, Maturín 
y Ciudad Bolívar estaban seriamente amenazadas de co- 
rrer igual suerte. Ejércitos enteros enviados desde Cara- 
cas habían sido deshechos y como lo anotamos ya, una con- 
siderable expedición mandada por los generales Ramón 
Castillo García y Calixto Escalante había caído casi toda 
prisionera en la batalla de Guanaguana. Era esperado en 
aquellas regiones el general Manuel Antonio Matos, Jefe 
Supremo de la Revolución y ésta avanzaría hacia el centro 



m. 



76 SEMBLANZA DEL 



tan pronto como contara con la unidad de mando, que re- 
presentaba para los adversarios la llegada de aquél. En 
Carúpano había dos mil hombres aguerridos y bien ar- 
mados bajo las órdenes del General Nicolás Rolando, que 
servirían de base a muchos miles más que estaban disemi- 
nados en los demás Estados de Oriente y que se unirían pa- 
ra emprender la campaña que los revolucionarios juzga- 
ban decisiva. Diariamente ocurrían nuevos levanta- 
mientos, pues la fe en un próximo y definitivo triunfo alen- 
taba a los adversarios. A medir sus fuerzas con todo aquel 
poder formidable vino desde Coro el heroico vencedor 
de La Puerta y de Urucure. El 29 arribó a La Guaira, y 
sin venir a Caracas se embarcó el 30 con destino a la costa 
oriental. Desembarcó en el Golfo de Santa Fe y allí per- 
maneció dos días dándole organización a sus fuerzas. El 
3 de mayo en la mañana se movió sobre Cumaná, remon- 
tando un cerro de penoso acceso, hasta llegar a las dos de 
la tarde a la hacienda del tránsito llamada "Bordones", 
donde conferenció acerca del ataque a esta plaza con el 
general José Antonio Velutini. A las 4 de ese mismo día 
estaba peleando en Cumaná, la que abandonó el general 
Zoilo Vidal, que la ocupaba, después de breve resistencia. 
Allí estuvo dos días reorganizando su gente. Luego de 
confiar la defensa de Cumaná y Puerto Sucre a los gene- 
rales Olivares y Araujo, hizo rumbo a Carúpano el día 5 
en la mañana. Llevaba sólo 847 hombres mientras que, 
como hemos narrado ya, en esta ciudad tenían los revo- 
lucionarios como 2.000 hombres suficientemente armados 
y municionados. El 5 al mediodía desembarcó en Guata- 
panare y el 6, en las primeras horas del día, embistió con- 
tra Carúpano. No obstante que en el ataque de esta pla- 
za tuvo que subordinarse el General Gómez a órdenes ex- 
presas del Presidente Castro de que fuera verificado según 
los planes del general Velutini y que el lugar por el cual 
atacó era desventajoso, ya iba a obtenerse el triunfo mer- 
ced sólo al arrojo avasallador del Jefe Expedicionario, 
pero una bala malhadada hizo fácil blanco en él a las dos 



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*Jtr/ez&/ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 77 

de la tarde. Al verlo herido de gravedad, hubo la natural 
confusión entre sus subalternos, mas el General Gómez 
continuó imperturbable en la linea de batalla, y para se- 
renar a aquéllos les dijo estas palabras que el tiempo se 
encargaría después de confirmarlas : "Esta sangre que de- 
rramo será para felicidad de la Patria". Hasta las cinco 
y media de la tarde estuvo peleando sin querer curarse. 
A esa hora fué cuando consintió en irse a bordo de una 
goleta a practicarse la primera curación. 

Si Carúpano no cayó en poder de las fuerzas del Go- 
bierno, se debió a que el teniente a quien confió el General 
Gómez el encargo de coronar el triunfo — que estaba ya 
logrado, — no correspondió a la confianza que depositara 
en él su Jefe, ni estuvo a la altura de las valientes tropas 
cuyo mando inmediato se le encomendó; tropas donde ha- 
bía guerreros de tanto empuje como los generales Secun- 
dino Torres, Enrique Urdaneta y Bravo Cañizales. 

El General Gómez se vino a Margarita para después 
seguir a Cumaná, desde donde se ocupó de disponer todo 
lo conducente a que las operaciones militares no se inte- 
rrumpieran. De allí se embarcó para Caracas el 15 en un 
vapor mercante holandés, a objeto de venir a curarse de 
la gravedad de su herida que no quería ceder. Aquí llegó 
al día siguiente, esto es, el 16 de mayo. 

En esas dos campañas de Occidente y de Oriente de- 
jaba el General Juan Vicente Gómez bien probado el tem- 
ple de su espada. En Urucure demuestra el aliento he- 
roico que siempre lo ha llevado a acometer las más difí- 
ciles empresas militares. Mientras sus subalternos, con 
batallones perfectamente organizados, no pueden vencer 
al enemigo, él sale con 86 hombres, y a los dos días de 
buscar al contrario, lo encuentra, lo combate y lo derrota, 
en virtud de esa facultad extraordinaria que poseen los 
verdaderos generales, de suplir con la celeridad de la ac- 
ción y con la impetuosidad del ataque las deficiencias del 
número. En Carúpano arremete a un adversario fuer- 
temente atrincherado, recibe un balazo grave y contra su 



78 SEMBLANZA DEL 



parecer adopta un plan de ataque desventajoso, pero por 
sobre todos estos grandes inconvenientes, persevera en el 
combate, y hasta que no tiene la conciencia de que el ene- 
migo está vencido, no se ocupa de la sangre que vierte en 
gran cantidad sino para decir aquellas palabras proféti- 
cas: Esta sangre que derramo será para la felicidad de 
mi Patria. 

Y así ha acontecido : la sangre de ese valiente al caer 
sobre la tierra rebelde habría de fecundarla. Después 
arrancaría de esas mismas comarcas insumisas el grandio- 
so laurel de Ciudad Bolívar, y cuando Carúpano vino a 
ser la última porción de tierra venezolana que vieron los 
ojos del Dictador Castro al alejarse para siempre de la 
Patria, aquellas pupilas extraviadas por la monomanía 
de las grandezas se posaron por fuerza en las propias pla- 
yas que regó la sangre generosa y valiente del Pacificador, 
como una advertencia del destino que comenzaba ya a 
cumplirse, haciendo una realidad dichosa las palabras que. 
pronunció el General Gómez para avivar la fe en sus com- 
pañeros de armas, al quedar herido en el sitio de Carú- 
pano. 



CAPITULO VII 



CAPITULO VII 



SUMARIO 

El General Gómez atiende a la curación y convalecencia 
de la grave herida que sufrió en Carúpano. — El 5 de 
julio de 1902 se encarga de la Presidencia de la Re- 
pública. — Párrafo final de la Alocución del Presiden- 
te Castro al declararse en campaña. — Desastrosos re- 
sultados de esta campaña. — Triunfo de Tinaquillo. — 
Decreto de Garantías. — Derrotas sufridas por el Pre- 
sidente Castro en "Flores" y "Malpaso" y unión de los 
ejércitos revolucionarios de Oriente y Occidente. — El 
General Gómez llega a La Victoria y vence a los revo- 
lucionarios. 

Desde mediados de mayo de 1902, hasta los primeros 
días de julio, el General Gómez estuvo curándose y conva- 
leciendo de la grave herida que recibió peleando en Carú- 
pano, pero esto no era obstáculo para que se mantuviera en 
actividad, pues durante esos días era constantemente soli- 
citado por el Gobierno para pedirle el concurso de sus 
conocimientos militares y de su gran experiencia en los 
asuntos públicos, así como también para aprovechar las 
ventajas que representaba para aquella situación su gran 
ascendiente sobre todos los hombres de acción que habían 
permanecido fieles al Presidente Castro. La voz del Gene- 



82 SEMBLANZA DEL 



I 



ral Gómez era oída y acatada por sus compañeros de ar- 
mas que habían llegado al convencimiento justo de cómo 
era el Vicepresidente de la República la persona de sufi- 
ciente autoridad para mantener unidos los elementos de 
la Causa que servían. 

El Presidente Castro se estaba ya dando cuenta de la 
gravedad de los acontecimientos y veía día por día cómo 
estaba desmoronándose su gobierno ante el empuje tre- 
mendo de aquella revolución; y como él creía que si iba 
personalmente a combatir debelaría aquel formidable 
movimiento armado, resolvió ponerse al frente del Ejér- 
cito para marchar a Oriente y comunicar a las operacio- 
nes de la guerra lo que él llamó el nervio de sus activida- 
des. El 5 de julio de 1902 se declaró en campaña y llamó 
al General Juan Vicente Gómez al ejercicio de la Prime- 
ra Magistratura de la República, expidiendo una Alocu- 
ción a los venezolanos en la cual se lee el siguiente párra- 
fo: "Compatriotas! Al frente del Ejecutivo Nacional que- 
da el General Juan Vicente Gómez, mi sustituto legal. El 
General Gómez es la personificación de todas las virtudes 
públicas y representa legalmente en el Poder la tradición 
de la Causa a que servimos y la lealtad a sus principios 
y a sus hombres". 

Así finaliza aquella Alocución y los conceptos acerca 
del General Juan Vicente Gómez allí emitidos y en oca- 
sión tan solemne proclamados son la expresión de la 
verdad. 

Con la relación clara y veraz de los hechos vamos a 
comprobarlo. 

El General Gómez asume el Gobierno y ratifica el 
nombramiento de Ministros en los mismos ciudadanos que 
vienen ejerciendo los respectivos Despachos. Sus primeras 
medidas son para llevarla regularidad administrativa a los 
distintos ramos en que se divide el Poder. La Hacienda está 
en bancarrota y él se ocupa en crear recursos fiscales; el 
Ejército está desorganizado y él lo disciplina y aumenta 
—de la manera que lo permiten las circunstancias adversas 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 83 

de que se ve rodeado el Gobierno — hasta el punto de poder 
tener ya para principios de octubre, cuando el Presidente 
Castro desde La Victoria le pedía un batallón como re- 
fuerzo salvador, mil hombres perfectamente organizados 
que ofrecerle y poder dejar todavía dos batallones guar- 
neciendo a Caracas. 

El Presidente Castro entre tanto fracasaba ostensi- 
blemente en su campaña sobre los revolucionarios de 
Oriente. Apenas llegó a Barcelona, las tropas del Gobier- 
no se comprometieron en la sangrienta acción de Aragua, 
de donde salieron maltrechas, dejando que los revolucio- 
narios invadieran el Centro y se vinieran a Altagracia de 
Orituco para buscar su objetivo deseado, que era reunirse 
a sus compañeros de Occidente en marcha ya con igual 
propósito por la vía de Cojedes. 

Ante tal emergencia, el Presidente en campaña y sus 
tropas tornan a Caracas a dar el espectáculo de su impo- 
tencia para debelar la Revolución, y naturalmente a con- 
tribuir a que los adversarios cobraran más aliento con 
aquel fracaso evidente. La pomposa Alocución guerrera 
del 5 de julio, con todos aquellos anillos de energías para 
estrangular la anarquía, con todo aquel designio de arran- 
car la paz del seno ardiente de las batallas y aquellas in- 
vocaciones a la Providencia, venía a resultar una gran 
fanfarronada escrita en estilo hinchado y cursi-elocuente, 
que sólo tenía una parte de innegable veracidad: el pá- 
rrafo final antes citado en que alude a la personalidad 
benemérita del General Juan Vicente Gómez. 

De Caracas hasta todos los confines del país cundió 
la noticia del desgraciado principio de la campaña presi- 
dencial y fué a soliviantar todavía más el sentimiento re- 
volucionario. 

De aquí salió de nuevo el General Castro en el inten- 
to de ver si podía evitar que los dos Ejércitos revolucio- 
narios, el de Oriente y el de Occidente, lograran su objeti- 
vo inmediato; pero no pasó del Tuy donde acampó espe- 
rando que el enemigo viniera a atacarlo, cuando era a él 



84 SEMBLANZA DEL 



a quien le tocaba hacerlo por medio de una de esas em- 
bestidas fulmíneas de que tan reciente ejemplo le había 
dado el General Juan Vicente Gómez cuando venció a los 
generales Luciano Mendoza, Antonio Fernández, Luis 
Loreto Lima, Gregorio Segundo Riera y Juan Pablo Pe- 
ñalosa. 

Esta campaña del Tuy fué desastrosa para las armas 
del Gobierno, pues se concretó a un marchar y contramar- 
cha^ que revelaba muy a las claras lo nulo de las concep- 
ciones estratégicas del siempre vencedor jamás vencido. 

Pero desde la capital de la República el ojo experto 
del General Gómez se daba cuenta de lo crítico de las cir- 
cunstancias y de los desaciertos que estaba cometiendo el 
Presidente en campaña, y con el tino que le es caracte- 
rístico, mandaba una División de tachirenses que estaba 
en Tocuyito unida a un contingente de trujillanos, a que 
se dirigiera sin pérdida de momentos a reforzar el Ejér- 
cito del general Castro, diezmado ya por las deserciones, 
traicionado por una tropa de mirandinos que, al mando 
de Pérez Crespo y un tal Palacios, se había pasado íntegra 
al enemigo y relajado en su moral y disciplina. Nos re- 
fiere acerca de esto el segundo jefe de aquellos valerosos 
andinos, el entonces Coronel Antonio José Cárdenas, que 
el Presidente Castro fué presa de insólita alegría cuando 
supo cómo aquel refuerzo venía a sacarlo de los tremendos 
apuros en que estaba temiendo de un momento a otro el 
ataque de los cinco o seis mil orientales aguerridos que 
acampaban en Altagracia de Oritueo. 

Es durante aquellos días que las tropas constitucio- 
nales riñen con los revolucionarios de Occidente el afor- 
tunado combate de Tinaquillo, en que triunfan bajo el 
mando del general Mariano García. 

El General Gómez aprovechó con hábil tacto de go- 
bernante las circunstancias que se derivaban de aquel 
triunfo y expidió un Decreto concediendo todo género de 
garantías a los revolucionarios en armas que depusieran 
en el término de cuarenta días su actitud subversiva. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 85 

No obstante el triunfo obtenido en Tinaquillo, el Ejér- 
cito de Occidente se unió al de Oriente, habiendo derro- 
tado antes al general Castro en los combates de Flores y 
Malpaso, que fueron las dos únicas veces que el referido 
general peleó sin tener a su lado al General Juan Vicente 
Gómez. 

Unidos aquellos dos poderosos ejércitos revoluciona- 
rios sumaban algo más de doce mil hombres, perfecta- 
mente armados y municionados, y contando entre sus jefes 
de Cuerpos a los generales Luciano Mendoza, Gregorio 
Segunda Riera, Nicolás Rolando, Rafael Montilla, Amabile 
Solagnie y otros, es decir, lo más selecto de los caudillos 
venezolanos. 

Los sucesos se precipitaron y ya para fines de setiem- 
bre y principios de octubre de aquel año, pocos, muy po- 
cos eran los que dudaban del triunfo de la Revolución. 

Es entonces cuando el Presidente Castro remata los 
desatinos de su campaña emprendida el 5 de julio, con 
la torpe decisión de ir a encerrarse dentro de los muros 
de La Victoria a esperar allí el empuje del enemigo que 
lo cercó y atacó resuelto a provechar las ventajas que le 
reportaba aquel craso error táctico de su contendor. 

Para defender La Victoria se necesitan muchos milla- 
res de soldados porque es una ciudad que tiene extensos 
lugares por donde ser atacada. En la guerra de la Inde- 
pendencia sólo el valor hectóreo de un José Félix Ribas 
había podido realizar tal hazaña, ayudado por el hecho 
de que las tropas de Roves y de Morales eran casi en su 
totalidad caballerías y es bien sabido que con este recurso 
no es nada fácil expugnar ciudades. Pero el Presidente 
Castro se empeñó en creer lo contrario y en oposición a 
las más triviales reglas del arte militar libró aquella ba- 
talla. 

A poco de estar comprometido en tal aventura gue- 
rrera, el Ejército del Gobierno comenzó a flanquear y 
para el 12 de octubre era de temerse el desastre. Ya 
para agotarse los pertrechos y las provisiones de boca, 



86 SEMBLANZA DEL 



debilitada la moral de las tropas y en espera de ser com- 
pletamente interceptado con Caracas, al general Castro 
no le quedaría más camino que la rendición o la fuga. 
Pero en aquellos momentos, verdaderamente desespera- 
dos, en que pidió al General Gómez lo auxiliara siquiera 
con un batallón, recibió este despacho de su generoso 
amigo y protector: "Caracas: 12 de octubre de 1902. — La 
Victoria. — General Castro. — Recibido. — No creo que sea 
un batallón el que deba mandarle, sino que debo salir yo 
con mil hombres que tengo disponibles, dejando como de- 
jo, esta plaza resguardada con los batallones "Marino" 
y "Cojedes". En Los Teques, punto importante, dejaría 
al General González Pacheco con las fuerzas de Moros en 
Pan de Azúcar y los ciento cincuenta oficiales de Paulino 
Torres, que valen por un batallón, y en El Guayabo que- 
daría el General Adolfo Méndez con sus fuerzas. Con 
estas fuerzas, la artillería y el parque suficiente que llevo, 
trituro todo lo que se me atraviese y le caigo al enemigo 
por retaguardia dominándolo. — Espero contestación. — Su 
amigo, — Juan Vicente Gómez." 

Al día siguiente, esto es, el 13 de octubre, puso el Ge- 
neral Gómez en ejecución aquel plan, y previamente de- 
cretó la traslación del Poder Ejecutivo al Distrito Guai- 
caipuro del Estado Miranda. 

En un tren expreso salió para La Victoria a las 6 de 
la mañana y en horas llegó a aquella ciudad y al seno de 
aquel Ejército como una providencia. El lector compren- 
derá cómo fué recibido. 

Ese mismo día comenzaron a darse cuenta los revolu- 
cionarios de cómo las cosas habían cambiado, y de que 
tenían frente a frente al vencedor de La Puerta y Urucure. 

Pasados pocos días, la batalla de La Victoria dejaba 
de ser una derrota para el Ejército constitucional y se 
convertía en un triunfo. El General Gómez, después de 
disponer todas las operaciones que efectuaron aquel cam- 
bio — inclusive el famoso asalto del Copey — recibía una 
tarjeta del Presidente Castro en San Mateo, donde acam- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 87 

pó persiguiendo al enemigo, tarjeta en que aquél se ex- 
presaba en estos términos: "Saludo al General Juan Vi- 
cente Gómez y lo felicito por el triunfo de La Victoria, 
porque esas glorias son legítimas de él". Como antes 
dejamos al lector en libertad de juzgar la manera como 
tuvo que ser recibido el General Gómez entre los abatidos 
defensores de aquella plaza, el 13 de octubre, ahora lo 
dejamos también en libertad de juzgar a qué Jefe corres- 
ponden los laureles de la batalla de La Victoria. 



CAPITULO VIII 



CAPITULO VÍII 



SUMARIO 

Regreso del General Gómez a Caracas. — Acuerdo confi- 
riéndole la Condecoración de la "Defensa Nacional". 
— Campaña de Barlovento y triunfo de El Guapo. — 
Nueva campaña de Occidente y batallas de Barquisi- 
meto y Mata Palo. — Cablegramas cruzados entre el 
Presidente Castro y el General Gómez. — Nueva cam- 
paña a Oriente y batalla de Ciudad Bolívar. — Telegra- 
mas cruzados entre el General Gómez y el Presidente 
Castro con motivo de esta gran victoria. — Comentario. 

El 9 de noviembre de 1902 regresó el General Gómez 
a Caracas en compañía del Presidente en campaña, quien 
no obstante haber sido nulo de un todo en las operaciones 
militares que emprendió desde el 5 de julio, hacía una 
entrada triunfal aparatosa en la capital de la República. 
El General Gómez, que siempre ha sido enemigo de exhi- 
bicionismos y ostentaciones, se retiró a su casa con el in- 
tento de resignar el Poder cuanto antes. Al efecto dictó 
nuevo Decreto derogando el de 13 de octubre por el cual 
se había trasladado el Ejecutivo Nacional al Distrito Guai- 
caipuro del Estado Miranda. Pero el general Castro rehu- 
só reencargarse del Poder, lo que no vino a efectuar sino 
el 20 de marzo del año siguiente. 



92 SEMBLANZA DEL 



A principios del mes de diciembre sobrevino el grave 
conflicto en que se vio atacada Venezuela por parte de 
poderosas Naciones europeas. El General Gómez observó 
al frente del Gobierno la más patriota y digna actitud, ac- 
titud que fué premiada por el Senado en sus sesiones de 
1904, confiriéndole la Condecoración de la "Defensa Na- 
cional" por medio del siguiente Acuerdo, aprobado uná- 
nimemente por los miembros de aquel Cuerpo : "El Sena- 
do de los Estados Unidos de Venezuela. — Acuerda: — Ar- 
tículo único. — Por cuanto el Decreto del Congreso de fe- 
cha 11 de abril de 1903, atribuye en parte al Senado la 
/acuitad de conferir la Condecoración de la "Defensa Na- 
cional" mediante la comprobación del servicio o servi- 
cios prestados en defensa de los fueros y derechos de Ve- 
nezuela como Nación soberana e independiente.. — Por 
cuanto el ciudadano General Juan Vicente Gómez, Segun- 
do Vicepresidente Constitucional de la República, servidor 
meritísimo de la Patria en los días del grave conflicto 
internacional pasado, tiene credenciales en el particular 
que le honran y enaltecen, recomendándolo además, a la 
gratitud nacional. El Senado de la República, de propia 
iniciativa, confiere al General Juan Vicente Gómez la Con- 
decoración de la "Defensa Nacional" en la Segunda Clase 
de la Orden, que es la que le corresponde por el Decreto 
fecha 11 de abril citado; premiando así sus grandes servi- 
cios a la Patria y para que en todo tiempo pueda osten- 
tarla como timbre de honor preclaro. — Dado en Caracas, 
a los nueve días de marzo de 1904, etc., etc., etc." 

Hasta la fecha antes mencionada de 20 de marzo de 
1903, permaneció el General Juan Vicente Gómez ejer- 
ciendo la Primera Magistratura de la República con una 
discreción y un acierto ejemplares. Durante esos ocho 
meses de gobierno dio las mayores pruebas de su tacto 
como Jefe de la Administración. Sereno en medio de to- 
dos los tremendos acontecimientos que hemos narrado, 
procedió siempre con entereza y energía, pero sin alardes, 
en el cumplimiento de sus deberes y grandes responsabili- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 93 

dades. Los hombres de buen juicio, aun los adversarios 
de aquel orden de cosas, necesariamente tuvieron que ver 
en aquel Magistrado circunspecto y dueño en todo mo- 
mento de sí mismo, al ciudadano que podía interponerse 
como elemento conciliador entre las tendencias al despo- 
tismo, ya esbozadas en el general Cipriano Castro, y el sen- 
timiento oposicionista — que no por el vencimiento que 
venía sufriendo en los campos de batalla dejaba de ser 
poderoso. 

La Revolución, después del tremendo revés de La Vic- 
toria, logró rehacerse en parte, no obstante que el patrio- 
tismo venezolano ante la agresión extranjera contribuyó 
a que hubiera una especie de tregua entre los contendores. 
Los adversarios contaban todavía con muchos recursos 
para seguir combatiendo al Gobierno. En Occidente, 
Oriente y en el Centro había grandes ejércitos revoluciona- 
rios que mantenían en jaque al Presidente Castro y que 
estaban prestos a seguir luchando para derribarlo del Po- 
der. El general Nicolás Rolando, desde Barlovento, se 
preparaba a ir sobre Caracas para intentar un nuevo gol- 
pe a la cabeza de más de tres mil hombres bien armados 
y muy ejercitados en la guerra. Contaba como bases de 
aprovisionamiento con los Estados íntegros de Maturín y 
Bolívar y con grandes núcleos de alzados en toda la costa 
oriental y en el interior de los Estados Sucre, Guárico y 
Barcelona. 

Contra el general Rolando salió a principios de abril 
de 1903 el General Juan Vicente Gómez, y el 11 del mismo 
mes lo atacaba en las posiciones casi inexpugnables que 
ocupaba en El Guapo. Tres días duró la batalla que fué la 
más sangrienta librada en los diez y nueve meses de lu- 
cha que discurrieron hasta el triunfo definitivo de Ciudad 
Bolívar que acabó con la Revolución. En el Guapo refen- 
dó el General Juan Vicente Gómez su reputación de gue- 
rrero consumado. Allí el enemigo era superior en nú- 
mero, estaba mandado por el primero y más experto ge- 
neral con que contaban los revolucionarios, se componía 



94 SEMBLANZA DEL 



de jefes, oficiales y soldados tan valientes y aguerridos 
como los que militaban en las filas del Gobierno y estaba 
protegido por fuertes atrincheramientos. Pero todas es- 
tas ventajas las superó el General Juan Vicente Gómez 
con las cualidades extraordinarias que posee como coman- 
dante supremo de Ejércitos: valor impetuoso en el ataque, 
calma imperturbable en la defensa, que le permite abar- 
car con una sola mirada las deficiencias o circunstancias 
favorables existentes en los puntos de resistencia para su- 
plirlas o aprovecharlas, fe profunda en sí mismo y una 
energía tal, que cuando su Jefe de Estado Mayor en aque- 
lla ocasión— un viejo y denodado veterano — se acerca al 
tercer día del combate a decirle que desespera del éxito, 
porque las columnas de ataque se estrellan contra las 
trincheras enemigas, le contesta con aquella ya conocida 
frase: "Tenemos refuerzos, contamos con tres mil hom- 
bres y ya vamos a decidir esto. Usted que vale mil, ese 
batallón otros mil (se refería al Batallón Gómez) y yo los 
mil restantes" y a poco de decir estas palabras se coloca 
en persona a la cabeza de aquel cuerpo que lleva su nom- 
bre y en una sola carga gana la batalla. 

Derrotado el general Nicolás Rolando en El Guapo, se 
retiró a sus lejanas bases de Ciudad Bolívar con lo que pu- 
do salvar de su Ejército, y se rehizo en aquella plaza con 
tropas en abundancia que tenía allí de reserva la Revolu- 
ción, con parque bastante y con toda clase de recursos 
más para continuar la guerra todavía con probabilidades 
de obtener resultados. 

Los últimos días de abril los pasó el General Gómez 
en Caracas, preparándose para marchar sobre los revo- 
lucionarios de Occidente que contaban aún con millares 
de hombres y que esperaban de nuevo el desembarco del 
general M. A. Matos por la costa de Tucacas para iniciar 
otra vez operaciones militares hacia el Centro. Horas 
después de haber arribado el Jefe Supremo de la Revo- 
lución a la costa dicha, llegaba el General Gómez a Tu- 
cacas. Allí peleó con gente avanzada del enemigo y la 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 95 

venció; volvió a combatir y a triunfar en el Puente de 
Yumare y avanzó dominando una serie de fuertes defen- 
sas y atrincheramientos que le oponían los revoluciona- 
rios por toda la línea férrea, y merced a una habilísima 
maniobra cayó sobre Barquisimeto cuando menos lo es- 
peraban sus defensores. Después de un ataque a esta 
plaza que duró hasta la noche del 22 y fué reñido, entró 
vencedor a la capital del Estado Lara el 23 de mayo. 
En la tarde de ese mismo día continuó su avance victorioso 
siguiendo las huellas del enemigo, al que vino a alcanzar 
el 2 de junio en el sitio denominado "Matapalo" donde lo 
asaltó a las 8 de la noche; asalto que se generalizó y vino 
a convertirse en una batalla que terminó el 3 de junio por 
la tarde con la más completa derrota del adversario. Allí, 
como en Barquisimeto, comandaban el ejército contrario 
la flor de los caudillos occidentales y estaba su propio 
Jefe Supremo, el general M. A. Matos. Con esta derrota 
quedó totalmente debelada la Revolución en Occidente. El 
General Gómez participó el triunfo al Presidente Castro 
por medio del siguiente despacho dirigido desde Las Ad- 
juntas y trasmitido de Coro por la vía cablegráfica: 
"Compañía Francesa de Cables. — De Coro a Caracas, 
el 6 de junio de 1903. — Las Adjuntas : 4 de julio. — Pa- 
ra General Cipriano Castro. — Caracas. — Tengo la sa- 
tisfacción de participarle que al tercer día de haber pisa- 
do el Estado Falcón, di alcance y batí a los Generales Ma- 
tos, Riera y Lara en Matapalo. El día 2, a las ocho de la 
noche, asalté el campamento enemigo con dos batallones 
y desde esa hora hasta las seis de la tarde del día de ayer 
en que el enemigo, al empuje formidable del Batallón Gó- 
mez, se declaró en completa derrota, se combatió recia- 
mente. Tenemos que lamentar la muerte de varios oficia- 
les y tropa, pero mayores han sido las pérdidas del enemi- 
go, cuya persecución sigo activamente, para dejar sellada 
la paz del Estado Falcón y la de la República. — Su amigo, 
— J. V. Gómez". La contestación del Presidente fué inme- 
diata y dice, copiada a la letra: "Compañía Francesa de 



96 SEMBLANZA DEL 



Cables Telegráficos. — De Caracas a Coro, el 6 de junio de 
1903. — General Gómez. — Coro. — Recibido. — Felicito al he- 
roico batallador junto con sus valientes y abnegados atle- 
tas de la Causa Liberal Restauradora. Felicito al vence- 
dor en todas partes, predestinado para ser el Pacificador 
de la República. — Ninguno con más títulos que usted que 
ha sido el Salvador del Salvador. Me enorgullezco de ello 
porque la Providencia se ha encargado de corresponder 
a quien yo no podía hacerlo dignamente. Loor a los bra- 
vos y verdaderos patriotas que han sucumbido en la lucha, 
y salud a los sobrevivientes que deben continuar en el ca- 
mino trazado para hacer la felicidad y engrandecimiento 
de la República. En su nombre mi eterna gratitud. — Su 
amigo, — Castro". 

¿Qué otra confesión más explícita de como fué el Ge- 
neral Juan Vicente Gómez, el auténtico Pacificador de Ve- 
nezuela? Juzgue el lector de esta semblanza del insigne 
guerrero y comente. El general Cipriano Castro, autor 
de aquella declaración inequívoca de los méritos de nues- 
tro biografiado y hoy el más empecinado de sus detrac- 
tores, y todos los adversarios del General Juan Vicente 
Gómez, tendrán que convenir en que no hablamos de 
fantasía en este libro ni decimos lisonjas, sino que nos ex- 
presamos en el lenguaje sereno de la verdad. Réstanos, 
acerca del particular, insertar este párrafo que escribimos 
en otra ocasión al comentar el cablegrama en referencia: 
"De haberse mantenido el General Castro ecuánime y 
pensando siempre de la manera que pensara al dictar el 
notable telegrama que venimos comentando, su suerte 
como hombre público sería muy otra. Venezuela entera 
le habría perdonado sus errores si se hubiera aliado con 
esa Providencia que invocaba para dejar que el Pacifica- 
dor de la República llegara a obtener la única recompen- 
sa digna de sus servicios: la Primera Magistratura Na- 
cional. Pero no aconteció de esa manera; el camino que 
siguió fué el del mal y hoy sufre las consecuencias va- 
gando de país en país extranjero, torturado en sus días 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 97 

y en sus sueños por la furia de la venganza, befado por los 
que antes quemaran incienso ante su frágil altar de ídolo 
y condenado a no volver a la Patria sino como un paria 
a quien nadie se atreva a tender la mano sin rubor". 

Prosigamos nuestra narración. 

El General Gómez regresó a Caracas después de dejar 
pacificado todo el Occidente, y con el carácter de Delega- 
do Nacional y Jefe Expedicionario sobre el Oriente de la 
República se embarcó en La Guaira, comandando un ejér- 
cito de dos mil hombres el 27 de junio en la tarde, ocu- 
pando él y su gente tres vapores de la Armada. En la ma- 
drugada del 29 arribó a Campano. Allí estaba otro vapor 
que se incorporó a la escuadra expedicionaria y fué des- 
pachado por el General Gómez para que tomase en Trini- 
dad a los prácticos que debían servir de guías en la entra- 
da al Orinoco. Luego siguió su ruta para desembarcar en 
un puerto de la costa de Güiria llamado Soro, bajo los 
fuegos del enemigo, e ir a situar el Ejército en las alturas 
vecinas el 1? de julio. Desde estos lugares dispuso el ata- 
que a los Generales Antonio Paredes y Manuel Morales 
al rayar la aurora del 2 y éste se efectuó en Campo Claro, 
quedando destruida de un todo la facción de 500 hombres 
que mandaban aquellos dos generales, en dos horas de 
combate y pacificado el extenso litoral de la Costa de Pa- 
ria. No habiendo ya en aquellas comarcas de Oriente más 
enemigos que vencer, el General Gómez continuó su rumbo 
hacia Ciudad Bolívar y el 5 penetraba en el Orinoco. El 10 
llegó a Barrancas, y en la tarde del 11 desembarcaba en 
Santa Ana con el ejército expedicionario. Al amanecer 
del día siguiente mandó el General Gómez a su Secreta- 
i rio General en campaña, Doctor J. R. García, a que parti- 
cipara al Cuerpo Consular y al Clero de Ciudad Bolívar, 
que transcurridas 24 horas atacaría a esta ciudad. En la 
tarde del 13 se pusieron al habla con el Doctor García los 
parlamentarios venidos de la plaza bloqueada: el Obispo 
de Guayana, los Cónsules de Francia y de Alemania y el 
general José Manuel Peñalosa y formularon la proposi- 



SEMBLANZA DEL 



ciones que traían, las que fueron trasmitidas al General 
Gómez por su Secretario General. En consecuencia, se ini- 
ciaron conferencias a efecto de ver si era posible evitar el 
derramamiento de sangre. El General Gómez ofreció con- 
diciones liberales al general Rolando y a sus subalternos, 
pero éstos no las quisieron aceptar. En uno de los diálo- 
gos entre el Comandante en Jefe expedicionario y los par- 
lamentarios mencionados, para ver si se lograba un aveni- 
miento, el general José Manuel Peñalosa fué señalando, 
una por una, las serias dificultades con que tropezaría el 
ejército sitiador para expugnar la formidable plaza. El 
General Gómez respondió a su interlocutor, con la con- 
fianza en sí mismo que le es característica y que es una 
de las mayores fuerzas que posee para obtener éxito en 
todo : "Yo tomo a Ciudad Bolívar" y añadió dirigiéndose 
también al Obispo de Guayana allí presente: "Hay un 
Dios y como lo hay, usted (se refería al general Peñalo- 
za) me obsequiará un brindis en Ciudad Bolívar". Aquel 
jefe revolucionario subyugado por la fe del General Gó- 
mez declaró al punto que si se libraba la batalla no dis- 
pararía un solo tiro contra el heroico sitiador. Esto acon- 
teció el 18 y en la noche ya sabía el general Nicolás Ro- 
lando, por boca del mismo general Peñaloza, que no acla- 
raría el día sin que el General Gómez lo atacara. Así 
fué en efecto. A las tres de la madrugada del 19 de 
julio se rompieron los fuegos sobre las poderosas defen- 
sas del enemigo. Tres batallones de las fuerzas expedicio- 
narias iniciaron el ataque simultáneamente sobre las altu- 
ras de La Esperanza, El Zamuro, Cerro Colorado y El Con- 
vento y en acción combinada, los vapores de guerra dis- 
paraban hacia una gran trinchera que servía de baluar- 
te a la ciudad por Punta de Mateo. A las 6 estaba ya to- 
mado el cerro de La Esperanza y caían la trinchera men- 
cionada, así como otra que estaba situada en Los Molinos. 
El magnífico plan del General Gómez comenzaba a efec- 
tuarse en todos sus detalles y ya estaba en comunicación 
con la Escuadra. Poco después de las ocho caía también 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 99 

el Cerro del Zamuro, que los defensores de Ciudad Bo- 
lívar juzgaban inexpugnable. Furiosos contra-ataques di- 
rigió el enemigo para tratar de recuperar las posicio- 
nes perdidas, pero a pesar de ser éstos ejecutados con ím- 
petu y valor extraordinarios, fueron infructuosos. Ya 
para esta hora empezó a funcionar la artillería revolu- 
cionaria y la batalla se hizo uniforme en todas las líneas. 
La artillería expedicionaria contestó destruyendo una pie- 
za Krupp de los contrarios y silenciando las restantes. 
Mientras tanto las tropas destinadas por el General Gó- 
mez para ocupar a Cerro Colorado, El Convento y El Ce- 
menterio, daban embestidas heroicas para lograr su obje- 
tivo, que vinieron a alcanzar el 20 en una carga irresisti- 
ble, que aventó al enemigo a sus defensas más internas en 
el recinto fortificado de la ciudad. Desde el Capitolio, el 
Acueducto, el edificio de la Aduana, la Cárcel y el Teatro 
y con descargas que hacían desde las azoteas de las casas, 
continuó el adversario peleando bravamente. Ayudadas 
por la artillería, las infanterías tomaron la Aduana lu- 
chando briosamente y luego la Cárcel. Las demás posi- 
ciones cayeron una a una, y el tenaz contendor quedó to- 
davía peleando dentro de los muros del Capitolio, que el 
General Gómez le arrebató al fin. La batalla quedó ab- 
solutamente perdida el 21 en las primeras horas de la 
mañana, en que fué imposible toda resistencia por parte 
del enemigo y en que éste se rindió a discreción. 

Como doscientos cincuenta muertos, entre ellos el va- 
liente General Enrique Urdaneta y otros denodados jefes 
y oficiales, y más de cuatrocientos heridos — contándose 
entre éstos generales, coroneles, comandantes, capitanes, 
tenientes y subtenientes en número de ochenta y uno — 
que, dignos subalternos del General Gómez, no conocían 
el miedo y 800 muertos y heridos del adversario, constitu- 
yeron el heroico aporte de sangre humana con que se ob- 
tuvo en Ciudad Bolívar la paz definitiva de Venezuela. 
El General Juan Vicente Gómez, siempre noble y magná- 
nimo quiso evitar tamaño sacrificio, pero en parte por el 



100 SEMBLANZA DEL 



fiero orgullo y la ambición del General Rolando y sus 
compañeros de armas y en parte por la intransigencia del 
Presidente Castro, el insigne vencedor de El Guapo do- 
minó los impulsos generosos de su gran corazón y, fiel a la 
disciplina militar y a sus deberes de hombre de Causa, 
atacó a Ciudad Bolívar y la expugnó en cincuenta horas 
de sangrienta lucha. Pero, péseles a los columniadores que 
tratan de exhibir al General Gómez como inflexible cuando 
castiga, anotaremos aquí que de la gran cantidad de pri- 
sioneros hechos en aquella batalla, ninguno recibió el más 
leve ultraje. Tratados más como compañeros que como 
adversarios, fueron todos — inclusive el General Nicolás 
Rolando y los doscientos veintiséis jefes y oficiales rendi- 
dos allí — y ochocientos de aquellos prisioneros recibieron 
la libertad cuando todavía el eco de las detonaciones no 
se había apagado y el humo de la pólvora saturaba el 
ambiente ! 

Un parque considerable cayó en poder del vencedor : 
3.275 fusiles, 4 cañones, 1 ametralladora, 1 caja de dina- 
mita, 3 cajas de estopines, 161 botes de metralla, 264 gra- 
nadas, 39 balas rasas, 32 Schrapnels, 300 libras de pólvora, 
450 botes explosivos, más de medio millón de cápsulas y 
seis millones de fulminantes. 

En lo referente a la batalla de Ciudad Bolívar, debe- 
mos mencionar que los comandantes de los vapores de 
guerra americano Vancroft y francés Jouffroy, surtos 
frente aquella plaza desde el 15 de julio para proteger a 
sus compatriotas, presenciaron íntegra la acción y solici- 
taron conocer al General Gómez para felicitarlo por su es- 
tupenda hazaña militar, pues juzgaron admirable el plan 
estratégico del General Gómez y su inaudito valor para 
capturar en dos días una plaza fortificada de primer or- 
den, con un ejército y recursos, iguales y quizá inferiores 
en cantidad al ejército y recursos de los defensores de 
Ciudad Bolívar. 

Y también mencionaremos este párrafo de la Memo- 
ria que presentó el Ministro de Guerra y Marina al Con- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 101 

greso de Venezuela en sus sesiones de 1904, al referirse 
a la campaña pacificadora del General Juan Vicente Gó- 
mez, tan brillantemente concluida en la célebre acción 
de armas a que nos venimos contrayendo. Helo aquí: "Ya 
es bien conocido y apreciado el ínclito Jefe a quien fué 
delegada la alta misión de pacificar la República, ciuda- 
dano General Juan Vicente Gómez, Vicepresidente de la 
Nación. Sus altas virtudes militares se destacaron admi- 
rablemente, uniendo su valor heroico a la nobleza de su 
carácter, de manera que en él se encuentran siempre la 
conmiseración y el perdón aun en medio de las más vio- 
lentas manifestaciones del combate". 

El General Gómez, horas después de ocupar a Ciudad 
Bolívar, dirigió el siguiente telegrama al Presidente Cas- 
tro: "Telégrafo Nacional. — De Soledad a Caracas, el 21 
de julio de 1903. — Las 12 m.— Señor General Castro. — El 
21 de diciembre de 1901 salí de esa capital a someter al 
General Luciano Mendoza, primer alzado contra las ins- 
tituciones de la República. Hoy, después de cincuenta 
horas de sangrienta batalla, tengo el honor de poner a su 
disposición esta plaza, último baluarte de la rebelión. — 
Lo felicito por el afianzamiento de la paz en Venezuela. — 
Detalles irán después. — Su amigo. — J. V. Gómez. — Nota. — 
Fechado hoy en Ciudad Bolívar". 

La contestación a aquel lacónico, pero sumamente 
expresivo telegrama, fué la siguiente : "Telégrafo Nacio- 
nal. — De Caracas, el 21 de julio de 1903. — General Juan Vi- 
cente Gómez. — Ciudad Bolívar. — Acabo de recibir su im- 
portante parte en que me da cuenta de la toma de esa ciu- 
dad, después de cincuenta horas de sangrienta y ruda ba- 
talla. Por tan trascendental suceso, en nombre de la Re- 
pública, en mi propio nombre y en el de todos mis ami- 
gos, que lo son suyos también, felicito a usted muy calu- 
rosamente y por su órgano a todos y a cada uno de sus 
valientes cuanto abnegados y heroicos compañeros. El 
hombre que desde el 21 de diciembre de 1901, con tan 
buen suceso, viene luchando por la salvación de la Repú- 



102 SEMBLANZA DEL 



blica, de sus instituciones, de su jefe y de los grandes y 
sagrados intereses de la Causa Liberal Restauradora, no 
podía menos que terminar con golpe ruidoso, por atre- 
vido y audaz, con el último baluarte que tuvo la Revolu- 
ción más inicua, infame y criminal que registrarán los 
anales históricos de las Naciones civilizadas del orbe!! 
Esa gloria no se la podía disputar nadie al gigante vene- 
zolano, cuyo solo nombre es capaz para someter ejércitos, 
a la vez que prenda de seguridad de que en su campamen- 
to no se albergan sino la razón, la justicia y la equidad, 
para que así como sirve de antemural contra los enemi- 
gos de la República, ampara, protege y defiende la inocen- 
cia y la virtud. Así que cuando en los infinitos arcanos 
de la Providencia plugo a Dios salvar a Venezuela 
del desbarajuste, del desorden y del caos en que venía, ya 
lo había destinado a usted para ser a la vez cabeza y bra- 
zo de la obra más portentosa, por difícil, que realizarse 
pueda para la salvación de un pueblo. Yo, eterno enamo- 
rado de todo lo bueno, de todo lo grande, de todo lo su- 
blime y de todo lo que relacionarse pueda con la vida 
espiritual y moral de la humanidad, especialmente en lo 
que se roza con el espíritu de justicia y equidad, en la 
marcha ya de las sociedades, ya de los pueblos y ya del 
individuo mismo, no puedo menos que sentirme orgulloso 
de que usted, a la vez que el más humilde, el más gran- 
de de todos los servidores que ha tenido hasta hoy la Cau- 
sa Liberal Restauradora, que es como si dijéramos la Cau- 
sa de la verdad y del porvenir venturosos de la Patria, 
haya sellado infatigable, el horroroso expediente de nues- 
tras guerras civiles, de todas nuestras desgracias y de to- 
das nuestras desdichas! Es, por decirlo así, como si en 
esta vez estuviera encarnada la honra del Padre en la glo- 
ria del Hijo. — Permítame, pues, abrazarlo a usted y en 
usted a todo ese Ejército de héroes y abnegados patriotas. 
— Cipriano Castro". 

Antes de pasar a otro capítulo de este trabajo biográ- 
fico, analicemos el escrito que acaba de leerse y de cuya 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 103 

autenticidad nadie duda. Su redacción, desde el aviso 
de recibo hasta eso de la honra del Padre encarnada en 
la gloria del Hijo, es íntegra del ex-Presidente Castro : es 
su mismo estilo, o mejor dicho, su misma verba, su pecu- 
liar fraseología. Como en el efusivo telegrama se habla 
de paternidad, la asociación de las ideas nos trae a afir- 
mar que el autor, en todo tiempo, reconocerá la filiación 
de ese producto de su musa épico-política. Pero pres- 
cindiendo de la profusión de adjetivos y de la mezcla de 
giros ultra-culteranos y lugares comunes que caracteri- 
zan el lenguaje del general Castro, diremos que el tele- 
grama en referencia tiene un mérito indiscutible: dice la 
verdad y es por tanto un documento valioso en historia. 
En efecto, el General Gómez había consolidado la paz de 
la República en 19 meses de rudo y cruento batallar. 
Su espada, empuñada el 21 de diciembre de 1901, había 
abierto la primera brecha en las filas de la Revolución en 
La Puerta y la asestaba el golpe decisivo a las márgenes 
del Orinoco, el 21 de julio de 1903. Dos sitios igualmente 
consagrados por la Inmortalidad en nuestra lid magna: 
La Puerta y Ciudad Bolívar, fueron los que deparó el des- 
tino al "más humilde y a la vez el más grande" de los pala- 
dines de la paz venezolana para principio y fin de su sor- 
prendente campaña. Razón tuvo el general Cipriano Cas- 
tro para apellidar al Héroe victorioso "el gigante venezo- 
lano cuyo solo nombre es capaz para someter ejércitos". 
Fué esa la talla con que vio el entonces Presidente, al Ge- 
neral Juan Vicente Gómez, el memorable día del triunfo 
de Ciudad Bolívar y de ese mismo tamaño lo vieron to- 
dos los venezolanos y lo han venido viendo, especialmen- 
te en el glorioso 19 de Diciembre de 1908, cuando se en- 
frentó, solo, a los rebeldes que había en los Cuarteles y 
los sometió con su valor extraordinario. 

En este Capítulo de nuestra obra hemos descrito a 
grandes rasgos una parte interesante de la vida del Gene- 
ral Juan Vicente Gómez, comprendida desde el día que 
regresó a Caracas a poco de haber decidido la batalla de 



104 SEMBLANZA DEL 



La Victoria, hasta que realizó la mayor hazaña militar 
de la época: la expugnación de Ciudad Bolívar. Sus bri- 
llantes ejecutorias durante este tiempo fueron la manera 
decorosa y digna como ejerció el Poder en los días del 
más grave conflicto internacional porque ha pasado Ve- 
nezuela, las batallas que ganó al enemigo el 13 de abril, 
el 22 de mayo y el 3 de junio de 1903, que dieron por re- 
sultado la completa pacificación del Centro y el Occiden- 
te de la República, y la gran acción de armas de que aca- 
bamos de ocuparnos, cuya consecuencia invalorable han 
sido los diez y seis años de paz disfrutados hasta hoy, con 
la sola excepción de los trastornos del orden público, 
promovidos en la segunda mitad del 1913 por la ambición 
impenitente del general Castro. 

Esta parte de nuestro trabajo biográfico es también 
la historia de la extinción del caudillaje en Venezuela, 
pues cada una de las derrotas del bando revolucionario 
aquí narradas, implican cómo el organismo nacional reac- 
cionaba contra el achaque que han tenido que padecer 
casi todas las jóvenes democracias americanas: el domi- 
nio de varios régulos, discrecional y arbitrariamente ejer- 
cido sobre la fantasiosa credulidad de las masas y sus 
hábitos de sumisión. En El Guapo, Barquisimeto y Mata- 
palo quedaron vencidos los más genuinos representantes 
de ese linaje de señorío feudal que sufrió Venezuela, y 
cuando el general Nicolás Rolando rindió su espada entre 
los muros aún humeantes de Ciudad Bolívar, una sola y 
merecida fama militar quedó en pie : el prestigio guerrero 
del General Juan Vicente Gómez. 



CAPITULO IX 



CAPITULO IX 



SUMARIO 

Regresa el General Gómez a Caracas después de pacifi- 
car al país. — Intrigas contra él. — Su alejamiento dis- 
creto de la política. — Reforma constitucional de 1904. 
Elección del General Gómez para ler. Vicepresidente 
de la República en el período provisional de 1904 a 
1905. — Reformas sustanciales contenidas en la Nueva 
Constitución. — El General Gómez es elegido Senador 
Principal por el Estado Trujillo. — Entra a ejercer tem- 
poralmente la Presidencia Provisional de la Repúbli- 
ca. — Es elegido ler. Vicepresidente de la misma para 
el período constitucional de 1905 a 1911. — Suspicacias 
y recelos del Presidente Castro. — Se separa éste del 
ejercicio del Poder y entra a ejercerlo el General Gó- 
mez. — Medidas administrativas que dictó. — Nombra- 
miento de Nuevo Ministerio. — Manifiesto del general 
Castro. — Se inicia lo que se llamó Aclamación. — Pa- 
triótica y enérgica carta del General Gómez. — Paten- 
tes síntomas de anarquía provocados por el Presiden- 
te en receso. — Generosidad y nobleza de alma del Ge- 
neral Gómez. — Regresa el Dictador a Caracas y se 
reencarga de la Presidencia. — Hostiliza a los amigos 
del General Gómez. — La Conjura. — Enfermedad del 
Dictador Castro. — Este ordena el fusilamiento del ge- 



108 SEMBLANZA DEL 



neral Antonio Paredes. — El General Gómez se aparta 
de toda ingerencia en los asuntos oficiales. — Es soli- 
citado por la mayoría de sus compatriotas para que 
se ponga al frente de una reacción contra el despo- 
tismo imperante. — Gravedad del Dictador y su viaje 
a Europa. 

Después de la batalla de Ciudad Bolívar, pacificada 
ya de un todo la República, el General Juan Vicente Gó- 
mez regresó a Caracas a disfrutar de un descanso relati- 
vo, porque entonces comenzaría aquella lucha más terri- 
ble que la de los campamentos a que él se refiere en su 
memorable carta del 24 de mayo de 1906, la cual vamos a 
comentar más adelante. 

En efecto, la intriga comenzó entonces su labor som- 
bría. Mientras el guerrero que había restablecido la paz 
en 19 meses de titánicos esfuerzos, se entregaba al traba- 
jo para readquirir lo perdido en sus intereses particula- 
res durante la época de la guerra, la envidia a tantos mé- 
ritos y a tanta abnegación, germinaba y crecía dentro 
de los muros de la mansión presidencial. La falta del Ge- 
neral Juan Vicente Gómez, que engendraba esa envidia, 
era la falta que han cometido todos los grandes: crecer 
ante los ojos atónitos de la común pequenez humana, apa- 
recer como émulos a los ojos del soberbio que se imagina 
rodeado de enanos y no puede tolerar que ninguno lo ven- 
ga a sacar de su error. El gigante venezolano había in- 
currido en esta falta y era necesario echar mano a todos 
los recursos, desde los ardides usuales en política hasta la 
conjuración, para no dejarlo crecer más y para que no 
apareciese a las miradas de los venezolanos del tamaño 
con que acababa de destacarse en esos 19 meses de gloriosa 
lucha. 

La narración de la vida del General Juan Vicente Gó- 
mez, dentro del transcurso de tiempo discurrido de aque- 
llos días a las postrimerías del 1908, es la historia de los 
planes que fraguó el Presidente Castro en su intento de 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 109 

ver cómo desconceptuaba al vencedor en todas partes, an- 
te el criterio público, sin dar el espectáculo de inaudita 
ingratitud con que se hubiera exhibido si ejecutaba aque- 
llos planes por medio de los procedimientos de violencia 
que le eran familiares. También es la narración de la 
prudencia paciente, pero decorosa y enérgica que opuso 
nuestro biografiado a la realización de tal intento. El lec- 
tor sabe quién triunfó en esa lucha sorda. Veamos cómo 
se verificaron los acontecimientos que antecedieron al 19 
de Diciembre de 1908. 

En los últimos meses del año de 1903 y los primeros 
del 1904, el General Gómez se mantuvo discretamente ale- 
jado de toda ingerencia activa y directa en la política. En 
esta época, los Estados de la Unión solicitaron la reforma 
de la Carta Fundamental vigente entonces, y esta reforma 
fué expedida por el Congreso, que asumió potestad de 
Cuerpo Constituyente en su sesiones de 1904. En tal vir- 
tud se abrió un período provisional que duraría hasta el 
23 de mayo de 1905, y el General Gómez fué elegido Pri- 
mer Vicepresidente de la República el 3 de mayo de 1904, 
prestando el juramento legal el 5, ante el Congreso Cons- 
tituyente que lo había nombrado. 

Entre las reformas sustanciales introducidas a la 
Constitución enumeraremos las siguientes : la división po- 
lítica en Distritos y Territorios Federales estatuyéndose 
que aquéllos se agruparan para formar 13 Estados; la 
elección de Presidente y Vicepresidentes de la Piepública 
por un Cuerpo Electoral, compuesto de miembros del 
mismo Congreso; los períodos constitucionales del Poder 
Federal que se prolongaban a seis años de duración con- 
tados desde el 23 de mayo de 1905, y las reuniones del 
Congreso que serían bianuales. El Pacto Fundamental re- 
formado, entró en vigencia el 27 de abril de 1904. 

Todo el período provisional transcurrió en medio de 
la natural espectativa a que dan lugar las épocas de or- 
ganización de poderes y de elecciones. 



110 SEMBLANZA DEL 



Los nuevos 13 Estados se organizaron también pro- 
visionalmente y expidieron sus respectivas Constituciones. 
Trujillo eligió para Senador Principal en el período de 
1905 a 1911 al General Juan Vicente Gómez. 

Ya cercana la reunión del Congreso, el Presidente Cas- 
tro se declaró en visita oficial a los Estados Aragua, Guá- 
rico, Bolívar, Bermúdez, Territorio Cristóbal Colón e Isla 
de Margarita, el 11 de abril de 1905, y en tal virtud entró 
en esa misma fecha a sustituirlo en el ejercicio de la Presi- 
dencia Provisional de la República el General Juan Vi- 
cente Gómez. En el mes y días que estuvo al frente del 
supremo cargo, se ocupó con atención preferente del ade- 
lanto de las vías de comunicación, porque habiéndose da- 
do cuenta en sus recientes campañas del atraso lamenta- 
ble en que estaba el país en lo relativo a este ramo de la 
Administración, comprendió que era una necesidad in- 
gente ocuparse del asunto. También dio una elocuente 
manifestación de consecuencia para con la memomria de 
los subalternos que sucumbieron peleando bajo sus ór- 
denes en su gloriosa obra de pacificador y ordenó solem- 
nes honores fúnebres a los restos del general Avelino Fi- 
gueras, muerto en el combate del Puente de Yumare. El 
15 de mayo se separó del ejercicio temporal de la Presi- 
dencia. 

El Congreso Nacional, en sus sesiones de aquel año, 
lo eligió el 7 de junio primer Vicepresidente Constitucio- 
nal de la República y el 10 prestó la promesa de ley. La 
duración de este cargo sería de seis años, según lo hemos 
visto ya al mencionar las reformas introducidas a la Cons- 
titución. El General Gómez era, por tanto, el sustituto le- 
gítimo del Presidente Castro, caso de que éste, por cual- 
quier causa, se separara del Poder o quedara incapacita- 
do para seguir ejerciéndolo. 

Desde entonces crecieron y se intensificaron los rece- 
los del hombre que empezaba a dar rienda suelta a sus 
tendencias de déspota y que no quería a su lado ninguno 
que pudiera sucederlo en la dirección de los destinos na- 



\ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 111 

cionales. La popularidad que por títulos indiscutibles ro- 
deaba al General Gómez, sus limpios antecedentes de pa- 
triota, la fama justísima de guerrero insigne que lo circun- 
daba, su moderación y magnanimidad inalterables y sus 
sacrificios y abnegación heroicos, irritaban de tal manera 
la congénita irascibilidad del general Castro, que comen- 
zaba ya a echar en olvido sus públicas declaraciones en 
documentos todavía muy recientes acerca de la persona- 
lidad benemérita del Primer Vicepresidente de la Repúbli- 
ca, del Salvador del Salvador, del compañero esforzado y 
noble a quien debía no haber sido derribado del Poder por 
los revolucionarios de 1901. 

Las intrigas se sucedieron unas a otras para tratar 
de envolver en ellas al General Juan Vicente Gómez. Se 
deseaba a toda costa quebrantar su prudencia, corno si 
fuera cosa fácil hacer que un temperamento reflexivo y 
un ánimo entero de la calidad del que posee nuestro bio- 
grafiado, llegara a ser el juguete de tanta mezquina ace- 
chanza para convertirse en arrebatado y violento. Nada 
pudo el arte de su embozado adversario, nada las maqui- 
naciones de la monstruosa ingratitud. Dueño siempre de 
sí mismo, el General Gómez rechazaba cuando no casti- 
gaba con su desdén y hasta con su conmiseración el cú- 
mulo de ardides miserables de que era objeto. El tenía en 
aquella época, como la tiene hoy y la tendrá en lo futuro, 
la conciencia de su valer, la íntegra satisfacción de sa- 
berse fuerte y hombre de bien en medio de tanto trafican- 
te político y de tanta ruindad circundante. Sano de cora- 
zón y sin desequilibrios en el cerebro, su honradez y su 
sagacidad lo hacían tener una inmensa superioridad sobre 
los que esgrimían armas de mala ley en el intento de 
perderlo. 

La índole de este trabajo biográfico no permite que 
seamos prolijos al referirnos a los halagos pérfidos y ma- 
nejos cautelosos que entraron en juego contra el General 
Gómez, en el espacio de tiempo a que venimos aludiendo. 
Baste al lector conocer las consideraciones generales ex- 



112 SEMBLANZA DEL 



puestas, para que se forme una idea del grado a que lle- 
gó la intemperancia de un gobernante obseso, que veía 
un émulo en quien había dado las más grandes y eviden- 
tes pruebas de ser su mejor amigo y la columna firme e 
inconmovible que mantenía en pié el orden de cosas exis- 
tentes. 

Sin mencionar detalles, pasemos a relatar la crisis de 
todo aquel proceso de intrigas, a contar del momento en 
que éstas asumen caracteres bien definidos y de verda- 
dero interés histórico, que por fuerza determinaron el su- 
ceso más culminante en la vida pública del General Juan 
Vicente Gómez: la evolución de Diciembre. 

El 9 de abril de 1906 expidió el General Cipriano Gas- 
tro una Alocución anunciando que se retiraba temporal- 
mente del ejercicio de la Presidencia de la República. En 
aquel documento pretextaba como móvil de su resolución 
causas que ninguno dudó eran simuladas y que nadie 
atribuyó siquiera al afán de novedades peculiarísimo en el 
temperamento del Dictador. Las personas de su intimi- 
dad, sus demás amigos, sus adversarios políticos, la uni- 
versalidad de los empleados oficiales y hasta los indiferen- 
tes, supieron evidentemente lo que en realidad significa- 
ba aquélla separación y aquel llamamiento a los venezola- 
nos para que rodearan sin vacilaciones de ninguna espe- 
cie al General Gómez. 

El primero que se dio cuenta del despacho con que el 
general Castro había tenido que consignar en su mencio- 
nada Alocución las frases que vamos a insertar, fué el 
propio Primer Vicepresidente de la República : "De con- 
' formidad con el precepto constitucional he llamado al 
' ejercicio del Poder al Señor General Juan Vicente Gó- 
' mez, meritisimo ciudadano, de virtudes cívicas conoci- 
' das, que en mi ausencia llenará a cabalidad los deberes 
' de su cargo". 

Obedecía al plan preconcebido y madurado por el 
Presidente Castro al través de muchos meses, aparentar 
desinterés y espíritu de justicia al llevar a efecto su sepa- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 113 

ración temporal del Alto cargo que ejercía, y de allí que 
hiciera públicas aquellas apreciaciones acerca del General 
Juan Vicente Gómez, que si eran el reflejo fiel de la ver- 
dad, no por eso dejaron de ser consignadas con un propó- 
sito avieso : probar hasta qué punto gozaba de populari- 
dad el Primer Vicepresidente de la República y someter 
también a prueba estas virtudes cívicas del abnegado ser- 
vidor de la Causa para ver si se quebrantaban tentadas por 
el demonio de la ambición. 

Pero todo aquel plan de burdo y rudimentario ma- 
quiavelismo se frustró, merced a la actitud digna y pru- 
dente del pacificador de Venezuela. Veamos cómo. 

El General Gómez asumió la dirección del Gobierno 
el mismo 9 de abril de 1906. La trasmisión del Poder se 
efectuó a las 4 de la tarde y fué nombrado Secretario Ge- 
neral el Doctor Lucio Baldó. Su segundo Decreto lo ex- 
pidió el General Gómez el día siguiente para aceptar la 
renuncia que le presentaron los Ministros del Despacho 
y nombrar nuevos Ministros interinos, así como Goberna- 
dor de la entonces Sección Occidental del Distrito Fede- 
ral: este nombramiento recayó en la persona del general 
Lorenzo R. Carvallo. 

Una de las primeras disposiciones del General Gómez 
fué de carácter administrativo : Resolver que se procedie- 
ra a la construcción y reparación de las siguientes obras : 
Carretera de Maracay a Ocumare de la Costa, Muelle de 
Ocumare, Carretera de Villa de Cura a Valencia pasando 
por Güigüe, Carretera de Villa de Cura a Maracay, y Ca- 
rretera de Valencia a Tinaquillo, Tinaco y San Carlos. 

Luego, ordenó la reparación del Edificio destinado a 
Escuela de Artes y Oficios, hizo dar fin a la Carretera de 
San Juan de los Morros a Uberito, creó varias Escuelas, 
mandó reparar muchos Edificios Nacionales, ordenó la 
terminación del Manicomio de Maracaibo, decretó la crea- 
ción de un Consejo para los estudios de las industrias 
agrícolas y pecuaria y de cinco premios anuales para los 
productos de la Agricultura nacional, decretó el estudio de 



114 SEMBLANZA DEL 



las obras de ornato y utilidad pública que van a mencio- 
narse : Gran Avenida con pavimento de concreto desde el 
Puente Sucre, sobre el Guaire, hasta el Cementerio del 
Sur; prolongación de la Calle Este 4 hasta su enlace con 
el Caserío de Quebrada Honda; calle de concreto desde la 
esquina de San Juan hasta El Empedrado; Puentes en la 
calle Este 5 de esta ciudad, para enlazar las calles Norte 1, 
3 y 5; puente en la calle Norte 1 de la esquina de Las Bri- 
sas al Hospital Vargas; puente sobre el Guaire en el cami- 
no de La Vega; Carretera de Barquisimeto a Acarigua; 
reparación de la Carretera del Este hasta Petare; repara- 
ción de la Carretera de San Juan de los Morros a Cagua; 
camino de recuas de la Carretera del Tuy a La Vega; 
Acueducto del río Cotiza para abastecer de agua la parte 
Norte de Caracas y corrección de ésta del tubo de distri- 
bución; Acueducto de Barcelona; construcción del Acue- 
ducto de San Antonio del Táchira y del de Be juma; Acue- 
ducto de la Fortaleza de San Carlos del Zuiia. 

El General Gómez, no obstante su propósito de no 
efectuar cambio alguno sensible en la política durante el 
tiempo que iba a estar encargado de la Presidencia Cons- 
titucional de la República, tuvo que nombrar Ministros en 
propiedad el 17 de mayo de 1908, porque era necesario que 
el Gobierno se consagrara a una fecunda labor adminis- 
trativa, que no hubiera podido dar todos los resultados 
deseados con un Gabinete privado de iniciativas, como 
lo era el que actuaba desde el 9 de abril, compuesto de 
Directores de los respectivos Despachos que venían ejer- 
ciéndolos. Con ésto no hacía el General Gómez otra cosa 
que ceñirse a lo indicado por el mismo Presidente Castro 
en uno de los párrafos de su mencionada Alocución, en 
que decía : "No se necesita sino administrar bien". 

Este nombramiento de Ministros precipitó los suce- 
sos. El Dictador creyó llegada la hora de anular al Ge- 
neral Gómez como hombre público lanzándolo al camino 
de una aventura política en que las probabilidades 
eran de un ruidoso fracaso para el vencedor de Ciudad 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 115 

Bolívar. Como acontece a las personas cuando las po- 
see una idea fija, el general Castro juzgó al amigo y com- 
pañero que anhelaba perder tentado ya del demonio de la 
ambición, y preparó el golpe con que se imaginó iba a 
anonadarlo. A su entender, el Decreto del 17 de mayo por 
el cual el Encargado de la Presidencia elegía sus colabora- 
dores en el Gobierno, significaba el primer paso de una 
reacción, y se dio a fingir sentimientos que estaban muy 
lejos de animarlo. Desde La Victoria — la ciudad apelli- 
dada santa por sus áulicos — adonde se había retirado al 
separarse de Caracas, aquéllos empezaron a sugerir a los 
agentes del castrismo en los Estados la idea de aclamar a 
su Señor, para que consumara lo que ellos llamaban el 
enorme sacrificio de volver a las actividades del mando. 
El, entre tanto, simulaba resistir. Había dicho que su se- 
paración del Poder acaso sería temporal, pero a la sazón 
optaba por hacerla definitiva. Necesitaba— como lo nece- 
sitó Tiberio del Senado y el pueblo romano de los cesa- 
res — que sus partidarios vencieran la resistencia que opo- 
nía a hacerles la merced de gobernarlos. Farsas como és- 
ta nos relata a profusión la historia y más de un Tiberio 
ha enmarcado su figura de histrión en el cuadro sombrío 
de nuestras dictaduras, pero ninguna menos encubierta que 
la presenciada por Venezuela entera a mediados del 
1906. A telón descorrido trabajaron el actor y los com- 
parsas, y por los hilos del telégrafo — en esta vez transfor- 
mados en extensa tramoya — pasó rápidamente e íntegro 
el plan del pensamiento aclamador. Todos supimos lo que 
significaba aquel clamor de los pueblos para que volviera 
a sentarse en el Solio presidencial su Restaurador. En- 
tonces fué cuando el general Castro expidió su Manifiesto 
del 23 de mayo de 1906, bautizado con el pomposo título 
de "Ofrenda a la Patria". 

Basta una breve ojeada a aquel documento para 
comprender, como lo comprendió el General Gómez, la 
tendencia, o mejor dicho, la mente que lo dictó. Este pá- 
rrafo de su magnífica carta del 24 de mayo, citada en los 



116 SEMBLANZA DEL 



renglones iniciales del presente capítulo, revela en sobrio 
concepto cuál era la tendencia del Presidente Castro, a 
que venimos refiriéndonos: "He visto con pena su mani- 
" fiesto de ayer, porque en él deja usted entender que a 
" mí me ha impresionado mal la idea de la Aclamación. 
" Verdaderamente ha sido para mí una gran mortifica- 
" ción imaginarme siquiera que hayan podido llevar a su 
" ánimo la desconfianza de que me haya tentado el demo- 
" nio de la ambición". 

La palabra serena y autorizada del General Gómez 
tenía que hacerse oír en aquellas circunstancias. Su car- 
ta pública al general Cipriano Castro fué un mentís a las 
especies contenidas en aquel Manifiesto; protesta muy dis- 
creta y bien meditada, pero a la vez muy enérgica, digna 
y patriota contra la obra de la suspicacia adversaria, como 
lo han sido siempre los actos de nuestro biografiado en 
todas las ocasiones en que ha tenido que exhibir la inte- 
gridad de su carácter y la potencia de su esforzada volun- 
tad. A la perfidia, vestida con un disfraz de desinterés, 
contestó el General Gómez en los términos copiados an- 
tes y en estos que van a leerse: "Venga usted a hacerse 
" cargo del Gobierno y a fijar el rumbo que la República 
" deba seguir. Yo tengo ya suficientes decepciones en mi 
" alma de patriota para poder resistir esta lucha, lucha 
" más terrible que la de los campamentos, y a la cual he 
"venido únicamente por acatar un llamamiento de us- 
" ted. — Retirado a la vida privada, libre de todo compro- 
" miso con los que se disputen el mando en Venezuela, 
" trabajaré para mi familia y gozaré siquiera de tranqui- 
" lidad, que es ya la única aspiración que me queda. Pero, 
" sí me creo en el deber de suplir a usted muy encare- 
" cidamente, protección para mis amigos, que son también 
" suyos, y a quienes exigiré él apoyo leal a su Gobierno 
" como una necesidad de la Causa y de la Patria. — Le agra- 
" deceré venga a esta capital lo más pronto que le sea po- 
'* sible, porque comprendo la urgencia que hay de calmar 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 117 

" la excitación que se ha producido y que si continuara 
"causaría grandes males a la República". 

Este lenguaje del General Gómez, sencillo y sin alar- 
des, conmovió profundamente la opinión pública en aque- 
llos días y solivió el sentimiento de animadversión que, 
como era natural, abrigaban contra los propósitos y ca- 
prichos del general Castro los hombres de juicio recto al 
servicio de aquella situación. Por otra parte, la austeri- 
dad y el verdadero desinterés republicano del Primer Vi- 
cepresidente Encargado de la Presidencia, tan elocuente- 
mente expresados y con tal sinceridad expuestos, fueron a 
irritar todavía más la susceptibilidad del Dictador. Este se 
enfureció hasta cometer una serie de desatinos que culmi- 
naron en el reto rencoroso envuelto en esta frase dirigida al 
General Gómez: "Haga lo que le digan sus amigos!" El 
Dictador se refería a los hombres sensatos a quienes he- 
mos mencionado. Ya, a la inversa de lo consignado en 
su efusivo telegrama del 21 de julio de 1903, enviado al 
glorioso Caudillo de Ciudad Bolívar, sus amigos no lo 
eran también del General Gómez. Esto significaba la de- 
claración de que existía un cisma en el seno de la Causa, 
o lo que es lo mismo: los partidarios del General Gómez 
y los adeptos del castrismo. Si el Presidente en receso 
hubiera sido capaz de meditar con acierto, habría visto 
muy claro que era un disparate de fatales consecuencias 
para lo futuro proclamar la desunión de los servidores de 
aquel orden de cosas. Y qué clase de desunión! El Vice- 
presidente de la República en antagonismo con el Presi- 
dente; es decir: una profunda división entre las dos per- 
sonas más caracterizadas de aquella actualidad. Esto equi- 
valía a dar por sentado que era muy débil la estructura de 
la situación imperante y mentira la tan decantada unión 
de los elementos que integraban la Restauración Liberal. 
Los muchos enemigos que se había concitado el general 
Castro con sus intemperancias comprendieron entonces 
que el Dictador estaba condenado a desaparecer pronto 
de la escena pública. El podía despotizar cuanto quisie- 



1 18 SEMBLANZA DEL 



ra a la Nación, erigirse en idolo, arrogarse el dominio de 
una Venezuela sumisa, mandar a su antojo, que ya la opo- 
sición sabía por boca de él mismo, cómo todo el edificio del 
Poder que alardeaba poseer, era tan deleznable, que bas- 
taba el hecho de que se hubiera separado temporalmente 
del Gobierno a una ciudad distante apenas unos pocos 
kilómetros de la capital de la República, para que hubie- 
ra amigos del Jefe magnánimo que había pacificado tres 
años antes al país, que se atrevieran a aconsejar a éste el 
desconocimiento de la autoridad del hombre que repre- 
sentaba la unidad de aquella Causa. Confesión más pala- 
dina de falta de fe en la virtualidad de su prestigio, no 
podia dar el que se creía siempre vencedor jamás vencido. 
Con su Manifiesto de 23 de mayo de 1906 y con ese impru- 
dente : haga lo que le digan sus amigos, con que trataba de 
retar al General Juan Vicente Gómez y hasta a provocarlo 
a que diera un Golpe de Estado, preparó el Presidente 
Castro aquella conspiración que se fraguó alrededor de 
su lecho de enfermo y que fué denominado con el preciso 
nombre de la Conjura, y todavía dio motivo a hechos que 
sin ser conjuración ni cosa parecida fueron definitivos en 
su suerte y también en la suerte de la República : la ava- 
salladora corriente de opinión que comenzó a crearse en 
torno del prudente hombre público que fué bastante gran- 
de para perdonar aquel reto arrogante y torpe y que, na- 
cida entre aquellos amigos de que hablaba el general Cas- 
tro, acrecida con los ciudadanos que estuvieron dispues- 
tos a defender la tradición constitucional en los días de la 
mencionada conjura y hecha formidable movimiento po- 
pular a fines de 1908, acabó con el régimen que tuvo una 
falaz apoteosis en la Aclamación y proscribió para siem- 
pre de la dirección de la cosa pública al último de nues- 
tros mandatarios adolecido de manía cesárea. 

El General Juan Vicente Gómez, como lo hemos na- 
rrado, tuvo la suficiente magnanimidad para no hacer 
caso a la rencorosa provocación que le hizo el Presidente 
Castro, porque lejos de ser un impulsivo, en él predomina 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 119 

la facultad reflexiva que es una de las primeras cualida- 
des en el hombre de Estado. El comprendió cuánto era 
de impremeditada la manera de proceder de aquel amigo 
y antiguo compañero, al lado del cual venía combatiendo 
desde la campaña en defensa del Gobierno del Doctor 
Andueza Palacio. El se penetró de cómo era evidente que 
el Presidente Castro buscaba perderse cegado por las pa- 
siones y enloquecido por el despacho y de cómo buscaba 
también la ruina de los caros ideales políticos a que noble 
y lealmente venía adscrito el General Gómez desde el paso 
del río Táchira — en aquel otro 23 de mayo de 1899 — hasta 
aquel momento en que, según sus propias palabras, se en- 
contraba ejerciendo la Primera Magistratura "únicamente 
por acatar un llamamiento del general Castro". El se dio 
cuenta de todo esto, y con la mayor abnegación, dominó 
sus naturales impulsos de cólera ante tamaña ingratitud y 
pensó en evitar a la Patria los peligros de la anarquía, 
constituyéndose otra vez en salvador de aquél que así lo 
había llamado en un documento público que venía a com- 
probar de modo irrecusable la contradicción flagrante en 
que estaba incurriendo el general Castro. 

En medio de los ánimos excitados por los aconteci- 
mientos de la época, el espíritu del Primer Vicepresidente 
permaneció sereno. Imperturbable, como al caer herido 
frente a los bastiones de Carúpano pronunciando aquella 
frase que antes citamos: "Esta sangre que derramo será 
para felicidad de mi Patria", así lo encontramos entre la 
agitación producida por los sucesos a que nos venimos 
refiriendo. Si el Dictador estaba cometiendo desatinos, 
el General Gómez estaba haciendo todo lo contrario. Ha- 
cía casi cuatro años, el 13 de octubre de 1902, que había 
ido a La Victoria a evitar la perdición del mismo general 
Castro y lo había logrado de manera espléndida. Enton- 
ces — como en 1906 — ejercía la Presidencia por estar aquél 
ausente. La situación no había variado, aunque sí las 
circunstancias, pues en esta vez el Presidente estaba con- 
vertido en rival de su sustituto y salvador, y quería per- 



120 SEMBLANZA DEL 



derlo en retribución de los invalorables favores que le 
debía. 

El General Juan Vicente Gómez fué de nuevo a La 
Victoria, a principios de junio de 1906, a dar a aquel ener- 
gúmeno una lección de cordura — que felizmente para Ve- 
nezuela éste no quiso aprovechar después, pero que por 
el momento le fué útil. 

Cuando el general Castro se daba a sus habituales y 
funestos fantaseos, creyendo al pacificador de la Patria 
alzado en Caracas con el Poder y a los aclamadores en 
armas para ir a reducirlo, el General Gómez se le apare- 
ció en persona, sin escolta ni soldados, a verificar el hecho 
a la inversa: esto es: a reducir al Presidente por medio 
de la persuasión y la generosidad, para hacerlo desistir 
de la peligrosa aventura en que se había metido. Y natu- 
ralmente lo logró, porque el buen sentido, la moderación 
y la verdadera entereza de alma, triunfan regularmente 
del extravío de las pasiones y de las temeridades de la 
suspicacia. Aunque para el General Gómez no era un se- 
creto lo que se proponía el Presidente Castro con la Acla- 
mación, fué tan abnegado que allanó los obstáculos que 
se podían oponer a que ésta se realizara, y como el Ga- 
binete nombrado por él el 17 de mayo había sido una 
de las causas que despertaron mayor recelo en el áni- 
mo prevenido de quien se empeñaba en verlo como rival, 
le prometió nombrar otro Gabinete, y así lo hizo al regre- 
sar a Caracas el 7 de junio. 

Volvió la calma a los espíritus, merced al juicio y al 
tino del pacificador, pero los gérmenes de discordia sem- 
brados por el general Castro quedaron latentes, porque 
no es potestativo a la previsión humana — así llegue ella 
a resultados sorprendentes — cambiar el curso de los suce- 
sos cuando éstos por ley ineludible deben cumplirse. 

La Aclamación se efectuó. Siguiendo el ejemplo de 
loable prudencia que dio el propio General Gómez, mu- 
chos hombres de irrecusable probidad, atentos sólo al pri- 
mordial interés de evitar a la Patria las mayores calami- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 121 

dades de la anarquía, consintieron en dar una faz deco- 
rosa con el concurso de sus nombres, a aquel proceso cu- 
yos factores fueron la ambición y la ingratitud de un Ma- 
gistrado ensoberbecido y la complicidad del politiqueo 
aventurero de la época. 

El 4 de julio regresó el Dictador a Caracas, y el 5, esto 
es, al día siguiente, se reencargó de la Presidencia de la 
República, resignando el General Gómez un poder que 
venía ejerciendo con la mayor repugnancia, pero con el 
más evidente patriotismo. 

Para la fecha corrían ya insistentes rumores acerca de 
la enfermedad que venía minando la salud del Dictador 
y que no tardaría en postrarlo. 

Pronto se palpó la contumacia de éste en su propósito 
de ser hostil al General Gómez. Las primeras medidas 
que tomó fueron inequívocas a este respecto. Cuantas 
personas creyó de la amistad del Primer Vicepresidente 
y que desempeñaban cargos públicos fueron destituidas 
de sus empleos. A los ojos del general Castro, bastaba 
que alguno tuviera tratos con el que conceptuaba su rival 
para que lo incluyera en el número de los desafectos a su 
Gobierno, así fueran éstos probados servidores de aquel 
orden de cosas. Tales procedimientos no podían pasar 
inadvertidos, y así tenemos que llegó a temerse entonces 
hasta a hablar con el General Gómez. 

El partido de la Conjura comenzó a formarse en es- 
ta atmósfera de suspicacias. A su seno ingresaron los po- 
líticos ávidos de novedades y poco escrupulosos,' muchos 
incautos y casi todos los pseudo-castristas que si demostra- 
ban devoción hacia el Presidente, abrigaban en el fon- 
do el deseo de que se consumara la ruina de aquella situa- 
ción. En apariencia, el jirón de bandera bajo el cual se 
cobijaban los conjurados, era la de apoyar la autoridad 
del general Castro frente a una presunta oposición enca- 
bezada por el General Gómez, pero en realidad era otro 
el propósito que animaban, propósito fundado en la creen- 
cia existente para aquellos días de que era mortal la en- 



122 SEMBLANZA DEL 



fermedad de que adolecía el Dictador. El intento emboza- 
do de los conjurados era adueñarse del Poder a todo trance 
y lo antes posible, aunque para esto fuera menester preci- 
pitar el fin del general Castro. Naturalmente, para el lo- 
gro de estos deseos era un obstáculo de mucha entidad la 
hombría de bien del Primer Vicepresidente de la Repú- 
blica y la potestad legal que lo investía, i 

Hacia las postrimerías de 1906 se agravaron las do- 
lencias que venía padeciendo el Dictador y como se creyó 
llegado el momento de obrar, los conjurados prepararon 
el golpe. Sus planes dejaron de ser secretos y sus ataques 
inmediatos se dirigieron contra la personalidad benemé- 
rita del General Juan Vicente Gómez. En enero de 1907, 
peligraba la vida del ilustre patriota, pero con su congé- 
nita entereza de alma él afrontó todos estos peligros. Se 
le veía solo por las calles de Caracas, con la misma imper- 
turbable serenidad con que se le había visto pocos años 
antes jugarse la vida a la cabeza de sus tropas para dar 
paz a la República. El tenía fe en la justicia de su causa 
y en su energía para imponerse a los hombres y a las cosas 
llegado el caso y sabía que a su lado estarían los elemen- 
tos más valiosos del país, para ayudarlo a salvar el prin- 
cipio constitucional, en la encarnizada lucha que amena- 
zaba sobrevenir. Nada pudieron contra el noble pala- 
dín de la Ley las asechanzas de los ambiciosos y la ingra- 
titud del principal cómplice de los conjurados, que desde 
su lecho de enfermo se agitaba entre convulsiones de odio 
y sombríos propósitos de venganza. 

En la ceguedad de sus pasiones éste creía sus parti- 
darios a sus más empecinados enemigos y juzgaba su ad- 
versario al ciudadano íntegro que se había impuesto el 
sacrificio de salvar por última vez a quien le aborrecía. 
Pero esta actitud del General Gómez no era sino la conse- 
cuencia de su superior concepción del deber. Ya en él 
no existía afecto alguno para quien había sido su compa- 
ñero de armas y su amigo de muchos años. Su generosi- 
dad de espíritu no llegaba hasta el extremo de transigir 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 123 

con el Dictador para inmolársele como victima. Esto 
hubiera sido una debilidad más que una virtud, y en el ca- 
rácter de nuestro biografiado no hay flaquezas. El móvil 
que guió al General Gómez en aquella oportunidad fué el 
mismo que lo habia hecho prohijar la Aclamación seis 
meses antes : se trataba de evitar a Venezuela los horrores 
de la anarquía a que la quería conducir una anacrónica 
resurrección de luchas banderizas y si el Pacificador no 
debía consecuencia al Presidente Castro, la debía a la 
Patria, por cuya salud venía combatiendo hacía ocho años. 
Por esta causa, el General Gómez se constituyó de nuevo 
en el más firme sostén de la situación imperante. Con su 
gran sagacidad él se dio cuenta exacta de lo que estaba 
pasando y vio claro, como no lo vieron los que alardeaban 
sabiduría política, que el orden de cosas existente cam- 
biaría pronto por medio de una pacífica evolución, pues 
el general Castro era ya absolutamente incompatible en la 
dirección de los destinos nacionales. 

A la sazón apareció en actitud de guerra por las cos- 
tas orientales el general Antonio Paredes. Este había sido 
siempre un enemigo franco del Gobierno contra el cual 
emprendía este osado movimiento revolucionario, pero 
como no contaba sino con un puñado de hombres y con 
su valor temerario, fué capturado el 15 de febrero en El 
Rosario, jurisdicción del Estado Bolívar. El Dictador 
ordenó que fuera fusilado : acto que comprobado des- 
pués — como el de la orden de atentar contra la vida del 
General Gómez — puso bajo la acción de los Tribunales 
competentes a su autor, no sólo como transgresor de nues- 
tro Derecho constitucional que prohibe en su espíritu y 
letra la pena de muerte, sino también como reo de delitos 
comunes. 

A poco de estos hechos que venimos narrando, entró 
el general Castro en un período de relativa mejoría, y los 
cálculos de los conjurados fracasaron, pues ya sabemos 
cómo era fundamento principal de sus planes que la en- 



124 SEMBLANZA DEL 



fermedad de aquél tuviera un fin fatal para entonces con- 
sumar la usurpación del Poder. 

Todo el año de 1907, lo pasó el General Gómez dis- 
cretamente apartado de la atmósfera oficial, lo mismo 
que gran parte del 1908. Su decoro personal y su bien 
conquistado nombre de patriota lo mantuvieron alejado 
de un ambiente de hipocresía y de intrigas que pugnaban 
con la buena fe de sus actos. Tuvo, como aliado precioso 
en la difícil situación en que se encontraba, la ventaja de 
saber esperar y el profundo conocimiento de los hombres 
y de las cosas de la época. Durante esos largos meses en 
que la espectativa nacional había llegado a un grado de 
anhelo y ansiedad que nada bueno dejaban presagiar res- 
pecto a la suerte que esperaba al Dictador, se vio el Ge- 
neral Gómez solicitado por la casi absoluta mayoría de 
los venezolanos, para que se pusiera al frente de la ava- 
salladora reacción que se preparaba. Hasta los mismos 
tildados como incondicionales del general Castro que ha- 
bían formado en las filas de la Conjura, se ofrecieron al 
Primer Vicepresidente de la República como elementos 
reaccionarios. Era que ya, en el límite de lo humano, no 
se podía tolerar aquel régimen de despotismo en que cada 
día trascurrido acumulaba nuevos desatinos- políticos y 
más chocantes desafueros. Verdaderamente, el Gobier- 
no en las manos de aquel maniaco de cesarismo, era ya 
un poder abominable y una amenaza para la soberanía na- 
cional. La mayor parte de las relaciones internacionales 
estaban rotas, porque nuestra Cancillería — modelo de 
circunspección entre los Estados que no son poderosos en 
el mundo — se había convertido en un centro de fanfarro- 
nadas que lejos de exhibirnos como somos — un pueblo 
viril consciente de su derecho — nos ponía en ridículo ante 
la diplomacia universal. 1 Las industrias no las podía ejer- 
cer sino el propio Dictador directamente o por medio de 
sus agentes. I La Administración Pública, era, en suma, 
una farsa y las garantías de los ciudadanos letra muerta 
que ninguno podía invocar. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 125 

En medio de tal desastre administrativo y político el 
pueblo íntegro tenía puestas todas sus esperanzas en el 
General Juan Vicente Gómez. El no había de defraudar- 
las, pero como para satisfacerlas de una vez necesitaba 
ocurrir a las vías de hecho, aconsejaba prudencia a todos y 
les daba el más alto ejemplo de moderación y juicio al 
soportar con nunca bien alabada paciencia, pero siempre 
con austera dignidad, los ataques de aquel régimen dis- 
crecional y arbitrario, que precisamente a quien más he- 
rían era al propio General Juan Vicente Gómez. Con este 
proceder de intachable patriotismo, el Primer Vicepresi- 
dente de la República se mantuvo entre las dos fuerzas 
en pugna, como la valla inconmovible que evitó un cho- 
que violento. Los oprimidos tuvieron en él un paladín 
bizarro y el opresor se salvó de la justa cólera del pueblo 
por la intervención generosa y reflexiva de aquel antiguo 
compañero que había sufrido todas sus inconsecuencias. 
Sólo un hombre del temple de alma del General Juan Vi- 
cente Gómez y de una probidad a toda prueba, pudo ma- 
nejarse con aquella admirable conducta durante los días 
a que nos venimos refiriendo. 

Advinieron los últimos meses del 1908 y los males fí- 
sicos del Dictador se agravaron. El pronóstico era infa- 
lible. Si no se sometía a la intervención del especialista 
europeo que podía operarlo, su enfermedad se anticiparía 
a la vindicta pública para librar a Venezuela de aquel 
despotismo. 

Hasta última hora estuvo fluctuando el general Ci- 
priano Castro en si verificaba el viaje a Europa o no. Pero 
como el temor a perder la vida, pudo en él mucho más 
que el deseo de seguir gobernando a su antojo, resolvió 
irse. No le quedó otro camino que llamar al General Juan 
Vicente Gómez a la Presidencia de la República, pues 
bien comprendió que de no hacerlo así la Nación entera le 
cobraría muy caro la burla a los trámites constitucionales 
que significaba prescindir de su sustituto legal. Todavía 
abrigaba la esperanza de poder engañar al Primer Vice- 



126 SEMBLANZA DEL 



presidente de manera que le tuviera sujeto al rebaño hu- 
mano, mientras iba a buscar la salud en el extranjero para 
tornar a despotizarlo ! 

El 23 de noviembre se separó del Poder y entró el 
General Gómez a ejercerlo en virtud de la atribución 7? 
del artículo 75 de la Constitución vigente entonces. Al 
día siguiente se embarcó en el vapor francés Guadalupe, 
rumbo a Europa. 

El Pacificador de Venezuela era por fin el Jefe de la 
Nación. ¡De un extremo a otro del país no quedó ciuda- 
dano honrado y amante de su patria que no bendijera el 
designio providente que había permitido suceso de tal 
magnitud ! «, 

El General Gómez, que ya venía hacía mucho conte- 
niendo el proceso reaccionario, palpó en todos sus deta- 
lles, con su habitual sagacidad, cómo era de unánime el 
prestigio que lo rodeaba y el propósito de proscribir para 
siempre de la dirección de los destinos nacionales al gene- 
ral Castro. Sin embargo, aún se evidenció adversario de 
toda medida violenta y no quiso ocurrir al expediente ae 
los golpes de Estado. Esperó y confió, hábil conductor de 
hombres en medio del proceloso mar de la política. 

En el Capítulo que acabamos de escribir hemos abar- 
cado la actuación del General Gómez durante el lapso de 
tiempo que comienza con la pacificación definitiva de la 
República el 21 de julio de 1903 y termina con la ida del 
Dictador para el extranjero. Es algo más de un lustro en 
que el heroico vencedor en los campos de batalla tiene 
que sustentar una lucha más terrible que la de los campa- 
mentos, según su propia y elocuente expresión en la carta 
que dirigió al general Castro el 24 de mayo de 1906, con 
motivo de la maquiavélica treta de éste que se llamó la 
Aclamación. Si admirable es el guerrero de espada sa- 
nativa y gloriosa, no lo es menos el bizarro luchador ci- 
vil. Ni las sugestiones de la perfidia ni los halagos de un 
Poder que nada imposible le era obtener ni la obra nefan- 
da de la ingratitud pudieron hacer que nuestro biografía- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 127 

do variara de conducta. Fué firme, con firmeza de cús- 
pide, para resistir tantos embates. En esos cinco años 
aprendió el pueblo venezolano a quererlo y respetarlo, 
pues vio patentemente que en él habia la estupenda duali- 
dad del jefe de ejércitos que donde combate triunfa y del 
púgil que en la arena del civismo vence a sus enemigos, asi 
sean éstos poderosos, y los anonada sin ocurrir a ardides 
políticos. De esa tremenda lucha surgió fuerte y noble 
el eminente ciudadano que ha venido a verificar la Reha- 
bilitación de Venezuela. 



CAPITULO X 



CAPITULO X 



SUMARIO 

Actitud del General Gómez desde el 23 de noviembre de 

1908 hasta el conflicto internacional con Holanda y 
los sucesos del 13, 1U y 19 de diciembre de aquel año. — 
Expide el Programa de Diciembre y funda la Causa 
de la Rehabilitación Nacional. — Comentario acerca 
de aquel programa. — El General Gómez llama a co- 
laborar con él en el seno de la nueva Causa a todos 
los desterrados y liberta los presos políticos. — Garan- 
tiza todos sus derechos a los venezolanos. — Da a sus 
gobernados la palabra "Patria y Unión" como consig- 
na única en política.— El doctor Luciano Mendible, 
Presidente del Estado Guárico, comete varios delitos y 
se fuga. — El General Gómez al frente de la evolución 
política iniciada ciñe sus actos a la Constitución. — 
Decretos en pro de la autonomía seccional y a favor 
de las Industrias y del comercio.- — Nuevo Pacto Fun- 
damental. — Decreto proclamando la amnistía para los 
sucesos de carácter político efectuados en Diciembre. 
Elección del General Gómez para Presidente Provi- 
sional de la República. — Decreto del 19 de abril de 

1909 acerca de la celebración del Centenario de la In- 
dependencia. — Decreto ordenando la construcción de 
la Carretera entre Uracá y San Cristóbal. — Libertad 



132 SEMBLANZA DEL 



de los detenidos por causas de orden público. — Men- 
saje del General Gómez al Congreso de 1910. — Resig- 
na el Poder y se encarga de ejercerlo el Presidente de 
la Corte Federal y de Casación. — Mensaje Especial del 
Encargado de la Presidencia, Doctor Guerrero, solici- 
tando del Congreso el Grado de General en Jefe para 
el General Gómez. — El Congreso, por unanimidad, 
acuerda conferir este supremo grado militar al Ge- 
neral Gómez.- — Elección recaída en él para Presidente 
de la República en el período Constitucional de 1910 a 
191U. — El General Gómez no acepta una Medalla de la 
Gratitud Nacional que quiso conferirle el Congreso. — 
Alocución del General Gómez al encargarse de la Pre- 
sidencia el 3 de junio de 1910. 

Desde el 23 de noviembre de 1908, día en que se en- 
cargó el General Gómez de la Presidencia de la Repúbli- 
ca, los sucesos que iban a sobrevenir se presintieron de 
manera inequívoca. Con la sola excepción de un grupo 
de incondicionales del general Castro que había quedado 
en Caracas con autoridad civil y mando militar, instrui- 
do por aquél para ejecutar planes sombríos, todos los 
venezolanos rodearon al Primer Magistrado y lo requirie- 
ron insistente y esforzadamente a que se pusiera al frente 
de la reacción. 

El General Gómez, con criterio muy claro, compren- 
dió que Venezuela no era el patrimonio del Dictador, y 
como sabía muy bien que él no estaba ejerciendo el Po- 
der por la voluntad de aquél que se creía con derecho pa- 
ra tener siervos en un país de libres,\no titubeó, por lo 
mismo que no tenía sino un reclamo que obedecer: el sa- 
grado reclamo de la Patria. El no podía detenerse a esco- 
ger tratándose de una Nación entera y de un hombre que 
si fué su compañero de muchos años se había convertido 
en su detractor y su encarnizado enemigo. Entre aquélla 
y éste no existió dilema para el gran corazón y la mente 
sana del General Juan Vicente Gómez. El glorioso suelo 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 133 

en que nació le pedía que no permitiera la vuelta del de- 
tentador a mancillarlo. Era una voz que surgía de las 
enhiestas cimas de los Andes, de las dilatadas llanuras, 
de las comarcas orientales y cuyo eco estentóreo vibraba 
en el centro, en la ciudad del 19 de Abril — cuna y santua- 
rio de la Libertad y del Libertador. — Era una voz formi- 
dable en que se confundían el grito de los niños, el acento 
de las mujeres y la potente protesta de los hombres en 
coro atronador. A aquella verdadera aclamación que pe- 
día la permanencia del General Juan Vicente Gómez al 
frente de los destinos nacionales y la proscripción para 
siempre del general Cipriano Castro, contestó el héroe de 
Ciudad Bolívar con la actitud gallarda que correspondía 
a las limpias ejecutorias de su vida pública. 

El proceso de la reacción culminó de la manera que 
vamos a narrar. 

El 13 de diciembre, el pueblo de Caracas en manifes- 
tación imponente expresó clara y terminantemente ante 
el Primer Magistrado de la República cuál era su volun- 
tad y la voluntad de los demás pueblos de Venezuela: se 
quería el sometimiento a juicio del Dictador y se procla- 
maba al General Juan Vicente Gómez como Jefe de una 
evolución política y de la causa que había de rehabilitar 
a la Patria. El eminente ciudadano tuvo escuchas para 
aquel clamor justo de sus gobernados, pero como existía 
un conflicto internacional de magnitud con Holanda, cuyo 
origen principal había sido la intemperante manera de 
concebir el general Castro la diplomacia, tuvo el tacto de 
contener al pueblo en sus propósitos reaccionarios que 
amenazaban llegar hasta la violencia, haciéndole saber 
que su deber primordial era dar frente a aquel conflicto 
para luego arreglar ios asuntos internos. Al día si- 
guiente de la manifestación a que nos hemos referido, esto 
es, el 14 de diciembre, expidió el siguiente Decreto que lo 
exhibía consecuente con la actitud de defensor de los fue- 
ros nacionales asumida por él en 1902 y 1903: "General 
Juan Vicente Gómez, Primer Vicepresidente Constitucional 



134 SEMBLANZA DEL 



Encargado de la Presidencia de la República. — Consideran- 
do : — Que desde el 1? del corriente mes, han aparecido en 
las aguas territoriales de Venezuela y entrado a algunos 
de sus puertos, varios cruceros de la Marina Real Holan- 
desa, ejecutando acto de registro a mano armada, en na- 
ves mercantes, con propósitos deliberadamente hostiles; — 
Considerando : — Que ha tenido informe oficial el Gobier- 
no de que en el día de ayer, frente a la Punta de Tucacas, 
fué aprehendido el Guardacostas "Alexis" de la Aduana 
de Puerto Cabello, por el crucero holandés Gelderland, 
con todas sus armas, cápsulas y enseres, entregando el 
Teniente de Navio que ejecutó la aprehensión al Capitán 
del guardacostas, la siguiente comunicación escrita: "Hr. 
Ms. Gelderland: Su Majestad la Reina de los Países Bajos, 
ha dado orden a sus buques de guerra de secuestrar y 
embargar temporalmente todos los navios del Gobierno 
Venezolano, como medida de represalia. Vengo por or- 
den de mi Comandante para pedir a usted, arriar su pabe- 
llón, rendir su navio y ponerse a la disposición del Coman- 
dante. Toda resistencia es inútil. Oponerse sería igual 
a la perdición de su navio y a la muerte de muchos de 
ustedes. — El Teniente de Navio de 2? Clase. — Bernar". — 
Considerando: — Que estos actos de verdadera invasión 
del territorio y de agresión al Gobierno de la República 
constituyen una ofensa grave a la soberanía Nacional y 
una amenaza con peligro de la integridad del territorio y 
de la honra y dignidad de la Patria; — Decreto: — Art. 1? — 
Declaro a la Nación en estado de proveer a su defensa, y 
en consecuencia, el Ejecutivo Federal asume el ejercicio 
de las facultades extraordinarias que le confiere el inciso 
8? del artículo 80 de la Constitución. — Art. 2? — Los Minis- 
tros de Relaciones Interiores, de Relaciones Exteriores, de 
Hacienda y Crédito Público y de Guerra y Marina, quedan 
encargados de la ejecución del presente Decreto. — Dado 
etc., etc., etc." 

La Nación acompañó como un solo hombre a su po- 
pular Magistrado en esta inesperada emergencia y toda- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 135 

vía estaban los ánimos presas de ansiedad con la magni- 
tud de aquel conflicto, cuando el grupo de incondiciona- 
les del general Castro, a quienes nos referimos en el pri- 
mer párrafo de este Capítulo, decidió poner en ejecución 
el plan delictuoso que les había encomendado su jefe. El 
19 de diciembre era el día fijado para consumar el aten- 
tado. Pero el General Gómez estaba vigilante y no se 
dejó sorprender por los conjurados. Ese mismo día, en 
vez de ser éstos quienes buscaran a la presunta víctima, 
ésta les salió al encuentro y los dominó con su férreo bra- 
zo de gigante. 

En esa gloriosa efemérides se trasladó el General Juan 
Vicente Gómez a los cuarteles donde los incondicionales 
del Dictador ausente se disponían a consumar el inicuo 
atentado, y después de reducirlos personalmente a la obe- 
diencia y entregarlos a la Justicia que sometió a juicio 
al instigador dei crimen del cual aquéllos eran instru- 
mento, dio definitiva fisonomía a la reacción constituyen- 
do un nuevo Gabinete y expidiendo al día siguiente una 
Alocución a los venezolanos que fué y ha venido siendo 
el Programa de la Causa Rehabilitadora. Esta Alocución 
debemos insertarla íntegra en esta Semblanza, porque es 
el documento público más trascendental del General Gó- 
mez. Está concebida en estos términos: "Juan Vicente 
Gómez, Encargado de la Presidencia de la República. — 
A los Venezolanos: — Compatriotas! — Ya sabéis que vine 
a desempeñar el Poder Ejecutivo Nacional, en virtud del 
título legal que invisto, sin ser empujado por ninguna am- 
bición personal, i La Ley me llamó al puesto, y desde el 
primer momento me di a conciliar las aspiraciones popu- 
lares con mis deberes públicos, procurando establecer un 
régimen de garantías en consonancia con nuestras insti- 
tuciones. ■' He querido y quiero para cada venezolano la 
efectividad de sus derechos, 'sin ser esta aspiración, conce- 
sión o merced, sino únicamente la imposición de la Ley. 
Pero mis mejores intenciones y deseos han encontrado, 
desgraciadamente, un inexplicable obstáculo en algunos 



136 SEMBLANZA DEL 



pocos ciudadanos que, llamándose íntimos amigos del ge- 
neral Cipriano Castro, no sólo se han atravesado en el ca- 
mino de mis deberes legales, sino que han bajado al an- 
tro de la conjuración y fraguado contra mi vida el plan 
diabólico que hice abortar en la mañana de ayer, enfren- 
tándome a los mismos conjurados y reduciéndolos a pri- 
sión. Al proceder así, conciudadanos, no sólo he defendi- 
do mi vida, sino algo que vale más que mi existencia per- 
sonal, porque he procurado salvar el decoro y el prestigio 
de la Magistratura que desempeño y que aspiro a conver- 
tir en manantial de bienes para todos los venezolanos. 
Después de los sucesos que acabo de narrar, he constitui- 
do un nuevo Gabinete, en el cual juzgo representada la 
opinión pública de Venezuela. Con tales colaboradores 
pretendo dar a mi Gobierno el carácter nacional que re- 
viste, hacer efectivas las garantías constitucionales, prac- 
ticar la libertad en el seno del orden, respetar la sobera- 
nía de los Estados, amparar las industrias contra odiosas 
confabulaciones, buscar una decorosa y pacífica solución 
para todas las contiendas internacionales, vivir vida de 
paz y de armonía y dejar que sólo la Ley impere con su 
indiscutible soberanía. Venezolanos ! Tales son mis pro- 
pósitos y los fines que aspiro a desarrollar al frente del 
Gobierno; y como creo que esta es la más solemne impo- 
sición del patriotismo, pido y reclamo a todos los círcu- 
los políticos su apoyo moral y material para que el acierto 
sea completo y universales los beneficios. El régimen le- 
gal que impera nos da derechos y nos impone deberes: 
ejerzamos aquéllos con la moderación que reclama la aus- 
tera democracia, y cumplamos éstos con inquebrantable 
resolución. Tengamos presente que las violencias que 
inspiran las pasiones desbordadas son el contrasentido de 
la civilización y que la mejor fórmula de la República es 
la que se encierra entre la modestia y el ardiente patrio- 
tismo.— Caracas : 20 de diciembre de 1908.— J. V. GÓMEZ". 
La filosofía política nunca había sido mejor interpre- 
tada en la manera de ser de nuestra democracia, que como 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 137 

lo fué en ese brillante programa de Gobierno. En las cláu- 
sulas del documento que acaba de leerse no hay ninguno 
de esos ofrecimientos que por su índole utópica no pue- 
den cumplirse y que son el halago con que los mandata- 
rios artificiosos engañan ¡y deslumhran la conciencia po- 
pular. } El General Gómez repugna esos procedimientos 
que han formado escuela entre nuestros flamantes esta- 
distas. El es un ciudadano sincero, que como bien lo 
ha comprobado, prefiere la obra a la promesa. En su 
Alocución decía a sus compatriotas que iba a acabar 
con las prácticas y abusos de la extinguida Dictadura y 
a través de un decenio ha venido demostrando que no 
hablaba en vano. Ahora diez años fué su mayor anhelo 
y lo es hoy, no tener que castigar ni reprimir y que todos 
sus conciudadanos fueran obreros de la Rehabilitación 
Nacional. I Al efecto ha sido tolerante hasta el grado que 
la contumacia de los ambiciosos y de los enemigos del or- 
den se lo han permitido, pero con una tolerancia que nun- 
ca ha llegado a los extremos de la debilidad. -'Así, tenemos, 
que en cumplimiento de ese mismo Programa de diciem- 
bre, su autor no ha tenido contemplaciones con esa espe- 
cie de plaga social^ los políticos sin escrúpulos y sin em- 
pleo, o lo que es lo mismo, los agitadores impenitentes del 
carácter impetuoso de nuestro pueblo y especuladores de 
su fe candorosa para creer en las falsas prédicas de tal li- 
naje de apóstoles de la Democracia. /Esos hombres han 
sentido el peso del brazo formidable que dio paz estable 
a la República en 19 meses de rudo batallar. 

Más adelante, cuando narremos la manera como ha 
dado efectividad el General Gómez al Programa de la 
Causa, seremos extensos para probar el gran bien que ha 
hecho a ios venezolanos manteniendo a raya las ambicio- 
nes de los políticos de oficio y castigando como un delito 
que es, a la vagancia. 

La Alocución del 20 de diciembre de 1908 fijó nuevos 
y definitivos rumbos a los destinos nacionales, y cabe traer 
a estas líneas los párrafos escritos por nosotros, acerca del 



138 SEMBLANZA DEL 



particular, en otra ocasión: "La Venezuela rehabilitada 
no podía concebirse de otra manera que como un vasto 
emporio donde la zona de los pastos alimentara rebaños 
innumerables, las tierras de cultivo dieran toda la varie- 
dad de frutos solicitados por la demanda del exterior y de 
fácil cambio por numerario circulante, las regiones mine- 
ras fueran explotadas por el capital nacional o por el ex- 
tranjero que diera seguridades de quedarse en el país; un 
emporio, en fin, que por su riqueza industrial y por la ac- 
tividad de su comercio y de todas sus fuentes de bienestar 
hiciera fácil y venturosa la vida de los nativos y atrajera 
las corrientes de esa inmigración valiosa que importa 
brazos vigorosos y mentes sanas a la tierra adonde se di- 
rige. Dos eran los medios principales para lograr un fin 
tan halagüeño, y el Repúblico de Diciembre los encontró 
fácilmente, porque para un pensamiento bien intenciona- 
do y una voluntad enérgica nada es difícil : Fomentar las 
vías de comunicación y acabar con todo linaje de malhe- 
chores aplicándoles las penas legales y aquellos correcti- 
vos que están al alcance de la autoridad y que son lícitos, 
era la manera expedita de mejorar a Venezuela en lo mo- 
ral, en lo físico y en lo intelectual, y de ambos medios se 
ha venido valiendo el General Juan Vicente Gómez desde 
las postrimerías de 1908 hasta los días actuales. Los re- 
sultados no pueden ser más satisfactorios y no miente la 
prensa ni la voz pública cuando habla de la Venezuela 
rehabilitada. Nuestra misma pluma, en estos momentos, 
traduce ese sentimiento general, } T si algún mérito tienen 
las páginas que escribe, ese mérito se debe a que emplea 
el lenguaje augusto de la verdad. «Las carreteras moder- 
nas se cruzan por todo el territorio venezolano y sobre su 
superficie circulan sin inconvenientes desde el rudimen- 
tario vehículo de dos ruedas tirado por una caballería, 
hasta el automóvil, esa admirable máquina de trasporte 
que al moverse por sí misma parece que la impeliera un 
espíritu omnipotente. Por esas arterias inmensas circula 
sin estorbos la savia juvenil de la Nación y allí donde las 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 139 

condiciones de existencia son deficientes por una parte y 
por la otra exuberantes, ellas son equilibradas por el ince- 
sante y fácil cambio de objetos de comercio y hasta por la 
difusión de las ideas". 

A poco de circular el programa de Diciembre las cár- 
celes quedaron vacías p los Caudillos vencidos definitiva- 
mente en 1903 fueron llamados a colaborar en puestos de 
honor y de confianza en el Gobierno de la Rehabilitación 
— porque la buena fe del General Gómez presumió que ha- 
bían aprovechado la experiencia adquirida y que serían 
elementos útiles para la paz y la Administración que se 
iniciaba; — a todos ios desterrados directa o indirectamen- 
te por la política terrorista de la Dictadura, se les abrie- 
ron franca y fraternalmente las fronteras de la Patria; 
las industrias dejaron de ser el patrimonio de uno solo y 
pudo ejercerlas todo el que tuviera voluntad de explotar- 
las; se procuró y se obtuvo, por medio de una decorosa y 
hábil labor de nuestra Cancillería, la reanudación de las 
relaciones internacionales con los Países cuya amistad 
tradicional nos enajenó la absurda diplomacia del ex-Dic- 
tador. En resumen, todas las libertades que no degene- 
ran en licencia se permitieron y todos los derechos legí- 
timos se garantizaron. - 

Naturalmente la gran popularidad ya adquirida por 
el General Gómez en años anteriores, aumentó todavía 
más, y la Patria comenzó a disfrutar del fecundo régimen 
rehabilitador que viene verificando un verdadero progre- 
so en todos los órganos de la existencia nacional. 

Fué durante aquellos días genésicos de la Causa cuan- 
do en un banquete al cual asistía el General Gómez — en 
un sitio que por coincidencia feliz se llama La Providen- 
cia- — contestó a insinuaciones tendenciosas que le hicie- 
ron algunos de los circunstantes — miembros de los anti- 
guos Partidos que militaron en Venezuela — dándoles a 
entender que su único partido era el de la felicidad de la 
Patria lograda por la unión de todos sus hijos. 



140 SEMBLANZA DEL 



Patria y Unión fué, pues, la consigna que el General 
Gómez dio entonces a los venezolanos, y desde el banque- 
te de La Providencia, hasta los días que discurren, él no 
ha dejado de probar cómo es aquélla la fórmula de su fe 
republicana. La síntesis de sus principales actos como 
Jefe del País o de la Causa son un testimonio de tal ver- 
dad: vías de comunicación construidas por todo el terri- 
torio nacional para que los pueblos venezolanos y sus ha- 
bitantes borren fronteras y se acerquen unos a otros fá- 
cilmente estrechando más sus intereses; una tenaz perse- 
cución a la holgazanería que engendra los vicios y con és- 
tos el mayor elemento de discordias y de odios; un cons- 
tante estímulo a las iniciativas individuales y colectivas 
para el trabajo que es la fuente de todo bienestar y por 
tanto el aliciente más poderoso para hacer que los hom- 
bres se apoyen mutuamente en resguardo del sosiego pú- 
blico — base de la fraternidad de sus relaciones; — un in- 
cesante ejemplo de probidad administrativa que ha dado 
por resultado la salvación del crédito interno y externo 
del país, respaldado por muchos millones en efectivo que 
tiene disponibles el Gobierno después de cumplir todos 
sus compromisos y un tesonero empeño para proscribir 
de la Administración el peculado y el cohecho, especie de 
pulpos que con sus tentáculos insaciables mantenían ex- 
haustas las arcas nacionales. 

Así ha entendido y practicado el General Juan Vicen- 
te Gómez, el único credo político que profesa como Ma- 
gistrado y como Jefe de Causa. 

Pero no adelantemos la relación de los sucesos y vol- 
vamos a los días iniciales de la Rehabilitación Nacional. 

La Alocución del General Gómez obtuvo entusiasta 
acogida en todos los venezolanos, a excepción del entonces 
Presidente del Estado Guárico, doctor Luciano Mendible, 
que se declaró rebelde en Calabozo, capital de aquel Es- 
tado. De esta nefanda aventura se expresó el Ministro 
de Relaciones Interiores en los términos que van a leerse 
y que constan en la circular de aquel funcionario fechada 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 141 

el 31 de diciembre de 1908 y publicada en el número 
10.583 de la Gaceta Oficial, correspondiente al 2 de enero 
de 1909: "El día 29 del mes corriente, el doctor Luciano 
Mendible, ejerciendo la Presidencia Constitucional del Es- 
tado Guárico — y después de haber trasmitido protestas ca- 
tegóricas de adhesión al Programa que el actual Gobierno 
ha expuesto a la República con universal aprobación — 
sublevó las fuerzas acantonadas en la ciudad de Calabozo, 
asiento capital del Gobierno del Estado; puso en libertad 
los presos criminales, y los armó con las armas del Ejér- 
cito Nacional allí depositadas; impuso violentas contribu- 
ciones al comercio y brutales exacciones a la sociedad; 
quemó los archivos de los Tribunales de justicia a fin de 
redimir de su responsabilidad criminal a los delincuentes 
de quienes había hecho sus compañeros; quemó también 
todas las cuentas de la Tesorería y demás Oficinas de Re- 
caudación en la ciudad cuyos fondos se apropió; asesinó 
al general Juan José Briceño, Comandante de Armas del 
Estado y a otros oficiales; y abandonó la ciudad, come- 
tiendo además otros hechos explicables sólo por un estado 
anormal de la mente". La criminal rebelión fué a termi- 
nar con la fuga del delincuente al extranjero, huyendo la 
persecución de los agentes de la Justicia. 

Durante las postrimerías del 1908 y los comienzos 
del 1909, el General Gómez se vio asediado por los políti- 
cos profesionales que no concebían la reacción sin el Gol- 
pe de Estado. Estos requerían al prudente Magistrado a 
que declarase insubsistente el Congreso de la época y 
convocara a elecciones para una Asamblea Constituyente. 
Tal paso hubiera equivalido al advenimiento de una breve 
Dictadura del General Gómez en completa contradicción 
con estas frases que recientemente había dirigido a sus 
conciudadanos: "Ya sabéis que vine a desempeñar el Po- 
der Ejecutivo Nacional, en virtud del título legal que in- 
visto". El reflexivo Gobernante rechazó ese consejo por 
mal avenido con el carácter de evolución que revestía el 



142 SEMBLANZA DEL 



proceso reaccionario y convocó al Congreso para que ce- 
lebrara su reunión ordinaria el 23 de mayo de 1909. 

Una de las primeras disposiciones del íntegro Magis- 
trado fué para derogar el Decreto del extinguido régimen, 
de 2 de agosto de 1907, porque era atentatorio a la auto- 
nomía de las Entidades Federales. Aquel Decreto violaba 
el derecho que tienen nuestros Estados a disponer de su 
renta, pues les imponía el nombramiento de Juntas de 
Fomento y el reparto de sumas por imposición del Eje- 
cutivo Nacional. Era a todas luces arbitrario y como el 
General Gómez había prometido respetar la soberanía de 
los Estados en su magnífico Programa, anuló tamaña ar- 
bitrariedad. 

Los dos Decretos del General Gómez declarando res- 
cindido y sin ningún valor el Contrato celebrado el 5 de 
febrero de 1906, entre el Ministro de Hacienda y el ciuda- 
dano Francisco Chenel, para establecer una Fábrica Na- 
cional de Cigarrillos, y declarando libre el cultivo del Ta- 
baco y las manipulaciones de esta hoja, formaron parte de 
sus sabias providencias para libertar a las industrias de 
odiosos monopolios ; y para dejar a todos sus conciudada- 
nos en completa posesión de sus derechos para lograr por 
medio del trabajo y el empleo de sus actividades la sub- 
sistencia y la prosperidad. 

Con estas disposiciones y con su Decreto de 20 de ma- 
yo que abolía los derechos de exportación sobre café, 
cacao y cueros — por razón de los cuales pagaba la produc- 
ción nacional B 4.000.000 anuales al Fisco — es como demos- 
tró el General Gómez, durante los seis primeros meses de 
la Rehabilitación, todo lo que haría en favor de las indus- 
trias y del comercio. *—"* 

A principios de 1909, pidieron la totalidad de los Con- 
cejos Municipales de la República que se hicieran enmien- 
das a la Constitución, por adolecer ésta de anomalías ma- 
nifiestas que pugnaban con la manera de ser del pueblo 
venezolano y con los principios democráticos. El Con- 
greso de la Nación, promulgó el 5 de agosto de aquel año 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 143 

las enmiendas pedidas, en ejercicio de la facultad que le 
concedía el artículo 130 de la Constitución y después de 
haber escrutado y encontrado conforme el voto aprobato- 
rio de todas las Asambleas Legislativas de los Estados. 

Las más sustanciales de las enmiendas introducidas 
consistieron en la restitución de los 20 Estados que forma- 
ron antiguamente la Federación Venezolana, la reducción 
del período presidencial a 4 años, y la creación de un Con- 
sejo de Gobierno. Se abría un período provisional que 
subsistiría desde la fecha en que entraba en vigencia la 
Constitución enmendada hasta la definitiva organización 
de la República el 19 de abril de 1910. 

El más vivo deseo de los pueblos quedó convertido en 
magnífica realidad con la restitución de los 20 Estados, y 
esta sola enmienda dio prestigio a la nueva Carta promul- 
gada, que por las circunstancias a que tuvo que ceñirse el 
criterio de los legisladores que la dictaron, circunstancias 
que obedecían al pensamiento de la evolución de Diciem- 
bre, no pudo alcanzar en su práctica la duración que le 
auguraba el generoso anhelo de sus autores. 

El 19 de abril de 1909, expidió el General Gómez dos 
Decretos de verdadera importancia: el uno nombrando 
la Junta para que elaborara el Programa y organizara los 
actos con que había de celebrarse el Centenario de la In- 
dependencia y el otro, que insertamos íntegro, porque es 
uno de los tantos testimonios de la nobleza de alma de 
nuestro biografiado : "General Juan Vicente Gómez. — En- 
cargado Constitucionalmente de la Presidencia de la Re- 
pública, — Considerando: — Que ha entrado la Patria ven- 
turosamente en una era de paz, de reforma en los méto- 
dos y procedimientos políticos y administrativos, de am- 
plio espíritu democrático y seria consagración de todas 
las fuerzas vivas de la República a la prosperidad general, 
por medio del trabajo; — Considerando: — Que tales afor- 
tunadas circunstancias constituyen una razón suprema 
para que sean olvidados los delitos y faltas que las pasio- 
nes políticas hayan podido inspirar; — Considerando: — 



144 SEMBLANZA DEL 



Que la fecha de hoy está consagrada por la filosofía de la 
historia, y por el eminente testimonio de los Ilustres Pa- 
dres de la Patria, como punto inicial de la Revolución 
Emancipadora, y es por tanto propicia para un homenaje 
de significación fraternal a la memoria de nuestros pri- 
meros republicanos; — Y en ejercicio de la atribución II 
que me señala en su artículo 80 la Constitución de la Re- 
pública, — Decreto: — Artículo 1 Q — El Ejecutivo Federal 
proclama solemnemente la amnistía para los sucesos de 
carácter político que se efectuaron en el país durante los 
días 13, 14 y 19 de diciembre del año próximo pasado. 

Dado, etc., etc., etc." 

Mayor generosidad no podía tener el General Gómez 
ni la ha tenido ningún gobernante en Venezuela. Hasta 
los propios conjurados que fraguaron contra su vida y 
que él dominó con su valor extraordinario el 19 de Di- 
ciembre, quedaban perdonados! ! ! 

El 11 de agosto de aquel año fué elegido el eminente 
patriota, Presidente Provisional de la República, en virtud 
de lo estatuido en la nueva Constitución, y el 13 del mismo 
mes y año entró en ejercicio del alto cargo, nombrando 
Secretario General, Ministro del Despacho, Consejeros de 
Gobierno y Gobernador del Distrito Federal. El 19 eligió 
los Presidentes Provisionales de los 20 Estados y previa- 
mente había expedido un Decreto en que reglamentaba 
la organización de aquellas 20 Entidades, mientras éstas se 
organizaban conforme a sus respectivas Constituciones. 
Esta facultad había sido conferida al Presidente Provisio- 
nal de la República por el artículo 156 de la Constitución 
recientemente promulgada. 

El período de transición al régimen constitucional lo 
presidió el General Gómez, entregado de lleno al cumpli- 
miento de sus deberes y dando fidelísimo testimonio de su 
acatamiento al Programa de Diciembre. Fué el Adminis- 
trador ejemplar que ya conocía Venezuela en las veces 
que le había tocado ejercer el Poder desde el 5 de julio 
de 1902. \ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 145 

En lo tocante a la política demostró que era el ciuda- 
dano ecuánime, franco adversario de ardides y componen- 
das y celoso defensor del orden, que permitía el uso lícito 
de toda libertad bien entendida, pero que no estaba dis- 
puesto a contemporizar con los agitadores de oficio; con 
esos que asaltan la tribuna de la prensa para subvertir el 
criterio popular en vez de guiarlo e ilustrarlo, y que tam- 
bién están en fias antecámaras de los Magistrados, en los 
círculos públicos y hasta en las oficinas, predicando con 
falso fervor de apóstoles doctrinas cuyo farisaísmo no 
tienen todavía nuestras masas suficiente educación cívica 
para comprenderlo y desecharlo. >*„<.>„ 

La obra de esos agitadores reclamó que la palabra 
austera del Jefe de la Rehabilitación se hiciera oír en un 
documento público, lleno de sinceridad y sencillez pero 
trascendental, porque hacía ver "cómo las violencias que 
inspiran las pasiones desbordadas son el contrasentido 
de la civilización". De ese documento son los párrafos que 
van a leerse : "Cuando el 19 de diciembre inicié la era de 
la legalidad, me exhibí como el Magistrado que buscaba 
el imperio de las saludables rectificaciones, y pedí a to- 
dos los venezolanos su concurso patriótico. Creía que 
después de un prolongado período de luchas sangrientas 
y de administración desastrosa, en que los Partidos habían 
esterilizado sus energías y el demonio del odio cosechado 
frutos de maldición, convenía a Venezuela hacer una pro- 
longada pausa en sus querellas domésticas y juntarnos 
todos para en comunidad tranquila laborar por el bien de 
la República". "Mis opiniones de entonces son las mismas 
que abrigo en el día presente. No creo en la eficiencia de 
los sentimientos extremos. No tengo prevenciones contra 
círculos ni contra personas". "Quiero la armonía entre 
v los venezolanos y la pido y la reclamo entre los servidores 
de mi Gobierno. No exijo a ninguno de estos últimos el 
sacrificio de su conciencia, pero creo que de la observan- 
cia de la disciplina es que depende la eficacia del dogma 
salvador de los principios, porque la anarquía entre los 
10 



146 SEMBLANZA DEL 



/ 

empleados de un mismo régimen anula todo esfuerzo en 
obsequio del bien de la República". 

En el período provisional se verificaron muchas obras 
de utilidad y ornato, y fué cuidado especial del General 
Gómez atender a las vías de comunicación. Caracas ganó 
en su embellecimiento con el decreto que ordenó la cons- 
trucción de la magnífica Avenida 19 de Diciembre, que 
perpetuará por siempre, con la perenne elocuencia del 
progreso, la magna fecha y la fama del Héroe de aquel 
día. Ya para finalizar este período, el creador de la Re- 
habilitación Nacional expidió su memorable Decreto so- 
bre celebración del Centenario de la Independencia, dis- 
posición administrativa que insertaremos íntegra porque 
es exponente fiel del fervoroso patriotismo de nuestro bio- 
grafiado y de la manera cabal como se ocupó de honrar 
el primero y más grande acontecimiento de nuestra His- 
toria: "General Juan Vicente Gómez, — Presidente Provi- 
sional de los Estados Unidos de Venezuela, — En cumpli- 
miento de lo dispuesto por el Decreto Ejecutivo de 19 de 
abril de 1909, visto el proyecto sometido al Gobierno de 
la República por la Junta del Centenario de la Indepen- 
dencia, y — Considerando : — Que el 19 de abril de 1910 se 
cumple el primer Centenario de los acontecimientos que 
la Historia considera como iniciales de la Independencia 
Sudamericana, — Decreto: — Artículo 1? Los actos conme- 
morativos del Centenario de la Independencia de Vene- 
zuela principiarán el 19 de abril de 1910. — Artículo 2 9 Se 
reconstruirá en forma digna de su alto objeto el Panteón 
Nacional. — Artículo 3 9 Se crean: 1? La Academia Militar 
de la República. 2 n La Escuela Náutica Nacional. 3? Una 
Escuela Normal. 4? Un Jardín Rotánico. — Artículo 4? Se 
construirá: 1° Un dique de acero, en Puerto Cabello, que 
llene las necesidades de la Armada Nacional y de la Ma- 
rina mercante Nacional y extranjera. 2 9 Un edificio para 
ía Riblioteca Nacional. 3? Un edificio a prueba de incen- 
dio para la Oficina Principal de Registro Público y Ar- 
chivo Nacional. 4? Un edificio para operaciones quirúr- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 147 

gieas, a inmediaciones del Hospital Vargas, e indepen- 
diente del cuerpo general de éste. 5 9 Un edificio de Co- 
rreos y Telégrafos Nacionales. — Artículo 5 9 De conformi- 
dad con el Acuerdo Legislativo de 4 de agosto de 1909, 
procédase a levantar el Censo de la Nación. — Artículo 6 o 
Adquirida para la Nación por suscripción pública, la casa 
donde nació Simón Bolívar en esta ciudad de Caracas, se 
le restituirá con la fidelidad posible a la forma que tenía 
en 1783; se establecerá en la venerable mansión el Museo 
Boliviano, y se consagrarán sus muros a narrar en frescos 
o en lienzos la vida del Padre de la Patria. — § Único. Los 
cargos de Director del Panteón Nacional y de la Casa de 
Simón Bolívar serán de larga tenencia y para su desempe- 
ño se nombrarán de preferencia a descendientes de Pro- 
ceres Libertadores o a Veteranos del Ejército de la Repú- 
blica dignos del noble encargo. — Artículo 7 9 Se erigirán 
en los Jardines del Paseo Independencia de la Capital de 
la República, los bustos de José María España, Francisco 
Salías, general José Félix Ribas, Manuel Gual y José Cor- 
tés de Madariaga. — Artículo 8 9 Se fijarán inscripciones 
conmemorativas en los sitios y edificios célebres en los 
fastos del 19 de abril de 1810, 5 de julio de 1811 y de la 
Sociedad Patriótica de aquella época. — Artículo 9 9 Solem- 
nizarán la conmemoración del Centenario, los siguientes 
Congresos : — l 9 De Municipalidades, compuesto por un De- 
legado por cada Ilustre Concejo de la República. — 2 o Pri- 
mer Congreso Venezolano de Medicina. — Artículo 10. Se 
invitará a los Gobiernos de las Repúblicas Latino-Ameri- 
canas a una Conferencia, que se efectuará en Caracas, pa- 
ra celebrar una Convención Telegráfica Internacional, por 
la cual se establezca y reglamente la comunicación tele- 
gráfica entre dichas Repúblicas. — Artículo 11. Se invitará 
a los Gobiernos de las Repúblicas de Colombia, Ecuador, 
Perú y Bolivia a concurrir a la formación del Primer Con- 
greso Boliviano que se celebrará en Caracas en los prime- 
ros cinco días del mes de julio de 1911, para tratar asun- 
tos de interés común de todo orden. — Artículo 12. Se esta- 



148 SEMBLANZA DEL 



s 



blecen los concursos siguientes: — 1? De Industrias Rura- 
les para los productos de la Agricultura y la Cría del País, 
mejor preparados para el consumo interno o para la ex- 
portación, tales como : miel, cera, queso, mantequilla, fé- 
culas y almidones diversos, aceites de todas clases, azú- 
cares, fibras, etc., etc., así como los utensilios y máquinas 
empleadas para prepararlos, siempre que sean inventa- 
dos o mejorados en Venezuela. — 2 9 De Horticultura y Flo- 
ricultura: para las colecciones más variadas y completas 
de legumbres y flores cultivadas en el Distrito Federal, es- 
pecialmente cuando provengan de plantas originarias del 
País, que hayan sido mejoradas por el cultivo. — 3 9 De Zoo- 
tecnia; para ejemplares notables de animales de cría en- 
sayada o ensayable en el País, y de animales cuyas plu- 
mas o piel sean industrialmente útiles. — 4 9 De Bellas Ar- 
tes, conforme lo determina el Reglamento de la Academia 
del Ramo. — Artículo 13. Organícense dos exposiciones : 1* 
Una Nacional de Bellas Artes, objetos de interés histórico 
y fotografías de sitios memorables, tipos y bellezas natu- 
rales del País. — 2? Una Internacional de muebles Escola- 
res y Útiles de Enseñanza, destinada a fijar conceptos so- 
bre los modelos más adecuados a las Escuelas en Institu- 
tos docentes de la República. — Artículo 14. Procédase a 
constituir la Comisión Exploradora prevista en la Dispo- 
sición Ejecutiva de 29 de marzo de 1909. — Artículo 15. Se 
constituye el Ateneo de Caracas. — Artículo 16. Adquiéran- 
se los terrenos del Hipódromo de la Avenida del Paraíso 
que se destinarán a los Concursos de Zootecnia, Floricul- 
tura, Horticultura e Industrias Rurales. — Artículo 17. Se 
imprimirán o reimprimirán, por cuenta de la Nación: — 
a) . El Diario de Bucaramanga. — b) .El Apéndice de la Na- 
rración de las Memorias del general O'Leary (Tomo o 9 ) y 
correspondencia del Libertador (1829-1830). — c). Defensa 
del Libertador por don Simón Rodríguez. — d) . Historia de 
Venezuela, Documentos y Apéndice por Francisco Javier 
Yanes. — e). Historia contemporánea de Venezuela por el 
doctor Francisco González Guiñan. — f). Libros de Actas 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 149 

del Congreso de 1811.— g). Primera edición del Mapa Fí- 
sico y Político de Venezuela, escala al millonésimo. — h). 
Plano de Caracas de 1810. — i). Canciones patrióticas. — j). 
Actas y Trabajos del Primer Congreso Venezolano de Me- 
dicina. — k). Composiciones Musicales por Manuel L. Ro- 
dríguez. — 1). El Libro del Centenario con las reseñas de 
la conmemoración, conclusiones de los Concursos, etc., etc. 
— Artículo 18. El 17 de diciembre de 1910, aniversario de 
la muerte de Simón Bolívar, se celebrarán solemnes hon- 
ras fúnebres en la Santa Iglesia Metropolitana. — Artículo 
19. Eríjanse los siguientes Monumentos: — 1? Uno consa- 
grado a la gloria de Antonio Ricaurte, en el propio sitio 
donde murió heroicamente en San Mateo. — 2? En conme- 
moración de la Conferencia realizada en el pueblo 
de Santa Ana, para la regularización de la guerra, 
entre los Generales Bolívar y Morillo, y del voto de 
éste porque se alzara un monumento en el lugar en 
donde ambos Jefes se abrazaron, levántese una columna 
prismática en Santa Ana en la cual se colocará con ins- 
cripciones adecuadas, la piedra puesta por los oficiales 
republicanos y realistas para marcar el memorable sitio. 
— Artículo 20. Se crea una Medalla conmemorativa del 
Primer Centenario de la Independencia de Venezuela. — 
Artículo 21. Serán especialmente invitadas las Repúblicas 
de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, nuestras hermanas 
en la gloria de la Epopeya libertadora. — Artículo 22. A fin 
de dejar constancia de que la Revolución Emancipadora 
no rompió ni podía romper los vínculos que unen a Ve- 
nezuela con la Madre Patria, comuniqúese al Gobierno de 
la Nación Española el agrado con que Venezuela la vería 
representada en los actos a que se refiere el presente De- 
creto. — Artículo 23. En recuerdo de los servicios prestados 
a la Causa de la Independencia por la Gran Bretaña y 
Haití, invítese también especialmente a los Gobiernos de 
estas dos Naciones amigas a concurrir a la conmemora- 
ción del Centenario. — Artículo 24. El orden de las cere- 
monias será, conforme a programas especiales, el siguien- 



150 SEMBLANZA DEL 



te: 19 de abril de 1910. — Apertura de los Concursos indi- 
cados en el artículo 25. — Instalación de la Junta Central 
del Censo Nacional. — Ceremonia inicial de la reconstruc- 
ción del Panteón Nacional. — Iniciación de los trabajos pa- 
ra el edificio de la Biblioteca Nacional. — Colocación de la 
Primera piedra del edificio para operaciones quirúrgicas. 
2U de junio de 1910. — Apertura de los trabajos para el edi- 
ficio de la Oficina de Registro Principal y Archivo Nacio- 
nal. — Ceremonia inicial de los trabajos del edificio de Co- 
rreos y Telégrafos. — 5 de julio de 1910. — Apertura de la 
Academia Militar y de la Escuela Náutica. — Inauguración 
en La Guaira del Telégrafo inalámbrico.— Promulgación 
de veredictos recaídos en los concursos a que se refiere el 
artículo 25. — 2U de julio de 1910. — Solemne entrega a la 
Nación de la casa donde nació el Libertador. — 28 de octu- 
bre de 1910. — Apertura del Concurso de Industrias Rura- 
les. — Instalación del Ateneo. — 9 de diciembre de 1910. — 
Sesión inaugural de la Conferencia Telegráfica de las Re- 
públicas Latino-Americanas. — 17 de diciembre de 1910. — 
Solemnes Honras Fúnebres al Libertador en la Santa 
Iglesia Metropolitana. — 19 de diciembre de 1910. — Inau- 
guración de la Avenida "19 de Diciembre". — Apertura de 
la Exposición de Muebles Escolares. — P de enero de 1911. 
Inauguración del Edificio para la Biblioteca Nacional- 
Inauguración del edificio para operaciones quirúrgicas. — 
Instalación de la Escuela Normal. — 19 de abril de 1911. — 
Instalación en la capital del Congreso de Municipalidades. 
Inauguración del Panteón Nacional. — Apertura del Con- 
curso de Floricultura y Horticultura. — Inauguración del 
edificio para la Oficina de Registro Principal y Archivo 
Nacional. — Inauguración del edificio de Correos y Telé- 
grafos. — Apertura de la Exposición de Bellas Artes. — 24. 
de junio de 1911. — Instalación del Primer Congreso Ve- 
nezolano de Medicina. — Apertura del Concurso de Zootec- 
nia. — Inauguración del Monumento "Carabobo" en el Pa- 
seo Independencia. — Apertura del Concurso de Bellas 
Artes. — P de julio de 1911. — Instalación del Primer Con- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 151 

greso Boliviano. — 5 de julio de 1911. — Depósito del Libro 
de Actas del Congreso de 1811 en el Arca destinada a ese 
objeto y solemne investidura de la Llave de esa Arca al 
Presidente de los Estados Unidos de Venezuela. — Clausu- 
ra del Primer Congreso Boliviano. — Dedicación de la casa 
donde nació el Libertador. — Inauguración del Dique de 
acero de Puerto Cabello. — Inauguración de los Bustos y 
Monumentos. — 24. de julio de 1911. — Inauguración del Mu- 
seo Boliviano. — Artículo 25. Los Concursos para los pro- 
yectos y bocetos de las obras prescritas en los artículos 
2 9 , 4?, 8?, 19 y 20 del presente Decreto y para el Arca y la 
Llave requeridas por Decreto de 1? de enero de 1910, se 
abrirán por Resoluciones especiales el 19 de abril de 
1910. — Artículo 26. El Ministro de Hacienda y Crédito Pú- 
blico solicitará el Crédito Adicional requerido para la 
ejecución del presente Decreto y de los festejos y solemni- 
dades consiguientes. — Artículo 27. Se derogan todas las dis- 
posiciones anteriores contrarias a este Decreto. — Artículo 
28. Por los respectivos Despachos Federales se dictarán 
las Resoluciones complementarias al presente Decreto. — 
Dado, etc., etc., etc." 

Este Decreto fué expedido el 19 de marzo de 1910. Lo 
hemos insertado sin quitarle una coma, porque a su sim- 
ple lectura deducirá el lector que es una de las disposicio- 
nes gubernativas que más honran al Jefe de la Rehabili- 
tación, pues da una idea cabal de sus sentimientos de pa- 
triota y sus dotes de administrador. De la manera como 
él fué cumplido nos ocuparemos en el siguiente capítulo 
de la obra que venimos escribiendo y no nos dejarán men- 
tir los venezolanos y extranjeros que presenciaron las 
suntuosas festividades y actos solemnes con que se conme- 
moró el nacimiento de Venezuela a la vida del Derecho y 
de la Libertad. Baste por ahora consignar que el solo pen- 
samiento de la reunión del Primer Congreso Boliviano, dá 
méritos a nuestro biografiado que ninguno ni nadie osa 
discutir. Timbre espléndido de la Administración provi- 
sional que presidió el General Gómez hasta el 19 de abril 



152 SEMBLANZA DEL 



de 1910, es el Decreto en referencia y no tememos ofender 
su proverbial modestia al formular ese elogio justiciero 
que está muy lejos de ser una lisonja. 

El infatigable obrero del bien público no habría de 
descansar en su labor dignificante. Como si no fueran su- 
ficientes todos los trabajos que hemos enumerado para de- 
jar consagrado aquel lapso de Gobierno con el calificativo 
de excelente, quiso y logró hacer más y ordenó la cons- 
trucción de la Carretera macadamizada de Uracá a San 
Cristóbal, obra de gran necesidad que ha traido beneficios 
incalculables al intenso comercio y a la abundante rique- 
za agrícola de la Cordillera. Con el Decreto ordenando la 
construcción de esta carretera, expedido el 7 de abril; la 
disposición por la cual daba libertad a todos los detenidos 
por causa de orden público y la convocatoria a los Con- 
cejos Municipales de la República a concurrir por delega- 
ción al Congreso de Municipalidades que había de reunir- 
se en Caracas el 19 de abril del año siguiente, dio remate 
el General Juan Vicente Gómez, a la nunca bien alabada 
Administración que había venido dirigiendo a completo 
contentamiento de sus gobernados. El 19 de abril de 1910, 
en cumplimiento de lo ordenado por la Constitución, re- 
signó en el Presidente de la Corte Federal y de Casación 
el Gobierno Provisional de la República. Ese mismo día 
compareció ante los Representantes de la Soberanía Na- 
cional a dar cuenta de sus actos y de esa cuenta tomamos 
el siguiente párrafo que explica en sobrio concepto cómo 
Gómez, insigne guerrero, puede ser idólatra sincero de la 
paz: "Si bien yo he sido toda mi vida hombre de trabajo, 
he sido también, y por la Patria lo seré siempre, hombre 
de guerra y no se mostró el laurel esquivo a mi demanda. 
Pero para mí no hay gloria ni beneficio mayores que los 
de la paz : ella constituye por sí sola la suprema dicha 
de los pueblos, y no más que por ella y dentro de ella son 
realizables todos los anhelos del espíritu de progreso en 
las Naciones inteligentes. Aun para llegar, en los casos 
extremos en que el curso histórico de los sucesos puede 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 153 

determinar, a la fuerza requerida para arrancar de los 
azares de la guerra la gloria y la seguridad nacionales, es 
necesaria una larga preparación en el orden, la paz y la 
disciplina social. ¡ Que sea un halago para nuestro patrio- 
tismo, Ciudadanos Legisladores, la esperanza de una paz 
permanente y fecunda!" 

Asi hablaba en aquella ocasión y así ha hablado a 
toda hora, el General que ha recorrido el país entero du- 
rante 19 meses de magistral campaña, entre los acordes 
de una sola diana triunfal. Y es que, expuesto el pecho 
valiente como blanco a los disparos enemigos de La Puer- 
v ta, venciendo en Urucure a la cabeza de un puñado de 
hombres a centenares de contendores sin miedo, vertien- 
do sangre generosa frente a los bastiones de Carúpano 
para felicidad de la Patria, arrollando en La Victoria con 
las puntas de sus bayonetas a todo lo que se le atravesaba 
en el camino, decidiendo la sangrienta jornada de El Gua- 
po en una carga formidable, cayendo sobre Barquisimeto 
en hábil maniobra que desconcertó al adversario, asaltán- 
dolo en Matapalo, destruyéndolo y realizando el estupen- 
do ataque a fondo con que expugnó a Ciudad Bolívar, el 
General Juan Vicente Gómez no buscaba las glorias des- 
lumbrantes del guerrero sino la paz para sus conciuda- 
danos, porque en conformidad con lo que expresa en su 
Mensaje al Congreso de 1910, él sabe que no existe gloria 
mayor que la de hacer dichosa a la Patria por la unión de 
todos sus hijos trabajando por su engrandecimiento. 

La totalidad de los Senadores y Diputados, en su ca- 
rácter de electores por mandato de sus representados, cu- 
ya voluntad se preparaban a interpretar eligiendo Presi- 
dente Constitucional de la República para el período de 
1910 a 1914, al ciudadano que contaba con el voto de todos, 
tuvieron antes oportunidad de impartir otra grande y 
merecida recompensa a ese mismo ciudadano. 

El Presidente de la Corte Federal y de Casación, En- 
cargado del Poder Ejecutivo Federal, dirigió el siguiente 
Mensaje Especial al Congreso, solicitando con sobrada jus- 



154 SEMBLANZA DEL 



ticia aquella recompensa, para el primero y más conspicuo 
de los Generales de la República: "Ciudadanos Senado- 
res. — Ciudadanos Diputados. — Os saludo respetuosamen- 
te. — Un pensamiento simpático, que existe en la mayoría 
del pueblo de Venezuela, motiva este Mensaje Especial, 
que, no dudo, habréis de recibir con la más efusiva com- 
placencia. — El Art. 68 del Código Militar autoriza para 
conferir el ascenso a los grados de General de División y 
de General en Jefe, siempre que con ellos hayan de re- 
compensarse servicios distinguidos y acciones sobresa- 
lientes. — El General Juan Vicente Gómez se ha hecho 
acreedor al último de dichos grados, — que es el más alto 
en la gerarquía militar de Venezuela, — por una brillante 
plana de servicios y por méritos particulares, que lo han 
llevado, apenas al promediar de la existencia, a las más 
levantadas cumbres de la vida pública. — Sólo desde 1892 
hasta 1903, el General Gómez, ya actuando como Jefe de 
Estado Mayor, ya como Jefe de Operaciones, se ha encon- 
trado victorioso en 29 hechos de armas, clasificados en 17 
combates, 4 sitios y 8 batallas campales. Pero además de 
estos envidiables éxitos que acreditan su gran pericia 
militar, en su persona se reúnen, de manera primorosa, 
las cualidades necesarias para que, al frente de un ejérci- 
to, sea garantía de los intereses públicos y privados, y 
custodia de la honra nacional. La organización de los 
ejércitos, en las épocas primeras de la civilización, no 
tuvo por objeto, como algunos lo han creído, hacer una 
vana ostentación de fuerza y de poder; nó: el ejército es 
el guardián de los fueros de la Patria; el centinela del ho- 
nor y del deber; el defensor del derecho, de la justicia y 
de la libertad. § Un ejército desenfrenado y licencioso po- 
drá llamarse una pandilla de foragidos; pero jamás el re- 
presentante de la dignidad de una Nación. — Por eso, quie- 
re la Ciencia militar, y así lo ordena nuestro Código de la 
materia en su artículo 51, que los ascensos en la milicia 
no se concedan sino a individuos que reúnan, entre otras, 
las cualidades de valor, inteligencia, hechos de armas dis- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 155 

tinguidos, moralidad, etc. Y quién no admira en nuestro 
ilustre compatriota, no sólo ese valor altísimo que, con 
animosidad insuperable avanza en los peligros hasta ob- 
tener el éxito, sino ese otro valor sublime que se mani- 
fiesta por una serenidad extrema en aquellas situaciones 
de suyo difíciles, en que los corazones más enteros se in- 
mutan y las resoluciones más firmes se quebrantan? Y a 
la altura de su valor, está el sentimiento de su dignidad, 
que lo ha exhibido siempre al frente de los ejércitos, como 
una garantía de vidas, honras y fortunas; incapaz de man- 
cillar su nombre con hechos ilícitos, ni consentidos en sus 
subalternos, ni mucho menos ejecutados por su propia au- 
toridad. — Consecuencia de tan hermosas prendas son la 
generosidad y la nobleza que lo distinguen. La guerra, no 
porque sea guerra, no tiene también sus leyes de decoro 
y sus principios de humanidad. Todo lo que extralimi- 
ta esas leyes o infringe esos principios, tiene carácter de- 
lictuoso, que la victoria misma no es capaz de borrar y 
que viene a ser una mancha para el laurel del triunfo. 
Las campañas últimamente realizadas en el País por el 
General Gómez, ponen también de manifiesto sus gran- 
des conocimientos en la táctica y en la estrategia, los 
cuales corona admirablemente con una portentosa acti- 
vidad. La actividad, en la guerra, encadena el triunfo. 
Los peligros disminuyen ante la diligencia, y la pron- 
titud evita sacrificios y hace ganar batallas sin sangre ni 
ruina. 1 Un buen general, que aspira a orlar sus sienes con 
laurel de gloria; que tiene en cuanto vale el bien público, 
y que es atraído hacia los campamentos por la noción del 
deber, y no por satisfacer un espíritu de crueldad y de 
odio, será siempre activo en sus operaciones, como ha de 
ser reposado en aquellas deliberaciones extremas en que 
se compromete su nombre, el nombre de su ejército y el 
nombre de su Nación. Por último, el General Gómez 
ha sido en su carácter de Presidente de los Estados Uni- 
dos de Venezuela y por virtud de un mandato consti- 
tucional, el Jefe Supremo de los Ejércitos de la Repú- 



156 SEMBLANZA DEL 



blica. — Todas esas consideraciones hacen al General Juan 
Vicente Gómez acreedor al Titulo de General en Jefe 
del Ejército Nacional; y como es al Congreso a quien 
corresponde conferirlo, en virtud de la facultad 25? del ar- 
tículo 57 de la Constitución Nacional, asi lo pido, en nom- 
bre de la autoridad que represento, e interpretando un 
sentimiento público de la Nación. — Caracas: 21 de abril 
de 1910. — Emilio Constantino Guerrero". 

El Congreso votó unánimemente un Acuerdo en su 
sesión del 25 de abril de 1910, confiriendo el grado de Ge- 
neral en Jefe de los Ejércitos venezolanos, al eximio Pa- 
cificador de la República. El Alto Cuerpo dio una prueba 
de acierto elevando a aquel rango supremo del escalafón 
militar al General Juan Vicente Gómez, pues él tenía ya 
desde 1903 ejecutorias muy valiosas para obtenerlo, y si 
este deber no lo cumplieron antes los miembros de la re- 
presentación nacional, sin duda que se debió a que en el 
régimen pasado nunca habían tenido libertad para ac- 
tuar. ¿Quién con más méritos para lograr aquel grado que 
el vencedor en las ocho batallas campales de que habla el 
Mensaje Especial del doctor Guerrero, a la sazón Encar- 
gado de la Presidencia de la República? Ninguno, sino 
el impetuoso veterano que había sabido hacer de nues- 
tras tropas colecticias, cuerpos disciplinados que pudie- 
ron ejecutar sus órdenes en el magnífico ataque a fondo 
de Ciudad Bolívar, hazaña guerrera que en todo tiempo 
registrará la historia militar de Venezuela como un mo- 
delo de cuanto puede la pericia y el valor de un general. 
Las insignias del alto mando siempre las ha llevado y las 
llevará con honor y con gloria este heroico adalid. 

A los dos días de haber expedido el Congreso de la 
República aquel justiciero Acuerdo,? esto es, el 27 de abril 
de 1910, se reunió para elegir el Presidente Constitucional 
de los Estados Unidos de Venezuela en el período que co- 
menzaba aquel año y terminaría en el de 1914. La una- 
nimidad de los votos eligió al General Juan Vicente Gó- 
mez, para que desempeñara el Supremo Cargo y la vo- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 157 

luntad de los pueblos, tan fielmente acatada por sus dele- 
gados, quedó satisfecha. Por tanto, la elección fué reci- 
bida con la aprobación universal de los venezolanos. El 
Congreso quiso hacerse eco de esa aprobación y de la gra- 
titud de sus comitentes hacia el Jefe de la Causa Reha- 
bilitadora y en su sesión del día 28 de abril enunció el 
pensamiento de acordar una "Medalla de la Gratitud Na- 
cional" para dedicarla al General Gómez, pero no llegó a 
dar forma al patriótico pensamiento, porque el Magistra- 
do electo, dando un elocuente testimonio de la pureza de 
sus sentimientos republicanos, le dirigió la siguiente co- 
municación: "Caracas: 29 de abril de 1910. — Ciudadano 
Presidente del Congreso Nacional. — Presente. — Ha llega- 
do a mi conocimiento la noticia de que cursa en ese Au- 
gusto Cuerpo un proyecto de Acuerdo por el cual se me 
distingue con una medalla, como expresión de la gratitud 
nacional por mi conducta del 19 de diciembre en reivin- 
dicación de los derechos y fueros de la República, — No 
puedo menos que agradecer intimamente el espontáneo y 
noble propósito; pero asimismo me permito manifestar 
a usted y por su órgano al Congreso Nacional, la imposi- 
bilidad de aceptar semejante distinción, que si bien muy 
honorífica, ni se aviene con mis sentimientos netamente 
republicanos, ni se acuerda con mi índole, profundamente 
opuesta a manifestaciones de este linaje. — Soy de usted 
atto. servidor y amigo". 

En este documento se revela, tal cual es, la índole 
modesta de nuestro biografiado, que no gusta de más hono- 
res y dignidades que los que le impone aceptar la salud de 
la Patria» El grado de General en Jefe era de éstos y no 
pudo rechazarlo, pues los contingentes armados de la 
República lo necesitaban al frente de ellos para garantizar 
la paz. Fué ésta la razón poderosa que lo movió a acep- 
tarlo y a no proceder de la misma manera respecto a la 
Medalla que quería conferirle el Congreso. 

El 3 de junio de 1910 prestó la promesa de ley ante 
el Soberano Cuerpo que lo había elegido y previo el acto 



158 SEMBLANZA DEL 



de trasmisión del Poder, entró en ejercicio de la Presiden- 
cia Constitucional de Venezuela. 

Finalizamos este Capítulo de la Semblanza del Gene- 
ral Juan Vicente Gómez, con el párrafo último de la Alo- 
cución que dirigió a los venezolanos al tomar posesión de 
la Primera Magistratura: "Compatriotas! — Al inaugurar- 
se esta era constitucional de paz digna y esforzada labor 
administrativa, hagamos nuestra la hermosa fórmula del 
eminente Abraham Lincoln : En el nombre de Dios y de los 
pueblos !-\,Caracas: 3 de junio de 1910.— J. V. GÓMEZ". 

Vamos a narrar en el Capítulo siguiente, cómo en el 
nombre de Dios y de los pueblos el insigne patriota man- 
tuvo la paz y dirigió una Administración que nos ha ser- 
vido de ejemplo para errar lo menos posible en nuestra 
condición de obreros de la Causa Rehabilitadora. 



CñPÍTULO XI 



CAPITULO XI 



SUMARIO 

Sinopsis del período administrativo de 1910 a 191k — Este 
se inicia con el Decreto de Carreteras para los Esta- 
dos de la Unión. — El General Gómez dispone cuáles 
serían las materias de que se ocuparía el Congreso 
Boliviano.- — Se inicia la celebración del Centenario 
de la Independencia. — Instalación del Congreso de 
Municipalidades. — Trabajos importantes que efectuó 
este Congreso. — Carreteras entre Caracas y Guatire y 
entre Cumaná y Cumanacoa. — El Senado autoriza al 
General Gómez para que acepte dos Condecoracio- 
nes extranjeras. — Llegada a Caracas de las Delega- 
ciones y Embajadas de los pueblos invitados al Cen- 
tenario. — Recepción solemne de éstas. — Párrafos de 
las palabras cruzadas entre el General Gómez, el 
Embajador de Colombia y el Representante del Con- 
greso Boliviano en aquella recepción. — Principales 
ceremonias y actos conmemorativos del Centenario. 
El General Gómez cumple su Decreto acerca de la 
celebración del Centenario. — Carta del General Gó- 
mez al Embajador ecuatoriano. — Comentarios. — Ad- 
quisición de Miraflores para residencia de los Pre- 
sidentes de Venezuela. — Acuerdo del Congreso dan- 



162 SEMBLANZA DEL 



do un voto de solidaridad y de aplauso al General 
Gómez. — Resumen de los éxitos administrativos lo- 
grados desde mayo de 1911 hasta marzo del año si- 
guiente. — Recepción del Secretario de Estado de la 
gran República Norteamericana. 

Es durante el período de 1910 a 1914 cuando el Gene- 
ral Gómez efectúa de manera cabal el resurgimiento del 
organismo de la Nación. Su obra como Jefe del País ad- 
quiere consistencia de granito al discurrir de esos cuatro 
años de Gobierno. Al separarse del ejercicio del Poder 
Civil, a mediados de 1913, para ir a dar nueva prueba de 
que es el custodio siempre alerta de la estabilidad de la 
paz, está ya definitivamente consagrado como el máximo 
obrero del bienestar de Venezuela y el primer ciudadano 
de la República. Ha sido parco en formular promesas, 
pero ha hecho infinitamente más de lo que ha prometido 
y por eso los pueblos le tienen una fe ciega y, ora esté de 
facción en su tienda de guerrero, rodeado de su fiel Ejér- 
cito, para garantizar el sosiego público, ora bajo el solio 
capitalino para cridar de que aumenten en vez de decre- 
cer las conquistas de la Rehabilitación Nacional, su auto- 
ridad es gustosamente acatada por cuantos son hombres 
de bien y temida por los malhechores de diverso linaje, 
cuya noción de la cosa pública es más que menos la que 
practican los zánganos al vivir en el panal de la miel pro- 
ducida por las abejas industriosas. 

La vida del General Juan Vicente Gómez, en el trans- 
curso de tiempo a que nos vamos a referir, es la historia 
de la más intensa época de progresos positivos que haya 
disfrutado Venezuela. Vías de comunicación, facilidades 
para el trabajo, higiene y embellecimiento de las ciudades, 
fundación con capitales venezolanos de empresas como el 
Lactuario de Maracay, explotación en grande escala de las 
riquezas naturales del país, transformación de nuestras 
antiguas montoneras en Ejército culto y disciplinado, mo- 
dernización de los métodos de enseñanza, siendo ésta di- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 163 

fundida hasta en los más insignificantes caserios de la Re- 
pública, aplicación práctica del principio que manda a 
buscar los hombres para los empleos y no a los empleos 
para los hombres,lquedando consecuentemente proscritos 
de las Oficinas públicas los funcionarios prevaricadores, 
guerra sin cuartel a la vagancia y una larga serie de ade- 
lantos, así morales como materiales, fueron las huellas 
luminosas dejadas por nuestro biografiado a su paso por 
el Poder. \ Guiados por esa luz no erramos al escribir estas 
páginas. 

Una de las primeras disposiciones del General Gó- 
mez en el período constitucional que entró a presidir, fué 
decretar carreteras para los Estados de la Unión. Era 
ésta la manera como se iniciaba aquella Administración 
que se ocupó en realizar el auténtico progreso de la Pa- 
tria, fiel al credo de la Rehabilitación Nacional. 

Consecuencia de este Decreto fué el que expidió el 4 
de febrero de 1911, por el cual ordenaba la construcción 
de una Carretera entre Motatán y la ciudad de Trujillo, 
vía de tráfico que debía pasar por los lugares denomina- 
dos "Pampanito" y "La Plazuela". 

Próxima como estaba ya la fecha de la reunión del 
Congreso Roliviano, el General Gómez dispuso el 1? de 
octubre, fijar las materias de que se ocuparía el Alto Cuer- 
po, y éstas fueron: Convención para disminuir el porte 
de la correspondencia entre las cinco Naciones; Conven- 
ción para una tarifa telegráfica mínima entre las cinco 
Naciones; creación de una Junta Nacional en cada país 
encargada de recopilar y publicar todos los documentos 
inéditos referentes a las cinco Naciones, durante el perío- 
do de 1808 a 1830, sufragando los gastos las Naciones res- 
pectivas y haciendo el canje correspondiente; estudiar el 
modo de hacer más rápidas las comunicaciones terrestres 
y marítimas entre las cinco Naciones; recomendar el modo 
más ventajoso y práctico de uniformar las atribuciones 
de los cónsules respectivos; examinar aquellos puntos de 
Derecho Internacional Privado cuya interpretación sea 



164 SEMBLANZA DEL 



hoy divergente o indicar el modo de unificarlos; recomen- 
dar el arreglo pacífico de todas aquellas cuestiones pen- 
dientes o que puedan presentarse entre las cinco Repú- 
blicas; e indicar el procedimiento más rápido y sencillo 
para la extradición de criminales que pudiera ponerse en 
práctica inmediatamente, mientras se celebraban los con- 
venios respectivos. 

Entre estas materias, todas de utilidad manifiesta pa- 
ra los cinco pueblos hechos Patrias libres por el Genio de 
nuestro Libertador, se destaca por su vital interés y tras- 
cendencia, la de recomendar el arreglo pacífico de toda 
cuestión existente o que pudiera suscitarse en las relacio- 
nes de las cinco Repúblicas hermanas. Poner las bases 
del futuro y definitivo acercamiento de Bolivia, el Perú, 
Ecuador, Colombia y Venezuela por un vínculo estrecho 
de fraternidad como éste, era y ha sido interpretar con 
pensamiento fiel las ideas grandiosas del Vidente Surame- 
ricano. En esa alianza ha quedado contenida y presto a 
dar frutos riquísimos de solidaridad continental, el ger- 
men de unión y de poderío que depositó un día en la tie- 
rra de Balboa, — fecundado por las aguas de dos mares in- 
mensos y plasmado por su espíritu creador, — la mente 
portentosa de Simón Bolívar. 

El año de 1911, en que se cumplía el primer Centena- 
rio de nuestra Independencia, encontró a Venezuela en 
pleno proceso de mejoramiento, debido a la incansable ac- 
tividad del General Gómez, que había centuplicado sus 
esfuerzos para hacer que su Patria y su período adminis- 
trativo culminasen, al celebrarse el magno acontecimien- 
to que nos dio vida libre y derechos de ciudadanos. 

El 19 de abril de este año se efectuaron dos de los ac- 
tos iniciales del Centenario : el Instituto Oficial de Náuti- 
ca arribó al puerto colombiano de Santa Marta en uno de 
los buques de la Armada Nacional a visitar la Quinta de 
San Pedro Alejandrino, como un homenaje de respeto y 
de veneración a la memoria del Libertador en los últimos 
días de su existencia, y a depositar una corona de inmor- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 165 

tales en la tumba bajo la cual habían reposado los restos 
augustos del Héroe Suramericano. En la noche de ese 
mismo día se instaló con la mayor solemnidad el Congre- 
so de Municipalidades convocado por el General Juan 
Vicente Gómez e ideado por él para dar un testimonio del 
interés que le inspira la multisecular institución, manda- 
taria inmediata de la voluntad popular. El estuvo pre- 
sente en el acto y lo presidió. Fué éste el mejor homena- 
je rendido a la memoria de los patricios del Ayuntamien- 
to de Caracas, que en 1810 proclamaron a la faz del mun- 
do el derecho que tenía la América de origen hispano a 
regirse por gobiernos propios. 

Este Congreso enriqueció nuestra legislación muni- 
cipal, con muchos y muy buenos trabajos de índole prác- 
tica y tendientes a fortalecer el organismo de las adminis- 
traciones locales, trabajos que se redactaron en forma de 
Acuerdos y de Memorias. Para darle cuenta al Congreso, 
acerca del particular, el General Gómez le envió un breve 
Mensaje Especial, cu) t o párrafo final dice : "Entre tanto, 
al haceros esta participación os envío mis más cordiales 
parabienes por este gran suceso, que considero digno de 
los magníficos días que se conmemoran y que es el prime- 
ro de su género que habrá de registrar la Historia del Con- 
tinente Americano". 

El 10 de mayo, dio también cuenta al Alto Cuerpo de 
la manera como había ejercido el Poder público en el año 
administrativo que finalizaba. En el documento respec- 
tivo constan todos los actos con que el General Gómez ha- 
bía cumplido durante aquel año, las promesas formuladas 
en el Programa de Diciembre. 

El 24 de junio del año a que nos venimos refiriendo, 
expidió el General Gómez su decreto ordenando la maca- 
damización de la carretera entre Caracas y Guatire, vía 
de comunicación que atraviesa comarcas muy ricas del 
centro del país y que ha venido a convertirse no sólo en 
obra de incuestionable utilidad sino también de ornato, 
pues es constante el movimiento de pasajeros que la tran- 



166 SEMBLANZA DEL 



sitan como paseantes, por la facilidad con que se trans- 
portan en breves horas de una a otra ciudad. Ese mismo 
día decretó también el General Gómez la carretera de 
Cumaná a Cumanacoa, arteria de primer orden para el 
tráfico del Oriente de la República. 

Su Majestad el Rey de España y el Excelentísimo Se- 
ñor Presidente de la República de Chile, habían conferido 
a nuestro biografiado, respectivamente, las condecoracio- 
nes de Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica y 
"Al Mérito". El Senado en sus sesiones de aquel año acor- 
dó autorizar al General Gómez para que aceptara ambas 
Condecoraciones. 

Al contestar el General Gómez a las felicitaciones de 
las corporaciones oficiales en la recepción del 1? de enero, 
les había dicho: "Al abrirse este año de 1911 tengo que re- 
cordaros que nos acercamos a la primera centuria de nues- 
tra Independencia Nacional; y es ésta la ocasión de pedi- 
ros vuestro contingente para que la fiesta que vamos próxi- 
mamente a celebrar sea tan brillante y extraordinaria 
como la gloria y el patriotismo de los egregios fundadores 
de la República". 

Era que el pensamiento del incansable trabajador es- 
taba dedicado con ahinco a la noble empresa, desde que 
concibió su magnífico Decreto del 19 de marzo del año an- 
terior, que se lee íntegro en el Capítulo X de esta obra. A 
la calurosa y patriótica excitación atenderían todos los 
funcionarios y corporaciones públicas y rodearían al dig- 
no Magistrado con la decisión y actividad necesarias. 

La celebración del Centenario de nuestra Indepen- 
dencia, constituyó la más alta ofrenda que podían tribu- 
tar la Patria y el Conductor de sus destinos a la memoria 
del Libertador, de la pléyade de héroes que lo acompaña- 
ron a realizar la sublime obra redentora y al recuerdo de 
aquellos insignes varones del Constituyente de 1811, en- 
tre quienes se destaca, majestuosa y severa, la figura del 
Precursor. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 167 

El Decreto aludido fué cuidadosamente ejecutado por 
su propio autor, el General Juan Vicente Gómez. Desde 
los últimos días de junio de 1911, comenzaron a llegar a 
Caracas las Delegaciones y embajadas de los pueblos ami- 
gos invitados para la grandiosa solemnidad. 

España no desatendió el especial llamamiento que se 
la hizo para que viniera a compartir en el hogar de la hija 
emancipada, los regocijos con que se exhibiría ante el 
mundo al cumplir cien años de haberse proclamado libre. 
Un descendiente de aquel formidable Caudillo ibero — a 
quien no negaron nuestros antepasados el cognomento de 
Pacificador, después de la Entrevista de Santa Ana — vino 
a demostrar la existencia de esa Atlántida ideal que pro- 
longa las fronteras espirituales de la Península hasta las 
playas que llevan el nombre de Magallanes. Filial fué el 
recibimiento que hicieron el General Gómez y sus compa- 
triotas a esta Embajada de la Madre Patria. 

El 30 de junio y en el Salón Elíptico del Palacio Fe- 
deral, recibió el General Gómez en acto solemne a los 
Excelentísimos Señores Embajadores de Colombia, Espa- 
ña, Bolivia, Ecuador, Perú y Estados Unidos de América; 
a los Excelentísimos Señores Representantes en las fiestas 
de nuestro Centenario, de Bélgica, Chile, Brasil, Italia, 
Haití, República Argentina, Cuba, Alemania, al Honora- 
ble Señor Delegado de México; a los Excelentísimos Seño- 
res Miembros del Congreso Boliviano; al Excelentísimo 
Señor Ministro de España y al Excelentísimo Señor Mi- 
nistro de los Estados Unidos de América, estando presen- 
tes los respectivos personales de las Representaciones Di- 
plomáticas. 

De las palabras cruzadas entre el Excelentísimo Se- 
ñor General Ramón González Valencia, Embajador de 
Colombia y Decano del Cuerpo Diplomático, quien habló 
a nombre de los Embajadores y Ministros allí congrega- 
dos, el Excelentísimo Señor Doctor N. Clemente Ponce, 
quien a su vez lo hizo a nombre del Congreso Boliviano, y 
el General Juan Vicente Gómez, atañe a la índole de este 



168 SEMBLANZA DEL 



trabajo biográfico, insertar los siguientes párrafos: "Los 
paises amigos, a quienes Sus Excelencias los Embajadores 
y Ministros aquí reunidos, y yo, representamos, os saludan, 
ciudadano Presidente, y saludan en vos a toda la Nación 
Venezolana, gloriosa cuna de los Libertadores de medio 
mundo". "Nunca ha habido una ocasión y un lugar más 
oportunos que el día del Centenario de la declaratoria de 
absoluta independencia y la cuna y la tumba de Bolívar 
para que las Naciones aquí representadas, inspirándose 
en sus nobles ideales, y guiadas por la verdad, la honra- 
dez y la hidalguía, se den estrecho y fraternal abrazo y 
sigan por el camino de honor y de progreso que con pa- 
triotismo y unión tienen abierto. Plegué al cielo que estos 
anhelos — que son los de todas las Naciones a quienes me 
cabe la altísima y singular honra de representar en este 
instante — se realicen; y que vos, ciudadano Presidente, 
que habéis tenido la gloria de presidir la festividad del 
Centenario, tengáis también la de haber cimentado sobre 
firmes bases de lealtad y de justicia la perpetua paz y la 
amistad sincera de las Naciones que con tan efusivos y 
cordiales sentimientos concurren hoy a compartir vues- 
tros gloriosos regocijos" (*) 

"Aquí estamos nosotros, Excelentísimo Señor Presi- 
dente, los Representantes de Boíivia, Colombia, Perú y 
Ecuador, con los poderes necesarios para secundar los 
levantados propósitos del Gobierno de V. E.; y al poner 
en vuestras manos las Cartas Autógrafas que nos acredi- 
tan en tan honrosa representación, a nombre de nuestros 
respectivos pueblos y Gobiernos saludamos con fraternal 
afecto al Gobierno y Pueblo venezolanos : agradecemos la 
exquisita delicadeza del recibimiento y de los agasajos 
con que nos honran: aplaudimos los notorios progresos 
que alcanzaron en el primer siglo de su vida independien- 
te; y les presentamos nuestros votos porque cada día sean 
mayores los que glorifiquen su porvenir, junto con el de- 



(*) Párrafo de las palabras del Embajador de Colombia. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 169 

seo de que la obra del Primer Congreso Boliviano corres- 
ponda a las justas exigencias de los intereses comunes de 
las cinco Repúblicas hermanas, no menos que a la alteza 
de la iniciativa de V. E., que en la historia americana os 
será, sin duda, de especialísimo título de muy honroso y 
singular merecimiento". (*) 

"En estos días de íntimo regocijo para Venezuela, 
pláceme reafirmar mi constante propósito de armonía con 
las demás Naciones, de segura garantía a cuantos intere- 
ses se radiquen en nuestro suelo y de noble aspiración a 
que mi Patria sea cada vez más acreedora a la considera- 
ción y al respeto de los demás pueblos de la tierra. Es así 
como mejor interpretamos el pensamiento trascendental 
de los fundadores de nuestra Nacionalidad, y al expresar- 
lo así a vos, ilustre servidor de vuestra noble Patria, la más 
próxima hermana de la nuestra, y cuya más alta curul ha- 
béis brillantemente ocupado, hago votos por la dicha de 
los pueblos y de los Jefes de Estado, cuya representación 
merecidamente lleváis". (**) 

"En nombre de Venezuela acojo los votos que formu- 
láis por su dicha y prosperidad; y a mi vez los hago por 
las Repúblicas que representáis, y al recibir vuestras cre- 
denciales, espero que en el Congreso Boliviano seréis fie- 
les intérpretes de las aspiraciones de nuestros pueblos y 
de la grandiosa idea que brilló en los albores de la Gran 
Patria Americana, y en la que se halla envuelto el supre- 
mo interés de nuestras Nacionalidades". (***) 

Esta ceremonia fué imponente y puede formarse con- 
cepto de su importancia por las palabras que hemos in- 
sertado. El General Gómez, en aquella recepción memo- 
rable, habla el lenguaje que conviene a su eminente pa- 
triotismo y bien sabemos cómo ese propósito de armonía 



(*) Párrafo de las palabras del Representante del Congreso Boliviano. 

(**) Párrafo de las palabras del General Gómez en contestación al Em- 
bajador de Colombia. 

(***) Párrafo de las palabras del General Gómez en contestación al 
Representante del Congreso Boliviano. 



170 SEMBLANZA DEL 



con las demás Naciones lo ha venido cumpliendo con la 
mayor fidelidad hasta los días que discurren. 

Las principales ceremonias y actos conmemorativos 
del Centenario fueron: la Recepción de Embajadores, Re- 
presentantes Extranjeros y Delegados al Congreso Boli- 
viano a que acabamos de referirnos; la Procesión Cívica 
al Panteón Nacional, en donde el General Gómez ofren- 
dó una corona al Padre de la Patria; la Instalación del 
Congreso Boliviano y sus sesiones subsiguientes; la Inau- 
guración de la Estatua del Libertador ofrendada por la 
Colonia Siria; la Inauguración del Monumento a Ricaurte 
en San Mateo del Estado Aragua; la Inauguración de la 
magnífica Avenida "Diez y nueve de Diciembre"; la Ofren- 
da del General Gómez ante la Estatua de Washington; la 
sesión solemne del Congreso Nacional; la Inauguración 
del Edificio destinado al Telégrafo; la colocación de las 
primeras piedras de los Monumentos decretados a Camilo 
Torres y Alejandro Petión; la Revista Militar. Estos actos 
y ceremonias unidos a otros muchos más, todos esplén- 
didos, constituyeron el homenaje altísimo que el General 
Juan Vicente Gómez, secundado por sus gobernados, tri- 
butó en recuerdo del hecho insigne por el cual somos y 
seremos siempre ciudadanos de una Patria soberana y 
libre. 

Desde el 19 de abril de 1910 hasta el 24 de julio del año 
siguiente, fué cumplido en todas sus partes el trascenden- 
tal Decreto expedido por el General Juan Vicente Gómez 
el 19 de marzo del primero de los años citados; Decreto 
que ya ha leído íntegro el lector, en el Capítulo X de esta 
obra. 

Fortuna fué para Venezuela que al rendirse en el 
trascurso del tiempo los primeros cien años de su vida in- 
dependiente, estuviera al frente de sus destinos el Magis- 
trado cuya semblanza escribimos. ^> 

Hemos hablado de la fortuna, y por natural asociación 
de ideas, esta palabra nos sugiere una consideración: la 
de cómo se hubiera verificado el Centenario de nuestra 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 171 

Independencia si en vez del régimen iniciado en diciem- 
bre de 1908 hubiera estado imperando el discrecional y ab- 
soluto régimen anterior. A la verdad que no hubieran 
venido a compartir con nosotros los santos regocijos de 
nuestro patriotismo algunos de los huéspedes ilustres que 
llegaron a Caracas con tal objeto. Ni de los Estados Uni- 
dos de América ni de la hermana Colombia habrían en- 
viado las lucidas Embajadas que, junto con las demás de 
igual rango y los Piepresentantes Extranjeros, delegados 
al efecto, tanto contribuyeron a la magnificencia de nues- 
tro gran Centenario. Ni el Congreso Boliviano — pensa- 
miento feliz debido sólo a la mente atinada del General 
Gómez — se habría verificado. Ni la sociedad venezolana, 
mal hallada con la extinguida dictadura, hubiera presta- 
do todo el contingente de su entusiasmo y de sus recursos 
para colaborar como colaboró con el Héroe de Diciembre, 
a fin de que fueran grandiosas las fiestas que se celebra- 
ron en los dos años evocadores. 

Fortuna fué, en consecuencia, para Venezuela — debe- 
mos repetirlo — que estuviera sentado en el Solio Presi- 
dencial un ciudadano de los méritos del General Juan Vi- 
cente Gómez, ^en el preciso momento en que las alboradas 
del 19 de Abril de 1910 anunciaban al mundo de los pue- 
blos libres que esta Patria había vivido un siglo, un siglo 
de vida absolutamente autónoma. 

Lejos de nosotros está la creencia de que el acaso, o 
mejor dicho, el concurso fortuito de las circunstancias es 
la única fuerza que domina en el desenvolvimiento de los 
destinos humanos. No juzgamos a la fortuna según la de- 
finición clásica de que es ésta el poder desconocido de 
quien sólo nos es dado saber que preside a los sucesos de 
la vida, distribuyendo ciegamente los bienes y los males 
terrenos. Profesamos otra doctrina filosófica y de ahí que 
hayamos citado a la deidad esquiva de que hablan los poe- 
tas, al trazar estos párrafos de la semblanza del General 
Gómez, y de ahí que hayamos escogido esta fecha para la 
publicación del presente libro. 



172 SEMBLANZA DEL 



¿Acaso no nos dá esta misma narración que venimos 
haciendo, un ejemplo evidente de lo que es la fortuna? 

Nace nuestro biografiado en San Antonio del Táchira 
— la ciudad que denominó el Libertador: "noble y muy he- 
roica villa" — y nace precisamente el 24 de julio, la fecha en 
que vio por primera vez la luz del esplendoroso sol ameri- 
cano aquel creador de Naciones. ¿Será aventurado decir 
que fué ésta una revelación del ulterior destino del General 
Juan Vicente Gómez? El arma y equipa, al pasar los años, 
una hueste escasa numéricamente, pero rica en heroísmo 
y en patrióticos propósitos, y viene conduciéndola — como 
su nervio y su brazo que fué — hasta Caracas, en cinco 
meses de fulmínea campaña. El salva a poco a su Patria 
del furor de la anarquía pacificándola en 19 meses de ti- 
tánica lucha. Da luego infinitos testimonios de grandeza 
de alma y de abnegación, hasta el grado de que sus con- 
ciudadanos ponen en él todas sus esperanzas durante un 
lustro de despotismo. Proclama la rehabilitación de Ve- 
nezuela meses antes de advenir el Centenario de su Inde- 
pendencia y a él es a quien corresponde la gloria de go- 
bernar a su pueblo, — redimido ya de todo linaje de domi- 
nio, — en estos 15 meses y cinco días que transcurren desde 
el 19 de abril de 1910 hasta el 24 de julio de 1911, entre los 
más nobles regocijos y las más suntuosas fiestas de la 
Patria. 

Quizás el lector, al comenzar a leer las breves páginas 
que acabamos de escribir, las conceptuó como una digre- 
sión; pero a poco de reflexionar, al concluir su lectura, 
compartirá con nosotros <el pensamiento de cómo el Ge- 
neral Juan Vicente Gómez, fué, no el favorito de la For- 
tuna sino su conquistador, ipara tener el derecho de ser 
entre los venezolanos quien presidiera a la Nación en la 
época del Centenario de su Independencia. 

El 4 de julio, día muy grande también entre los fastos 
americanos y en la víspera de cumplirse un siglo justo de 
nuestra más gloriosa efemérides, el General Gómez diri- 
gió una carta al Embajador de la República ecuatoriana. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 173 

contestación a otra que éste le enviara, y de aquella carta 
tomaremos el párrafo siguiente: "Quiera el cielo per- 
mitir que la institución del Congreso Boliviano sea fecun- 
da en beneficios para las cinco Repúblicas. Ha pasado ya 
la época de los juveniles devaneos. El progreso nos abre 
sus horizontes luminosos. El goce feliz de la existencia 
nos reclama cordura, seriedad y patriotismo. Nuestras 
cuestiones internas deben resolverse siempre en el seno 
de la paz, así como nuestros asuntos internacionales arre- 
glarse en el campo de la fraternidad. Todo esto hace in- 
dispensable la constante y periódica reunión del Congreso 
Boliviano, como cuerpo moderador de las pasiones, centro 
de luces y alto consejo de sabiduría. Hoy es Caracas su 
asiento : después lo será Bogotá, Quito, La Paz y Lima, y 
así tendremos una apelación permanente al veredicto in- 
ternacional de las Repúblicas. Y lo diré a usted, en el 
anhelo de mi patriotismo : quizá las otras democracias la- 
tinas se apresuren a unírsenos y entonces formaremos el 
Congreso continental que sancione la Paz perpetua y la 
eterna y creciente felicidad de la América que tuvo por 
Libertadores a Bolívar y San Martín". 

Quien de esa manera piensa tiene que ser un hombre 
de mente muy sana y muy grande corazón. Entre las na- 
turales efusiones de aquellos días, esas palabras vibran 
serenamente, sin arrebatos, sin expresiones enfáticas, tal 
como corresponde al lenguaje de un Magistrado circuns- 
pecto que está en posesión de un sentido auténticamente 
práctico de los medios a que debe ocurrirse para evitar el 
choque violento de las pasiones y de los intereses, que 
tienden a dividir los hombres como los pueblos, así sean 
éstos de una misma sangre y de una misma raza. El ha- 
blaba de futuras reuniones del Congreso Boliviano, como 
si presintiera la necesidad en que estaba el grupo de pa- 
trias independizadas por el Libertador de estrecharse bajo 
la egida de un alto ideal de solidaridad latino-americana, 
para aguardar el terrible drama de sangre que tres años 
después iba a comenzar en el Viejo Mundo. 



174 SEMBLANZA DEL 



Una circunstancia no debemos dejar pasar inadverti- 
da, antes de finalizar nuestra referencia acerca de la épo- 
ca del Centenario : el propio dia en que el General Gómez 
escribia al Embajador doctor Peralta, la carta que hemos 
mencionado en las líneas anteriores, dio cuenta al Con- 
greso Nacional, reunido entonces, de la adquisición que 
había hecho de la Casa de Miraflores, para destinarla a 
residencia de los Presidentes de la República, según lo 
acordado por la Asamblea Constituyente de 1901. Las 
gestiones para comprar esta suntuosa mansión las prac- 
ticó el General Gómez en medio de las múltiples faenas 
oficiales que lo requerían constantemente en los días del 
Centenario y las remató con las mayores ventajas para el 
Erario Público, dando por el valioso inmueble la suma re- 
lativamente pequeña de medio millón de bolívares. Era 
ésta menos de la cuarta parte del valor de la magnífica 
vivienda. 

Ya para terminar el año de 1911, el Congreso que es- 
taba reunido en sesiones extraordinarias, sancionó un 
Acuerdo en cuya parte primera disponía: Dar un voto de 
solidaridad y de aplauso al Benemérito General Juan Vi- 
cente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Vene- 
zuela, en solemne confirmación oportuna del voto de con- 
fianza que ya le había dado cuando le invistió en nombre 
de los pueblos que representaba con la suprema autoridad 
de la República. 

Bien merecido tenía nuestro biografiado este galar- 
dón con que recompensaba sus esfuerzos y eminente la- 
bor administrativa y política, la Representación Nacional. 

Esa labor, a contar desde mayo de 1911 al 31 de mar- 
zo de 1912, vamos a relatarla en sus resultados sobresa- 
lientes. En el ramo fiscal reseñaremos que para la última 
de estas fechas había un saldo favorable a la Nación mon- 
tante a B 5.507.147,56, no obstante que los gastos habían 
sido crecidos, según esta demostración: se habían inver- 
tido nueve millones de bolívares para celebrar el Cen- 
tenario de la manera suntuosa que ya hemos reseñado; se 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 175 

había reducido la deuda creada por los Protocolos de 
Washington de 1903, que montó a B 38.385.411,94 a la can- 
tidad de B 2.546.910,06, se había cancelado definitivamen- 
te la deuda por convenios diplomáticos que correspondía 
a España, la cual era en su principio de B 5.898.012,70, se 
habían invertido sumas de mucha consideración en las 
obras públicas que quedaban terminadas o estaban en 
construcción y que eran, aparte de otras de orden secun- 
dario, la carretera central del Táchira, la carretera del 
Este de Caracas, cuya composición llegaba entonces hasta 
Chacao; las reparaciones de la carretera de Occidente; 
la carretera de Maracay a Ocumare de la Costa, la de Va- 
lencia a Villa de Cura, la de Villa de Cura a Morrocoyes, 
la de Ocumare del Tuy a San Casimiro, la de Caracas a 
Ocumare del Tuy y la de Caracas a La Guaira; los edifi- 
cios para telégrafos y teléfonos nacionales; la Biblioteca 
Nacional; el Instituto Anatómico; las modificaciones he- 
chas al Panteón Nacional y Universidad de Caracas; el 
Registro Público y Archivo Nacional; algunas Calles de 
Caracas; las Avenidas de Carabobo y San Martín; el Mo- 
numento de Carabobo en Caracas; la estatua de Ricaurte 
en el mismo lugar donde se inmoló heroicamente y la 
modificación del Parque de Carabobo en Caracas. 

El mejoramiento y modernización del ejército quedó 
muy adelantado en conformidad con el plan de reforma 
militar que venía realizando metódicamente el General 
Gómez y que para hoy ha venido a alcanzar el resultado 
admirable que todos conocemos; el fomento de nuestras 
riquezas naturales y la protección a las industrias fué im- 
pulsado y obtuvo un desarrollo apreciable durante el lap- 
so gubernativo a que nos venimos refiriendo, lo mismo 
que la instrucción pública, la higiene y salubridad nació- A 
nales y todos los demás ramos de la Administración. 

En cuanto a las relaciones interiores y exteriores de 
Venezuela, aquéllas fueron cordialísimas entre el Poder 
Federal y los de los Estados autónomos que forman nues- 
tra estructura política, y éstas llegaron al grado culmi- 



176 SEMBLANZA DEL 



nante de armonía de que acababa de ser demostración 
palmaria la concurrencia de Embajadores y Representan- 
tes extranjeros a las fiestas del Centenario, la reunión del 
Congreso Boliviano y la recepción magnífica que se hizo 
al entonces Secretario de Estado de la poderosa República 
Americana, que había venido a visitarnos en representa- 
ción del Primer Magistrado de aquella gran Nación. Res- 
pecto a la venida de ese ilustre huésped, el General Gó- 
mez se expresó así en su Mensaje al Cuerpo Soberano de 
la Patria en el año a que nos venimos refiriendo : "En la 
historia de nuestras relaciones con la Gran República del 
Norte, encuentro sinceridad y colaboración benévola; de 
manera que la visita del Excelentísimo Señor Knox, en 
vísperas de la inauguración del Canal de Panamá, que 
ha de traer hacia el centro de la América la extraordina- 
ria corriente comercial del Mundo, la estimo como el es- 
trechamiento cordial de aquellas importantes relaciones". 
Esta había sido, descrita a grandes rasgos, la obra ad- 
ministrativa y política de nuestro biografiado desde 1911 
hasta el primer trimestre de 1912. El lector encontrará 
en esta parte de nuestro libro, así como lo ha visto en las 
anteriores y en las que van a escribirse, que el General 
Juan Vicente Gómez es una personalidad cabal. Hombre 
de trabajo, adquiere cuantiosos bienes merced a su labo- 
riosidad, honradez, constancia e inteligencia; militar, con- 
quista por su valor heroico y conocimiento profundo del 
arte de la guerra el más alto rango de la milicia; magis- 
trado, los venezolanos tienen en él un Gobernante pater- 
nal y justiciero,' dispuesto en todo momento a favor de 
sus buenos conciudadanos que directa o indirectamente 
contribuyen con él a la Rehabilitación nacional y dis- 
puesto también, a la inversa^' en contra de los malos ele- 
mentos que son remora a sus intentos patrióticos. Por 
tanto, la Venezuela del presente le debe toda la suma de 
bienes que acabamos de reseñar. 



CAPITULO XI 



12 



CAPITULO XII 



SUMARIO 

Acuerdo del Congreso de 1912. — Contestación del mismo 
Cuerpo al Mensaje del General Gómez en aquel año. 
Comentario. — Mensajes especiales del General Gó- 
mez. — Somete al Alto Cuerpo un magnífico plan de 
explotación y administración de los recursos mate- 
riales del País. — Ordena medidas enérgicas contra el 
vicio y la holgazanería. — Bienes que ha derivado Ve- 
nezuela de esta campaña contra la vagancia. — El 
General Gómez rehusa el título de Fundador de la 
Paz.— Decreto relativo a la casa donde nació el Li- 
bertador. — Nueva carretera mandada a construir. — 
Protocolo Venezolano-Francés. — Oposición que hace 
la mayoría del Consejo de Gobierno a este excelente 
convenio. — Mensaje del General Gómez al Congreso 
de 1913. — Comentario. — Intentona revolucionaria de 
1913. — Circular del General Gómez. — Suspensión de 
garantías y Alocución del General Gómez declarán- 
dose en campaña. — Se encarga de la Presidencia de 
la República el Doctor José Gil Fortoul. — El General 
Gómez sale a debelar los facciosos. — Regresa a Cara- 
cas al frente del Ejército. — Las elecciones no pueden 
practicarse. — Consulta de los Presidentes de los Es- 
tados al Ejecutivo Federal. — Dictamen recaído acer- 



180 SEMBLANZA DEL 



ca de esta consulta.— -Asambleas y Congreso de Ple- 
nipotenciarios. — Estatuto Constitucional Provisorio. 
El General Gómez es elegido Comandante en Jefe del 
Ejército Nacional. 

El Congreso de la República en su reunión del año de 
1912 expidió el siguiente Acuerdo, como justa recompensa 
o galardón otorgado al Jefe de la Rehabilitación Nacio- 
nal : "El Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, — 
Acuerda: — 1° Recoger los votos de aplausos que las Cá- 
maras Legislativas Seccionales tributaron en sus sesiones 
ordinarias de este año al ciudadano General Juan Vicen- 
te Gómez, Presidente Constitucional de la República y 
conductor de la Causa de Diciembre. — 2? Declarar que 
el Benemérito General Juan Vicente Gómez merece bien 
de la Patria porque todos sus actos en la Magistratura Na- 
cional se han inspirado en los principios que informan el 
salvador Programa de Diciembre. — & Una Comisión del 
Congreso nombrada por la Presidencia y compuesta de un 
Representante por cada Estado y otro por el Distrito Fe- 
deral, pondrá en manos del Benemérito General Juan Vi- 
cente Gómez este Acuerdo que irá firmado por todos los 
miembros de ambas Cámaras". Este Acuerdo fué sancio- 
nado el 8 de mayo y acogido con demostraciones calurosas 
de simpatía por todas las personas sensatas del país y por 
la prensa. 

En efecto, el austero Magistrado merecía ese premio 
que era valiosísimo, y el Congreso, al conferírselo, no 
había hecho sino interpretar la voluntad de sus represen- 
tados manifestada ya en actos similares por las Asam- 
bleas Legislativas de los Estados de la Unión. 

El día antes de sancionar aquel Acuerdo, el mismo 
Cuerpo Soberano de la Patria, había contestado al Gene- 
ral Gómez el Mensaje que le dirigiera y con esta ocasión 
decían al Gobernante sus jueces : "Habéis cumplido vues- 
tro programa de gobierno viviendo en armonía decorosa 
con las Naciones de la tierra, según nos lo anunciáis, mer- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 181 

ced al intercambio de riquezas, al respeto de todos los de- 
rechos, al cumplimiento estricto de todo compromiso con- 
traído, y al estrecho consorcio de intereses e ideales co- 
munes; haciendo cada vez más cordiales las relaciones 
del Poder Nacional con las Entidades Federales, para que 
aquél sea siempre, como es hoy, lazo de Unión perfecta, 
y garantía de unidad en medio de la multiplicidad de las 
autonomías regionales; manejando la Hacienda Nacional 
con tanta probidad y tal acierto que, como lo habéis pro- 
bado, las Arcas del Erario, que no hace un lustro aún, 
en el caos fiscal de la República, se encontraban exhaus- 
tas, sin orden y en déficit, se exhiben hoy provistas de mi- 
llones y cancelaciones aún mayores, que son honrosa prez 
de nuestro crédito; y que podáis decir dentro de pocos 
días que Venezuela no debe un solo céntimo a nacionales 
ni a extranjeros, y ha visto desaparecer de su horizonte 
las nubes amenazadoras de las reclamaciones internacio- 
nales; manteniendo el Ejército, como nunca jamás se vio 
otras veces, no como un instrumento de opresión, sino co- 
mo seguridad del orden público, y levantando a grado tal 
en la milicia el concepto preciso del honor, que ella deba 
de ser entre nosotros digna de su bandera, del tricolor que 
un día aseguró la libertad de América, y que es fuerza que 
sea en lo futuro garante paladín de sus destinos; fomen- 
tando, hasta con el ejemplo personal, como lo hacéis, el 
mayor desarrollo de las industrias, y la riqueza pública 
con ella; devolviendo a los pueblos, convertidos en obras 
de utilidad y ornato, en vías de comunicación especial- 
mente, el producto de sus contribuciones al Estado, pues, 
como ya lo habréis palpado al realizar en ese ramo los 
valiosos trabajos que habéis enumerado ante nosotros, y 
según es constante de leyes económicas, cuando el Tesoro 
eroga de ese modo, a más de ser inagotable fuente de bie- 
nestar privado, vuelve multiplicado en breve tiempo a las 
cajas del Fisco; organizando en fin y mejorándola, como 
venís haciéndolo con el más noble ahinco, la Instrucción 
popular y la científica, porque en la oscuridad de la igno- 



182 SEMBLANZA DEL 



rancia se atrofian las virtudes, los alientos y el vigor de los 
pueblos y las razas". 

Son estos documentos testimonios fehacientes de la 
probidad, interés y celo con que el General Juan Vicente 
Gómez ha manejado los dineros del pueblo, los fondos 
sagrados que éste aporta al Estado para que los invierta 
en las necesidades de la colectividad. Ninguno, a no es- 
tar cegado por torpes pasiones y por odios de bandería, 
osará contradecirnos o redargüir la aprobación inequívo- 
ca que los Representantes de la voluntad popular han 
dado a los actos del General Gómez. El ha sido en todo 
momento escrupuloso Administrador, él ha visto con ojo 
perspicuo aquellas necesidades, sin que se le escapen de- 
talles, y en admirable síntesis ha abarcado los problemas 
arduos del Gobierno : Venezuela ha venido sufriendo des- 
de largos años Administraciones muy deficientes, pues, 
la mayor parte de sus Presidentes anteriores al General 
Juan Vicente Gómez, casi todo lo han preterido para ocu- 
parse de la Política. No entendieron aquéllos, o no qui- 
sieron entenderlo, que ésta es una ciencia ardua imposible 
de practicarla por sistema en sociedades infantes donde 
naturalmente la educación cívica deja bastante que de- 
sear. Se dedicaron a lo que se ha llamado hacer política 
y con la candorosa complicidad de sus gobernados lo que 
hicieron fué favorecer, por medio de un ficticio equilibrio 
entre el pueblo que tiende a resistir y el gobernante que 
tiende a dominar, el desarrollo y arraigo de la empleo-' 
manía entre nosotros. Es lógico que la estabilidad de ta- 
les órdenes de cosas estuviera fundada en la satisfacción 
de las ambiciones personales o colectivas de caudillos, 
parcialidades, agitadores, áulicos, que, quienes más quie- 
nes menos, politiqueaban a su antojo para estar siempre 
arriba-i-según la expresión usual de los del oficio-fy ló- 
gico también que al romperse tal equilibrio sobrevinieran 
las revoluciones, o mejor dicho, las revueltas armadas. 
Todos estos vicios, esta falsa interpretación de lo que es 
la ciencia de gobernar adaptada a nuestra democracia, los 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 183 

ha desarraigado el General Gómez con su energía a prue- 
ba de obstáculos, con el excelente sentido que posee para 
ver claro donde los demás no aciertan a ver, con su cons- 
tancia y paciencia heroicas y más que nada con su inva- 
riable propósito de hacerle el bien a sus compatriotas. «* 

Venezuela ha encontrado en el General Gómez el hom- 
bre sensato y de voluntad inquebrantable que tanto había 
menester para que empuñara con mano segura el timón 
de la nave del Estado. Rodeada de peligros, ésta había 
venido avanzando a merced del impulso ciego de las am- 
biciones y de las más exaltadas utopías, y naturalmente 
a cada empuje violento sucedía un retroceso más violento 
aún. En teoría, doctrinas tan radicales como temerarias, y 
en la práctica, ejemplos contradictorios de aquellas doctri- 
nas. La víctima de esta absurda manera de gobernar tenía 
que ser una sola : el pueblo, el pueblo que sostenía sobre sus 
espaldas la agobiadora armazón del tablado en que los 
flamantes políticos representaban su farsa.^Pero llegó el 
día de ajustar cuentas, el día de la Rehabilitación. Al Ge- 
neral Juan Vicente Gómez correspondió realizar la em- 
presa salvadora y los hechos están aquí expuestos en len- 
guaje veraz para demostrar cómo supo acometerla y cómo 
viene verificándola cumplidamente./ El primero y más 
difícil esfuerzo quedó coronado con el éxito en la estupen- 
da campaña que comenzó el 21 de diciembre de 1901 y 
finalizó el 21 de julio de 1903. A la bancarrota definitiva 
de los planes de dominio porque contendieron nuestros 
caudillos debía preceder el derrumbamiento del viejo sis- 
tema de manejos políticos en la dirección de la cosa pú- 
blica y sobrevino el 19 de diciembre de 1908. De enton- 
ces a la actuación del General Gómez en los días de 1912 
que venimos historiando, se ha hecho mucho, pero se hará 
todavía más, como lo comprobaremos en las páginas de 
este libro que nos faltan por escribir. 

En el Mensaje Especial dirigido al Congreso de aquella 
época por el General Juan Vicente Gómez, referente a las 
Convenciones celebradas por el Congreso Boliviano, do- 



184 SEMBLANZA DEL 



cumento que vamos a reproducir íntegro, se verá cómo en- 
tiende nuestro biografiado la política. "Ciudadano Presi- 
dente del Congreso: — El Congreso Boliviano que se reunió 
en Caracas el 5 de julio de 1911 y al cual concurrieron 
Plenipotenciarios de las Repúblicas de Bolivia, Colombia, 
Ecuador, Perú y Venezuela, celebró varias Convenciones 
de carácter internacional que vendrán a servir de base a 
las futuras relaciones diplomáticas y comerciales entre 
los países Bolivianos. — Todas esas Convenciones tienden 
a estrechar los vínculos del origen entre las Naciones fir- 
mantes y a facilitar el intercambio entre ellas, preparando 
así el terreno para una unión íntima, cual corresponde a 
pueblos hermanos y de idénticas miras administrativas, 
políticas e internacionales. — Las Convenciones firmadas 
por el Congreso Boliviano son las siguientes: 1. — Telé- 
grafos. — 2. — Postal; y los Acuerdos sobre :— 3.— Historia del 
Libertador. — 4. — Patentes y Privilegios de Invención. — 5. 
Relaciones Comerciales. — 6. — Paz Americana y Futuros 
Congresos. — 7. — Extradición. — 8. — Cónsules. — 9. — Vías de 
Comunicación. — 10. — Conmociones Internas y Neutralidad. 
11. — Títulos Académicos. — 12. — Publicación de Documen- 
tos Inéditos. — 13. — Actos Extranjeros. — 14. — Propiedad Li- 
teraria. — Cumplo el deber legal de someterlas a vuestra al- 
ta consideración, para pediros la aprobación constitucio- 
nal, que encarecidamente os demando a fin de que sea una 
realidad lo acordado por el Congreso Boliviano y sirva de 
base para ulteriores Congresos, a quienes corresponderá 
llevar adelante mi idea de una Unión Boliviana compuesta 
de las cinco Naciones libertadas por el Libertador, conser- 
vando cada una de ellas su completa y absoluta soberanía 
e independencia, pero ligadas a las otras por estrechos 
vínculos comerciales, políticos, internacionales e industria- 
les que hagan imposible todo motivo de guerra o discordia 
entre ellas.— Caracas: 15 de mayo de 1912.— J. V. GÓMEZ". 
Días después, el 29 de mayo, el General Gómez se di- 
rigía otra vez al Congreso Nacional, para anunciarle que 
en el curso de aquel año quedaría cancelada la deuda pro- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 185 

veniente de los Protocolos de Washington y someter a su 
consideración y criterio la conveniencia de mantener el 
impuesto de treinta por ciento sobre los derechos de im- 
portación, destinado a cubrir la deuda en referencia, para 
invertirlos en lo futuro en ejecutar un vasto plan de me- 
jor explotación y administración de los inmensos recur- 
sos naturales de Venezuela y en la cancelación de otra 
acreencia : la que en definitiva resultara tener el Ferroca- 
rril de Puerto Cabello a Valencia. Ese extenso plan ad- 
ministrativo comprendía el mayor desarrollo de las vías 
de comunicaciones, el fomento de la inmigración, la prác- 
tica de ensayos de colonización, el establecimiento de una 
Escuela Federal de Agricultura, Cría y Veterinaria y la 
verificación de obras de Saneamiento. El Congreso, bien 
penetrado de todos los bienes que derivaría el País con la 
aprobación de proyecto tan progresista como patriótico, 
lo aprobó y expidió en tal virtud su Acuerdo de 4 de junio 
de 1912. Del cumplimiento de lo acordado nos ocupare- 
mos en el capítulo siguiente. 

Nuestro biografiado con su actividad múltiple, de to- 
do se ocupaba. En un mismo mes envía al Cuerpo Sobe- 
rano de la Nación los dos Mensajes Especiales que hemos 
comentado, y antes de expirar ese mes se dirige al Minis- 
tro de Relaciones Interiores en la forma que va a leerse : 
"Con frecuencia llegan hasta mí, noticias y quejas de 
atropellos al orden, la ley o las buenas costumbres, come- 
tidos por gente vaga, promotora de escándalos y de in- 
fundadas alarmas en los sitios y lugares que frecuentan. 
Firmemente resuelto como estoy a cumplir y hacer cum- 
plir las leyes, así por el mandato constitucional que lo or- 
dena como por el de la propia conciencia; y por cuanto 
considero indignos de clemencia a quienes ajenos a las 
prácticas del trabajo, viven en ociosidad y vicio maqui- 
nando contra la gente de bien, el reposo de los ciudada- 
nos y la paz de la comunidad, espero que con carácter de 
inmediato y en la forma más adecuada y eficaz, exija us- 
ted de orden mía a las autoridades correspondientes, que 



1 86 SEMBLANZA DEL 



se proceda a aplicar la ley sin posible lenidad ni atenua- 
ción de ningún género,Va esos malos ciudadanos, profesio- 
nales de la vagancia o el escándalo y propaladores de fal- 
sas noticias que de algún modo llevan alarma o zozobra al 
ánimo público, a fin de que el ejemplo de su peligrosa 
impunidad no dañe y contamine la mayoría sana y labo- 
riosa del pueblo". 

Aquí se revela el General Gómez en una de las fases 
más definidas de su carácter : la que lo exhibe como hom- 
bre enérgico sin ningún linaje de transigencias con el mal. 
Al par que viene ocupándose con tesonera labor de velar 
por la salud material del pueblo que gobierna, se dedica 
a sanearlo moralmente y en este sentido las autoridades 
de policía de la República tienen en él una guía y rector 
eficaz, de mano férrea y procedimientos severos./Lo que 
se ha llamado entre nosotros guapos de barrio, la-.íurba de 
holgazanes y viciosos que viven entre garitos y tabernas, 
haciéndose mantener por la gente laboriosa y productora, 
que temerosa de sus amenazas los consiente y los favorece 
sólo por prudencia, ésos han sentido sobre sus hombros la 
disciplina rehabilitadora que los ha sacado de sus antros 
para llevarlos a los caminos públicos a enseñarles la san- 
ta práctica del trabajo y a imponerles por medio de un ri- 
gor indispensable el deber de ser útiles a sí mismos y a 
sus semejantes. Con mirada certera ha visto el General 
Gómez cómo los tales, son elementos indispensables a que 
echan mano los jefes de revueltas para ensangrentar el 
País. Los holgazanes y viciosos han dado siempre el ma- 
yor porcentaje de servidores a la larga e infecunda serie 
de levantamientos armados que hemos sufrido durante 
muchos años, pero que ya han desaparecido para siem- 
pre, merced a la vigilancia incesante y al don singular de 
saber gobernar que posee el General Gómez. 

Consúltense las estadísticas criminales y se encontra- 
rá cómo éstas, principalmente en el Distrito Federal, con- 
tienen un número mucho menor de hechos delictuosos, 
que el anotado en épocas anteriores a los Gobiernos de la 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 187 

Rehabilitación Nacional. ' Los registros de policía son tam- 
bién muy elocuentes a este respecto y es ahí donde puede 
comprobarse que los arrestos han disminuido de una ma- 
nera consoladora para la sociedad venezolana. Con sus 
procedimientos enérgicos para garantizar el sosiego pú- 
blico, ha logrado, pues, el General Juan Vicente Gómez los 
tres bienes inestimables que hemos mencionado : quitar 
brazos indispensables a las revoluciones armadas "em- 
pleándolos en cambio en la obra civilizadora del progre- 
so; reducir al mínimum la gente que mora entre los mu- 
ros de nuestras Penitenciarías; y, redimir de daños y con- 
tagios a la mayoría sana y laboriosa del pueblo. 
"**> El Congreso Nacional proyectó en sus sesiones de 
1912, con el apoyo unánime de todos sus miembros, con- 
ferir a nuestro biografiado el título de "Fundador de la 
Paz en Venezuela" y al efecto se inició en la Cámara de 
Diputados la idea por medio de un Acuerdo, pero él se 
dirigió a este Cuerpo el 14 de junio para declinar honor 
tan merecido y lo hizo en forma y términos que hablan 
muy alto de la austeridad de sus sentimientos republica- 
nos y del sincero afecto que profesa a las prácticas demo- 
cráticas. Los representantes del pueblo, al querer sancio- 
nar el justiciero Acuerdo tuvieron muy en cuenta los emi- 
nentes servicios prestados por el General Juan Vicente 
Gómez a la Patria al darla una paz fecunda y estable, 
pero el glorioso vencedor en Ciudad Bolívar, que no ha 
querido nunca recompensas ajenas a su modestia prover- 
bial y que funda su orgullo solamente en las satisfacciones 
que dá el cumplimiento del deber, rehusó el bien adquiri- 
do título. Ya antes, el Congreso en sus sesiones de 1910 
— como lo reseñamos en el Capítulo X del presente libro — 
había querido crear una "Medalla de la Gratitud Nacio- 
nal" para ofrendarla a nuestro biografiado y él había de- 
clinado también aquel honor. **- 

El 28 de octubre de 1912, dictó el General Gómez su 
Decreto disponiendo que la casa donde nació Simón Bo- 
lívar, Padre de la Patria, quedara bajo la guarda y direc- 



188 SEMBLANZA DEL 



ción del Consejo de la Orden del Libertador y que se pro- 
cediera a reconstruir el memorable edificio con la posible 
fidelidad histórica, según estaba el 24 de julio de 1783, 
fecha en que vino al mundo el Grande Hombre. 

Era natural que el justiciero Magistrado, bajo cuya 
Administración se acaba de celebrar de manera tan es- 
pléndida el primer Centenario de la Independencia, die- 
ra este nuevo testimonio de su reverencia por el Héroe y 
por las altísimas glorias de nuestro pasado. 

El 4 de noviembre del mismo año expidió su Decreto 
ordenando la construcción de la carretera entre el puerto 
de Cumarebo del Estado Falcón y la población de Carora 
del Estado Lara, una importante y necesaria vía de co- 
municación. 

Vamos a ocuparnos de un asunto en que el General 
Juan Vicente Gómez probó, como otras veces, su intacha- 
ble patriotismo y su competencia como gobernante: 

Con fecha l 9 de enero de 1913 decía a nuestro bio- 
grafiado el Doctor J. L. Andará, a la sazón Ministro de 
Relaciones Exteriores: "Han terminado las negociacio- 
nes para el restablecimiento de las relaciones amis- 
tosas entre Venezuela y Francia, y se está ya de acuerdo 
en los términos del Protocolo respectivo". "La discusión 
previa, como usted lo sabe, se ha mantenido siempre, de 
parte de una y otra Cancillería, en la región serena de 
los principios y de las conveniencias internacionales, ha- 
biendo tenido reconocimiento práctico los preceptos car- 
dinales de nuestro Derecho Público. Este éxito se debe, 
en primer término a usted, por el crédito y autoridad 
moral del Gobierno que preside, y porque todo lo que en 
este asunto se ha hecho por la Cancillería ha sido bajo 
la alta, constante y discreta dirección de usted". 

El Protocolo concertado entre los Plenipotenciarios 
de Venezuela y Francia puso fin a las diferencias que 
existían entre los dos países, cuyas relaciones quedaron 
restablecidas desde el 11 de febrero del año en referen- 
cia, día en que aquél fué firmado. Un alto espíritu de 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 189 

equidad y justicia habia dictado el magnífico arreglo, 
como bien lo revelan sus cláusulas y su ejecución, que 
redujo a B 3.000.000 todas las reclamaciones comprendi- 
das en el Protocolo y en que el Gobierno de la República 
Francesa reconocía que el de Venezuela quedaba libre 
de toda obligación que proviniese o pudiera provenir de 
aquellas reclamaciones. Sin embargo, una parte — no ya 
intransigente sino facciosa — del entonces existente Con- 
sejo de Gobierno, aparentando patriotismo y acatamiento 
a la ley, pero en realidad evidenciándose como desleal 
a su Causa y poseída de una incalificable ambición, quiso 
viciar de nulidad el excelente convenio, con el pretexto 
de que el voto consultivo que debía emitir acerca del 
asunto el Cuerpo a que pertenecían había sido solicitado 
fuera de la oportunidad legal. El Presidente de la Repú- 
blica, General Gómez, con la absoluta seguridad de la 
razón que le asistía, ocurrió a la Corte Federal, por los 
órganos respectivos, a efecto de que este Supremo Tri- 
bunal dirimiera, conforme a la Constitución, la contro- 
versia que suscitaba al Jefe del Ejecutivo el Consejo de 
Gobierno. La Corte Federal declaró, en sentencia de 29 
de marzo, que el Voto Consultivo sobre el Proyecto de 
Tratado suscrito entre los representantes de Venezuela y 
Francia había sido solicitado oportunamente y que, por 
tanto y por haberse declarado urgente el asunto, el Con- 
sejo de Gobierno estaba en el deber legal de emitir su 
voto dentro del lapso de dos días hábiles, señalado por 
la Constitución vigente entonces, lapso que comenzaría 
a contarse desde el día de la publicación de aquella sen- 
tencia. Con este fallo quedó destruida la arguciosa ar- 
gumentación del Consejo de Gobierno y demostrado muy 
a las claras que el General Gómez es un Magistrado que 
ciñe sus procedimientos a lo que manda la Ley. 

El Congreso aprobó con fecha 14 de mayo de 1913 y 
en todas sus partes el Protocolo en referencia. 

Cegados por la pasión pretendieron unos pocos 
presentar inconvenientes a este triunfo de la vida pública 



190 SEMBLANZA DEL 



de nuestro biografiado y lo que hicieron fué contribuir 
a que resaltara todavía más la magnificencia de aquel 
triunfo, porque dieron ocasión para que la conciencia 
nacional confirmara el juicio que tenía y tiene formado 
acerca del Jefe de la Rehabilitación y acerca de la injus- 
ticia de sus contados adversarios. El pueblo venezolano 
quedó suficientemente ilustrado de cómo el convenio 
suscrito por los Plenipotenciarios de ambas Naciones en 
11 de febrero de 1912 y consagrado como Ley de la Repú- 
blica el 14 de mayo de 1913 "era, según lo expresó nues- 
tra Cancillería, el más decoroso de cuantos en ocasiones 
semejantes se habían celebrado con Francia, inclusive 
la Convención de 1885". Por él, no sólo reanudamos dig- 
namente nuestras relaciones con la noble patria, genitora 
de los Derechos del Hombre, sino que cancelamos una 
acreencia de muchos millones con la sola cantidad de 
B 3.000.000. Sin duda que la mayoría oposicionista del 
Consejo de Gobierno, al ver el resultado positivo que de- 
rivó Venezuela del Protocolo, sintió despecho y rabia, 
porque contra sus pronósticos y sus propósitos aquel 
franco éxito gubernativo lo obtuvo el General Juan Vi- 
cente Gómez. Como a estos miembros de la extinguida 
Institución, les ha pasado a todos los que han querido 
presentar obstáculos a la Rehabilitación Nacional: fra- 
casados ruidosamente, se han hecho enemigos sistemáti- 
cos del orden de cosas que viene discurriendo para el 
País desde las postrimerías de 1908 y niegan la luz del 
sol, porque ésta cae sobre el espectáculo de una Vene- 
zuela floreciente, que surgió al esfuerzo anteico del Pala- 
dín de Diciembre. 

El 29 de abril de 1913 presentó el General Gómez su 
Mensaje de aquel año al Congreso. Es breve pero habla 
de grandes cosas que, comentadas ampliamente, darían 
materia para llenar un libro de más páginas que éste. 
Por tanto, haremos sólo un comentario sobrio de ese im- 
portante documento y lo insertamos para que los lectores 
juzguen: "Una vez más saludo y acato en vosotros a los 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 191 

Representantes del Pueblo Venezolano al rendiros cuenta 
de cómo he ejercido desde vuestra pasada reunión en 
Congreso el mandato de que me investisteis. He concen- 
trado mis esfuerzos en proveer a las necesidades indis- 
pensables al vigoroso ensanchamiento de vías de comu- 
nicación y de la agricultura, la cría y las industrias, que 
es cuanto necesita el país como sólida base de la regene- 
ración de la Patria. En mi constante deseo de comunicar 
la mayor cordialidad a nuestro trato con los demás paí- 
ses y de reanudarlo con los que hubiere desavenencia, 
manteniendo siempre en alto e incólumes para la Repú- 
blica los grandes principios que constituyen la persona- 
lidad internacional de las Naciones, he llegado al resta- 
blecimiento de la amistad de Venezuela con la República 
Francesa. El 11 de febrero último fué suscrito en Cara- 
cas, por los Plenipotenciarios de Venezuela y Francia, un 
Protocolo que, por órgano del Ministro de Relaciones 
Exteriores, será sometido a vuestras altas deliberaciones. 
La Marina Nacional ha sido aumentada con un crucero 
que lleva el nombre inspirador de Mariscal Sucre y fué 
adquirido en condiciones ventajosas para la Nación. Ten- 
go la satisfacción de anunciaros que desde el mes de se- 
tiembre de 1912 quedó cancelada la deuda que, por razón 
de los Protocolos de Washington, pesaba sobre la Repú- 
blica. El saldo favorable hoy en el Tesoro Público es de 
trece millones de bolívares. Los Ministros del Despacho 
os darán cuenta de sus labores en las Memorias respec- 
tivas y, además, de las mejoras que juzgo oportuno reco- 
mendar en la legislación vigente. Tal es, ciudadanos Le- 
gisladores, la síntesis de los actos de mi Administración 
en el año que termina. Ha sido y es mi propósito circuns- 
cribir la acción del Gobierno a resolver fundamental- 
mente los asuntos a medida que se presentan a la consi- 
deración del Ejecutivo: afianzar en hechos consumados 
y concretos las bases de una sincera y bienhechora re- 
construcción: unir en fecunda comunión de amor a la 
Patria a los venezolanos todos para la ardua y dilatada 



192 SEMBLANZA DEL 



empresa acometida de establecer el reinado de la ley, y 
desatar a su insustituible amparo las generosas corrien- 
tes de la prosperidad, la salud y las fuerzas de la Nación. 
Cuanto yerro o deficiencia haya en esta obra de fervo- 
rosa fe y buena voluntad, toca enmendarlo o suplirla 
como leales, a vosotros mismos o a los que, al cabo de 
nuestros mandatos, prosigan el empeño de conservarla, 
completarla y defenderla, no como la obra de un hombre 
o de un Gobierno, sino como el ineludible deber de una 
generación". 

Mayor concisión no cabe en un documento de esta 
clase donde, en pocos párrafos, se daba cuenta a la Na- 
ción, por medio de sus representantes legítimos, de un 
año de fecunda labor administrativa y política. Los pun- 
tos concretos tratados por el General Gómez eran: la 
reanudación de las relaciones diplomáticas con Francia 
que venían rotas desde los funestos procedimientos pues- 
tos en práctica por el dictador Castro en materia inter- 
nacional; la adquisición de una buena nave de guerra 
para nuestra Marina; el pago completo de la enorme 
deuda que se había visto obligada a reconocer Venezuela 
por una serie de desatinos económicos y políticos que la 
compelieron a suscribir los Protocolos de Washington; y 
el remanente de trece millones de bolívares que estaba 
depositado en las arcas nacionales, no obstante haberse 
gastado, durante un transcurso de tiempo menor de dos 
años, sumas cuantiosas en la celebración del Centenario, 
en la compra de aquella nave de guerra, en la satisfac- 
ción de la deuda mencionada, en vías de comunicaciones, 
en el impulso poderoso que habían recibido la agricul- 
tura, la cría y las industrias, y haberse pagado religiosa- 
mente el Presupuesto. 

Esa era la manera cómo el infatigable trabajador 
por el bienestar de la República daba cumplimiento al 
Programa de Diciembre y verificaba la rehabilitación de 
su Patria, preparándose para realizar los ulteriores pro- 
gresos y la mayor cantidad de bienes que han recibido 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 193 

bajo su experta dirección de los asuntos públicos sus 
conciudadanos, hasta hoy día en que damos a la publi- 
cidad el presente volumen. 

A la verdad que esa obra no parecía llevada a cabo 
por un hombre o por un Gobierno, sino por una genera- 
ción: correspondía a ésta y le corresponde conservarla 
y defenderla como un deber que no se debe eludir. 

Parece imposible que en época tan breve se trans- 
formara un país, saliendo del atraso en que estaba para 
convertirse en un emporio donde todos, por grado o por 
convencimiento, habían venido trabajando y produciendo. 
Pero el hecho es que el General Juan Vicente Gómez había 
logrado ese extraordinario éxito, que no exageramos al 
calificarlo de maravilloso. 

Del valor de la empresa acometida y con tanto resul- 
tado adelantada, han venido a dar testimonio los sucesos 
posteriores al 4 de agosto de 1913, fecha en que nuestro 
biografiado se separó del ejercicio del Poder. Desde en- 
tonces, si es muy cierto que él ha actuado siempre con su 
carácter de Jefe ,de la Causa Rehabilitadora y de defen- 
sor de la paz pública para velar por el mantenimiento 
de los progresos adquiridos, *no lo es menos que no ha 
vuelto a regir el Gobierno civil de la República, porque 
hasta el final del cuatrenio constitucional a que nos ve- 
nimos refiriendo estuvo al frente de la Primera Magis- 
tratura el Presidente del Consejo de Gobierno y hasta 
hoy lo ha estado el autor de estas páginas. — . «* 

A mediados del año citado, el impenitente ambicioso, 
general Cipriano Castro, se imaginó que podría lograr su 
plan de destruir la obra benemérita del General Gómez, 
trastornando el proceso eleccionario que iba a verificarse, 
con una revuelta a mano armada, f Con tal fin instigó a 
unos tantos aventureros para que vinieran, como en 
efecto vinieron, a alterar el sosiego público y aparecieron 
bandas de facciosos por algunas partes del territorio na- 
cional, siendo la menos insignificante la que se apoderó 
del puerto de La Vela en el Estado Falcón. i Tan pronto 



194 SEMBLANZA DEL 



como el General Gómez supo la criminal intentona se 
preparó, con su habitual actividad, para anonadar al 
audaz adversario que no se atrevió a venir personal- 
mente a enfrentársele pero que mandó a aquellos grupos 
de aventureros a hacerlo. El 29 de julio dirigió nuestro 
biografiado la siguiente circular a los Presidentes de los 
Estados, a los Gobernadores de los Territorios Federales, 
a los Comandantes de Armas y a los Jefes de Parques y 
Fortalezas :V"Participo a usted que el general Cipriano 
Castro, impulsado por sus ambiciones y sus locuras, ha 
provocado un movimiento revolucionario en el País, or- 
denando a sus parciales se pongan en armas contra el 
Gobierno Constitucional de la República, y al efecto exis- 
ten ya fuerzas rebeldes en algunas localidades que han 
trastornado el orden público. Es preciso que en el terri- 
torio de su mando estén alerta a fin de que la acción del 
Gobierno se haga sentir sobre los facciosos de una ma- 
nera rápida y enérgica. Esta paz que todos los venezo- 
lanos de buenas intenciones estamos en la obligación de 
cuidar, no puede estar a merced de unos aventureros 
desposeídos de todo sentimiento decoroso. Yo confío que 
usted, en el puesto que desempeña, cumplirá con su 
deber". 

El l 9 de agosto decretó la suspensión de las garantías 
que, desde el inciso 2 9 hasta el 14 9 , estaban definidas en 
el artículo 23 de la Constitución entonces vigente. Para 
esto lo autorizaba aquella Constitución en su artículo 82, 
porque había llegado el caso previsto de que se alterara 
el orden público. El 3 de agosto se declaró en campaña 
y expidió la siguiente Alocución: ( "A los venezolanos! 
Alterada la paz de la República por el general Cipriano 
Castro, salgo a campaña y voy a restablecer el orden 
público. Yo sé que todos los Jefes, Oficiales y Soldados 
del Ejército Nacional cumplirán con su deber. — J. V. 
GÓMEZ". 

Aquella lacónica proclama de guerra sonó como un 
toque mágico de clarín en los ámbitos del país y no hubo 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 195 

venezolano patriota que dejara de alistarse entre los de- 
fensores de la paz, atento a la llamada del Benemérito 
Jefe de la Nación.^Cada quien en su esfera: agricultores, 
comerciantes, rentados, criadores, empleados, todos ocu- 
paron su puesto para servir al General Gómez y si él lo 
hubiera querido habrían ido a campaña bajo sus órdenes, 
no sólo las Brigadas del Ejército regular que fueron con 
las que salió a debelar los facciosos, sino muchos millares 
de voluntarios que acudieron a las oficinas militares a 
pedir servicio. Pero el experto Jefe tenia, para acabar 
con el adversario, más que suficiente con las tres briga- 
das de infantería, el regimiento de artillería y el escua- 
drón montado, cuerpos que sacó de Caracas. 

Aquellos acontecimientos vinieron a comprobar, una 
vez más, cómo la gran mayoría de los venezolanos con- 
fía en la buena marcha de la República bajo la experta 
dirección del patriota de Diciembre, y está firmemente 
resuelta a impedir que se repitan las guerras civiles entre 
nosotros. Sobraron soldados al Caudillo pacificador para 
ir a acabar con la revuelta promovida por el general Ci- 
priano Castro. 

Al día siguiente de declararse en campaña el General 
Gómez, vino a ocupar la Primera Magistratura el Presi- 
dente del Consejo de Gobierno, doctor José Gil Fortoul, 
en virtud de disponerlo así la Constitución que regía para 
la época. 

El General Gómez marchó hacia el Occidente por la 
vía carretera que parte de Caracas y pasa por Maracay. 
En esta ciudad plantó su Cuartel General, esperando allí 
el desarrollo de las oportunas operaciones militares que 
dispuso practicasen sus tenientes en los lugares en que ac- 
tuaban con tropas a su mando. El fracaso de la naciente 
revolución tenía que sobrevenir pronto, como en efecto 
aconteció. El principal núcleo de facciosos que, como he- 
mos narrado, había podido apoderarse del puerto de La 
Vela, cayó prisionero en poder del general León Jurado, 
Presidente del Estado Falcón, que con sus fuerzas atacó 



196 SEMBLANZA DEL 



el enemigo en aquel puerto y en cuestión de momentos 
lo venció. En las demás partes del país — no tanto por la 
activa persecución que se les hizo como por el aisla- 
miento absoluto en que los dejó la opinión pública — que- 
daron reducidos a la impotencia y se vinieron acogiendo 
sucesivamente a la clemencia del Gobierno los otros gru- 
pos de facciosos, hasta quedar restablecido el orden y 
volver a su normalidad las cosas. 

El General Gómez regresó a Caracas, donde hizo su 
entrada al frente del Ejército expedicionario en la ma- 
ñana del I o de enero de 1914, entre un alborozo univer- 
sal, pues concurrieron a recibirlo el Presidente del Con- 
sejo de Gobierno, encargado de la Presidencia de la Re- 
pública, los demás representantes de los altos Poderes 
Públicos, el Cuerpo Diplomático, las Juntas de recibi- 
miento, constituidas por los comerciantes, agricultores y 
propietarios del Distrito Federal, las Delegaciones de los 
Estados de la Unión, el Clero, los gremios industriales y 
artesanos y la sociedad y el pueblo de Caracas en general. 
Fué una demostración tan calurosa como espontánea y 
solemne. 

Una consecuencia inevitable trajo aquel trastorno en 
la actividad civil de la Nación: las elecciones para Dipu- 
tados al Congreso, a las Asambleas Legislativas de los Es- 
tados y para Concejos Municipales de los Distritos no 
pudieron efectuarse, y los Presidentes seccionales, ante la 
trascendental emergencia, se dirigieron a mediados de 
enero al Ministro de Relaciones Interiores participándole 
cómo aquel estado de cosas acarrearía para el 20 de fe- 
brero una situación política anormal en las Entidades 
Federales que gobernaban, porque era ese el día fijado 
por las respectivas Constituciones para la renovación de 
los Poderes Públicos en aquéllas. «-* 

El Ejecutivo Nacional consideró el arduo problema 
político en Consejo de Ministros y emitió el siguiente dic- 
tamen, que trasmitió a cada uno de los Presidentes de 
Estado en circular del 16 de enero: "El Decreto Ejecutivo 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 197 

de l 9 de agosto de 1913, dictado en uso de las facultades 
que confiere al Presidente de la República el artículo 
82 de la Constitución Nacional y previo el voto delibera- 
tivo del Consejo de Gobierno, deja en suspenso las garan- 
tías individuales allí enumeradas en cuanto lo requiera 
la defensa del orden público y en tanto se restablezca la 
paz. La última de las dos condiciones apuntadas debe 
mantenerla todavía el Ejecutivo Federal porque, como 
sabe usted, y lo sabe toda la Nación, los enemigos del 
orden público, dirigidos principalmente por los genera- 
les Cipriano Castro, José Manuel Hernández, Leopoldo 
Baptista, F. L. Alcántara, Régulo Olivares y otros, no so- 
lamente continúan en actitud hostil contra el Gobierno 
legítimo, sino también fomentando por todos los medios, 
en el exterior y en el interior, la prolongación de la revo- 
lución armada. De suerte que sería desatender el voto 
mismo de la opinión nacional y comprometer los vitales 
intereses del país, resolverse ya a licenciar el Ejército, 
que es garantía de la paz futura y estable. Al propio tiem- 
po, la primera condición del Decreto de l 9 de agosto, a 
saber, suspensión de garantías en cuanto lo requiera la 
defensa del orden público, permite que, cuando el Estado 
lo considere oportuno y hacedero, consideren los pueblos 
y el Poder Público local la manera de darle solución a la 
grave cuestión política a que se refiere su telegrama. 
Cuestión que corresponde a la exclusiva incumbencia de 
los Estados, porque, conforme a los principios de nuestro 
derecho constitucional, especialmente desde 1811, fecha 
de la primera Constitución Federal, y desde 1864, fecha 
de la segunda, la soberanía reside en el pueblo, el ejerci- 
cio del Poder Público no es más que representación de 
la voluntad popular expresada en las elecciones y en las 
Leyes, la República venezolana es una Confederación de 
Estados legalmente autónomos e iguales, la Constitución 
Nacional es el pacto que suscriben por unanimidad los 
Estados, y este Pacto, por consiguiente, en su forma y en 
su duración, depende en todo momento de la voluntad 



198 SEMBLANZA DEL 



unánime de los mismos Estados. En las presentes cir- 
cunstancias y en las que pudieren ocurrir, el Ejecutivo 
Federal ha de limitarse a acatar y obedecer la decisión 
de los Estados, haciendo votos desde ahora porque ella 
se inspire en el más vigilante patriotismo y asegure para 
la Unión otra era de progresiva, pacífica y ordenada pros- 
peridad". 

Los Estados de manera unánime decidieron enco- 
mendar a Asambleas de Plenipotenciarios de los Distri- 
tos la solución del arduo problema político y estos Cuer- 
pos eligieron delegados a un Congreso de Plenipotencia- 
rios de los Estados que se reunió en Caracas el 19 de 
abril de 1914 y al instalarse expidió un Estatuto Consti- 
tucional Provisorio, que entró en vigencia desde esa mis- 
ma fecha y rigió hasta que fué promulgado el nuevo 
Pacto de Unión de los Estados. 

En conformidad con ese Estatuto se nombró un Pre- 
sidente Provisional de la Piepública y un Comandante en 
Jefe del Ejército Nacional. La elección de este Supremo 
Funcionario Militar recayó en el General Juan Vicente 
Gómez, quien tomó posesión del elevado cargo en la pro- 
pia fecha en que fué elegido, esto es: el 19 de abril de 1914. 

Ninguno con más méritos que él para mandar el 
Ejército venezolano y por tanto, el Congreso de Plenipo- 
tenciarios encomendó a sus dotes de gran patriota y de 
guerrero consumado la altísima misión de velar por la 
paz de la República al frente de los contingentes arma- 
dos de la Nación. 

La nueva Constitución que iban a darse los pueblos 
tendría un celoso guardián en este General, siempre vic- 
torioso y siempre sumiso a las Leyes. El Ejército, que él 
venía reformando en tesonera labor de años, tenía que 
sentirse orgulloso de la designación hecha en aquel Jefe 
sin miedo y sin tacha, bajo cuyas órdenes no había nunca 
sufrido la humillación de la derrota. 



CAPITULO XI 



' 



, 



CAPITULO XIII 



SUMARIO 

El General Gómez da al Gobierno de la Rehabilitación 
Nacional el concurso de su gran experiencia y de sus 
iniciativas. — Neutralidad y medidas fiscales con mo- 
tivo de la guerra que estalló en Europa. — Previsiones 
del Jefe de la Causa. — Mensaje presentado por el 
General Gómez al Congreso en sus sesiones de 1915. — 
Su elección para Presidente Constitucional de la Re- 
pública durante el período actual. — Venezuela en- 
tera aplaude esta elección. — Unánime deseo porque 
tome posesión del Alto Cargo. — Reforma Militar. — 
Adelantos introducidos en el ramo por el General 
Gómez. — Acuerdos de las Legislaturas y del Congre- 
so para felicitar al General Gómez. — Pago de una 
fuerte suma para satisfacer la deuda que tenía con- 
traída la Nación con la Compañía del Ferrocarril 
de Valencia a Puerto Cabello. — Se decretan dos 
grandes carreteras para el Oriente y el Occidente del 
País. — Jiras de mayo y abril en 1916 y 1917, respecti- 
vamente. — Circular del General Gómez que dio el re- 
sultado de duplicar nuestra producción agrícola. — 
Comentario acerca de esta Circular. — Nueva Circu- 
lar del General Gómez referente a nombramientos 
de Jefes Civiles de los Distritos y magistrados judi- 



202 SEMBLANZA DEL 



cíales en los Estados. — Acuerdo de la Legislatura 
Nacional en 1918, contentivo de un voto de recono- 
cimiento al General Gómez. — Recibimiento del Em- 
bajador de Bunsen. — Medalla de Honor de la Ins- 
trucción Pública y condecoraciones extranjeras 
conferidas al General Gómez. — Muerte del coronel 
Alí Gómez. — Consideraciones finales acerca de la 
vida privada y pública del General Gómez. 

Este es el capítulo final de la Semblanza del Gene- 
ral Juan Vicente Gómez. El abarcará la época de su 
vida pública comprendida desde el 19 de abril de 1914 
hasta la fecha en que aparece este libro a la publicidad. 
Algo más de un lustro de incesante labor durante el cual, 
ora como Comandante Supremo del Ejército, ya como 
Jefe de la Causa Réhabilitadora, ha aumentado el cau- 
dal de beneficios que viene haciendo a Venezuela a con- 
tar del día en que comenzó a ejercer la Magistratura. 

A los pocos meses de estar al frente del alto cargo 
militar tuvimos que ocurrir a su gran experiencia en de- 
manda de consejos para darle frente a los serios proble- 
mas que representaba para la Patria la interrupción de 
la paz en Europa. Entre éstos, los dos más arduos eran 
el de definir nuestra actitud en el gran conflicto que en- 
volvía razas y pueblos y el de equilibrar los gastos pú- 
blicos con los ingresos, disminuidos rápida y sensible- 
mente por la crisis económica universal, consecuencia 
inmediata de aquella guerra. La neutralidad y un plan 
de acertadas medidas en materia fiscal fueron los proce- 
dimientos que nos indicó adoptar en tales emergencias 
el Jefe de la Causa. 

El previo, desde los primeros momentos, cómo la 
guerra desatada en el Viejo Mundo sería de larga dura- 
ción, y en esto se apartó del criterio reinante que juzga- 
ba sería imposible la prolongación de la tremenda cala- 
midad por más de cuatro años. Sus cálculos y previsio- 
nes nos han evitado sufrir las penalidades y escaseces 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 203 

que hasta los países neutrales de este Continente han 
padecido. Cuando sobrevino la terrible crisis económi- 
ca disponía el Erario de un abundante fondo de reserva 
en metálico, acumulado merced a las prácticas de regu- 
laridad administrativa implantadas por el General Gó- 
mez. Este remanente nos ponía a cubierto de eventua- 
lidades en los azarosos años que comenzaban y que nos 
hallaron con un sistema tributario fundado en los in- 
gresos rentísticos por las Aduanas, ingresos que natural- 
mente disminuyeron de una manera alarmante. Con 
estos fondos y la prudente reducción del Presupuesto de 
gastos que se llevó a cabo pudimos darles frente a las cir- 
cunstancias del momento, hasta tanto nos fué dado in- 
troducir mejoras en nuestra legislación fiscal a efecto de 
acrecer la exigua renta interna de que disponíamos. Ta- 
les recursos salvadores los debimos al General Juan Vi- 
cente Gómez, al experto Jefe de Causa que dá asunto a 
este libro. 

Rendido el primer año de la actuación de nuestro 
biografiado como Comandante Supremo del Ejército Na- 
cional, él concurrió al Congreso a rendir cuenta de la 
labor que había realizado en el desempeño de la Magis- 
tratura miiitar. Su breve Mensaje estaba escrito en es- 
tos términos: "Hace un año que el Congreso de Plenipo- 
tenciarios me honró con el nombramiento de Comandan- 
te en Jefe del Ejército Nacional. Ajeno por carácter al 
empleo de palabras que no correspondan a hechos con- 
cretos, sabéis que siempre he preferido la obra a la pro- 
mesa. Consecuente con esta práctica, el 18 del presente 
tuve el honor de presentar sobre el Campo de Maniobras, 
una parte del Ejército. A vuestro experto juicio que- 
da el examen de mi labor. Podéis tener la seguridad de 
que este Ejército, en cualquiera emergencia que nos re- 
serve el porvenir, sabrá cumplir con su deber. El Mi- 
nistro de Guerra y Marina en su Memoria os da cuenta 
detallada de todo cuanto se refiere al Ejército. Hago 



204 SEMBLANZA DEL 



votos muy fervientes por la feliz inspiración de vuestros 
actos." 

Ya en otra ocasión, al referirnos a la obra de refor- 
ma militar efectuada por el General Gómez, emitimos el 
siguiente concepto acerca del importante documento: 
'Tara traer el convencimiento a la mente de los hom- 
bres, para demostrarles una verdad cualquiera o para 
redimirles del error, huelgan los largos y prolijos discur- 
sos. Refiérenos la Historia cómo ante el trono de un 
Rey persa solicitaban su alianza dos legados griegos: un 
ateniense y un espartano. Aquél expuso con toda la co- 
piosa argumentación del retórico lo que se proponía hacer 
su patria: éste sólo trazó una línea recta para demostrar 
lo que haría la suya y dijo al poderoso monarca : escoge. 
La alianza fué concertada con Esparta. El General Gómez, 
a semejanza del embajador laconio, presenta sobre el 
Campo de Maniobras, a la vista de todos, una parte del 
Ejército a su mando y al día siguiente dice a los Repre- 
sentantes de la Soberanía Nacional: "Todo ha quedado 
expuesto a vuestro examen y experto juicio."-^En el co- 
mentario que hemos hecho a este documento no hay una 
sola palabra que revele apasionamiento político ni fa- 
natismo personalista.* Deliberadamente hemos cuidado 
que nuestro juicio sea imparcial, porque de otra manera 
el primero que se ocuparía de redargüirlo sería el mismo 
General Gómez, quien ha dado constantes manifestacio- 
nes de que no gusta del halago y de lo reñido que está con 
su índole de republicano toda suerte de lisonjas. Del 
ciudadano austero, ajeno por carácter al empleo de pa- 
labras que no correspondan a hechos concretos, no debe 
hablarse sino en el lenguaje augusto de la verdad. De- 
cir que él es patriota eminente, que sus actos son la de- 
rivación natural de ese patriotismo, que al verificar la 
reforma del Ejército Venezolano ha hecho lo que no hizo 
ninguno de sus conciudadanos en el ejercicio del Poder 
y que el documento comentado es una admirable síntesis 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 205 

de esos hechos, indudablemente que es decir lo cierto y 
hacer que la pluma rinda acatamiento a la Justicia." 

Aquellas ideas que emitimos hace más de un año 
tienen que ser las mismas hoy día, al ocuparnos de es- 
cribir esta parte del presente capítulo en que narramos 
especialmente los actos del General Gómez como Coman- 
dante en Jefe del Ejército. 

Esos actos han sido la continuación de la empresa 
de disciplinar tropas para combatir con éxito; empresa 
acometida por el vencedor de todos los caudillos venezo- 
lanos, desde que en los 19 meses transcurridos hasta el 
21 de julio de 1903 tuvo que luchar al frente de soldados 
de mucho valor pero de escasa preparación militar para 
realizar su estupenda campaña de entonces. Para el 
año de 1915, a que hemos llegado en el curso de nuestro 
trabajo biográfico, mucho había logrado el General Gó- 
mez en el sentido de reformar las fuerzas armadas de la 
Nación. 

Durante los meses que antecedieron a la elección de 
Presidente Constitucional de la República para el perío- 
do de 1915 a 1922, una gran mayoría de ciudadanos con- 
cibió el propósito de postular la candidatura del General 
Gómez para el Supremo Cargo. Esta hubiera sido apo- 
yada por todo venezolano patriota, pero nuestro biogra- 
fiado, el 9 de enero de 1915 y en documento público muy 
aplaudido, tuvo el desinterés y el escrúpulo de no per- 
mitir tal propaganda porque juzgó que ésta hubiera sido 
como una coacción ejercida sobre el Congreso, a quien 
quería se dejase en absoluta libertad para elegir, como 
en efecto aconteció el 3 de mayo del año citado. 

La unanimidad de los sufragios del Alto Cuerpo la 
recibió el General Gómez, y no faltamos en lo más mí- 
nimo a la verdad al asegurar, como lo hacemos, que nin- 
guno de los Senadores y Diputados fué influenciado por 
la gestión oficial para que comprometiese su voto. La 
elección de Presidente Constitucional de los Estados Uni- 



206 SEMBLANZA DEL 



dos de Venezuela para el período que discurre, se efectuó 
con entera libertad. 

Hé aquí el magnífico documento público a que he- 
mos hecho referencia: "Tengo conocimiento de que en 
algunos pueblos de la República amigos personales míos 
hánse constituido en Juntas, con el propósito de reco- 
mendar mi nombre como Candidato a la Presidencia 
Constitucional en el próximo período. Estimo natural- 
mente esta amistosa iniciativa venida espontáneamente 
de partidarios de la Causa, pero conceptúo un deber de 
mi parte llevar al ánimo de todos mis amigos que, a mi 
modo de ver, no son cónsonas ni adaptables esas propa- 
gandas a la actual época de trascendentales rectificacio- 
nes políticas en que todos, con alteza de miras, debemos 
aunar nuestros esfuerzos en el propósito sano y firme de 
mantener incólume la majestad de la Ley representada 
en las soberanas decisiones del Congreso Nacional, en 
cuyas altas encomiendas está la de escoger entre los ve- 
nezolanos y hacer la elección de Presidente Constitucio- 
nal de la República, con entera y dignificante libertad, 
sin cortapisas de ninguna especie, y sin imposiciones de 
nadie que vendrían a menoscabar la pureza de nuestros 
principios esencialmente republicanos." 

Aquella elección se verificó, pues, en conformidad 
con el noble anhelo expresado en la Circular del General 
Gómez que acaba de leerse, y cuando él recibió la par- 
ticipación respectiva, en Maracay — donde se había reti- 
rado a disfrutar de una tregua relativa en medio de su 
incesante labor — dijo: "mi gratitud es tanto mayor, 
cuanto que, como es públicamente sabido, en ese nom- 
bramiento no ha intervenido en forma alguna la más li- 
gera insinuación oficial." 

De uno a otro confín del País, en forma de plebis- 
cito, fué aprobado y aplaudido el tino de los represen- 
tantes de la voluntad popular y de los poderes autóno- 
mos de los Estados al elegir el Primer Magistrado de la 
República, como consta en un extenso volumen en que 



\ 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 207 

compilamos todas esas manifestaciones del regocijo na- 
cional y que apareció publicado en el séptimo aniver- 
sario de la Causa Rehabilitadora. En la prensa extranje- 
ra también se calificó de muy acertada la elección del 
austero ciudadano y las Asambleas Legislativas de los 
Estados Federales en sus sesiones de 1916, sancionaron 
justicieros Acuerdos en que congratulaban al General 
Gómez por aquel legítimo triunfo de su vida pública. 

Desde entonces y también del uno al otro confín del 
País, alienta un vivo deseo en la conciencia de la Vene- 
zuela rehabilitada; el deseo de que tome posesión de la 
Presidencia Constitucional el eminente Ciudadano un- 
gido por el voto nacional el .memorable 3 de mayo de 
1915. Ante esa universal aspiración no se manifestaría 
indiferente el General Gómez, y así tenemos que en su 
Mensaje al Congreso de 1916, en que daba cuenta de sus 
actos como Comandante en Jefe del Ejército, decía al 
Alto Cuerpo, heraldo legítimo de los anhelos popula- 
res: "A vuestra esclarecida inteligencia no se ocultan las 
razones por las cuales he permanecido ert ejercicio del 
Comando Superior. Os prometo encargarme de la Pre- 
sidencia de la República, para la cual me habéis elegi- 
do, cuando lo considere oportuno y conveniente".^ La 
Patria aguarda la efectividad de tan solemne promesa, 
porque ella tiene necesidad, hoy como mañana, del Go- 
bierno paternal de su bienhechor. 

Como nos hemos anticipado en el orden cronológi- 
co de esta narración a efecto de historiar acerca de aquel 
gran acontecimiento que fué la elección del General Gó- 
mez para Presidente Constitucional de Venezuela en el 
período actual, volvemos a situarnos en el primer año 
en que actuó como Comandante en Jefe del Ejército. 
De su labor en aquella época decía en síntesis el Ministro 
de Guerra y Marina en su Memoria presentada al Congre- 
so en 1915 : "Honrosa en su más alto grado ha sido la re- 
presentación que ha tenido el Ejército Nacional hallándo- 
se a su frente el Benemérito General Juan Vicente Gómez, 



208 SEMBLANZA DEL 



en su calidad de Comandante en Jefe. El Ejército, que hoy 
ha llegado por primera vez en Venezuela a la categoría de 
Institución, por el noble e importante objeto a que está 
destinado, le debe su encumbramiento moral e intelectual 
a su actual Comandante en Jefe, quien no solamente es 
experto preparador y conductor de hombres para la gue- 
rra, sino que es padre afectuoso del soldado, a quien vi- 
gila para que tanto en el cuartel como en el campamento 
las asperezas físicas inherentes al servicio militar le sean 
modificadas lo más posible, y es por eso que él no ha ce- 
sado de dictar órdenes y reglamentos para proporcionar 
a las fuerzas en armas las mejores condiciones en mate- 
ria de alojamiento, higiene, alimentación, etc. etc. en todo 
el transcurso del último año a que me concreto en esta 
Memoria. Su labor, pues, ha sido incesante en ese im- 
portante ramo, y en cuanto a instrucción, tanto teórica 
como práctica, son ya tan conocidos los progresos del 
Ejército que fuera prolijo lo que pudiera decirse a ese 
respecto, de manera que en las buenas condiciones en 
que él se encuentra, y sobre todo, dirigido por un Jefe de 
poderosa e inteligente iniciativa, alentado siempre por 
el más puro patriotismo, toda emergencia subversiva en 
contra de la paz y el orden públicos, además de criminal, 
tendría el carácter de absurda quimera." 

El General Gómez se había ocupado especialmente, 
durante el año en referencia, de las siguientes materias 
de régimen y administración militar, acerca de las cua- 
les expidió órdenes que fueron rigurosamente cumpli- 
das: Sanidad Militar; mejoras en la alimentación de las 
tropas; licénciamiento de los individuos que hubieran 
\ cumplido el tiempo reglamentario en las filas, hacién- 
doles dar una cantidad de dinero suficiente y facilitán- 
doles los medios de transporte para que cada uno llegase 
a su hogar; servicio de Remonta; revistas mensuales de 
las tropas; buen estado de los Cuarteles de Caracas y de- 
más edificios militares de la República; observancia, por 
parte de los jefes y oficiales del Ejército de la neutrali- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 209 

dad, conforme a la actitud que había asumido la Na- 
ción ante el conflicto armado que existía entre pueblos 
amigos; vigilancia y organización interna de los Cuarte- 
les; deberes religiosos del Ejército, como medio para 
mantener su moral; Cajas de Ahorros para el Soldado; 
creación de la Proveeduría General del Ejército; escuelas 
de enseñanza primaria para las tropas; establecimiento 
de una clase de Artillería, con las asignaturas de cono- 
cimientos de armas y balística para los oficiales de los 
cuerpos respectivos; constitución de una Junta Superior 
de Instrucción Militar; clase de equitación para todos los 
oficiales francos de servicio de armas montadas; confe- 
rencias sobre asuntos militares; institución de concursos 
para llenar las plazas vacantes en el Ejército; y, dota- 
ción para éste de camas portátiles, en cantidad suficien- 
te para ser repartidas entre los individuos de la tropa. 

Muchos más asuntos concernientes a su Alto Cargo 
habían ocupado la atención del General Gómez, pero 
fuera prolijo enumerarlos en esta Semblanza. 

Durante los tres años siguientes, no sería menos in- 
tensa la labor de nuestro biografiado. Al par que ha 
puesto en actividad incesante su gran energía y los re- 
cursos de su experiencia e insuperable don de mando 
para adelantar su fecunda obra de reforma militar, ha 
dedicado su atención al cumplimiento de los ingentes de- 
beres que tiene contraídos para con la Patria, en su ca- 
rácter de Jefe de la Causa Rehabilitadora. Infatigable 
en el desempeño de su misión de bienhechor de Venezue- 
la, no ha perdido oportunidad en sugerir al Gobierno ci- 
vil medidas de progreso y la manera de practicarlas. 
Así tenemos que a sus iniciativas y a la bondad de sus 
consejos debe la presente Administración los éxitos que 
viene obteniendo. 

En esa virtud, el Congreso Nacional al clausurar sus 
sesiones de 1916 y las Asambleas Legislativas de los Es- 
tados en su reunión de 1917, acordaron felicitar al Ge- 
neral Juan Vicente Gómez. 



210 SEMBLANZA DEL 



No obstante la crítica situación financiera porque ve- 
nia atravesando el mundo, la Venezuela rehabilitada 
pudo pagar más de cuatro millones de bolívares, en un 
solo desembolso, a la Compañía inglesa del Ferrocarril 
de Valencia a Puerto Cabello, y, naturalmente, su crédi- 
to que era ya extenso en el Extranjero se hizo ilimitado 
merced a las previsiones del Jefe de la Causa. La an- 
tigua deuda que por tal respecto pesaba sobre el Erario 
quedó de una vez cancelada. 

Se decretaron dos grandes carreteras: la de Occi- 
dente que parte de Caracas, pasa por los Estados Miran- 
da, Aragua, Carabobo, Cojedes, Portuguesa, Zamora y 
Tá chira y va a terminar en San Cristóbal y la de Orien- 
te que partiría de la misma capital de la República y se 
prolongaría por los Estados Miranda, Anzoátegui y Bo- 
lívar hasta finalizar en la región minera del interior de 
Guayana. 

En mayo de 1916 y en abril de 1917, fué el General 
Gómez — acompañado de todos los miembros del Con- 
greso Nacional y de otros distinguidos servidores de la 
Causa — desde Guatire hasta Ocumare de la Costa, en la 
primera ocasión, y desde Caracas hasta las más aparta- 
das comarcas del Guárico, en la segunda, a efecto de ha- 
cer palpables los progresos alcanzados por el Gobierno 
de la Rehabilitación. Las dos jiras efectuadas en au- 
tomóvil y en el espacio de breves días cada una de ellas, 
fueron la demostración palmaria de los esfuerzos victo- 
riosos realizados por el Jefe de la Causa para hacer po- 
sitivamente próspera y venturosa a Venezuela. 

No cabe en las páginas de este volumen la relación 
de todos los bienes que ha derivado el país de la patrió- 
tica labor del General Juan Vicente Gómez. La refe- 
rencia de esos bienes sin hacer omisiones y la historia 
amplia de la vida del eminente Ciudadano corresponde 
a un trabajo biográfico de mucho mayor aliento que 
éste. Nosotros, en la presente semblanza, hemos elegido, 
a medida que el tiempo nos ha dejado en posibilidad de 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 211 

hacerlo, algunos de los actos más sobresalientes que es- 
bozan al glorioso Guerrero, al Magistrado cabal y al 
hombre privado de conducta intachable. 

El 3 de abril de 1917, preocupado por la magnitud 
que venía alcanzando la guerra en el mundo, pues el te- 
rrible conflicto era ya inminente que envolvería a Amé- 
rica, expidió el General Gómez su nunca bien alabada 
circular a los Presidentes de los Estados, encareciéndo- 
les como amigo y como Jefe de Causa, la necesidad ina- 
plazable en que estaban los pueblos de sus respectivas 
jurisdicciones, de intensificar y hacer más extenso el cul- 
tivo de los campos. Vamos a insertar ese documento y a 
comentarlo, porque él expresa muy a las charas cómo 
sabe consagrarse el Repúblico de Diciembre a los augus- 
tos deberes de velar por la salud de la Patria. La cir- 
cular es como sigue: "Me agradaría mucho que usted en 
la jurisdicción de su mando, llevase a conocimiento de 
sus honrados habitantes, por cuantos medios estén a su 
alcance, las grandes conven hnci as de aprovechar la pre- 
sente estación para cultivar la tierra, sembrar por todas 
partes fructíferas semillas y hacer de la agricultura fuen- 
te real y positiva de nuestra subsistencia, porque no sa- 
bemos hasta qué punto obrarán en nuestro país los dis- 
turbios extranjeros y la prudencia y buen sentido acon- 
sejan en los actuales momentos proveer nuestros grane- 
ros y asegurar en la abundancia de nuestras cosechas 
la estabilidad invariable y módica de los frutos que sean 
de primera necesidad para la vida del hombre. Nues- 
tras tierras son fértiles, nuestros trabajadores diligentes 
y vigorosos, la paz echa sus fulgores por todos los cam- 
pos y todo en la actual Administración convida a la agri- 
cultura que da alegría al labriego y pan a todos los ho- 
gares. No omita usted esfuerzos en llevar estímulos a 
este sano propósito y haga en tal camino incansable pro- 
paganda, que esa es propaganda bienhechora. Llame 
usted a los ricos, a los pobres, al clero, a todos, y hágales 
ver la suprema necesidad de cultivar los campos, pues en 



212 SEMBLANZA DEL 



ello estribará ahora y mañana la independencia de nues- 
tra subsistencia vinculada en los frutos que nosotros mis- 
mos produzcamos." 

Los consejos e indicaciones contenidos en esos pá- 
rrafos que acabamos de reproducir no podían ser más 
oportunos ni más llenos de sabiduría práctica. Grave, 
eminentemente grave era el problema que se encaraba a 
todos los gobiernos y pueblos del mundo con la amenaza 
de escasez de los frutos que da la tierra para alimentar 
al hombre. Si sobre las naciones beligerantes se cernía 
el fantasma del hambre con toda su secuela de horro- 
res, porque los brazos de sus hijos fosas en vez de surcos 
era lo que abrían, en los países neutrales no por ser me- 
nos inmediato el peligro dejaba de ser real. Había que 
hacer en Venezuela de una vez lo que vinieron a hacer 
otros pueblos cuando ya el Moloch de la guerra les im- 
puso, sin esperas, el holocausto de la actividad y la san- 
gre de sus hijos. Previsor y alerta, el General Gómez se 
dio cuenta cabal de aquella situación, y con mente acos- 
tumbrada al análisis de los más serios asuntos públicos 
y a sintetizarlos, plantea éste en la concisa circular que 
comentamos, y expone, en forma y términos tan senci- 
llos como atinados, la manera de solucionarlos. 

"No sabemos hasta qué punto obrarán en nuestro 
país los disturbios extranjeros", advierte el Jefe de la 
Causa a los directores de las administraciones secciona- 
les, y la frase no podía ser más precisa ni más prudente 
en aquellas horas de ansiedad en que el Ángel de la 
Muerte alargaba los brazos hacia ambas Américas y sen- 
tíamos ya cercano el furioso aletazo de sus flancos. 

De habernos visto aislados del concurso comercial 
de las Naciones en aquellos días en que nada era nor- 
mal, sino la matanza organizada, qué nos hubiera que- 
dado por hacer? Naturalmente que bastarnos a nos- 
otros mismos satisfaciendo nuestras necesidades con los 
recursos que teníamos a la mano. 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 213 

La mente del General Gómez al expedir su patrió- 
tica circular señalaba aquellos peligros a que estábamos 
expuestos e indicaba la manera de conjurarlos. El, por 
una experiencia de toda su vida, conocía la generosidad 
con que la ubérrima tierra nativa devuelve a sus pobla- 
dores el afán que emplean para fecundarla. --,- 

Mientras los demás pensaban, discurrían y divaga- 
ban acerca de lo critico de la situación, pero sin indicar 
nada concreto ni hacedero, el General Gómez acierta con 
la clave del problema y sin pérdida de tiempo, con la pa- 
labra y con el ejemplo, hace que sus compatriotas se en- 
teren cabalmente de los males que amenazan la colecti- 
vidad y de lo que debe hacerse para prevenirlos. 

No pasaron muchos días sin que se palpara el inmen- 
so beneficio producido por las iniciativas de nuestro bio- 
grafiado. No sólo tuvimos bastante pan para nuestros 
hogares. Nuestra producción agrícola se duplicó y el 
excedente de ésta fué a los exhaustos graneros de otros 
pueblos, como el mejor testimonio de que la Venezuela 
pacífica era más útil a la humanidad que una Venezuela 
guerrera. 

Justo es el aplauso que impartimos al General Gó- 
mez por los invalorables resultados que obtuvo con su cir- 
cular de 3 de abril de 1917, como justos fueron los votos 
de reconocimiento que con vista de tales beneficios san- 
cionaron las Asambleas Legislativas de las Entidades 
Federales de la Unión en sus sesiones de 1918 y como ex- 
presión de la gratitud de sus delegaíarias hacia el Jefe 
de la Rehabilitación. 

El 12 de marzo del año últimamente citado, el Ge- 
neral Gómez dio otra prueba inequívoca de que no des- 
cansa en su insigne labor de cuidar que no se menosca- 
ben las conquistas de la Causa. Acababa de iniciarse en 
los Estados un nuevo período constitucional, y él com- 
prendió la conveniencia y oportunidad que había de dar 
los consejos de su gran experiencia en materia de go- 
bierno a los ciudadanos que entraban a presidir las vein- 



214 SEMBLANZA DEL 



te Entidades autónomas. Su palabra se dejó oir en este 
sentido. Indicaba a los Magistrados Seccionales el de- 
ber en que estaban de interpretar el Programa de Di- 
ciembre, y les advertía cómo uno de los obstáculos que 
podía presentárseles en la práctica leal de las ideas con- 
tenidas en el Credo rehabilitador, era confiar el ejercicio 
de la autoridad en los Distritos, y la magistratura judi- 
cial, a personas sin idoneidad para el desempeño de ta- 
les funciones. 

Antiguo achaque de las Administraciones locales era 
este que anhelaba desarraigar el General Gómez. La 
guarda del derecho y la honra de los ciudadanos y la po- 
testad inmediata del gobierno regional confiada a las ma- 
nos torpes de empleados poco o nada escrupulosos, fué 
sin duda el origen principal del desprestigio y la ani- 
madversión que se concitaron algunos representantes 
del poder público en los Estados. El patriotismo y el 
celo de éstos tuvo que encontrar remora en la mala cola- 
boración de sus subalternos. 

La gratitud de los pueblos tenía que exaltarse al ver 
la solicitud con que el Presidente electo de la República 
velaba por sus más caros intereses y tomaba eficaces pro- 
videncias para evitar que sobre ninguno de ellos volviera 
a pesar la férula de los régulos de Distrito. 

Por tanto, y por tener muy presente la multitud de bie- 
nes que venía haciendo a sus conciudadanos nuestro bio- 
grafiado, el Cuerpo Soberano de la Patria, en su reunión 
de 1918 sancionó el siguiente Acuerdo: — "El Congreso de 
los Estados Unidos de Venezuela, — Considerando: — Que 
de la fecunda labor del General Juan Vicente Gómez, 
como Supremo Director de la Causa de Diciembre, ha 
derivado el país su bienestar y seguras prendas de ince- 
sante prosperidad, por la inviolable paz de que goza la 
Nación, la armonía de todos los intereses legítimos de los 
venezolanos, el respeto y el crédito de la Patria ante las 
Naciones extranjeras, la difusión de las luces y el desen- 
volvimiento de la riqueza pública, obra toda de los enér- 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 215 

gicos esfuerzos y las altas virtudes republicanas de aquel 
eminente ciudadano, — Acuerda: — Artículo 1 Q Dar un 
voto especial de reconocimiento al Benemérito General 
Juan Vicente Gómez, Presidente Titular de la República 
y Comandante en Jefe del Ejército Nacional, en esta sig- 
nificativa fecha, aniversario del día en que prestó su jura- 
mento constitucional estrictamente cumplido por su fide- 
lidad absoluta a la Causa de Diciembre, que lo es de 
verdadera Rehabilitación Nacional. — Artículo 2 9 El pre- 
sente Acuerdo, debidamente caligrafiado, será presentado 
al General Gómez por una Comisión del Congreso, com- 
puesta de cinco Senadores y cinco Diputados. — Dado, 
etc., etc., etc." 

Deliberadamente escogieron los legisladores de 1918 
la fecha de 3 de junio para sancionar aquel acto de jus- 
ticia. Era ese el octavo aniversario del día en que tomó 
posesión nuestro biografiado de la Primera Magistratura 
para el período que finalizaría en 1914, según el Pacto 
Fundamental que regía entonces. Ya hemos narrado en 
los capítulos anteriores de este libro cómo fué de fecunda 
en progresos la brillante Administración efectuada du- 
rante aquellos cuatro años. 

Entre los muchos méritos que ostentaba el General 
Gómez y que le valieron tan alto galardón, estaba el de 
haber recibido el Poder el 24 de noviembre de 1908 
con un Erario abrumado de compromisos, como lo com- 
prueba la circunstancia de deber para aquella fecha 
el Gobierno Nacional al Raneo de Venezuela la suma de 
B 745.862,04, y estar la Hacienda Pública, para el día en 
que se expidió el Acuerdo, libre de tales compromisos, con 
un depósito disponible en metálico mayor de B 30.000.000 
y con un crédito ilimitado en los mercados monetarios 
del mundo. 

En estos datos biográficos del General Gómez no de- 
bemos omitir la cordialidad de sentimientos que ha expe- 
rimentado en toda ocasión hacia Naciones tradicional- 
mente amigas de Venezuela. No hace mucho dio buen 



216 SEMBLANZA DEL 



testimonio de esto al empeñarse con el fin de que la Mi- 
sión Especial Británica que nos visitó en la segunda quin- 
cena de agosto del año próximo pasado fuera agasajada 
y cumplimentada suntuosamente. En su propio hogar 
recibió al Excelentísimo Señor Mauricio de Bunsen, Em- 
bajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de 
Su Majestad el Rey Jorge de Inglaterra, cuando éste fué 
a visitarlo en Maracay, y tanto el Alto Representante de 
la gloriosa Albión como sus compañeros, los Honorables 
señores Teniente-Coronel Sir Charles Barter, Contra- 
Almirante James C. Ley, Follet Holt, Archibald Alian 
Kerr, Thomas Humphrey Lyon y William Singer Bar- 
clay, tuvieron una acogida franca y calurosa por parte 
de nuestro biografiado. •^ % ^ w 

El General Gómez, que ha recibido las siguientes 
condecoraciones extranjeras, algunas de las cuales men- 
cionamos ya: Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la 
Católica, Caballero de la Orden Piaña en la 1 ? Clase, Me- 
dalla de Mérito (italiana), Gran Cordón de la Orden de 
la Corona y Condecoración "Al Mérito" (chilena), no po- 
seía nuestra Medalla de Honor de la Instrucción Pública. 
El Gobierno de la Rehabilitación Nacional se la confirió 
por Decreto de 3 de setiembre de 1918. 

En este capítulo final de nuestra obra debemos abrir 
un paréntesis para hablar de un acaecimiento por mu- 
chos motivos infausto. 

■ Ei 7 de noviembre de 1918 padeció el General Gómez 
uno de los más crueles dolores de su existencia, después 
del que le produjo la pérdida eterna de su excelente ma- 
dre, ocurrida el 14 de marzo de aquel mismo año. Un 
hijo que en todo le era semejante, hasta en lo marcial y 
varonil de la figura, cayó para no levantarse más, víc- 
tima de la epidemia que azotó hace poco a Venezuela. 
Pero a pesar de aquel horrible sufrimiento experimen- 
tado por él, se le vio firme en el cumplimiento de sus 
deberes como Jefe de la Causa y como Jefe del Ejército. 
Eran aquellos, momentos de tribulación y de alarmas en 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 217 

que no debía faltar a la Patria su dirección enérgica y 
experta. Bien sabemos cómo no le faltó ni siquiera en las 
horas en que ocurría la inmensa desgracia y en los días 
lúgubres que la sucedieron. 

¡ Qué heroicos esfuerzos de voluntad no emplearía 
este hombre de gran corazón que amaba entrañablemente 
a aquel gallardo y fiel renuevo de su vida batalladora, 
para verlo tronchado en plena lozanía por una fatalidad 
ciega y lograr permanecer en la cotidiana lucha, los bra- 
zos y la mente activos siempre en el afán de la diaria 
labor, pero el alma torturada! 

Todo cuanto hemos dicho en las páginas anteriores 
de este libro acerca de la fortaleza de ánimo del General 
Juan Vicente Gómez, no la revela con la elocuencia paté- 
tica con que nos la dio a conocer en este terrible trance 
de la muerte del Coronel Alí Gómez. 



Este es el esbozo biográfico del Ciudadano Benemé- 
rito que ha rehabilitado a Venezuela. En estas páginas se 
expone su obra a grandes rasgos, cuidadosa y amplia- 
mente documentada, pues hemos preferido al método de 
hacer citas, insertar, cuantas veces nos ha sido posible, 
los comprobantes históricos que dan fe de la veracidad 
de nuestra narración. No hemos necesitado ocurrir a si- 
logismos ni a habilidades dialécticas para destacar ante 
la mirada de los contemporáneos y remitir al juicio im- 
parcial de la posteridad los hechos que integran la 
vida del General Juan Vicente Gómez. Exponiéndolos 
tales como ellos son hemos logrado este intento. 

Echarles mano a recursos artificiosos, forjar leyendas 
o construir ficciones tratándose de una vida tan rica en 
merecimientos y tan abundante en sucesos, hubiera sido 
colocarnos en la condición del avaro que tiene a su alcan- 
ce arcas repletas de oro y de magníficas gemas y es dis- 
cos de similor o rútilos abalorios lo que muestra a los 
demás. Eso es lo que hubiéramos hecho, si en vez de 



218 SEMBLANZA DEL 



traer a la publicidad los veinte años de fecunda actividad 
ciudadana del General Juan Vicente Gómez y el tiempo 
de su niñez y de su adolescencia, hubiéramos incurrido 
en la aberración de exhibirlo como uno de esos conduc- 
tores de hombres a quienes eleva al Olimpo de los pre- 
destinados el numen fantasioso de sus apologistas. 

Nó: nuestro biografiado tiene una talla moral muy 
alta, definida y justa, que hubiera sido puerilidad nuestra, 
si no insensatez, desvirtuarla; porque ya no se engaña la 
credulidad de las gentes cuando se les habla de seres na- 
cidos con misión divina para asombro del mundo y deli- 
cia o terror del género humano. 

El venezolano por mil legítimos títulos ilustre que da 
asunto al presente libro es — lo dijimos antes — el Gober- 
nante que había menester la Patria en la época que aún 
discurre, para guía en su marcha hacia la realización 
práctica de muchas de las conquistas adquiridas hasta 
ahora por ella en medio de luchas y sacrificios heroi- 
cos — algunos de éstos anticipados pero ninguno estéril. 

Nacido en el seno de nuestra Democracia infante 
— cuya evolución se realiza para cumplir los destinos 
eminentes que aguardan en lo porvenir a esta raza ibero- 
americana — el General Juan Vicente Gómez no debe a 
rancios abolengos ni al favor de los poderosos las prerro- 
gativas adquiridas por él para fundar una Causa y ser 
su Jefe único e insustituible/* Estos privilegios los logró 
con el pueblo y para' el pueblo; con el pueblo honrado y 
trabajador que laborea la tierra, conduce las vacadas a 
que abreven, edifica las ciudades y los caminos y es, en 
suma, el verdadero zapador del progreso; para el pueblo 
a quien el infatigable y máximo obrero del bienestar na- 
cional devuelve los humildes pero auténticos servicios 
que presta a la República, en pan abundante que es salud 
y en techo seguro que es bendición. 

Aliadas inseparables del General Juan Vicente Gó- 
mez para mantener la paz lo han sido, por tanto, las mul- 
titudes que trabajan en los campos, en los talleres, en la 



GENERAL JUAN VTE. GÓMEZ 219 

construcción de los edificios y de las vías de tráfico, en 
las casas de comercio y en todo lo que constituye adelan- 
tamiento positivo en este vasto emporio que es hoy Ve- 
nezuela. Esa es la razón evidente de por qué los repre- 
sentantes de esa enorme colmena humana que ocupa una 
superficie de más de un millón de kilómetros, suscribie- 
ron hace poco inequívocas manifestaciones de adhesión 
al Magistrado Militar y Jefe de Causa, que garantiza a 
ambos — obreros y patrones — la seguridad de poder gozar 
sin trabas ni temores del producto de sus afanes; pro- 
vento cuantioso que forma, en resumen, la riqueza más 
esforzadamente adquirida. 

Y tenía que ser de esa manera, porque el General 
Juan Vicente Gómez vive en contacto con el pueblo, y 
aparte de su consagración a los deberes oficiales, viene 
dando, como particular, un ejemplo de no reciente data 
de cuanto importa al hombre y a la Patria el cumpli- 
miento de la santa ley del trabajo. Los braceros y pasto- 
res de sus propiedades del Táchira le tuvieron siempre a 
su lado en la diaria faena, y cuando suerte adversa le 
hizo salvar las fronteras nativas, también extrajo del 
seno de una tierra hospitalaria fuentes de bienestar y de 
prosperidad. Después, en las treguas que le daban sus 
empresas guerreras, encontraba nuevos estímulos para la 
lucha en la administración directa de sus intereses y en la 
compañía de sus rústicos servidores, cuyos rudos oficios 
no desdeñaba compartir. Y al ocupar los sitiales de la Pri- 
mera Magistratura de la República ha continuado siendo 
el mismo : amante de las artes pacíficas del trabajo, por 
medio de las cuales es como el individuo se crea hogar 
honorable y contribuye a la grandeza y perpetuidad de 
las Naciones respetadas y libres. 

Para gobernar con el pueblo y para el pueblo el Ge- 
neral Juan Vicente Gómez se ha ocupado con actividad 
constante de todos los asuntos administrativos, pero su 
consagración preferente, sus energías ayer como hoy y 
mañana vigorosas, las ha dedicado a la realización de estos 



220 SEMBLANZA DEL 



propósitos que importan salud y vida a Venezuela : hacer 
fácil el tráfico por todo el territorio nacional con una pro- 
fusión de carreteras modernas; cuidar los fondos del Era- 
rio de manera que siempre haya dinero suficiente para 
invertirlo en obras de utilidad pública — así requieran és- 
tas gastos muy crecidos como los que originarán las cloa- 
cas de Caracas; — acabar con la vagancia; proscribir de las 
actividades nacionales los hábitos de politiquear, y man- 
tener la paz a todo trance. El pueblo ha palpado los re- 
sultados espléndidos de esa labor del Jefe de la Rehabili- 
tación Nacional y los disfruta. En consecuencia, al con- 
signarlos en las páginas que acabamos de escribir, no es 
para revelar cosas que están ignoradas sino para legarlas, 
en la forma perdurable del libro, a las generaciones fu- 
turas. 

Esta es la semblanza del General Juan Vicente Gó- 
mez: su biografía, como lo dejamos dicho en la introduc- 
ción de la presente obra, es trabajo de tal magnitud, que 
sólo a un historiador de muchos alientos y suficiente ca- 
pacidad corresponde emprenderlo y darle cima. 



ndicc 



ÍNDICE 



Págs. 



Carta del Doctor V. Márquez Bustillos V 

Introducción XI 

CAPITULO I 

Sumario: — Datos acerca de la región donde nació el General Juan 
Vicente Gómez. — Primera juventud de éste y su consagración al 
trabajo — Riqueza del suelo en el Estado Tachara. — índole y cos- 
tumbres de sus habitantes. — Ojeada histórica sobre este Estado. 
Los progenitores del General Gómez. — Breve relación de la vida 
de ellos y de la educación que dieron a su hijo. — Comentario 3 

CAPITULO II 

Sumario: — Educación del General Gómez. — Su vocación militar. — Pros- 
peridad que logró por medio del trabajo. — Sus primeros servicios 
militares. — Gobierno del Doctor R. Andueza Palacio. — Revolución 
de 1892. — Parte que tomó la entonces Sección Táchira en la lucha. 
Origen y consecuencias de aquella Revolución. — Se inicia el Go- 
bierno del General Joaquín Crespo. — Exilio del General Gómez y 
de sus compañeros de armas. — El se rehace de las pérdidas mate- 
riales que sufrió en la guerra. — Relaciones importantes que ad- 
quirió en Colombia y fundación allí de la hacienda Buenos Aires. 
Comentario II 

CAPITULO III 

Sumario: — Término de la Administración del General Joaquín Crespo. 
Oposición latente que existía en el Táchira a la política nacional- 
Elección del General Ignacio Andrade para Presidente Constitu- 



224 índice 



cional de la República. — Estalla en Queipa la Revolución acaudi- 
llada por el General José Manuel Hernández. — Muere el General 
Crespo combatiéndola. — Evolución política para devolver su auto- 
nomía a los 20 antiguos Estados de la Federación Venezolana. 
Alzamiento del General Ramón Guerra. — Revolución de 18!)!.). — El 
General Juan Vicente Gómez es el alma y el nervio de aquella 
revolución. — Génesis de ésta y su triunfo. — Muere en Caracas el 
bizarro Coronel Aníbal Gómez. — Defección del General José Ma- 
nuel Hernández. — Nombramiento del General Gómez para Gober- 
nador del Distrito Federal. — Pasa a desempeñar la Jefatura Civil 
y Militar del Estado Tácliira. — Concilia allí los círculos locales y 
recompensa a las familias de los valientes que ofrendaron sus 
vidas por el triunfo de la revolución. — Es nombrado Vicepresiden- 
te de la República por el Congreso Nacional. — Comentario 31 

CAPITULO IV 
Sumario: — Elementos disidentes del Gobierno. — El General Gómez al 
frente de los intereses y de las fuerzas efectivas que originaron 
la Revolución de Mayo es el antagonista de aquellos elementos. 
El caudillaje otra vez en acción — Precario estado de la Hacienda 
pública. — Intereses políticos en juego. — Una nueva amalgama de 
los Partidos. — Elecciones — ■ Veleidades del general Castro. — Se 
prepara la revolución más poderosa que ha habido en Venezuela 
de medio siglo a aquellos días. — El General Gómez es el llamado 
a vencerla 49 

CAPITULO V 
Sumario: — El general Manuel Antonio Matos aparece en aguas vene- 
zolanas, en actitud revolucionaria, a bordo de un navio de gue- 
rra. — Alzamiento del general Luciano Mendoza en La Victoria. 
El General Gómez es nombrado Jefe del Ejército que sale a com- 
batirlo. — Primeros encuentros con el adversario. — Combate de La, 
Puerta. — Tiroteos en San José de Tiznados y el Paso de Esteves. 
Derrota del general Antonio Fernández. — Acto de clemencia del 
General Gómez. — Recorrida por la Sierra de Carabobo. — Marcha a 
los llanos de Cojedes y captura del general Luis Loreto Lima. 
Regreso a Carabobo. — Las guerrillas que merodeaban en este Es- 
tado son derrotadas. — El General Gómez vuelve a Caracas vence- 
dor — Comentario 61 

CAPITULO VI 
Sumario: — Primeras campañas del General Gómez en Occidente y en 
Oriente. — Importancia que había adquirido la revolución al verifi- 



índice 225 

Págs. 

carse esas campañas. — Nombramiento del General Gómez para 
Delegado Nacional y Representante del Ejecutivo en varios Es- 
tados. — Combate de Urucure. — Regreso del General Gómez de 
Occidente y su viaje a las costas de Oriente. — Combate de Carú- 
pano. — Herida grave que recibe el General Gómez. — Su regreso a 
Caracas. — Comentario 71 

CAPITULO VII 
Sumario: — El General Gómez atiende a la curación y convalecencia 
de la grave herida que sufrió en Carúpano. — El 5 de julio de 1902 
se encarga de la Presidencia de la República. — Párrafo final de la 
Alocución del Presidente Castro al declararse en Campaña. — De- 
sastrosos resultados de esta campaña. — Triunfo de Tinaquillo. 
Decreto de garantías. — Derrotas sufridas por el Presidente Castro 
en "Flores" y "Malpaso" y unión de los ejércitos revolucionarios 
de Oriente y Occidente. — El General Gómez llega a La Victoria y 
vence a los revolucionarios 81 

CAPITULO VIH 
Sumario: — Regreso del General Gómez a Caracas. — Acuerdo confirién- 
dole la Condecoración de la "Defensa Nacional''. — Campaña de 
Barlovento y triunfo de El Guapo. — Nueva, campaña de Occidente 
y batallas de Barquisimeto y Mata Palo. — Cablegramas cruzados 
entre el Presidente Castro y el General Gómez. — Nueva campaña 
a Oriente y batalla de Ciudad Bolívar. — Telegramas cruzados en- 
tre el General Gómez y el Presidente Castro con motivo de esta 
gran victoria. — Comentario 91 

CAPITULO IX 
Sumario: — Regresa el General Gómez a Caracas después de pacificar 
el país. — Intrigas contra él. — Su alejamiento discreto de la polí- 
tica. — Reforma constitucional de 1904. — Elección del General Gó- 
mez para 1er. Vicepresidente de la República en el período pro- 
visional de 1904 a 1905. — Reformas sustanciales contenidas en la 
nueva Constitución. — El General Gómez es elegido Senador Prin- 
cipal por el Estado Trujillo. — Entra a ejercer temporalmente la 
Presidencia Provisional de la República. — Es elegido 1er. Vice- 
presidente de la misma para el período constitucional de 1905 a 
1911. — Suspicacias y recelos del Presidente Castro. — Se separa 
éste del ejercicio del Poder y entra a ejercerlo el General Gómez. 
Medidas administrativas que dictó.— Nombramiento de nuevo Mi- 
nisterio. — Manifiesto del general Castro. — Se inicia lo que se llamó 
Aclamación. — Patriótica y enérgica carta del General Gómez. 



226 índice 



Patentes síntomas de anarquía provocados por el Presidente en 
receso. — Generosidad y nobleza, de alma del General Gómez. — Re- 
gresa el Dictador a Caracas y se reencarga de la Presidencia- 
Hostiliza a los amigos del General Gómez. — La Conjura. — Enfer- 
medad del Dictador Castro. — Este ordena el fusilamiento del ge- 
neral Antonio Paredes. — El General Gómez se aparta de toda 
ingerencia en los asuntos oficiales. — Es solicitado por la mayoría 
de sus compatriotas para que se ponga al frente de una reacción 
contra el despotismo imperante. — Gravedad del Dictador y su 
viaje a Europa 107 

CAPITULO X 
Sumario: — Actitud del General Gómez desde el 23 de noviembre de 
1908 hasta el conflicto internacional con Holanda y los sucesos del 
13, 14 y 19 de diciembre de aquel año. — Expide el Programa de 
Diciembre y funda la Causa de la Rehabilitación Nacional. — Co- 
mentario acerca de aquel programa.. — El General Gómez llama a 
colaborar con él en el seno de la nueva Causa a todos los deste- 
rrados y liberta los presos políticos. — Garantiza todos sus dere- 
chos a los venezolanos. — Da a sus gobernados la palabra "Patria 
y Unión" como consigna única en política. — El doctor Luciano 
Mendible, Presidente del Estado Guárico, comete varios delitos 
y se fuga. — El General Gómez al frente de la evolución política 
iniciada ciñe sus actos a la Constitución. — Decretos en pro de la 
autonomía seccional y a favor de las industrias y del comercio. 
Nuevo Pacto Fundamental. — Decreto proclamando la amnistía 
para los sucesos de carácter político efectuados en diciembre. 
Elección del General Gómez para Presidente Provisional de la Re- 
pública — Decreto de 19 de abril de 1909 acerca de la celebración 
del Centenario de la Independencia. — Decreto ordenando la cons- 
trucción de la carretera entre Uracá y San Cristóbal. — Libertad de 
los detenidos por causas de orden público. — Mensaje del General 
Gómez al Congreso de 1910. — Resigna el Poder y se encarga de 
ejercerlo el Presidente de la Corte Federal y de Casación. — Men- 
saje Especial del Encargado de la Presidencia, Doctor Guerrero, 
solicitando del Congreso el grado de General en Jefe para el Ge- 
neral Gómez. — El Congreso, por unanimidad, acuerda conferir 
este supremo grado militar al General Gómez. — Elección recaída 
en él para Presidente de la República en el período Constitucio- 
nal de 1910 a 1914. — El General Gómez no acepta una Medalla de 
la Gratitud Nacional que quiso conferirle el Congreso. — Alocución 
del General Gómez al encargarse de la Presidencia el 3 de junio 
de 1910 131 



índice 227 

Págs. 

CAPITULO XI 

Sumario: — Sinopsis del período administrativo de 1910 a 1914. — Este 
se inicia con el Decreto de Carreteras para los Estados de la 
Unión. — El General Gómez dispone cuáles serían las materias de 
que se ocuparía el Congreso Boliviano. — Se inicia la celebración 
del Centenario de la Independencia. — Instalación del Congreso de 
Municipalidades. — Trabajos importantes que efectuó este Con- 
greso. — Carreteras entre Caracas y Guatire y entre Cumaná y 
Cumanacoa. — El Senado autoriza al General Gómez para que 
acepte dos Condecoraciones extranjeras. — Llegada a Caracas de 
las Delegaciones y Embajadas de los pueblos invitados al Cente- 
nario. — Recepción solemne de éstas Párrafos de las palabras 

cruzadas entre el General Gómez, el Embajador de Colombia y el 
Representante del Congreso Boliviano en aquella recepción. — Prin- 
cipales ceremonias y actos conmemorativos del Centenario. — El 
General Gómez cumple su Decreto acerca de la celebración del 
Centenario. — Carta del General Gómez al Embajador ecuatoriano. 
Comentarios. — Adquisición de Miraflores para residencia de los 
Presidentes de Venezuela. — Acuerdo del Congreso dando un voto 
de solidaridad y de aplauso al General Gómez. — Resumen de los 
éxitos administrativos logrados desde mayo de 1911 hasta marzo 
del año siguiente. — Recepción del Secretario de Estado de la gran 
República Norteamericana 161 

CAPITULO XII 

Sumario: — Acuerdo del Congreso de 1912. — Contestación del mismo 
Cuerpo al Mensaje del General Gómez en aquel año. — Comenta- 
rio. — Mensajes especiales del General Gómez. — Somete al Alto 
Cuerpo un magnífico plan de explotación y administración de los 
recursos materiales del País. — Ordena medidas enérgicas contra 
el vicio y la holgazanería. — Bienes que ha derivado Venezuela de 
esta campaña contra la vagancia. — El General Gómez rehusa el 
título de Fundador de la Paz. — Decreto relativo a la casa donde 
nació el Libertador. — Nueva carretera mandada a construir — Pro- 
tocolo Venezolano-Francés. — Oposición que hace la mayoría del 
Consejo de Gobierno a este excelente convenio. — Mensaje del Ge- 
neral Gómez al Congreso de 1913. — Comentario. — Intentona revo- 
lucionaria de 1913. — Circular del General Gómez. — Suspensión de 
garantías y Alocución del General Gómez declarándose en cam- 
paña. — Se encarga de la Presidencia de la República el Doctor 
José Gil Fortoul. — El General Gómez sale a debelar los facciosos. 
Regresa a Caracas al frente del Ejército. — Las elecciones no pue- 



228 índice 

Págs. 

den practicarse. — Consulta de los Presidentes de los Estados al 
Ejecutivo Federal. — Dictamen recaído acerca de esta consulta. 
Asamblea y Congreso de Plenipotenciarios. — Estatuto Constitu- 
cional Provisorio — El General Gómez es elegido Comandante en 
Jefe del Ejército Nacional 179 

CAPITULO XIII 

Sumario: — El General Gómez da al Gobierno de la Rehabilitación 
Nacional el concurso de su gran experiencia y de sus iniciativas. 
Neutralidad y medidas fiscales con motivo de la guerra que es- 
talló en Europa. — Previsiones del Jefe de la Causa. — Mensaje 
presentado por el General Gómez al Congreso en sus sesiones de 
1915. — Su elección para Presidente Constitucional de la Repú- 
blica durante el período actual. — Venezuela, entera aplaude esta 
elección. — Unánime deseo por que tome posesión del alto cargo. 
Reforma militar. — Adelantos introducidos en el ramo por el Ge- 
neral Gómez. — Acuerdos de las Legislaturas y del Congreso para 
felicitar al General Gómez. — Pago de una fuerte suma para satis- 
facer la deuda que tenía contraída la Nación con la Compañía del 
Ferrocarril de Valencia a Puerto Cabello. — Se decretan dos gran- 
des carreteras para el Oriente y el Occidente del País. — Jiras de 
mayo y abril en 1916 y 1917, respectivamente. — Circular del Ge- 
neral Gómez que dio el resultado de duplicar nuestra producción 
agrícola. — Comentario acerca de esta Circular. — Nueva Circular 
del General Gómez referente a nombramientos de Jefes Civiles 
de los Distritos y Magistrados judiciales en los Estados. — Acuer- 
do de la Legislatura Nacional en 1918, contentivo de un voto de 
reconocimiento al General Gómez. — Recibimiento del Embajador 
de Bunsen — Medalla de Honor de la Instrucción Publica y con- 
decoraciones extranjeras conferidas al General Gómez. — Muerte 
del coronel Alí Gómez. — Consideraciones finales acerca de la vida 
privada y pública del General Gómez 201 



4)